Alargó la mano para apagar la alarma del despertador cuando comenzó a sonar. Sora no había necesitado de él para abrir los ojos aquella mañana, llevaba un rato despierta a pesar de haber llegado tarde a casa la noche anterior.
Cuando había querido conciliar el sueño las últimas palabras que le había dicho a Biyomon antes de que la digimon se quedara dormida volvieron a su cabeza. Era cierto, no había dicho ninguna mentira… sin embargo, al apagar la luz y querer dormirse, trajeron otra idea a su cabeza. Una idea que la hizo pasar de un extremo al otro.
Aquellas palabras trajeron a su mente la primera vez que había sido capaz de reconocerse a sí misma aquello y las consecuencias que habían tenido… Aquel maldito día que había abierto la boca para decirlo sin pensar en las consecuencias. Y todo lo que había tenido que pasar después de aquello… Tampoco entendía por qué se le había venido semejante idea a la cabeza de repente, aquella situación era claramente diferente.
No era una cría que se quedaría bloqueada si algo así pasara, ni lo dejaría escaparse sin más, sin darle ninguna razón lógica. Ni siquiera buscaría alguna forma de echarse la culpa a sí misma como había hecho en aquella ocasión. Lo recordaba como si hubiera sido ayer… había pasado de todo por su cabeza. Desde que todo aquello había sido culpa suya porque de alguna manera lo había presionado, hasta que realmente solo hubiera estado a su lado todo aquel tiempo por miedo a estropear la amistad de ambos. Era un miedo recurrente con el que había tenido que convivir en aquella época, a fin de cuentas, no tenía demasiado buen concepto de sí misma y las inseguridades habían causado más problemas de la cuenta.
¿Por qué entonces ahora, de repente, le daba por acordarse de todo aquello? ¿Alguna parte de su cabeza estaba asustada de que aquello pudiera avanzar y acabar de igual forma? Lo había reconocido, se había vuelto a implicar demasiado con él de una forma demasiado rápida… como si realmente nunca hubiera dejado de quererlo, cosa bastante probable. Ni siquiera tenía en cuenta el hecho de lo que hubiera pasado entre ellos o no horas antes, a esas alturas de su vida, no era un trámite tan relevante como podría haberlo sido en otros tiempos.
Se levantó, enfadada con sus propios pensamientos y se fue directa a la ducha para intentar sacarse las estupideces de la cabeza. Un buen chorro de agua fría directo a la cara al menos la despejaría.
¿A qué venían ahora esas dudas? ¿A qué venían ahora esos miedos?
En el otro extremo de la ciudad, otro despertador sonaba y era apagado antes de hacer su función al estar Yamato ya despierto también. La situación, era totalmente diferente. Se había despertado primero a pesar de haber llegado tarde y lo había hecho con un humor excepcional. Parecía que de repente absolutamente todo empezaba a encajar en su vida de nuevo.
Había estado una temporada sin dormir demasiado bien y por eso se había tomado las cosas con calma. Cada vez que cerraba los ojos acababa despertándose alterado, habiendo tenido alguna pesadilla con lo que ocurrido, por eso había dejado de lado su rutina madrugadora de todos los días hasta días atrás.
Estaba seguro de que lo bien que iban las cosas con Sora había hecho que todo aquello pasara a un segundo plano. Y aquel día, estaba de especial buen humor. Cuando había ido a buscarla la noche anterior, ni siquiera en el momento en el que había empezado a tantearla mínimamente, lo había hecho con la intención de que ocurriera algo entre ellos. Pero eso no quitaba que le pareciera totalmente correcto y apropiado, que le pareciera que había pasado porque así tenía que ser. Sonrió para sí mismo, recordando algunos momentos mientras que salía por la puerta de casa dispuesto a hacer su rutina de todos los días.
El calor había empezado a menguar en la ciudad por fin y el frescor de la mañana se agradecía. Era uno de sus momentos favoritos del día, donde podía olvidarse de todos sus problemas, aunque aquella mañana sus pensamientos estuvieran fijos en una chica de cabellos anaranjados y ojos canela.
Recordaba perfectamente la última vez que se había sentido así. Y había sido precisamente por culpa de la misma persona. Simplemente había hecho que todo pareciera más sencillo, que cualquier cosa que pudiera pasar no tendría por qué salir mal… Aquella vez no pensaba ser tan idiota de dejarlo pasar por miedo. No podía ser tan sumamente estúpido y cobarde y que por culpa de unos miedos infantiles perdiera todo aquello.
Cuando no eran más que unos críos y ella le había dicho que le quería todos los problemas que habían tenido sus padres se le vinieron a la cabeza y por eso se había asustado. Nunca había pensado que fuera la mejor opción para Sora tampoco. ¿Por qué iba a serlo? El carácter de ambos no podía ser más diferente y ella se merecía a su lado a alguien que realmente fuera más cercano, más abierto, menos frío. Luego, con el tiempo, había llegado a darse cuenta de que si ella había querido estar con él, él no era absolutamente nadie para decidir que no debería de hacerlo, no al menos queriendo estar también con ella. Había crecido y poco a poco todas esas estupideces se habían ido escapando de su cabeza. Lo había entendido años atrás.
Por miedo a que sus peores pesadillas se volvieran realidad él mismo las había hecho realidad y había acabado solo, amargado y sin saber cómo hacer para ganarse su perdón y volver a estar con ella. Ahora que parecía que lo había conseguido de nuevo no pensaba hacer absolutamente nada para estropearlo.
Quizás fuera demasiado pronto para hacerse ilusiones, ni siquiera sabía si la situación entre ellos se podía considerar la de una pareja o qué, pero le daba exactamente igual. Fuera lo que fuera, a él le servía.
Incluso llegaba a apreciar el interés de ella porque no dejara de lado su vida, su ocupación. Podría parecerle hasta gracioso que nada más decirle lo que había pasado en vez de asustarse o de decirle que hacía bien dejándolo hiciera exactamente todo lo contrario. Y no solo eso, sino que había insistido con ello. Y le había dicho exactamente lo que él pensaba, que si lo dejaba tarde o temprano se arrepentiría.
Se detuvo no demasiado lejos de la playa, aprovechando para descansar y recuperar el aliento unos segundos con la vista fija en el horizonte. Si lo dejaba tendría la opción de poder tener una vida normal, de buscar cualquier otra ocupación, de poder estar con su familia. Pero siempre tendría encima el fantasma de lo que podría haber sido y no fue. Si volvía… no solo volvía al riesgo, sino que iba a tener que volver a alejarse de todos ellos y por primera vez, estaba seguro de que aquello no era lo que quería.
Por el momento le daba igual, la excedencia que le habían concedido tras el accidente duraría hasta el cambio de año. Tenía aún tiempo para saber qué haría, no tenía que volver loco a nadie más.
Aquel día le fue imposible concentrarse incluso en su trabajo. Había tenido que reunirse con unos representantes de una empresa de telas y no había estado a lo que tenía que estar en todo el rato. Finalmente, para salir del paso como había podido había dicho que tenía que pensarse bien todos los detalles y que le dejaran los papeles de la oferta para que pudiera revisarlos con calma. Aunque sabía que sería revisarlos por primera vez.
- Haru, encárgate tú de los recados que me lleguen. No me encuentro demasiado bien – no entró en más detalles -, voy a irme a casa.
- ¿Estás bien?
- Sí, tranquila, supongo que será cansancio. Luego te veo, no te preocupes – cogió su chaqueta y salió con paso rápido para dar un paseo.
No tenía ganas de quedarse en su estudio, ni mucho menos de volver a casa. Tenía que despejarse la cabeza y dando un paseo iba a ser la mejor de sus opciones. No se fijó en dónde iba, ni por dónde pasaba, pero cuando se quiso dar cuenta sus ojos se fijaron en el comienzo de una calle conocida. Y una voz demasiado familiar la sacó de sus pensamientos.
A: bueno, hablando de cortes... Y además... una por otra. Pero me he apoderado de la brillantina y no la pienso soltar, así que voy a ir escondiendome de los tomatazos con ella ya. Primero por el cambio radical y segundo por cortar así de repente jajajaja Eso si no me llega ninguna queja por parte del jefe de nadie, claro T_T
Es lo bueno de que en el trabajo esté últimamente tan agobiada que no me dé tiempo ni de respirar, que sino te entendería. Mis melodramas de ese tipo suelen ser en el transporte público de la que voy y vengo, que en ocasiones me voy apuntando algunas cosas de las que quiero hacer y me entretengo riéndome sola o peor, cuando releo algo que ya tengo escrito para ver si quiero modificar algo xD El jefe raro no me mirará pero los que viajan a mi lado...
Dije que habría altibajos y que todo no iba a ser tan sumamente bonito. De hecho, considero que es una reacción bastante lógica la que está teniendo ella después de todo. Así... dos pasitos para adelante en el anterior, uno para atrás en este... ¿De quién será la voz conocida que le ha aparecido de la nada? Mañana... más :D - sí, mañana, tengo demasiado trabajo estas semanas por delante como para poder sentarme a escribir en paz T_T.
¡Un abrazo y mil gracias por tu review!
Annavi21: es que ya les tocaba jajaja aunque como ya he dicho no suele ser mnli línea de escritura. Solo que cuando toca, toca. Y a estos pobrecillos ya les iba tocando después de todo. Me alegro de que te haya gustado. Y espero que te guste este nuevo también un poquito más opuesto. Un saludo!!
