Estaba segura de que podría despertarse así el resto de mañanas de su vida y no tendría queja alguna. Entre que había estado todo el día fuera de casa corriendo de un lado para otro, la salida y luego que alguien se las había arreglado para no dejarla conciliar el sueño hasta horas demasiado altas de la noche había caído rendida con la cabeza apoyada sobre el brazo de Yamato y ahí exactamente se había despertado.
Llevaba un rato estudiando el gesto relajado de él mientras que dormía, intentando moverse lo menos posible para no molestarlo, disfrutando de las sensaciones agradables que simplemente su contacto le despertaba. Sonrió, sin poder evitarlo, recordando la noche anterior y lo que le había dicho. Lo que le había dicho por fin, como bien dirían muchos de sus amigos. Eso no hizo más que obligarla a ampliar aún más la sonrisa.
Si pudiera volver atrás en el tiempo y cruzarse consigo misma adolescente posiblemente tendría muchas cosas que decirse en aquellos momentos. Parecía como si de repente todos los dolores de cabeza, las dudas y los problemas del pasado hubieran desaparecido. No solo eso, sino que hubiera cobrado sentido y los hubieran ayudado a llegar a ese momento tanto tiempo después. Era una situación que nunca jamás se habría podido llegar a imaginar.
Un cosquilleo en su hombro la hizo volver a la realidad, justa para encontrarse con que Yamato se había despertado y que la estaba observando medio adormilado todavía.
- Buenos días – le dijo en voz baja, sin demasiada intención de cambiar de ubicación. Ese día no pensaba levantarse temprano.
- Buenos días – le contestó él abriendo algo más los ojos, dedicándole una mirada cariñosa antes de reprimir un bostezo.
- ¿Has dormido bien? – posó su mano sobre el pecho de él, acariciándolo ligeramente.
- De maravilla… - poco a poco se fue despertando, terminando por abrir los ojos del todo-. ¿Tú¿ ¿Llevas mucho despierta?
- No, acababa de despertarme.
- ¿Tienes que irte? – caer en la cuenta de aquello lo hizo poner una ligera mueca de fastidio.
- Debería, pero creo que hoy voy a dejarte ser una mala influencia… - el tono de voz que usó fue uno divertido, incluso juguetón.
- Tendrás morro… echarme la culpa a mí ahora… - había arqueado una ceja por el comentario de ella y luego se había reído tras el suyo propio-. Pero me parece una idea perfecta…
Hizo algo de fuerza para girar y cambiar de posición, colocándose ligeramente sobre ella, posando una mano sobre la cintura de ella, acariciando con cuidado la piel del vientre de la chica ahora al descubierto.
- Te echo toda la culpa del mundo – se dejó manejar, limitándose a jugar con sus dedos sobre el cabello de él-. Es más, con este chantaje no creo que tenga forma alguna de poder escaparme y poder decirte que no.
Estaba de demasiado buen humor. Parecía que lo que le había confesado la noche anterior había terminado de organizar su mundo de una vez por todas. Y eso, viniendo de él era todo un dato a destacar. No sabía cómo había podido ser tan idiota de dejarla escapar una vez.
- Pues se me ocurre alguna forma mejor para terminar de convencerte del todo – había murmurado antes de sonreír de forma pícara y tirar de la sábana para echarla por encima de ambos.
No, aquella manera ninguno de los dos iba a madrugar.
Cuando volvió a salir de su habitación completamente vestida y arreglada lo hizo a las carreras. Haru se había tomado la mañana con calma y solo el sonido del timbre la había hecho saltar de la cama donde se había quedado haciendo tiempo con el ordenador ya que aún era pronto para ir al trabajo.
Nada más llegar a la puerta abrió sin pararse a preguntar quién era encontrándose con una cara más que conocida ya.
- Hola Mimi – sonrió antes de apartarse hacia un lado para dejarla pasar.
- ¿Estás sola? – miró hacia los lados buscando una cabecita pelirroja asomando por alguna parte.
- No, pero… no se ha levantado todavía – explicó cerrando la puerta tras ella. ¿Eso que había tirado al lado del perchero donde estaba colgando el bolso de Sora eran las llaves de casa?
Se agachó para recogerlas y guardarlas dentro del bolso antes de volver a mirar hacia Mimi.
- ¿Se le han pegado las sábanas? Qué raro para ella, ni que anoche nos fuéramos tarde o qué... – negó con la cabeza.
- No lo sé, yo no la vi llegar – y menos mal que no la había visto porque había confianza pero algo le decía que no tanta como para ello. Se quedó mirando hacia la otra chica, pensando en que quizás debería de intentar distraerla o decirle que volviera más tarde para evitarse situaciones delicadas, pero, por otro lado, aquello podría ser muy divertido.
- Pues… no nos fuimos tan tarde. Venía a buscarla para que me acompañara a hacer unas compras, pero puedo esperar a que la bella durmiente se despierte. O mejor, puedo ir a despertarla yo…
- No… No, no – la mataba, si dejaba que Mimi fuera a despertarla iba a ser su fin, y el de Mimi también, así que mejor no tentar a su suerte-. Debe de estar al bajar, tranquila – por la cuenta que le traía.
Miró extrañada a la más joven, notándola hasta algo nerviosa. ¿Qué pasaba? No le gustaba no enterarse de las cosas… y fue entonces cuando lo vio. Ella sí que reconoció la chaqueta automáticamente porque hacía apenas unas horas que había visto a su dueño con ella puesta y Mimi sí que se fijaba en esas cosas.
Dio un par de pasos rápidos para acercarse y asegurarse antes de girarse hacia la otra chica.
- Por favor… por favor… dime que tú sabes algo.
- No… - ¿ya se había dado cuenta? ¿Tenía un sensor para detectar aquellas cosas o qué? -. Osea… sí, los escuché llegar pero como comprenderás no es asunto mío lo que hacen o dejan de hacer.
Mimi llevó ambas manos a su boca haciendo un ligero aspaviento mientras que con sus labios dibujaba silenciosas palabras que no llegaban a salir de su boca "OMG, OMG, OMG". Aquello no deberá de ser algo por lo que alterarse tan siquiera, eran dos personas adultas y ya hacía un tiempo que estaban junt…
- ¿Tú sabes algo más que yo? ¿Ya se ha quedado alguna vez más aquí?
- ¿Yo? ¿A mí por qué me metes en esto, eh? – se defendió rápidamente alzando las manos-. Si luego me acaba echando de casa vas a tener que buscarme alojamiento.
- Confiesa…
- Sí, se ha quedado más veces pero obviamente pero no he preguntado… - podría y seguramente habría tenido respuesta, como el día que se había encontrado a Yamato a primera hora por la mañana.
- ¡Y NO ME LO HABÍA DICHO! – aunque quizás debería de haberlo dado por supuesto.
Debería de haberlo supuesto, sí. Claro que debería de haberlo supuesto, lo que hubiera sido raro hubiera sido que todavía no hubieran avanzado algo más, pero como los conocía más que de sobra podía llegar a poner en duda todo lo demás.
Siempre estaba la posibilidad de que simplemente se hubiera quedado a dormir, pero iba a darles un voto de confianza.
A: te dije que tenía preparado algo más gordo para Mimi hace unos días, ¿no? Pues... ahí la tienes, llegando en el mejor momento del mundo jajajaja
La gracia era que fuera él quien lo dijera primero esta vez. Al principio, cuando estaba empezando a escribir la historia me había pensado que fuera él quien llevara la voz más cantante en el desarrollo de la relación de ambos, pero, luego, los personajes cogen vida propia y hacen lo que les da la gana, por eso acabó siendo Sora la que dio el primer paso. Así, haciendo un total paralelismo al fb que os puse hace tiempo sobre cómo rompieron, tenía que ser Yamato quien lo dijera ahora primero.
Sé ser mucho menos sútil, no sería la primera, ni la segunda - sigue contando - [...] vez que lo hago. Pero por alguna razón, hay algunos personajes con los que no termino de atreverme. Voy a pensar que es porque estos dos son personajes que los conozco desde muy niña y me cuesta más por eso, pero, oye, yo no voy a decir de este agua no beberé porque lo mismo cualquier día se me cruza el cable y os pego un susto xDDD
Ahora sí que sí, ¡mañana más!
