Cuando se puso en pie no pudo evitar seguirla con la mirada, cada detalle, era algo que escapa a su control y más en aquella situación. Ni siquiera cuando la vio recoger del suelo la camisa que anteriormente había llevado puesta él para ponérsela por encima mientras que aceleraba el paso para contestar la llamada.
Quizás se les había ido de las manos la situación, pero ¿qué había de malo en aquello? No eran dos niños que tenían que andar escondiéndose o que ni siquiera se atrevieran a pensar en aquellas cosas. Eso lo habían dejado ambos atrás hacía mucho tiempo. Así que no, no había absolutamente nada por lo que debiera de arrepentirse.
- ¿Qué? – le preguntó divertida tras haber colgado, volviendo a acercarse hasta el sofá de la sala donde se había quedado él recostado.
- ¿No puedo mirarte? – porque podría pasarse horas haciéndolo.
- ¿No lo has hecho bastante ya? – sonrió antes de volver a su lado, usando su brazo como almohada notando como la rodeaba automáticamente con él.
- No creo que vaya a ser algo de lo que me canse demasiado pronto – bajó la cabeza para dejar un beso en el cabello de ella.
Notar los finos dedos de Sora acariciando su pecho con suavidad era una sensación agradable, incluso relajante. Por primera vez no sintió la necesidad de tener que decir nada simplemente para rellenar un vacío, solo quería disfrutar del momento.
Fue ella quien, pasado un rato, levantó la vista hacia él-. ¿Has vuelto a pensar en si vas a volver a tu puesto?
- ¿Hm? ¿A qué viene eso ahora? – bastante se acordaba él de cualquier cosa que estuviera más allá de aquellas paredes en esos momentos.
- Lo sé, pero… se me ha venido a la cabeza ahora… si te molesta que saque el tema no pasa nada – volvió a morderse el labio, ahora dudosa por haber metido la pata y haber estropeado el momento.
Tardó en tener respuesta. Yamato se quedó con la mirada fija en el techo, serio, sin decir nada hasta pasado un tiempo que a ella le pareció eterno-. Sigo sin saber qué hacer – confesó finalmente antes de coger aire y soltarlo muy lentamente. Se revolvió, para poder girarse ligeramente y mirarla mejor al hablar-. El accidente me hizo replantearme muchas cosas, pero si no hubiera sido por eso no estaría ahora mismo aquí – hizo una pequeña pausa-. Contigo.
- Ya lo sé, y jamás se me ocurriría reprocharte nada por haber querido volver a casa… - subió su mano por su torso hasta el pelo de él, retirándoselo ligeramente hacia atrás en una caricia-. Pero no me gustaría que luego te arrepintieras… para llegar a dónde tú estabas hay que querer. Hay que tener una verdadera vocación para ello, ¿podrías pasar el resto de tu vida así?
Si no fuera porque el tema era lo suficientemente delicado le haría hasta gracia escucharla. Cada palabra que decía era exactamente lo que pasaba por su cabeza cuando se ponía a pensar en el tema-. No lo sé, Sora. Es lo que me da miedo a mí también. Dejarlo y arrepentirme toda mi vida de lo que habría podido ser. Pero… antes era diferente. Antes quería llegar lo más lejos posible, tenía otras aspiraciones…
- ¿Y ahora ya las has conseguido?
- Sí, ese es el problema. Ahora solo quiero tener una vida tranquila, empezando por esto, empezando por ti.
- Yo no soy el problema y lo sabes – sabía a lo que se refería-. Todo es diferente, te lo dije el otro día. Yo soy la primera que tiene que pasar temporadas fuera por motivos laborales…
- No solo es eso – le dijo, tras volver a quedarse unos segundos en silencio.
Si no fuera porque apenas estaban empezando con aquella especie de relación entre ellos quizás hubiera sido más sencillo explicar qué era lo que le daba miedo. Sabía que la chica había pasado toda su infancia y adolescencia conviviendo con la ausencia de su padre, viendo a su madre sola, esperando… Aunque fuera demasiado pronto para pensar en cualquiera de aquellas cosas, ¿cómo iba a proponerle exactamente lo mismo?
- Mis ausencias son de meses, incluso años. Eso no es vida, ni para ti ni para mí. Si sigo por ese camino acabará con todo lo demás que esté fuera de mi trabajo. Absolutamente con todo, no hay nadie que pueda aguantar eso…
Lo dejó hablar, manteniendo la mirada fija en él, quien volvía a observar el techo, mientras jugaba con su cabello todavía. No se atrevió a decir nada, sabía lo raro que era que Yamato comenzaba a hablar de temas tan delicados y personales, incluso con aquellos en los que más confiaba.
- Mi padre está solo, prácticamente me ha pedido que me quede en casa en vez de ponerme a buscar apartamento. Mi hermano tiene su vida… una vida que me estoy perdiendo también por estar siempre lejos. No quiero perderme todo eso tampoco. Y menos hora que te vuelvo a tener a mi lado.
- ¿Nunca antes te habías parado a pensar en todo eso? – murmuró sin alzar apenas la voz.
- No, nunca. Mientras que todo iba bien solo esperaba llegar más y más lejos.
- Yamato… nadie debería de meterse en tu decisión. Pero… yo creo que si lo dejas, te arrepentirás toda tu vida. Tiene que haber una forma de que puedas estar al lado de los que te importan también.
- No lo sé, quedé en ponerme en contacto con mi superior dentro de unas semanas, aún tengo tiempo para pensarlo – distraído todavía con el techo, bajó por fin los ojos hacia ella-. Te prometo que lo pensaré y que tomaré la decisión que realmente me parezca la correcta.
- Seguro que sí… - sonrió para darle ánimos antes de estirar el cuello para alcanzar sus labios intercambiando ahora un beso dulce y lento que poco tenía que ver con los que habían compartido hacia un rato.
Se dejó llevar por ella y cuando se separó, acarició con suavidad su mejilla un par de veces. Era un tema delicado, muy delicado, pero en aquellos momentos solo le importaba Sora y tenerla a su lado. Se las arregló para girar algo más, dejando que la espalda de ella quedara apoyada sobre el sofá de nuevo, atrapándola así entre él y la tela.
- Creo que tú y yo estábamos negociando algo importante cuando te sonó el teléfono…
Esa fue su declaración de intenciones antes de decidir que no, que aunque la imagen de ella vestida solo con su camisa fuera muy agradable, aquella noche, tras quince años de espera, había descubierto que le gustaba mucho más sin ella. Permitió que dejara el tema, no quería agobiarlo ni pecar de pesada. Además, había encontrado una forma muy efectiva para convencerla de ello.
Cuando entró en casa ya era tarde y estaba todo en silencio. Ni siquiera se veía luz saliendo por debajo de la puerta de Haru. Con cuidado de no hacer ruido, Sora se descalzó y todo sus cosas colgando en el perchero de la puerta, comenzaba a subir hasta su habitación.
- ¿Ya has vuelto? – le preguntó la voz somnolienta de su compañera digimon.
- Lo siento… ¿te he despertado?
- No… te estaba esperando – un bostezo la delató.
Sonrió, acercándose hasta ella para tumbarse a su lado, dándose una ligera caricia cerca del hocico. Los ojos de Biyomon la miraron, curiosos.
- Estás diferente – le dijo de repente.
- ¿Diferente?
- Sí, hacía tiempo que no te veía tan contenta… me alegro mucho por ti, Sora.
Giró la cabeza, observándola. ¿Cómo no iba a adorar a aquella pequeña ave que llevaba a su lado toda su vida? No sabría lo que habría sido de ella si jamás se hubieran conocido. Sonrió sin poder ni querer evitarlo.
- Porque lo estoy.
- Es por Yamato, ¿verdad?
- Biyomon… creo que me estoy volviendo a enamorar de él – si es que había dejado de estarlo en alguna ocasión.
Aquello no tenía nada que ver con lo que había sentido cuando habían estado juntos. Había sido otro tipo de amor, estaba segura, seguramente uno apropiado a la edad que tenían. Ahora todo era diferente y lo único que podía tener en común con el pasado era que, en aquellos momentos, no podía dejar de sonreír.
- Menuda novedad me has ido a contar… - dijo de repente haciendo que ambas empezaran a reírse.
A: ¿Si? ¿Te ha gustado? Aparte de porque era algo que tarde o temprano iba a haber pasado, al final cambié una conversación por otra para poder hacer el capítulo que estoy subiendo ahora. De hecho, por eso he estado evitando juntarlos en alguna fiesta como podrían haber sido la despedida que al final no he escrito porque soy demasiado fan de los despertares traumáticos y quería hacer las cosas bien. Simplemente por ese detalle no os la he colado en la historia porque me conozco xDDDDDD
Y el corte no ha sido corte, ha sido dejarles algo de intimidad a los pobrecillos xDDD Al menos no he cortado ninguna conversación importante a medias, eso puedo usarlo como mi defensa hasta el fin del mundo. De todas formas, creo que se nota mucho que lo que estoy subiendo ahora es exactamente lo que falta de ese capítulo, porque lo escribí todo junto y si no fuera porque estaba quedando demasiado largo lo hubiera subido de golpe. Así lo reparto en dos veces. Los anuncios de la novela de por la tarde que duran unas 5 horas... jajajaja
Espero que te guste este capítulo también y mañana nos leemos con algo nuevo, espero. ¡Un saludo!
