Capítulo 4 - Descubrimientos

Zelda ladeó la cabeza, tratando de evaluar la situación. No sabían si los "soldados" que había visto Link eran peligrosos. No sabían si eran conscientes de su presencia en el castillo. No sabían qué significaba ese emblema que llevaban bordado al pecho. Con tanto desconocimiento, lo mejor era acercarse a ellos y tratar de dialogar.

—Hablaré yo —dijo Link, somo si pudiera leerle los pensamientos.

—¿Por qué? No tengo problema en interrogarles —repuso ella. De alguna manera ella siempre era la portavoz cuando se cruzaban con otros viajeros.

—No. Yo seré el que hable —insistió él, frunciendo el ceño —Vosotros dos estaréis callados.

—No puedes hablarle a su alteza real así —protestó Kei —Además, yo sólo obedezco órdenes de ella.

—No lo entiendo, Link —dijo ella, agitando la cabeza e interponiéndose entre Link y Kei para mirar a Link a los ojos.

—No deben saber quién eres —dijo él, desviando la mirada —si te revelas ante ellos, podría llegar a los oídos de algún enemigo el hecho de que aún sigues con vida.

—Aunque les dijese quién soy, no me creerían. Sólo los sheikah y algunos mandatarios pueden llegar a creer lo increíble de nuestra historia, pero en ningún caso lo creerán los tipos de ahí afuera.

—Zelda, deja que hable yo. Haced lo que diga. —ordenó con seriedad.

Link podía llegar a ser muy desquiciante, ella lo sabía bien. Y aunque el Link de ahora no dejaba de ser en parte un misterio, había cosas que no cambiaban, y si a él se le metía entre ceja y ceja algo, terminaría haciéndolo le gustase a ella o no.

Los hombres les apuntaron con la lanza al verlos acercarse. Tenían los dos sables bordados en la casaca, como había dicho Link, pero por lo demás distaban de parecer soldados profesionales. Llevaban la barba larga y desaliñada, y estaba claro que su equipación de soldado estaba lograda a base de remiendos y de armas viejas y de poca calidad.

—Vaya, vaya… nuestros ladrones han terminado por dar la cara —dijo uno de los hombres.

Link se adelantó elevando los brazos con las palmas abiertas.

—No queremos problemas —dijo, en tono conciliador.

—¿Entonces por qué venís a buscarlos? ¿Habéis estado robando en el castillo de Hyrule? —preguntó el otro soldado. Zelda estaba más alejada, pero podía ver que a aquel tipo le faltaban varios dientes.

—No somos ladrones —dijo Link.

—¿Quiénes sois y qué hacéis aquí si no es robar joyas y oro como vulgares cazatesoros?

—Somos viajeros. Habíamos oído que la sombra oscura del castillo había desaparecido y hemos venido a curiosear.

—¿Has venido a curiosear? —el soldado se volvió hacia su compañero y ambos cruzaron una risa despectiva —Dices que has venido a curiosear con una mujer y un sheikah. Es una historia un poco extraña, ¿no crees?

—Lo sé, pero es la verdad… —dijo Link, rascándose la nuca con aire despreocupado. Zelda se admiró al ver la tranquilidad que aparentaba ante una situación que habría hecho que ella se pusiera tensa desde el principio.

—Enséñame qué llevas en la bolsa —esta vez el soldado apuntó con la pica a Link.

—No llevo nada de valor, es el equipaje de viaje. Si queréis podemos enseñarlo… pero, por otra parte, no sabemos quiénes sois. También sois desconocidos para nosotros.

Los soldados volvieron a carcajear entre ellos.

—Nosotros somos enviados del rey de Tanagar —dijo el que estaba medio desdentado —estamos aquí para vigilar su patrimonio.

—No sabía que Tanagar fuese un reino…

—Ahora lo es. Su rey es el único superviviente del linaje real de la familia de Hyrule, y por tanto, el señor de este castillo.

Zelda sintió como si un rayo la hubiese impactado. ¿Un descendiente de su familia? ¿Quién podría ser? Trató de hacer un repaso mental rápido, pero se sintió muy confundida por aquella revelación y no fue capaz de pensar con claridad. Es posible que muchos nobles sobreviviesen al Cataclismo, ¿por qué no? Y si lo habían hecho, sus descendientes habrían llegado vivos hasta esos días de paz.

—No hemos robado nada —reiteró Link, pero esta vez usó un tono mucho más frío —podéis decírselo a vuestro rey. Ahora, ¿podemos marcharnos en paz?

El soldado que apuntaba a Link lo miraba a los ojos. Después desvió la vista hacia la empuñadura de su espada, que sobresalía por detrás de su hombro derecho. Tras evaluar la situación, relajó su postura y bajó el arma.

—Podéis marcharos, no parecéis más que una panda de niños curiosos —bromeó el soldado, volviendo a hacer reír a su compañero. Zelda pensó que el comentario no era gracioso ni de lejos, pero aquellos dos parecían poseer el cerebro del tamaño de un guisante y seguramente su sentido del humor no daría para mucho más.

—Gracias. Es todo lo que queremos.

Link dio la espalda a los soldados y se aproximó a ella y a Kei con paso firme. La agarró de la mano sin hacer preguntas y tiró de ella, guiándola hacia el lugar donde habían dejado los caballos.

—Link, no lo entiendo —susurró Zelda, dejándose arrastrar. Kei les seguía de cerca —¿Por qué no les has preguntado nada más? ¿Qué diablos estamos haciendo?

—Hay algo que no me gusta. Ya averiguaremos más.

—Podrías haber derribado a ambos de un solo puñetazo —observó Kei.

—No quiero montar un escándalo si no es necesario. El mundo no funciona así —respondió él con seguridad.

"El mundo no funciona así" pensó Zelda, repitiendo esas palabras mentalmente. Ella ya no sabía cómo funcionaba el mundo. No sabía nada de ese mundo medio en ruinas y desprovisto de autoridad, así que por una vez decidió dejarse llevar por la intuición de Link.


Al caer la noche acamparon en las proximidades de un lago. Habían cabalgado todo el día sin descanso, ella pegada a la espalda de Link y Kei en su caballo. A tal ritmo de viaje, llegaron sin problemas a las cercanías del Dominio Zora.

Cuando bajó del caballo, Zelda sintió como si las piernas se le fuesen a quebrar de un momento a otro. Había perdido por completo la costumbre de cabalgar durante tantas horas, y le estaba costando horrores habituarse a ello. También vio a Kei hacer algún que otro gesto de dolor y algunos estiramientos. Link, sin embargo, parecía fresco y relajado. Si no fuese por su barba de varios días y el pelo un tanto desaliñado cualquiera diría que aquella paliza de viaje le hubiera hecho inmutarse lo más mínimo.

Al igual que la noche anterior, cada uno se hizo cargo de una tarea distinta. Kei preparó el terreno para encender un fuego, limpiando ramas y piedras que había en el suelo donde iban a dormir. Ella se encargaba de buscar leña, y Link…

—¿Dónde está Link? —preguntó a Kei, al haberle perdido de vista.

—No lo sé, alteza. Me ha parecido verle desaparecer detrás de esos matorrales. Tal vez haya ido a cazar algo.

Ella asintió en silencio y fingió seguir buscando leña. Cuando vio que Kei desviaba su atención hacia el avituallamiento para la cena, soltó los palos que ya había recogido en el suelo y se perdió entre los matorrales.

Aunque había anochecido por completo, la luna creciente estaba casi llena, apenas faltaban unos tres días para que brillase redonda y plena en el cielo, así que había suficiente luz. Se movió en silencio entre la maleza y llegó hasta el lago, que brillaba como un espejo plateado. Miró a un lado y a otro y no veía a Link por ningún lado hasta que, de repente, reparó en que sus botas y su ropa estaban apiladas, junto a la orilla de un lago.

"Estará tomando un baño" intuyó, aunque no conseguía verle. El lago era profundo y de gran longitud, lo recorrió con la vista hasta que intuyó a lo lejos una figura nadando, cada vez más próxima a la orilla. "Ahí está". Link volvía hacia el lugar donde había dejado su ropa. Quiso darse la vuelta para regresar al campamento, pero el movimiento de los brazos de Link en el agua le resultaba hipnótico. Él se paró a pocos metros de la orilla, el agua le llegaba por la cintura. Incluso en mitad de la noche y en la distancia, podía intuirse el cuerpo fuerte y tonificado de Link. No es que ella hubiera visto a muchos chicos sin camisa, de hecho, sólo guardaba vagos recuerdos de algunos soldados de Hyrule en el campo de entrenamiento, cuando en alguna ocasión se dejó "engañar" por sus doncellas y se acercó para curiosear. Pero el cuerpo de Link era mucho más perfecto, era hermoso a su manera y ella había podido llegar a tocarlo y sentirlo de cerca, lo que hacía que en aquellos momentos una sensación cálida e intensa la mantuviese petrificada. Él avanzó caminando entre las aguas hacia la orilla, y como era lógico, el agua cada vez le cubría menos. "No debería estar espiándole así" pensó, sin poder apartar los ojos de él. Cuando llegó hasta su ropa, se sacudió el pelo agitando la cabeza con energía, como un perro se sacude las gotas de lluvia. Él se agachó para alcanzar la ropa cuando levantó la vista, hacia donde ella estaba. "Es imposible que me vea desde ahí", pensó con horror, sintiéndose paralizada. Link reaccionó vistiéndose aceleradamente. "Maldición, me ha visto". Ella trató de darse la vuelta, aunque era tarde para eso, él ya le hacía señas desde la distancia saludándola con la mano. Después caminó a grandes zancadas en su dirección, y ella sentía se sintió más avergonzada con cada paso que él daba.

—Hola, no sabía que estuvieses aquí —dijo él, una vez llegó a su altura.

—He venido a darme un baño en el agua y…

—Ah. ¿Me has visto antes, en el lago? —preguntó. Aunque ya estuviese vestido, seguía irradiando un atractivo que resultaba casi magnético.

—S… no. Acabo de llegar. He dejado a Kei preparando la cena.

—Entonces más vale que vaya con él —sonrió —…A menos que quieras que me quede vigilando aquí.

—No, no. Está bien así —Zelda no sabía a qué temperatura podían estar sus mejillas, tal vez oscilaban entre uno y dos millones de grados, sin duda romperían todos los aparatos de medición de Prunia.

—¿Estás segura?

—Sí. Lleva un rato solo, porque yo estaba buscando leña y… es mejor que vayas.

Link la observó entrecerrando los ojos y después asintió. Sin decir nada más se adentró en la maleza y ella lo oyó alejarse.

Desde que Kei había aparecido, observó que Link había reducido mucho más la proximidad con ella. Tan sólo se había concedido alguna licencia mientras cabalgaban, era consciente de que a él le gustaba hundir la nariz en su pelo para olerlo, o cuando ella iba a su espalda, él soltaba una mano de las riendas para agarrar la suya, incitándola a rodearle con más fuerza. Sin embargo, cuando dormían juntos podía percibir cierta tensión por su parte, como si temiese hacer algo que estuviese fuera de lugar. Eso la hacía recordar la noche en la cabaña, cuando se había puesto a llorar como una estúpida, estropeando lo que podría haber sido perfecto. Era lógico que él tuviera todos esos reparos. Aunque el encuentro en el rancho Romani hizo que las buenas sensaciones de la cabaña volvieran a repetirse. Eso estuvo muy bien, pero… ¿qué habría pasado si Kei no llega a aparecer? No era capaz de controlar sus emociones. Tal vez habría roto a llorar de nuevo y un segundo rechazo sería algo que podría alejar a Link del todo.

Zelda sacudió la cabeza como si así pudiese deshacerse de todos sus pensamientos y se dirigió a la orilla. Se quitó la ropa al igual que había hecho Link y se sumergió en el agua, que sorprendentemente tenía una temperatura mucho más agradable de lo que esperaba. Pero no pudo relajarse en absoluto, tenía la vista fija en los matorrales desde donde ella misma había estado espiando a Link. "Él no es tan descarado como tú, deja de atormentarte con eso" se dijo a sí misma, aunque decidió salir del agua y vestirse para volver lo antes posible con los dos chicos, que debían estar esperándola para cenar.

Caminó entre los matorrales de regreso al campamento, pero cuando estaba próxima al mismo, tuvo la ocurrencia de detenerse entre las sombras y observar a Link y a Kei sin que ellos pudiesen verla. "Zelda, esto es una maldad y lo sabes", pensó, aguzando el oído. Link estaba sentado de cara al fuego y desde su posición sólo podía ver su espalda. Kei estaba a su derecha, asando algo en un pincho alargado que había fabricado con la rama de un árbol. Ambos se mantenían en un tenso silencio. Zelda pensó que si no fuese por ella la conversación entre los dos jóvenes sería casi inexistente, excepto cuando peleaban, entonces no podían parar.

—Deja de mover la pierna así, me pones de los nervios —dijo Kei, sin mirar a Link directamente.

—No la estoy moviendo. —gruñó Link.

—Claro que la mueves, ni siquiera puedes estar ahí sentado quieto y relajarte un poco. No le ocurre nada a su alteza real, volverá en seguida —Kei retiró la comida asada y puso nuevas piezas de carne y verduras en el pincho de madera.

—Sé de sobra que no le ocurre nada —repuso Link, cruzándose de brazos con indignación —puede defenderse muy bien ella sola.

—Entonces, ¿qué te pone tan nervioso? —preguntó Kei, usando un tono burlón, diferente al que había usado antes.

—Nada.

—No puedes engañarme. Siento decirte que eres tan transparente como leer un libro abierto, por mucho que te empeñes en demostrar lo contrario.

Link lanzó una especie de gruñido como única respuesta. Tan sólo vestía la fina camisa interior y Zelda podía apreciar cómo se tensaban sus músculos de la espalda, eso le demostraba que él no se encontraba cómodo con la conversación.

—Su alteza real es muy hermosa —prosiguió Kei, lanzando miradas de soslayo a Link —más aún debe serlo mientras se da un baño bajo la luz de la luna, ¿no es así, Link?

Esta vez Link resopló con fuerza, haciendo esfuerzos por contenerse.

—No eres más que un bastardo. Delante de ella todo es "su alteza real", "lo que vos ordenéis", "ñe, ñe, ñe" —Link puso un tono infantil y despectivo para imitar a Kei — … pero no te atreves a decir todo eso, ¿verdad?

—Por supuesto que no. Yo le debo devoción y respeto a mi princesa. No puedo permitirme el lujo de mirarla como si fuese una hyliana cualquiera. En ese sentido, eres demasiado afortunado. No me explico cómo alguien como tú ha podido siquiera…

—Más vale que no sigas —interrumpió Link —cada vez que recuerdo que nos espiabas mientras ella y yo… —hizo una pausa, apretando la mandíbula —tengo ganas de darte un puñetazo en tu odiosa cara. Así que no lo olvides.

—Vamos, vamos, para ya con el rencor por un momento —dijo Kei, que disfrutaba haciendo sufrir a Link —hablemos con calma. La tensión que hay entre vosotros dos no es invisible para mí. Y también sé que ayer dormisteis juntos.

—Y piensas ir directo a Impa y contarle todo eso, ¿verdad? —refunfuñó Link.

—Ni hablar, no sé por quién me tomas. Los sheikah hacemos voto de silencio, mientras esté bajo las órdenes de su alteza real jamás diré nada sobre su intimidad ni sus elecciones personales, te lo aseguro. Pero sí te ofrezco mi consejo.

—¿Tu consejo? ¿Por qué demonios iba a querer yo tu consejo?

—A ver, Link, ¿alguna vez has estado con una chica?

Zelda sintió una sacudida al oír la pregunta y el corazón comenzó a latirle muy deprisa. Tuvo que agacharse ante el temor de hacer algún ruido que alertase a los dos jóvenes de que estaba espiándoles.

Link también pareció quedarse fulminado. Por un instante, pensó que él reaccionaría como otras veces, iniciando una pelea con Kei, pero para su sorpresa no fue así.

—No.

—Lo suponía —dijo Kei. Ya había terminado de asar toda la cena, aunque la comida había pasado por completo a un segundo plano. —Libro abierto.

—¿Acaso tú sí? —preguntó Link, a la defensiva.

—Por supuesto. Los sheikah somos más avanzados en las relaciones personales de lo que tú te crees. Perfeccionamos todas las artes desde muy jóvenes, incluyendo las amatorias, por supuesto.

—No te creo. No eres más que un fanfarrón.

—Piensa lo que quieras, pero si alguna vez quieres preguntar algo… Debes saber que estuve dos veces con la hija del curtidor, la que tiene la casa en lo alto de la colina, en la entrada oeste de la aldea.

Zelda puso los ojos en blanco. Los chicos siempre tendían a exagerar con esas cosas, así que pensó que "dos veces" seguramente sería "una vez… o puede que media". Link se mantuvo en silencio, con aire pensativo. "Ojalá pudiera saber lo que está pensando ahora mismo".

—No quiero hablar más del tema —determinó —Además, ahora sí me estoy preocupando porque Zelda tarda demasiado en volver.

—Está bien. Como he dicho antes, no diré nada a nadie.

Los dos volvieron a hundirse en el silencio, y Zelda decidió que ya era el momento de aparecer. La conversación había sido más interesante de lo que jamás podría haber imaginado, y por desgracia, no sentía la más mínima culpabilidad por haberles estado espiando.

—Alteza, ya empezábamos a preocuparnos —dijo Kei, al verla llegar.

—Tienes el cabello mojado —observó Link.

—Se me secará rápido —sonrió ella, tomando asiento alrededor del fuego —¿qué hay para cenar?

Mientras cenaban, estuvieron discutiendo teorías sobre el rey de Tanagar. Zelda les explicó que no era descabellado del todo pensar que un descendiente de su familia hubiera sobrevivido al Cataclismo. Su padre tenía varios primos, y algunos de ellos vivían lejos, no en la corte, eso les daba una oportunidad de salvación. Kei insistía en que los sheikah jamás permitirían que un extraño tomase el trono de Hyrule como el que entra a una vieja casa abandonada, y los tres coincidieron en que todo eso les iba a traer problemas. Tal vez el rey Dorphan había llamado a Zelda para hablar de ese tema… o tal vez no. La inminente visita al rey de los zora la ponía muy nerviosa, pero trataba de disimularlo lo mejor que podía delante de los dos chicos.

Kei se retiró pronto a dormir. Zelda ya tenía la certeza de que lo hacía a propósito para dejar algo de espacio a ella y a Link, porque elegía el saco de dormir más alejado y se acurrucaba dándoles la espalda.

—Creo que voy a dormir ya —dijo Link, mirando los restos del fuego de esa noche —s-si tú quieres puedo unir los sacos, como el otro día.

Zelda lo miró con una media sonrisa y movió la cabeza afirmativamente. Su consideración hacia ella le inspiraba ternura y, si eso era posible, hacía que resultase aún más irresistible. Link se quitó las botas y se metió bajo la manta, dejando un espacio a su lado para que lo ocupase ella.

—¿No vienes a dormir?

—Aún no. Me gustaría leer un poco el diario de mi padre.

—Puedes leerlo aquí conmigo, no me molesta. Además, tengo una vela. Mira —Link sacó una vela algo gastada de uno de los bolsillos de su mochila y se levantó para encenderla usando una de las brasas.

—Vale, supongo que me has convencido. —sonrió, encogiéndose de hombros.

Ella también se descalzó y se metió bajo la manta, ocupando el espacio que él le había guardado. Usando la mochila y la capa hizo una especie de almohada más elevada, que le permitía estar incorporada sobre el suelo para poder leer, y reconoció que la luz de la vela que Link había encendido era más que suficiente. Abrió el diario por el principio, y comenzó a leer. Su padre había empezado a escribir aquellas notas justo después de nacer ella, y apenas contaba nada de su vida anterior junto a su madre, para su decepción. De repente detuvo la lectura, entrecerrando las hojas del cuaderno. Link se había removido bajo la manta, girándose para dormir de lado hacia ella. Con los ojos cerrados extendió un brazo y la rodeó por la cintura. Comenzó a acariciarle el costado muy despacio, con el pulgar. Ella sonrió para sí misma y respondió a su gesto de cariño posando la mano sobre su cabeza, enredando los dedos en su pelo rubio y alborotado con mucha delicadeza. Link suspiró con satisfacción y poco a poco su respiración se fue haciendo más pesada, dejándose vencer por el sueño.

Nuestro bebé es tan diminuto que a veces temo que se me caiga de los brazos cuando mi esposa se empeña que la tome. No sabía que tener una hija fuese a provocar todas estas sensaciones en mí, no sabía lo que es tener algo vivo y tan pequeño, pero que es mío, entre las manos. Hay facetas de la felicidad que desconocía hasta ahora, este bebé supone la mayor de las bendiciones de la Diosa Hylia.

Aunque Zelda es tan pequeña que no puede dormir alejada de su madre, yo ya he ordenado que preparen unas estancias sólo para ella. He elegido la torre sur, es la que mejor luz tiene, y las vistas son inmejorables, así el sol siempre brillará en su ventana.

Confieso que el otro día pasé cierto momento de pánico. Aún no sé de qué color serán los ojos de nuestro bebé, pues cuando entreabre sus minúsculos párpados sólo veo un color indeterminado, como turbio. Tenía a Zelda sobre mi regazo y ella estaba abriendo los ojos, así que, extrañado por su raro color, empecé a hacerle gestos con el dedo, de un lado a otro. Pero ella no los seguía. "No los sigue". Algo alarmado fui en busca de una vela. Agité la luz ante sus ojos y nada, apenas una mínima reacción. "Mi hija es ciega" pensé, sintiendo una angustia que jamás antes había experimentado. Hice llamar de inmediato al médico sheikah de la familia, Luren. Cuando Luren llegó, examinó al bebé de inmediato.

"No le pasa nada, majestad"

"¿Acaso me tomas por idiota? Mi hija no ve nada, compruébalo tú mismo"

"Verá, majestad…" comenzó a decir ese médico larguirucho y sabelotodo "los bebés tardan un tiempo en desarrollar la visión. Es un órgano que tarda un poco en despertar, si vos lo queréis entender de ese modo. Pero por lo que he podido comprobar, la princesa parece normal y sana. No debéis preocuparos más de lo necesario por ella".

Despaché a Luren con una excusa y después abracé a mi diminuto bebé. Siempre me preocuparé por ella más de lo necesario, estoy seguro.

Zelda hizo una pausa en su lectura. No se había dado cuenta, pero mientras leía, los ojos se le habían humedecido sin remedio. Jamás había oído hablar así a su padre de ella misma, él siempre se había mantenido autoritario y distante, era casi todo lo que podía decir de él. Y los últimos días a su lado fueron de tensión y distanciamiento, una herida que aún le dolía más de lo que podía expresar. Link ya se había quedado dormido por completo. Tiró un poco de la manta para arroparle y continuó leyendo un poco más.

Hace una semana, me reuní con el Alto Consejo Sheikah. No me importaba lo largo que hubiera sido su viaje, era crucial que los pusiera al día de un importante asunto. Luren y Maoru viven prácticamente en el castillo, así que llegaron puntuales a nuestra audiencia. Kina y Reshin llegaron al caer la tarde, lo cual nos ha hecho perder un valioso tiempo. Reshin fue, sin embargo, la primera en tomar la palabra, pues traía noticias frescas sobre las bestias ancestrales.

"No estoy segura de que yo pueda seguir supervisando el trabajo en el Dominio Zora, majestad. Lo que hemos encontrado allí es de una enorme dimensión, al igual que las otras invenciones mecánicas halladas en el desierto, la montaña de la muerte y en la Región de Hebra. La diferencia es que es casi imposible llevar a cabo las excavaciones, las lluvias de la región y el terreno húmedo y escarpado dificultan la tarea. Había pensado delegar esta misión en mi hijo Rotver, es joven pero está preparado para hacerlo con eficiencia".

"Me parece bien siempre que a los zora les parezca bien" dije, cerrando el tema. "Pero os he hecho venir por otro motivo"

En ese momento, pude sentir cómo todos los sheikah abrían ese ojo secreto que creen tener para observarme con él, como si así pudieran adivinar mis pensamientos, ¡menudos ilusos!

"Mi esposa ha tenido una visión. A alguno de vosotros, ya os lo había mencionado. Es algo que me preocupa. Ella vaticinó el nacimiento de nuestra hija, y su predicción no ha fallado lo más mínimo, como todos habréis comprobado. Del mismo modo ella ha vaticinado que la oscuridad viene ligada al nacimiento de mi hija. Soñó que mi pequeña se veía envuelta por un mal pesado y oscuro que lleva dormido durante siglos".

"El Cataclismo" adivinó la vieja Kina.

"Temo que así sea" le dije, mirándola primero a ella y después a los demás, con la esperanza de que mi mensaje calase profundo en todos. "Creo en los poderes de la reina con toda mi alma, así que eso implica que debemos prepararnos. Por eso os he hecho venir".

"Sin duda la aparición de las Bestias Divinas está conectada con este vaticinio, majestad" razonó Kina. De todos ellos es la que más confianza me da, tal vez por su edad y experiencia.

"Debéis buscar al caballero de inmediato. Es la última pieza del puzzle" me dijo, con un brillo en los ojos que incluso me daba escalofríos.

"¿Cómo busco yo al caballero? ¿Acaso no es la Espada Destructora del Mal la que ha de elegirle? ¿No es eso lo que dice esa tela vieja que habéis encontrado?"

"El Tapiz Ancestral" me corrigió Kina. Tan solo a ella le permito esa osadía de corregirme delante de los demás. "Existen algunos métodos para poder ir identificando candidatos. El nacimiento del caballero está ligado al de vuestra hija, y a las estrellas. Podríamos elaborar una lista de posibilidades, comprobando las fechas de nacimiento de los habitantes del reino".

Acepté la idea del Consejo Sheikah y ordené que se hiciera la lista. Es un trabajo titánico, tanto como desenterrar esas monstruosidades mecánicas, pero mi hija aún es un bebé recién nacido y tenemos tiempo de sobra para trabajar en ello.

Lo que quería dejar por escrito, es que esta misma mañana, Maoru me ha organizado una audiencia con tres hombres, tres que parecen cuadrar con la fecha y las constelaciones y… bueno, no conozco bien las matemáticas de los sheikah.

Los tres esperaban en mi sala de audiencias privada, no quería que esto se extienda como la pólvora entre la corte, ni siquiera he comunicado a mi mujer que iba a hacer este tipo de búsqueda.

Los hombres que tenía frente a mí no podían ser más diferentes. Había un hyliano viejo, de unos setenta años. Al parecer era molinero en la ciudad de Hatelia. No había tenido formación militar y tan solo por su edad, lo eliminamos de la lista. Más tarde Maoru me confesó que dejó que el hombre pasara a verme porque tenía una tremenda ilusión por poder conocerme en persona. El segundo era un rechoncho vendedor de especias, que vivía en Akkala. Tampoco sentí especial interés por él, ya que no había sostenido una espada en toda su vida. Pedí a Maoru que me dejase a solas con el tercero. El tercer candidato hacía que me sintiese tranquilo y especialmente optimista con esta búsqueda.

"Ralek. Capitán de la guardia real nororiental. Fiel servidor de la corona. Me alegra mucho verte de nuevo" le saludé.

"Gracias, majestad"

Él parecía más bien nervioso e incómodo. Muy distinto a las otras veces en las que hemos tenido ocasión de coincidir. Ralek es un extraordinario caballero, con un porte y un físico envidiable. Siempre habla con honestidad y estaba claro que nuestro encuentro no era de su gusto.

"Ralek no podía imaginar a un candidato mejor que tú para la difícil misión que tenemos frente a nosotros. Si tuviera que elegir a alguien a dedo para proteger el destino de mi bebé, sin duda alguna apuntaría en tu dirección".

Él miró al suelo por un instante. Después hizo un esfuerzo y levantó la mirada hacia mí, con el respeto que ha de tenerse a alguien de mi posición, por supuesto.

"Me honráis con vuestras palabras, majestad, de veras. Pero siento que no soy yo ese que estáis buscando."

"¿Entonces?"

"Uno de vuestros enviados sheikah vino a casa, a preguntar por fechas de nacimiento y otras cosas que, espero me disculpéis, no terminé de comprender del todo. Si estoy aquí es porque al parecer, mi hijo pequeño parece cumplir esos parámetros de los que hablaban vuestros enviados".

"¿Y bien? ¿Dónde está él?"

"Majestad, él… apenas tiene un año de edad. No he podido traerlo conmigo, lo lamento".

"Oh, vaya. En ese caso… Gracias por venir, Ralek. Vuelve cuanto antes con tu familia, por favor, no quiero robar más tu tiempo".

"No ha habido suerte" le dije a Maoru con pesar, una vez terminó mi audiencia con los tres candidatos.

"Si me permitís un pequeño consejo, majestad, yo no apartaría los ojos del hijo del capitán. Es casi de la misma edad de la princesa y…"

"Estupideces. No pondré en riesgo la vida de un bebé para proteger la de otro. Nadie sabrá que hemos tenido esta audiencia y seguiremos trabajando en más candidatos. Alguno será el adecuado".

De ese modo he despedido a Maoru, y pongo mis ojos en un futuro brillante en el que haya conseguido tomar todas las medidas necesarias para proteger a mi familia y mi reino de una catástrofe. Es mi único cometido en esta vida. Y esta no es una historia en la que haya que arriesgar vidas de ancianos ni de niños, haré lo posible para evitarlo.


Llovía sin parar. Empezó a llover desde muy temprano y no paraba, era una lluvia mansa y uniforme que no tenía fin. El Dominio Zora ya era una región muy húmeda por sí misma y tanta agua no ayudaba a mejorar la situación. La abundancia de rocas, los ríos y rápidos que lo recorrían todo como una inmensa red de canales hacía que hubiera pocos lugares en los que guarecerse. Incluso tuvieron que dejar los caballos en un cobertizo que había con ese propósito: "para las visitas de los hylianos", ya que los animales no podían adentrarse en un terreno tan accidentado.

—Estoy como una sopa —observó Zelda, escurriendo las puntas del pelo, que se habían mojado a pesar de que ella llevaba la capa y la capucha puestas.

—Alteza, podéis tomar mi capa si así lo gustáis —ofreció Kei.

—Tu capa también está empapada, Kei —dijo ella soltando una risa —y no es necesario que me la ofrezcas con tanta pompa y ceremonia.

Link estaba más taciturno de lo habitual. Caminaba por delante con el ceño fruncido y el rostro hundido en la capucha. Los guio sin descanso y con una seguridad absoluta por la mejor senda posible para llegar a las puertas del reino de Dorphan.

—Al otro lado de ese puente está el palacio del rey zora —dijo Link. Curiosamente no habían tropezado con nadie por el camino, más que algún que otro habitante que se zambullía en el río al verlos pasar. —Vamos.

—No, espera —dijo Zelda, deteniéndole. —No puedo ir así.

—¿Qué? ¿Por qué?

Zelda se sentía ansiosa. Todo aquello la superaba un poco y había estado evitando enfrentarse a sus mayores miedos desde la noche de la gran tormenta. Si lo hacía, quería sentirse mínimamente segura.

—Estoy empapada, Link, no puedo presentarme así ante el rey.

—Tranquila, a él no le importará —él la agarró de la mano para tirar de ella en dirección al puente, pero Zelda se resistió, soltándole de un tirón.

—No puedo. Estoy sucia, mírame. No puedo llegar así ante el rey. Y… estoy mojada, no puedo hacerlo.

—Todos estamos sucios y mojados, Zelda, llueve y llevamos varios días durmiendo en el suelo —justificó Link —No eres la única, así que no tienes que preocuparte por eso, el rey lo entenderá, créeme.

—No entiendes nada sobre protocolo —dijo Kei, cruzándose de brazos —¿crees que es normal que una autoridad como nuestra princesa se presente sucia y calada hasta los huesos ante otro regente?

—A ti nadie te ha dicho que te metas en esto —rugió Link, apretando los dientes. No estaba de humor y no tenía ganas de discutir con el sheikah.

—Defenderé a su alteza real siempre que-

—Kei —le interrumpió Zelda, con firmeza —déjame a solas con Link un momento, por favor.

—Alteza —dijo él, haciéndole una reverencia y apartándose varios metros, para dejarles hablar a solas tal y como ella había ordenado.

—No puedo hacerlo, Link —reiteró ella, mirando hacia el suelo. Él dio un par de pasos para acercarse más.

—Puedo intentar conseguirte un vestido, o algo de ropa limpia —dijo él con suavidad, acariciándole la punta de los dedos. Ella cedió y le dio la mano —A veces soy torpe para estas cosas, no me había dado cuenta de que… de que no puedes presentarte así. Lo siento.

—No es eso. El tener este aspecto lo empeora todo, pero es que no puedo hacerlo, no puedo encarar al rey.

—No te entiendo —dijo él, frunciendo el ceño.

—Es que… no puedo ir ahí dentro y decirle… no puedo decirle que su hija ha muerto. —confesó ella al fin. Link la soltó de la mano y dio un paso casi imperceptible hacia atrás.

—Eso fue hace cien años, él ya sabe más que de sobra que su hija ha muerto. Así que olvídate de eso.

—Sí, pero todo es todo por mi culpa.

—Nada de eso es culpa tuya. El Cataclismo no fue culpa tuya, por la Diosa, deja de pensarlo de una vez por todas.

Link fue especialmente cortante con su último comentario. Evitaban a conciencia hablar sobre el tema de los cuatro Elegidos por el daño que aún provocaba en ambos, pero tendrían que ir acostumbrándose a eso sin remedio.

—Está bien —dijo ella, tragándose las lágrimas y cubriéndose aún más con la capucha. —Vayamos ya a ver al rey.


Nota:

Queridos lectores! Muchas gracias por seguir la historia :)

De ahora en adelante las cosas se van a poner difíciles... digamos que lo que he publicado hasta ahora ha sido el "planteamiento" inicial de la historia, y ahora nos vamos a adentrar en los primeros obstáculos... así que, lo advierto para que quede claro que esta no es una de esas historias de continuo confort, habrá conflictos y obstáculos que los personajes tienen que superar ;)

Un abrazo!

-Nyel2