Aquel simple gesto hizo que recordara que el otro día había esquivado nada disimuladamente la pregunta que ella le había hecho. En ocasiones, podía sentir la necesidad de hablar de todo aquello con alguien más y otras prefería hacer como si nada hubiera pasado nunca, que simplemente había sido la señal de la Tierra lo que se había perdido. Aquella era una de esas ocasiones en las que solo necesitaba un leve empujón para desahogarse y lo había encontrado en el hecho de que ella no apartara la mano.
Bajó la mirada hacia su propia mano, posada sobre la de Sora, tomándose unos segundos antes de levantar la vista hacia ella otra vez con intención de contárselo de una vez, cuando vio cómo sus dedos desaparecían de debajo de los suyos.
- ¡Hola! No te había visto – la escuchó hablar en voz alta, y desde luego, no debía de ser con él.
Yamato levantó la vista, encontrándose con una cara que, desgraciadamente, le era familiar. Había tenido tiempo de sobra hacía algunas noches durante la fiesta para vigilarlo detenidamente, aunque no recordara el nombre. Disimuladamente retiró la mano hacia atrás y saludó con un gesto de la cabeza.
- Lo siento, no sabía si acercarme, parecías ocupada – Andrew hizo el mismo gesto que él.
- Sí, bueno, pero no te preocupes, tampoco estábamos haciendo nada importante – se puso en pie para saludarlo más cercanamente, con dos besos-. Nos pilló la lluvia sin paraguas y estábamos haciendo tiempo.
Hizo por no mostrar ningún tipo de reacción porque, sin duda alguna, aunque tuviera algún motivo para poner mala cara, lo que no tenía era derecho alguno. Aunque de toda la lista de malos momentos que se le podían ocurrir para que alguien fuera a aparecer fue aquel. Pero, ni siquiera podía buscarse una excusa coherente para poner mala, de manera que intentó evitarlo de todas formas.
- ¿Hasta cuándo te vas a quedar en Tokyo? – ajena a lo que podía estar pasando por la cabeza de aquel que la había estado acompañando continuó la conversación de pie.
- No lo sé, tengo un proyecto entre medias y hasta que no lo termine no creo que me vaya a ir. Tú supongo que ya te vas a quedar de aquí de seguido, ¿no? – esperó a verla asentir-. Te echaremos en falta en Los Ángeles.
- Uy, sí, seguro que os vais a quedar llorando. Además, ya sabes que voy a tener que estar yendo y viniendo todo el tiempo, cualquier día me presento allí de sorpresa y más os vale acogerme bien.
- Ya sabes que sí, puedes quedarte los días que quieras. Tengo que irme, tengo una reunión de media hora en el otro extremo de la ciudad y con este tráfico a ver quién coge un taxi. ¿Te llamo luego y quedamos para tomar algo más tarde?
- Perfecto, estaré atenta a la llamada – sonrió antes de despedirse y dejar que el otro se fuera, esperando a que desapareciera de su vista del todo para volver a sentarse con una ligera sonrisa en la cara.
Una ligera sonrisa en la cara que no ayudaba, para nada, a que Yamato dejada de lado sus malos humos repentinos. Sabía que no tenía derecho ni a abrir la boca y en aquellos momentos, nadie mejor que él sabía lo mucho que echaba de menos la etapa de la adolescencia que había pasado en la que prácticamente sacarle más de dos palabras seguidas era todo un logro. Especialmente con temas de aquel tipo.
- Si tienes prisa podemos llamar nosotros también a un taxi – dijo de repente.
- No… no te preocupes, estoy cerca de mi casa – no se dio cuenta del cambio aparente de él, revolviendo entre sus pertenencias para sacar el teléfono y dejarlo encima de la mesa.
- ¿De qué os conocéis? – soltó de golpe, sin poder evitarlo.
- Pues… hace ya bastantes años que lo conozco, de hecho – levantó la vista por fin de sus pertenencias dándose cuenta perfectamente de que había algo diferente, quizás un gesto más serio-. Lo conozco de haber hecho algunos cursos juntos y, de lo normal, en mi trabajo tienes que conocer a casi todo el mundo si pretendes tener alguna oportunidad.
- Ya veo.
No pudo evitarlo y Sora arqueó una ceja. No podía ser… ¿verdad? De todas las opciones que se le pasaban por la cabeza, no podía ser que le… ¿molestara el hecho de verla hablar más cercanamente con Andrew? ¿En serio?
- Pero bueno, ya hace tiempo que no tenemos solo una relación estrictamente laboral, es un buen amigo – explicó-. ¿Te acuerdas del día que nos encontramos y que me tuve que ir corriendo porque me llamaron por teléfono? Era él que acababa de llegar a la ciudad y se había acordado de que yo estaba de vuelta – sonrió ligeramente.
- Hmm… no, creo que no – sí, claro que se acordaba. Había estado dándole vueltas en la cabeza al menos un par de horas.
La pelirroja tuvo que hacer un verdadero esfuerzo por aparentar normalidad. No se lo estaba imaginando. No, claro que no. No se estaba imaginando la molestia de Yamato porque Andrew pareciera algo más que un simple amigo, era tan real como que estaba sentado delante de ella. Conocía esa cara, la conocía más que de sobra.
La duda que habitaba ahora en la cabeza de ella era si enfadarse y meterle un por de buenos gritos sobre con qué derecho se creía a tan siquiera tener la idea de ¿estar celoso? O si bien aquello debería de interpretarlo como una buena señal. Por una vez, la imagen de Mimi apareció en su cabeza diciéndole claramente lo que debería de hacer en aquella ocasión, y, sin que sirviera de precedente, le pareció la mejor de todas las ideas del momento.
- ¿Te pasa algo? – preguntó directamente.
- No, ¿debería de pasarme algo? – notaba cómo intentaba manejar la entonación de sus palabras hacia una totalmente neutral, como si de verdad no pasara nada.
- No lo sé, estábamos hablando tan tranquilamente y cuando he terminado de saludar vuelves a tener tu cara de serie de hace diez años puesta – se echó hacia atrás en la silla, apoyando la espalda en el respaldo y cruzando los brazos mientras que lo observaba.
- No tengo puesta ninguna cara…
- Claro que sí, tengo ojos en la cara. Hace cinco minutos estábamos en el punto de que por fin te comportabas como una persona normal y ahora, vuelta atrás. Así que, pregunto otra vez, ¿pasa algo? – no tenía ganas realmente de discutir con él, pero si de verdad quería llevar las cosas a su terreno en aquella ocasión y ver la verdadera reacción, era lo que tenía que hacer.
- No digas tonterías – fingió mirar la hora -. Deberíamos mirar si ya ha parado de llover o se va a hacer demasiado tarde.
- ¿Tarde? ¿Para qué? Yo no tengo nada qué hacer en toda la tarde y hasta dónde yo sé, tú tampoco.
- Hasta dónde tú sabes – sonó cortante por fin. Hizo un gesto hacia uno de los camareros que pasaba cerca para que se acercara con la cuenta.
Aunque fingiera aparente molestia, en el fondo le hacía gracia la forma de querer escaparse de él. Le dio unos minutos de margen esperando a que llegara el camarero, como si hubiera conseguido desviar la conversación y convencerla de que no pasaba nada. Esperó, dejando su parte sobre la mesa antes de ponerse en pie para colocarse bien la chaqueta y coger los papeles. Tampoco quería provocarlo demasiado con tanta gente alrededor.
- ¿Sabes una cosa? – le dijo una vez fuera, cuando parecía que la cosa por fin se había calmado-. Para algo que se supone que hace bastante tiempo que no debería de importarte, se te está dando fatal disimularlo – se encogió de hombros antes de girarse, sin esperar a que llegara taxi alguno ya que apenas llovía para echar a andar en dirección contraria a él.
Se quedó mirándola, sorprendido. Sabía que no estaba disimulando ni lo más mínimo, pero de ahí a que ella lo dijera tan abiertamente había un buen trecho. La siguió con la mirada durante unos segundos, pensándose qué hacer, sin poderlo evitar al final.
- ¿Y qué se supone que tengo qué hacer? ¿Fingir que me da exactamente igual? – subió algo el tono para que ella pudiera escucharlo. La vio detenerse y girarse.
- A lo mejor eso es exactamente lo que tendrías que hacer – le soltó de golpe, esperando ahora a que se acercara a ella.
- Puedo hacerlo si eso es lo que quieres que haga, aunque no se me dé demasiado bien – avanzó los pasos que ella se había apartado.
- Yo no quiero que finjas nada o dejes de fingir – se encogió de hombros -. Siempre has hecho lo que te ha venido en gana sin tener demasiado en cuenta mi opinión. Yo no te he preguntado la tuya sobre con quién debo verme o dejar de verme – ese derecho lo había perdido tiempo atrás.
- Y yo no he dicho nada sobre ello – gruñó apartando la mirada de ella.
- No, ni tampoco sobre nada más – que le rehuyera la mirada sí que consiguió molestarla por fin-. Esta vez no estoy dispuesta a pasar por lo de siempre contigo. Las cosas claras, o lo uno o lo otro, peor no pienso volverme loca otra vez porque de repente parezcas querer acertarse y cinco segundos más tarde no te atrevas ni a mirarme a la cara. No necesito eso otra vez en mi vida. Así que cuando por fin seas capaz de tener claro lo que quieres o dejas de querer ya sabes dónde estoy, pero no voy a entrar en este juego otra vez.
No, no quería ni entrar en el juego, ni discutir con él. Por eso mismo, antes de que le diera tiempo a responder algo que solo pudiera enfadarla de verdad, pegó media vuelta, ahora sí, dejándolo con la palabra en la boca y acelerando el paso para perderse de vista rápidamente.
A: ¿me he quedado sin purpurina y brilli-brilli ya? Seguro que más que merecidamente, lo sé jajaja. Tenía que hacerlo, si es que se estaba viendo venir que las cosas estaban yendo demasiado bien y ambos estaban actuando con una edad mental acorde a la que tienen. Y eso no puede ser tan fácil... Ni siquiera puede ser tan fácil sacar tan rápido a la luz qué es lo que le ha pasado a Yamato, alguien ha tenido que venir a tocarle las narices y a cortarle en el momento menos apropiado para que luego lo dejen solo en mitad de la cara con unos morros de lado a lado.
Acepto todos los tomatazos del mundo, palabra. Posiblemente me gane alguno más con este capítulo y con alguno más que venga después... Prometo compensarlo, ¡palabra! Compensarlo con creces :D ¡Ya lo verás! Dentro de un ratito... ¡más! Nos leemos ❤
