(N.A: la parte en cursiva, de nuevo, es un FB)
Nadie parecía haberse dado cuenta de que poco a poco Jou y Yamato se habían quedado apartados del resto del grupo, tanto del de los humanos como del de los digimon en un intento disimulado de tener un poco de privacidad.
- ¿Va todo bien? – acabó por preguntar el mayor, ligeramente preocupado.
- Más o menos – se encogió de hombros.
- Sabes que no quiero meterme en asuntos que no son míos, pero… Solo te he visto dos veces desde que has vuelto y te he visto hacer exactamente lo mismo las dos veces. Y estoy seguro que no es por casualidad.
A pesar de que fueran dos personas bastante opuestas, nunca les había costado tener algún tipo de conversación entre ellos que seguramente que no tendrían con nadie más. A fin de cuentas, gracias a Jou se había llegado a activar su emblema muchos años atrás. Y que, por mucho que lo apreciara, el rubio sabía que no había forma de poder tratar algunos temas con Taichi.
- Ya, se me da muy mal disimular.
- No tanto, pero te tenemos demasiado calado. Solo hay que verte para darse cuenta… ¿es por eso por lo que has vuelto? – no necesitó entrar en detalles, daba por sentado que ambos sabían de lo que hablaban perfectamente.
- No… Necesitaba volver a casa, en general. No hubo un motivo en concreto. Se puede decir que de repente me di cuenta de todo lo que estaba perdiendo y dejando atrás – sonaba distante, distraído.
- No te voy a preguntar cosas de las que no quieras hablar – lo notaba, había algo más, pero, ¿para qué indagar en algo de lo que no iba a sacar nada más que ponerlo de mal humor?-. ¿Lo sabe ella? – fue directo al otro tema.
- No, claro que no – o quizás sí y prefería fingir que no lo sabía, eso no podría jurarlo.
- Pues… si me permites el consejo, creo que debería de saberlo.
- Ya… suena muy fácil decirlo – sonaba demasiado fácil decirlo-. Pero… ¿qué derecho tengo yo para abrir la boca después de todo? No creo que vayas a decirme que no sabes nada de lo que pasó o dejó de pasar y por qué. Yo solo me he buscado esta situación.
- No, tu yo de hace casi quince años fue el que se lo buscó, no te confundas. Tu yo de hace quince años metió la pata de la forma más estúpida y la Sora de hace quince años fue la que salió perdiendo. Que yo sepa estáis a punto de cumplir la treintena los dos como para seguir haciendo el cobarde.
Cobarde. Nunca una palabra había descrito mejor una situación.
Apoyado en la pared de los vestuarios del equipo de tenis de la escuela, estaba esperando a que Sora saliera de su entrenamiento. No tenía mucha gana de asistir a los ensayos de la banda ese día, de hecho, lo que le apetecía más que nada era estar con ella. No se había molestado ni en avisar a los demás de que no iría a ensayar aquella tarde.
Tampoco la había avisado a ella de que iría a buscarla, por eso, cuando la vio salir totalmente distraída sin fijarse en quién estaba allí o no, sonrió. Esperó, sin decirle nada, a que pasara por su lado para alargar el brazo y coger la mano de ella dándole un pequeño tirón.
Si la asustó al principio, duró poco-. ¡Yamato! ¿Qué estás haciendo aquí? – le preguntó divertida tras dejarse arrastrar con él al pasillo en el que había estado esperando-. ¿No se supone que tenías ensayo hasta tarde hoy? – dejó caer a su lado la bolsa de deporte.
- Se supone… - volvió a retroceder hasta quedar de nuevo con la espalda apoyada en la pared, soltando la mano de ella para dejar ambas posadas sobre su cintura.
No deberían permitirse esas cercanías en el colegio a pesar de que fueran horas extraescolares del todo ya, pero, nunca se sabía quién podía pasar. A pesar de todo, ella tampoco podía, ni quería evitarlo, así que en vez de darle un manotazo para que la soltase, posó las manos sobre los antebrazos de él para subirlas poco a poco hasta sus hombros.
- ¿No se enfadarán porque faltes? – había preguntado sin alzar demasiado la voz.
- Eh… Cada uno tiene sus preferencias – sonrió antes de darle un último tirón con las manos para pegarla a él y poder así bajar la cabeza hacia ella, sin llegar a hacer nada al final-. ¿Nos vamos? – él también era consciente de que si algún profesor los veía les iba a caer una buena bronca, así que prefería no tentar a su suerte.
Sabía que tampoco podían perderse mucho tiempo por ahí, la madre de ella no contaba con que Sora saliera después de los entrenamientos y tenían bastante trabajo de la escuela por delante como para poder perder la tarde. Eso no evitó que la acompañara hasta casa tampoco, ya que para eso la había ido a buscar.
Y aunque por allí pudiera pasar algún vecino cotilla, no había profesores que pudieran poner el grito en el cielo. El asunto era que los vecinos ya le daban exactamente igual y no se cortó ni un pelo, nada más que quedaron fuera de la vista de la calle principal, en volver a tomarla por la cintura, ahora sí, inclinándose para besarla. Llevaba queriendo hacerlo todo el día. Posó una mano en su mejilla y la otra en la cintura para pegarla contra él. La escuchó soltar una pequeña risa ante el gesto justo antes de devolvérselo.
Se apartó pasado un rato de ella, cuando no le quedo más remedio que tener coger aire, quedándose con la frente apoyada sobre la de la chica. No tenía muy claro cuando la había hecho retroceder hasta dejarla entre la pared y él, pero, a pesar de la situación en la que estaban, cuando por fin abrió los ojos, la mirada que le dedicó fue dulce. Y ella le respondió con una igual mientras que jugaba con los mechones a los que alcanzaba del cabello de él. Se mordió el labio, pareciendo insegura de repente, y luego habló por fin.
- Te quiero – murmuró con apenas un hilo de voz, enrojeciendo hasta límites que hacía tiempo que no le veía hacer.
Y había huido. Él lo sabía perfectamente, y lo que era peor, ella también lo sabía. No había llegado a responder nunca a aquellas palabras, las que, a pesar de ser algo que cualquier en su situación hubiera querido escuchar, cayeron sobre él como un balde de agua fría. La había acompañado hasta arriba con malas excusas, y luego, se había ido.
Podía verlo en la cara de ella, se estaba dando cuenta de todo lo que pasaba. Pero él no podía evitarlo. Al igual que tampoco pudo evitar buscar cualquier excusa para no cruzarse con ella en el par de días siguiente, escudándose en los exámenes.
¿Por qué reaccionaba así a algo que debería de alegrarse de escuchar por fin? Llevaban juntos mucho tiempo ya, las cosas no podían ir mejor y pasara lo que pasara siempre acababan superando el problema. Y estaba seguro de que él también la quería. Y quizás ese fuera el problema… El la quería demasiado como para… ¿para qué? ¿Para atreverse a decírselo?
Nunca hubiera pensado que reaccionaría así, pero tenía miedo. Miedo a que las cosas se torcieran, miedo a hacerle daño, a hacérselo él. Miedo a que todos los buenos momentos se fueran uno tras otro y que todo quedara reducido a una relación inexistente sin que ninguno quisiera saber del otro.
Era un miedo irracional que siempre había tenido, posiblemente derivado de haber visto cómo su familia se iba volviendo pedazos, pero, principalmente, porque ponía en duda que el tuviera la capacidad de mantener algo como lo que tenía con Sora sin terminar haciéndole daño.
Quizás hubiera necesitado una voz amiga que le dijera que estaba bien, que no pasaba nada, que no tenía que asustarse por aquello, pero no la tuvo. No la tuvo porque no dejó que nadie lo escuchara, porque no se lo dijo a nadie, y por eso, cuando por fin decidió qué hacer, tomó al decisión que le pareció más correcta.
- Vamos a dejarlo – le había dicho cuando por fin había reunido las fuerzas para encararla. No podía seguir escondiéndose de ella.
Recordaba perfectamente ese día como si fuera ayer. Recordaba la expresión de la cara de ella, y como supo que, aunque aparentara normalidad y que todo iba bien, aquello le dolía más a ella que a él.
Notó una sensación extraña y desvió la mirada de la nada hacia el grupo en el que estaban todos hablando tranquilamente, fijando la vista en Sora-. Simplemente… tengo miedo.
- Como todos – le posó la mano en el hombro-. Hablas con el experto en ser un cobarde. Haz lo que quieras, pero yo al menos, lo intentaría.
No contestó a las palabras de él, no al menos en ese momento, quedándose todavía con la mirada fija en la chica.
Esto es una conspiración por parte de la app hacia mi persona, cada vez que subo algo desde ella me la lía. O bien me quita las líneas de separación entre unas cosas y otras o se carga los guiones donde no debe... T_T A ver si hoy, que por fin puedo subir desde el ordenador sentada tranquilamente en mi casa no me hace ninguna desgracia.
A: no es ser bondadosa o no, es que ayer volví a poder avanzar mogollón y tengo algo más de margen de maniobra xDDD Y además siendo ya fin de semana tengo algo de tiempo para poder dejar más cositas hechas. Tú piensa que con el agobio de este mes en el trabajo, si me pillo publicando/escribiendo las actualizaciones diarias se van a ir a freír espárragos T_T XDDD
En este capi realmente, pasar, no pasa nada, pero son de esos que voy necesitando de vez en cuando para ir dándole transfondo a las cosas aunque no quiera entrar en muchos detalles por lo de siempre. Así que espero que te guste igualmente e_e
El chivatazo eran necesario,está castigada sin información así que de alguna manera tiene que enterarse para poder seguir conspirando. Tengo alguna otra jugarreta por parte de Mimi escrita ya tú no te preocupes. Para cosas como esas es por lo que me cree a un personaje como Haru, necesita hacer las funciones de comodín desde un punto de vista más externo. Los tres personajes con nombre que me he creado son por algo, así que te dejo que le sigas cogiendo manía al pobrecito de Andrew y en unos capítulos - porquitos - me cuentas e_e
Mil gracias por la review y ahora ¡a escribir un ratito!
