En el otro extremo del mundo, aún cuando apenas había tenido tiempo para sacar sus cosas de la maleta, Sora tuvo que pasar corriendo hasta dónde había dejado tirado el móvil al escuchar su tono de llamada. ¿No le había dicho a todo el mundo que ya llamaría ella cuando estuviera instalada y con batería?

Frunció el ceño cuando vio el nombre de Takeru en la pantalla, extrañada de que fuera él quién la estuviera llamando y así de repente. Además, aquella llamada por teléfono iba a costarle mucho.

- ¿Takeru? ¿Ha pasado algo? – fue lo primero que dijo anda más descolgar, preocupada.

- ¿Tú lo sabías, verdad?

- ¿Qué si sabía el qué…? – la había pillado completamente descolocada-. Espera un momento.

Hizo un gesto a los que estaban con ella, mirándola poner caras raras y buscó un lugar más apartado para hablar, yendo hacia la habitación en la que se iba a quedar y cerrando la puerta tras ella.

- ¿Qué es lo tenía que saber? – dijo cuando ya tuvo la intimidad necesaria.

- Lo de mi hermano, lo que le pasó y por qué volvió.

Aquello la pilló del todo desprevenida, agradeciendo que nadie estuviera con ella y pudiera verla poner aquella cara de sorpresa.

- Supongo que por tu silencio tengo que entender que sí…

- Lo siento, no era algo que yo te pudiera contar.

- ¿Y él tampoco? ¿He tenido que enterarme hoy? ¿Meses más tarde? – parecía que solo la había llamado para desahogarse con alguien con quien sabía que podía hablar libremente del tema.

- Supongo que no quería preocuparos, Takeru…

- Preocuparnos, ¡es mi hermano! Tengo derecho a saber que he estado a punto de perderlo…

Era la pura verdad y el chico tenía toda la razón. Tampoco le estaba contando algo que ella no supiera desde hacía tiempo, pero esas palabras seguían consiguiendo ponerle la piel de gallina.

- ¿Qué quieres que te diga yo? Tienes toda la razón para enfadarte y reaccionar así, solo… solo intenta comprenderlo a él también.

- ¿Por eso volvió a casa, verdad? - el silencio de su amiga le sirvió de respuesta-. No echaba de menos su vida de antes, tenía miedo…

- No… No fue eso. Lo que le pasó le hizo ver las cosas de otra forma y darse cuenta de lo que estaba haciendo, no lo malinterpretes ahora todo por el enfado. Si solo fuera por miedo habría dimitido – parecía que podía hablar claro, así que iba a hacerlo.

- Sí, y si hubiera dimitido no me habría enterado hoy porque lo llamaron delante de mí para que volviera.

Un silencio se produjo al otro lado de la línea. No, sin duda ella no tenía ni idea de aquello. ¿Cómo iba a tener idea? No había podido hablar todavía con él, no había forma de que ella estuviera informada. ¿Todo aquello se había organizado en unas horas en las que ella no había estado en la ciudad? ¿De verdad?

- ¿Lo han llamado para que vuelva? – preguntó al final.

Ahora el silencio se hizo al otro lado de la línea. En ese momento fue cuando Takeru se dio cuenta de que quizás acababa de meter la pata y no debería de haber dicho aquello.

- ¿Has hablado con él?

- No, acabo de llegar hace nada del aeropuerto, no he tenido tiempo…

- Lo siento… - se disculpó rápidamente-. Lo siento de verdad, no tendría que habértelo dicho yo.

- Da igual… - una sensación muy extraña había empezado a apoderarse de su estómago, no estaba segura de lo que era-. ¿Qué ha dicho?

- No lo sé, no le dejé contármelo… me fui a mi casa y lo dejé con la palabra en la boca.

Era mucho más sencillo hablar de cualquier cosa con el menor de los dos hermanos. En menos de un par de minutos había sido capaz de que le contara exactamente qué era lo que había pasado.

- ¿Te has enfadado con él?

- ¿Tú qué crees? ¡Soy su hermano! Nos lo contó a mi madre y a mí hoy y creo que todavía no ha tenido narices de decírselo a nuestro padre.

- No, tu padre no lo sabe todavía tampoco – espera, ¿había dicho que se lo había contado a su madre?

- ¿Cómo no quieres que me enfade? ¿Tú crees que es normal? Y no te ofendas, pero, ¿por qué lo sabes tú y nosotros no?

Buena pregunta. Ella no sabía lo que ellos habían insistido o no para que Yamato les contara lo que había pasado, claro. Tampoco sabía por qué le había sido más sencillo contárselo a ella que a su propio hermano ya que cuando lo había hecho no estaban juntos tan siquiera.

- No lo sé, Takeru. Supongo que no querría preocuparos y que me lo acabó contando a mí porque necesitaba hablar con alguien de ello. Pero no te enfades con él. Tú habrías hecho lo mismo, tú no habrías querido preocupar a los demás. Intenta ponerte en su lugar, ¿tú qué habrías hecho? No le estoy defendiendo antes de que digas nada, solo te digo que intentes comprenderlo…

De nuevo hubo un silencio al otro lado de la línea.

- ¿Por qué tienes que tener siempre razón?

- Porque soy la mayor del grupo.

- El mayor es…

- No, la – recalcó el artículo femenino – mayor del grupo. Y porque tengo un master en paciencia en todos los temas relacionados con tu hermano - ¿sonaba como si hubiera conseguido calmarlo mínimamente? Parecía que sí.

- Bah…

- ¿Más calmado?

- Sí, gracias…

- Vale, pues… lamento informarte de que me estás llamando a Los Ángeles y que puedes ir vendiendo algunos de tus órganos vitales que te sobren para pagar la llamada…

- … - un silencio de nuevo y, finalmente, una ligera risa-. No pasa nada, siempre puedo chantajear a mi hermano.

- No es mala idea, puedes incluirlo en las negociaciones cuando hables con él – negó con la cabeza mientras que interiormente se relajaba al ver que parecía estar más tranquilo.

- De todas formas, sigo enfadado también contigo, así que no te mereces más mis atenciones.

- Cuanta crueldad…

- La que cada cual se merece. No trabajes mucho… Y gracias – dicho aquello, casi sin darle tiempo a responder, colgó el teléfono.

Sora se quedó mirando hacia la pantalla viendo cómo volvía a aparecer su fondo de pantalla, una foto de ella con Biyomon en la playa. Sonrió ligeramente pensando en su querida compañera que, de nuevo, se había quedado con su madre. Sonrisa que no tardó en borrársele al recordar algo de lo que el había dicho Takeru.

Habían vuelto a llamarlo del trabajo… Sabía que esa opción estaba sobre la mesa, pero no esperaba que fuera a ser tan de repente. Ella misma había insistido un par de veces con que quizás debería de replantearse el volver pero no había vuelto a sacar el tema recientemente por miedo a resultar pesada. Ahora parecía que la noticia había saltado como la pólvora y que no le había quedado más remedio que confesar lo que había pasado, al menos a sus familiares.

Abrió la lista de conversaciones y buscó rápidamente la de Yamato para escribirle que ya había llegado como había dicho que haría, pero dudó antes de empezar a teclear. Ella misma había dicho muchas veces que estaría dispuesta a llevar aquello adelante costara lo que costara incluso si volvía a su puesto y tenía que estar fuera de la ciudad largas temporadas. Pero eso no decía que la idea de que quizás cuando volviera no estuviera esperando no le gustara ni un pelo. Y sabía que eso podía pasar. Es más, si no pensaba egoístamente, esperaba no verlo de vuelta en Tokyo.

Dejó el teléfono sobre la mesa, acercándose hasta la ventana, dejando la vista fija en el horizonte, cruzando los brazos sobre el pecho, notando de nuevo esa extraña sensación que la había invadido cuando había escuchado la noticia. Tenía muy claro qué era lo que iba a hacer y lo que tenía que decir cuando le llegara el turno de enterarse oficialmente, otra cosa es que realmente le gustara aquella perspectiva de tener que alejarse tan pronto de él.

Volvió sobre sus pasos, cogiendo el aparato para dejarle escrito un mensaje finalmente, necesitaba un tiempo antes de poder manejarse en una conversación directa con él.

"El viaje ha ido bien y ya estamos instalándonos. Apenas tengo batería, cuando pueda te llamo" – dudó unos segundos con la pantalla abierta todavía antes de volver a escribir- "Eres un odioso por no haber querido venir conmigo y hacer que ya te esté echando de menos".

Buscó su cargador entre sus cosas para dejarlo conectado a la corriente y volvió a salir de la habitación. En ese momento lo que necesita era, sin duda alguna, compañía. O trabajo. Cualquiera de las dos cosas le servía.


A: alguno de los dos tiene que tener vacaciones en algún momento, así que ahora le ha tocado a él - no es que alguna vez tuviera mucho, claro xDDD -. Diré lo de siempre, podría subir los capítulos más largos y de uno en uno en cuenta de así, me gusta más la dinámica que genera xD

Y como ya había dicho, aquí vuelve Takeru, algo más calmadito teniendo que ir a llorarle a alguien aunque esté en el otro extremo del mundo. Me pensé en que se fuera directo a la propia Hikari o a Sora, pero le ha dado la cabeza para darse cuenta de que si alguien sabía lo de su hermano tenía que ser ella. Eso y que siempre es buena cualquier excusa para poner a estos dos interaccionado, claro.

Lo de Hiroaki tenía que ser así, si alguien conoce a Yamato como la palma de su mano es su padre, así que sabía que lo mejor que podía hacer era sentarse y esperar a que por fin quisiera contárselo. Supongo que también sabría que no iba a tardar demasiado.

Lo del trabajo - ahora mismo, en este momento que escribo esto - es solo una excusa para precipitar las cosas y no esperar a que se agote la fecha límite que he escrito que tiene. No tengo pensado meterme por ahí principalmente porque no tengo ni la más remota idea de cómo funciona ese mundillo, de manera que es simplemente el detonante para que por fin termine de espabilar.

Ahora sí que sí, ¡mañana más! Con autocontrol y todo e_e (si no me equivoco, mañana le toca a Taichi, creo xDDD)

¡Un abrazo con tomates y todo!