Yamato no se atrevió a decir nada a sabiendas de que tenía toda la razón del mundo en todo. En todo menos en una cosa. Sí que sabía lo que quería aquella vez, pero no se atrevía a hacer algo relevante para conseguirlo. La situación era lo suficientemente complicada… Aunque, eso también era darle la razón a ella. Siempre lo había sabido, pero nunca se había atrevido a hacer nada.
Se suponía que el día de la graduación debería de ser un momento para recordar toda la vida con cariño. Un día en el que dejaban atrás todo lo que hasta ahora habían conocido y por fin daban un paso adelante persiguiendo su futuro. Un futuro que cada uno había decidido sin dudas por fin.
A la vez era un día que daba algo de miedo ya que suponía romper definitivamente con la vida que habían llevado hasta aquel momento. Nunca volverían a compartir clase, nunca volverían a recorrer aquellos pasillos parloteando sobre temas sin importancia o todo lo contrario, sobre crisis mucho más complejas de las que unos niños como ellos deberían de soportar. Por suerte, la amistad que había entre todo el grupo iba más allá de la vida académica y sobreviviría todo lo que quedara por venir. Pero eso no quitaba que aquella situación fuera también tan triste como aterradora.
Salió de la que sería su última clase entre aquellas paredes tras haber metido todo el material en la mochila, caminando distraído. Tenía un ensayo pendiente para la actuación que tenía pendiente su banda en la fiesta de aquella noche. No se dirigía hacia la sala de ensayos tampoco, había algo más importante que tenía qué hacer.
Estaba buscando a Sora. Le había costado dos semanas decidir hacer aquello y era su última oportunidad antes de que se le hiciera demasiado tarde. No se pudo decir que fuera él quien la encontrara, sino que la vio pasar con paso veloz hacia las escaleras, corriendo como si algo la persiguiera. Eso lo extrañó, sobre todo porque nada parecía ir tras ella.
Decidió seguir sus pasos, deteniéndose al doblar el descansillo al verla quieta, completamente congelada, con un sobre entre sus manos. Parecía agarrarlo como si temiera que se fuera a deshacer entre sus dedos, pero tenía la mirada perdida.
- ¿Sora? – tanteó antes de acercarse a ella viendo cómo se asustaba al escucharlo aparecer-. ¿Estás bien?
No le respondió, solo lo buscó con la mirada unos segundos antes de volver a mirar hacia el papel que tenía entre sus manos. ¿Por qué parecía que ese simple sobre la aterrorizaba más que cualquier digimon oscuro al que hubieran tenido que enfrentarse? Se acercó hasta colocarse a su lado.
- ¿Ha pasado algo? ¿Qué tienes ahí? – alargó la mano para intentar cogérselo y ver qué podía ser.
Seguía sin responderle, pero no se opuso a que lo cogiera y lo leyera. Estaba cerrado todavía, en la parte delantera estaban los datos de su amiga y por detrás…
- ¿Escuela superior de moda y diseño? – leyó en voz alta adivinando por fin qué era lo que podía pasar.
Aunque hubiera hecho como si aquello no le interesara cuando la había escuchado hablar de ello con Taichi lo recordaba perfectamente. Se había pasado meses trabajando en un proyecto que serviría como prueba acceso a una prestigiosa facultad de diseño del país. Ahora entendía de repente lo que le pasaba.
- ¿Quieres que te lo lea? – de repente, se le había contagiado el nerviosismo, aunque estaba seguro de que lo habría conseguido. Había visto sus diseños, podía reconocerlos con facilidad en cualquier exposición de la escuela, aunque nunca dijera nada.
Cuando la vio asentir, casi imperceptiblemente no perdió tiempo, dejando sus cosas en el suelo y deslizando sus dedos bajo la solapa del sobre para abrirlo y sacarla de él el papel comenzando a desdoblarlo.
- ¡Espera! – le dijo repentinamente, siendo ella ahora la que lo asustó a él, posando la mano sobre la suya evitando que siguiera-. No sé si quiero saberlo…
- No digas tonterías – clavó la mirada en la mano de ella y luego la levantó, buscando la suya-. Estoy seguro de que te han aceptado, ya lo verás.
- No lo sé, hay otros muchos mejores que yo en la escuela, y hay muy pocas plazas para todo el país, ¿por qué iban a escogerme a mí?
- ¿Y por qué no? Eres buena en esto, no es que yo entienda mucho, pero es lo que creo. Estoy completamente seguro de que estás dentro – llevó la mano que tenía libre a la de ella, para apartarla y, sin darle tiempo a reaccionar o contestar más leer lo que ponía.
No se lo leyó a ella, solo sonrió. Sonrió sinceramente, contento por ella, porque lo había conseguido. Y esa sonrisa fue lo único que necesitó ella para saber lo que ponía. Estiró las manos para quitarle el papel y leerlo con sus propios ojos.
- ¿Lo he conseguido? – murmuró, atónita. Notaba cómo sus ojos se humedecían de la alegría. Lo había hecho, estaba dentro.
Sin pensar en lo que hacía, cogiendo con fuerza el papel en una de sus manos dio un paso hacia delante, incluso dando un pequeño salto para abrazarse a él. En cualquier otra circunstancia no hubiera hecho aquello, llevaba guardando las distancias con Yamato dos años ya, pero no había pensado en lo que estaba haciendo.
En vez de asustarse, huir o hacer alguna estupidez más propia de él, reaccionó cómo tenía que hacerlo, cogiéndola para no perder el equilibrio y acabar los dos por los suelos. Estaba demasiado contento por ver que lo había conseguido como para ser capaz de estropear aquello. Ni siquiera él era tan inútil emocionalmente hablando.
- ¿Ves como te dije que lo conseguirías? – le dijo aprovechando que su oído le quedaba la altura, al haber dado ella el salto para abrazársele y él cogerla, se había quedado con ella ligeramente levantada unos segundos.
Cuando se inclinó para dejarla separarse, volvió a recibirla con la mejor de sus sonrisas. Entre el estrés, los nervios, todo el trabajo de los últimos meses y todos los problemas que habían tenido encima, se merecía aquello. Aquello y mucho más.
- No me lo creo todavía – habló por fin de nuevo, le temblaban las manos-. ¡Tengo que ir a decírselo a mi madre! ¡Y a los demás! – posiblemente cuando se le pasara la euforia de aquel momento se daría cuenta de lo que acababa de pasar en aquel pasillo, pero entonces solo podía pensar en la respuesta que había obtenido.
Sonrió a Yamato antes de intentar echar a correr ahora escaleras abajo. Tenía que contárselo a todos sus amigos, empezando por Taichi el cual había visto en el patio despidiéndose de algunos profesores. Pero no llegó a ir corriendo a ninguna parte porque una mano la agarró por el brazo para frenarla.
- Espera un momento, por favor – le pidió-. Yo te estaba buscando cuando te he visto pasar corriendo.
- ¿Buscándome? ¿Para qué?
- Nada… - la soltó, llevándose esa misma mano al pelo, revolviéndolo nervioso-. Yo… me preguntaba si… si… si piensas ir acompañada a la graduación hoy por la noche – soltó de golpe.
No se molestó en disimular los nervios, al igual que ella no se molestó en disimular la sorpresa. No se esperaba aquello, no al menos en aquel momento. Ni siquiera pensó en la respuesta que debía de dar, o en lo que sería más apropiado teniendo en cuenta con quién estaba hablando y la situación extraña que todavía mantenían entre los dos. Su cabeza estaba lejos, entre telas, kimonos y patrones de costura como para pensar en que quizás debería de tener algo más de tacto al hablarlo.
- Sí, ya tengo pareja para la fiesta de por la noche desde hace un par de semanas – comentó con total naturalidad, como si estuviera hablando del tiempo-. Seguro que puedes encontrar a alguien que vaya contigo incluso a última hora – le dijo sonriente.
- Oh… - aquello no lo había esperado-. Sí, claro… Venga, corre a decírselo a los demás.
La vio sonreírle de oreja a oreja una vez más antes de girarse y salir corriendo escaleras abajo.
Aquella vez había sentido aquella misma sensación por primera vez. Sí, por primera. Aunque en sus años más jóvenes hubiera tenido un extraño sentimiento al ver a sus dos mejores amigos más cercanos de lo que quizás se esperaría que fueran para ser solo eso, amigos, aquella vez era distinto.
Al igual que aquella vez podía mirar hacia atrás y saber que lo que podía sentir entonces era diferente, que todo era de otra manera. Y al igual que aquella vez, había sabido que no tenía a Taichi a mano para echarle las culpas. Lo había sabido entonces cuando le había dicho que iría acompañada ya que sabía que su amigo se había buscado compañía y lo había sabido ahora ante lo que acababa de ver.
¿Su reacción? Su reacción había sido exactamente la misma en ambas ocasiones: guardar silencio. Siempre había sabido que no tenía ni el más mínimo derecho a protestar, a decir algo. Él mismo se lo había buscado, él mismo había provocado haber perdido todo derecho a enfadarse tan siquiera en el momento en el que su propia cobardía se había encargado de apartarlo de Sora.
No tenía demasiados buenos recuerdos de la fiesta de graduación, ni siquiera se había molestado en buscarse compañía para aquella noche como ella le había sugerido. Había acudido, recogido su diploma, actuado con el grupo y poco más. Podía recordar únicamente con cariño los momentos que había pasado con sus dos amigos aunque fueran mínimos porque ambos habían acudido en compañía de otros.
Con la excusa de tener que estar pendiente de la banda no había tardado demasiado en desaparecer de la vista de ambos como si aquella fiesta no fuera más que otro evento sin importancia para él. Lo único que recordaba realmente con cariño era una foto vieja que aún conservaba de ellos tres pocos minutos después de haber recogido sus diplomas.
Aquella vez no había hecho nada, ni siquiera había demostrado lo mal que le había sentado todo, pero, ¿tendría ahora sentido actuar de forma diferente?
Annavi21: justa y exactamente eso. Pero diré en mi defensa que todo tiene un motivo y está todo hecho para llegar a un fin determinado que no tardaréis en ver, al menos de toda esta crisis mental que se acaba de montar Yamato él solito xD Este capítulo, al igual que algún otro que tengo por ahí, es más que nada para darle transfondo a la historia y los personajes, aclarando poco a poco lo que ha ido pasando... Pero pasarán más cositas pronto, prometido.¡ Mil gracias por tu review!
