Se había ido directo hacia casa con un humor de perros. No con ella, desde luego que con ella no. Sora no tenía la culpa de su propia estupidez, era plenamente consciente de ello y no era capaz de buscarse ni media excusa que sonara coherente para echarle la culpa a ella de lo que había pasado.

Es más, bastante bien había reaccionado la chica, porque si las cosas hubieran sido al revés posiblemente él no se hubiera ido tan elegantemente. Había perdido mucha práctica con el paso de los años en cuanto a fingir que no pasaba nada a su alrededor.

Ni siquiera se había parado a pensar en el posible significado de las palabras que le había dicho antes de irse o que era curioso que ella se lo hubiera tomado de aquella forma. Ya tendría tiempo más tarde para darle vueltas.

Cerró la puerta tras él, notando el drástico cambio de temperatura, siendo eso lo único que le hizo relajar un poco los ánimos. Le hacía gracia el melodrama que se traía Gabumon con aquel verano más caluroso de la cuenta, estaba en ese plan desde que habían vuelto. Desde la puerta se podía ver parte de su cabeza asomar entre los cojines del sofá. Cuando fue a acercarse a él se dio cuenta de que no estaba solo y de que sentado a su lado estaba Patamon.

- ¿Takeru? – preguntó en voz alta esperando que la voz del otro le llegara desde alguna parte de la casa.

No tardó en recibir respuesta, viendo al menor de los dos hermanos aparecer desde la puerta de la terraza-. Papá se ha ido hace un rato, tenía que terminar unas cosas del trabajo.

- Qué raro… ¿qué hacías fuera?

- Con el criadero de pingüinos que tenéis montado en el salón intentaba no congelarme un poco fuera.

- A mí no me mires – se rió por lo bajo, notando como su mal humor se relajaba por momentos.

- Hace mucho calor – se escuchó decir al digimon sin abrir los ojos, siguiendo complemente a su aire.

La risa de los dos hermanos fue lo que siguió a su comentario-. ¿De dónde vienes? – preguntó Takeru.

- ¿Cómo que de dónde vengo? De donde tú no, que por cierto, si estás aquí es que muy ocupado no deberes de estar como para haberte escabullido para ir a por los papeles del viaje.

El menor de ellos puso cara de sorpresa, no se había dado cuenta. Se le había olvidado por completo el día que era. No, no era que hubiera estado ocupado, podría haber ido perfectamente, al igual que casi todos los demás, pero las órdenes habían llegado por parte de Mimi y él no iba a ser quién para desobedecerlas. Tampoco se molestó en ocultarlo.

- Yo estaba haciendo exactamente lo que se me dijo que hiciera – sonrió socarronamente y dejó que fuera Yamato el que sacara las conclusiones.

Conclusiones que tardaron unos segundos en llegar mientras que se reía por lo bajo viendo como primero le ponía cara de no entender nada, luego pasaba a la sorpresa y finalmente se daba la vuelta con cara de malas pulgas de nuevo.

- ¡No te enfades! – le dijo riéndose-. Sois demasiado obvios como para que no queramos echaros una mano para forzar las cosas, sobre todo si ya estamos actuando a escondidas de Taichi que es el único que se podría ir de la lengua…

- No necesito que nadie fuerce nada – lo que le faltaba.

Lo de aquel día había sido una encerrona totalmente intencionada por parte del resto del grupo. Aquello era ya el colmo para una tarde completita donde las hubiera. Desapareció detrás de la puerta de su habitación para volver unos minutos más tarde cambiado a una ropa más cómoda para andar por casa, yendo a sentarse al otro extremo libre del sofá.

- Venga, no te enfades ya por una tontería, si en el fondo seguro que te ha venido hasta bien.

- No, no me ha venido bien – farfulló por lo bajo.

- ¿Qué has hecho ya?

- ¿Por qué esa era la primera pregunta que le hacía todo el mundo? Qué mala era la fama… aunque normalmente siempre acertaban. Resopló, haciendo que su propio flequillo se revolviera y que su hermano volviera a reírse de él.

- Seguro que no es tan grave – lo sintió mucho más cerca de él, sentándose sobre el reposabrazos a su lado, observándolo con los brazos cruzados.

- Depende de si consideras grave que se haya ido dejándome con la palabra en la boca con toda la razón – reconoció en voz alta finalmente.

- Seguro que tenía razón – Gabumon volvió a dar señales de vida desde su esquina, no sin que después le volara un cojín hacia la cara.

- Ahí tengo que darle la razón – hacía mucho tiempo que no podía meterse con su hermano tan descaradamente, había echado de menos aquello. ¿Quién iba a encontrar una excusa para reírse de un astronauta que había estado fuera del planeta en varias ocasiones? Solo había que dejarlo un par de horas solo con su exnovia de la adolescencia para encontrar unas cuantas-. ¿Qué has hecho?

- Yo no he hecho nada.

- ¿No pretenderás que me crea que haya pasado lo que haya pasado fue ella la responsable, no?

- ¿Y por qué tengo que haber sido yo?

- ¿Tengo que repetir la pregunta?

- Pues no, inteligente. Estábamos haciendo tiempo hasta que pasara la lluvia y no se mojaran los billetes y todo lo demás cuando apareció el del otro día en la fiesta – reconoció finalmente.

- ¿Quién?

- El que se pasó toda la noche pegado a ella…

Takeru puso cara de circunstancia, no se había dado cuenta y si lo había hecho no le había prestado atención como para recordarlo en aquel momento. Pero le daba igual, lo que le servía a él era la conclusión que acababa de sacar con aquello.

- Es decir, que te has enfadado tú solo porque otro se ha acercado a hablarle… - conociéndolo, casi que tenía miedo de preguntar-. ¿No habrás montado un numerito de celos?

- ¿Por quién me tomas? – se giró hacia él.

- Por quien te tengo que tomar. Contesta.

- No – técnicamente no había sido exactamente así -, pero me lo notó.

- ¿Quién?

- Ella, ¿quién va a ser? El otro que note lo que le venga en gana. Sora se dio cuenta y me dio una buena charla antes de irse dejándome con la palabra en la boca.

- Seguro que tenía razón en todo lo que te dijo.

- ¿De parte de quién estás?

- De la de ella. Así que no sé qué le habrás dicho, pero ya estás moviendo tu espacial trasero del sofá y estás pidiéndole perdón por lo que quiera que hayas soltado – de repente, Takeru sonaba como si fuera el mayor de los dos.

Se tomó su tiempo para responder, volviendo a mirar hacia la nada-. Ya… ya lo sé – reconoció finalmente.

No necesitó que se lo dijera más veces, tampoco le había dicho nada que no supiera que tenía que hacer ya. Simplemente aprovechó el tiempo que se quedó su hermano en casa para terminar de relajarse antes de coger el teléfono y optar por la opción más fácil, abriendo los mensajes para poder escribirle. A sus años no se veía tampoco demasiado capaz de realizar la llamada.

Tecleó rápidamente una disculpa, la borró de nuevo y así varias veces hasta que al final escribió algo que más o menos no le sonó demasiado ridículo y dejó el teléfono encima de la mesa de nuevo. No sería la última vez que mirase la pantalla aquella noche, ni en los próximos diez minutos tampoco. Así hasta que había terminado por quedarse dormido con el ordenador a su lado todavía tras haberse estado distrayendo con la eterna búsqueda de dónde mudarse. Había visto por fin una opción que le había interesado y la pantalla todavía permanecía iluminada con ella abierta.

Dicha luz fue lo que hizo que abriera los ojos de nuevo, gruñendo contra la pantalla y alargando la mano para bajar la tapa del portátil y levantarse a dejarlo encima de la mesa. Solo le faltaba para rematar el día quedarse sin ordenador por haberse quedado dormido encima de él. Cuando la habitación se quedó de nuevo a oscuras, pudo ver otro parpadeo encima de su mesa.

Desbloqueó el móvil con lentitud, no estando demasiado despierto todavía, casi sin recordar que estaba esperando una contestación desde hacía horas ya, hasta que vio el nombre de Sora en la lista de las notificaciones. Eso lo hizo despertarse algo más y abrir rápidamente el mensaje para leerlo.

"No lo sientas tanto, en el fondo no me molesta. Conociéndote como te conozco, supongo que tengo que estar agradecida de que al menos reconozcas de alguna forma que todo esto te importa mínimamente"

Leyó la respuesta de ella un par de veces, como si no le hubiera dicho la mayor obviedad del universo. Si hubiera sido otro momento del día simplemente hubiera vuelto a dejar el teléfono sobre la mesa dándose por contento, pero no estaba todavía del todo despierto.

"Todo lo relacionado contigo me importa más que mínimamente. Tú siempre me has importado demasiado"

Dejó el teléfono sobre la mesa de nuevo y volvió a la cama. Le pesaban demasiado los ojos y no tardó en volver a quedarse dormido.


A la mañana siguiente, el despertador sonó en la habitación de Sora, la cual se había olvidado de quitarlo. No tenía intención de madrugar ya que la noche anterior se había acostado más tarde de la cuenta, pero otros temas la habían distraído antes de quedarse dormida. Alargó la mano para quitar la alarma y poder seguir durmiendo en paz cuando vio que tenía una notificación.

Eso la despertó del todo, haciéndola girarse para mirar hacia la pantalla y leer rápidamente el texto que en ella aparecía. Por primera vez en mucho tiempo estaba leyendo algo que se podía considerar directo, no indirectas muy bien escondidas que tenía que descifrar. Aquello ponía lo que ella estaba leyendo que ponía.

- Pues parece que por fin avanzáis un poco, ¿no te parece? – la voz de Biyomon la sobresalto tanto que hasta se le cayó el móvil de las manos sonando contra el suelo.

- ¡No me des estos sustos!

- No es mi culpa si llevas mirando para la pantalla con cara de boba diez minutos… - revoloteó de nuevo alejándose de ella para acomodarse de nuevo en su sitio.

- Cara de boba ni qué cara de boba… - murmuró estirándose para coger el teléfono por fin.


Yamato llevaba un buen rato despierto. Había empezado de nuevo a construirse una rutina, así que había salido a correr un rato antes de que el sol abrasador lo hiciera imposible, llegando justo a tiempo para ver a su padre recién levantado y ayudarlo con el desayuno.

- Anoche encontré un piso que parecía interesante, tengo que llamar esta tarde – anunció mientras que se sentaba.

Hiroaki se tomó unos segundos para contestar, estirándose para coger una taza y poder llenarla con café para poder empezar a despertarse en condiciones.

- No corre prisa, ¿lo sabes, no? No me estorbáis en casa.

- Ya lo sé, papá – sonrió – pero llevo demasiado tiempo viviendo solo como para ahora tener que estar de vuelta…

- Como si yo me pasara mucho tiempo por casa. ¿Por qué no esperas un poco antes de saber definitivamente lo que vas a hacer y luego ya buscarás casa? – en el fondo había echado de menos tener a alguien con quién compartir aquellos momentos.

El rubio se quedó observándolo mientras que desayunaba. No le molestaba la idea de convivir con su padre y aunque no quisiera reconocerlo, acababa de dar en el clavo. Aunque dijera a todos que pensaba volver… quizás todavía no lo tuviera demasiado claro del todo, aunque él se dijera que sí.

- Lo pensaré – dijo al final, alargando la mano para coger una tostada.

- Por cierto, te ha estado sonando el teléfono desde que me he levantado, tú verás quién te reclama tan temprano…

- Luego mi… - empezó a decir, quedándose callado de golpe.

En un momento de lucidez recordó que la noche anterior había visto un mensaje y… ¿lo había contestado? Se levantó de la silla y salió con paso rápido hacia la habitación. Tenía varios correos electrónicos, un par de llamadas de su hermano y de Taichi y entre todo lo demás…

Abrió con miedo la conversación, casi que temiendo comprobar que no se lo había imaginado y que de verdad había puesto aquello. Ahí estaba, palabra por palabra. Lo había escrito, no se lo había imaginado.

Bajó la mirada hacia la respuesta que había, de apenas unos minutos atrás, temiendo casi leerla.

"Normalmente jugármela a ponerte celoso no suele salir tan bien. Debes de estar perdiendo facultades, Ishida. Nos vemos el sábado".

Se quedó leyendo la respuesta de ella varias veces dándose cuenta de lo que realmente había pasado ahí y que había picado como el que más. Se la había jugado, claro que lo había hecho y había picado a ciegas. Sonrió sin poder evitarlo, aquello era una muy buena señal.

"Ya veremos, a lo mejor me busco una compañía menos desleal"

Quizás fuera el momento de llevar las cosas a otro terreno.


A: nooo, ignorarte nunca xD Me llegará el aviso de que tengo una review tuya de hace dos capis la semana que viene, mi internet es así de espabilado y cuando se alía con una app o página en mi contra ya ni te cuento. Pero ignorarte no, nunca jajaja

En el anterior eran unos críos que ni sabían lo que les estaba pasando, ahora ya... pues como que han crecido un poquito - en ocasiones - y las conversaciones dan pie a ser más adultas, directas y a otro tipo de comportamientos que hubiera hecho que se pusieran de todos los colores con catorce años. En el anterior ff eran achuchables, ahora la cosa se complica un poquito más. Contando que los manejé de tal manera que no eran capaces ni de mirarse directamente, seguro que si leyeran alguno de los mensajes que aparecen en este capítulo se pasarían rojos los dos un par de semanas, como poco.

Más tarde o mañana, dependiendo de si tengo tiempo más. Y sí, haces bien fiándote, tú hazme caso, que ya no queda nada de nada y en poquito podrás saber más cositas por fin. Como siempre, muchísimas gracias por tu review, nos leemos pronto.