La cabeza iba a explotarle y no precisamente por la resaca, esa, por desgracia, se le había pasado del susto el día siguiente a la fiesta según había vuelto a abrir los ojos. Las ideas iban y venían formando un remolino dentro de ella logrando solamente confundirla aún más si es que era posible. Había decidido ir a clase aquel día solo para tener la cabeza ocupada y no pensar absolutamente en nada más que no fueran patrones de confección y tipos de hilos. Cualquier otro pensamiento en su cabeza no era bienvenido.

O ese había sido su plan. En cuanto había empezado la clase la voz del profesor se había ido volviendo cada vez más distante y su vida interna había vuelto a retomar el control.

¿Qué iba a hacer ahora? Se había metido en un problema mucho más gordo de lo que hubiera podido llegar a imaginar. ¿Cómo iba a ahora a actuar normal? No podía, simplemente no podía. Y si por culpa de un error tan garrafal como aquel que ni siquiera sabía qué podría haberlo motivo acababa de estropear la amistad más importante de toda su vida no iba a ser capaz de perdonárselo nunca.

Ni siquiera podía decirse que tuviera la maldita noche de la fiesta complemente nítida en su cabeza. Los recuerdos saltaban de unos a otros y en ocasiones ni siquiera era capaz de ponerlos en orden. Mimi le había dicho que aquello era normal, que dejara pasar unos días y que cuando se calmara podría ver las cosas con más claridad. También le había dicho que hacía falta que ocurriera algo mucho más gordo como para que tuviera que preocuparse de perder la amistad de Taichi, pero, a ella se le ocurrían pocas cosas más gordas que aquella. Quizás fuera un estado de paranoia provocado por el miedo a haber estropeado las cosas con él, pero no podía pensar en cómo todo aquello podría acabar bien.

Sabía que tampoco iba a ser la mejor de las situaciones si aquella información empezaba a saberse, pero no le importaba demasiado. No podía evitarlo si es que alguien había visto algo, seguían viviendo dentro de la burbuja de rumores de todos aquellos que los conocían. Le daba exactamente igual lo que pudieran hablar o a oídos de quién pudiera llegar.

Exactamente igual.

Lo único que le podía importar entonces era que las cosas entre ellos no pudieran volver a ser cómo eran entonces. Por eso mismo, una tarde de la que volvía a casa se quedó congelada a mitad de camino al reconocer una figura más que conocida apoyada en el portal de edificio. Llevaba evitándolo desde la fiesta fuera como fuera, siendo ahora más sencillo desde que sus vidas habían tomado por fin caminos distintos y ya no compartían aula.

No debería de extrañarse de verlo en el portal del edificio, a fin de cuentas, era el suyo también y podría estar esperando por alguien, pero, no pudo evitarlo. Intentando aparentar normalidad hizo el esfuerzo de no cambiar de rumbo sus pasos y continuar su camino. ¿Debería de saludarlo? ¿Debería de hacer como que no lo había visto? ¿Qué hacía?

Cuando se quiso dar cuenta sus pasos la habían llevado por fin hasta la puerta y estaba a escasa distancia ya de él. No se atrevió a levantar la cabeza, pensando incluso en pasar por su lado sin tan siquiera abrir la boca hasta que un brazo la sujetó por el suyo, impidiéndola escaparse, cortándole la huída.

- ¿Hasta cuándo vas a seguir dándome esquinazo? – retiró la mano del brazo de la chica.

- He estado muy ocupada – no levantó la cabeza del suelo todavía.

- Ya, claro. No soy tan inteligente como Koushiro pero por el momento no soy tonto. Así que repito la pregunta, ¿hasta cuándo vas a seguir dándome esquinazo?

Hizo el esfuerzo por alzar la cabeza y mirar hacia él, pudiendo ver que aunque hubiera sido él quien había hecho el esfuerzo por hablarle parecía estar en la misma situación que ella. Lo conocía demasiado bien para poder notárselo en la cara.

- ¿Me acompañas a dar una vuelta? No creo que sea el mejor lugar para hablar – le terminó por hacer un gesto con la cabeza.

Asintió. Era mejor enfrentarse a sus propios errores de una vez.


- Ya lo sé – le dijo tras haberse quedado callada-. Sé que solo te preocupas por mí, pero soy mayorcita para enfrentarme a mis propios errores en caso de que esto acabe siéndolo. Lo creas o no, quiero arriesgarme.

- ¿Segura?

- Mira… no, no lo estoy. Sé que pueden torcerse las cosas con mucha facilidad, y de verdad que te voy a dejar decirme un "te lo dije" como un rascacielos de grande, pero… No quiero plantearme otra alternativa ahora mismo ¿vale? Déjalo estar, por favor. Sé que lo haces porque te preocupas por mí y no sabes lo que mucho que te adoro por ello pero… Ahora mismo creo que necesito pegarme el batacazo yo sola en caso de tener que hacerlo que…

- ¿Qué vivir con la duda de lo que podría haber sido?

- Exacto… ¿Puedes entenderlo?

- Perfectamente – dijo con resignación.

De nuevo hicieron ambos una pausa en la conversación, tomándose unos segundos antes de poder continuar con ella.


Caminaban por el parque con la vista fija en el suelo, casi sin intercambiar palabra. Era todo mucho más difícil de lo que Taichi hubiera podido imaginarse. Nadie, por mucho que se empeñara, podría haberle hecho creerse la forma en la que las cosas iban a torcerse de repente.

Recordaba perfectamente la noche del sábado anterior, al contrario que ella. Había estado vagando de un grupo al otro saludando a todo el mundo que se encontraba. Durante los años de Universidad no había dejado atrás esa fase sociable que hacía que todo el mundo quisiera conocerlo y tratar con él. Además, había querido aprovechar para saludar a todos sus amigos, especialmente a una cabecita pelirroja que parecía haber desaparecido.

Cuando la había encontrado entre la gente había ido directo a saludarla, perdiendo desde entonces la noción del tiempo. No sabría explicarlo todavía, pero era capaz de recordar cómo de una manera o de otra habían acabado quedándose solos y apartados de absolutamente todo el mundo. Quizás ese había sido el problema, que nadie debería de haberlos dejado solos, o a menos esa era una de las excusas que intentaba poner él cada vez que intentaba buscarle lógica.

Todo había sido exactamente igual que siempre, conversaciones sin sentido, risas entre amigos y quizás alguna que otra copa de más, algo a lo que seguramente ninguno de los dos estuviera acostumbrado. Los años de dudas de ambos, las idas y venidas de cada uno de ellos parecían haber tomado el control de la situación y cuando había querido darse cuenta estaba besando a su mejor amiga. No con el cariño o la timidez de un primer beso, sino con todo lo que habían ido acumulando entre ellos dos con el pasar de los años. Por algún extraño motivo en su cabeza, en vez de pensar que se estaba equivocando, algo le decía que aquello estaba bien.

Qué diferente había sido todo cuando lo había visto con más claridad a la mañana siguiente y al despertar su realidad se había venido abajo al encontrarse a su lado a Sora. El terror se había apoderado de él.

Terror por haber cometido un error que no iba a ser capaz de arreglar se pusiera como se pusiera. Y, al contrario que ella, en su cabeza sí que apareció otro nombre. Otro nombre que también le importaba lo suficiente como para preocuparse por cómo podría reaccionar a aquello, estuviera Yamato los kilómetros que estuviera de distancia de ellos.


Que se alían en mi contra para tirarme tomates a pares... Vaya gente más cruel T_T

A: Si en el fondo soy muy obvia, ahora mismo no porque lo tienes muy reciente, pero si te pones a leer de nuevo todo a medida que vas sabiendo más cosas vas a ver que comentarios y cosas que antes te pasaban por cosas inocentes del todo ahora tienen un doble sentido que encaja con cositas de las que he ido sacando a la luz xDDDD Eso sí que es una costumbre que he ido desarrollando a lo largo de todos mis años de escritura, dejar las cosas caer de forma sutil o literal - dependiendo del caso - y que solo cobrasen sentido al final del todo.

Taichi el pobrecillo no se fia de que todo vaya a ser tan sencillo y no quiere que su mejor amiga vuelva a pasarlo mal. La conoce mejor que nadie y puede ver perfectamente que se está metiendo en algo con lo que, de momento, no parece que lo vaya a pasar bien. Es la línea en la que se ha mantenido durante toda la historia y puede que ahora que sabe lo que realmente pasó con Yamato y el motivo de su vuelta, haya vuelto a ponerse un poco en guardia. Es normal que se ponga tan sobreprotector... Esperemos que al final tenga que tragarse sus palabras e_e

¿Ves? Yo os subo otro capítulo T_T Si es que os aliais... xDDDDD (En realidad es que acabo de escribir otro xDD)

Nikanaka: Lo mismo te digo que a A, un poquito de por favor T_T nada de alianzas malignas para tomatazos en mi contra...

Lo que hacen o no Mimi y Yamato por ahora es cosa de ellos, aunque no tiene pinta más allá de que simplemente se le haya colgado del brazo y no lo pense soltar hasta que se aburra de acosarlo un rato... O a lo mejor están haciendo algo más, hablando de alguna otra cosa... Quién sabe e_e xDDDD

Este capítulo es prácticamente fb y enlaza con el siguiente, pero poco a poco, dejando un poco ver la situación que tuvieron encima en ese tiempo, incluso las preocupaciones que rondaron por la cabeza de cada uno de ellos. Y sí, parte de que yo también los shipee es la culpa de que haya optado también por la vía de sacar estos fb a la luz, luego ya les vi utilidad, pero eso de cara a partes futuras, claro.

La sobreprotección que tiene sobre Sora es lógica, es el que ha estado ahí viéndolo todo desde el principio. Y cuando digo todo, me refiero a todo, hasta de cosas que solo hablan prácticamente entre ellos y que van saliendo poco a poco a la luz - haciendo de base para ideas que se verán en la segunda parte -, porque para eso han estado toda su vida juntos. Los fb inocentes que decía, dentro de lo que cabe, son los de este capítulo y los del siguiente, claro. Pero no son inocentes sus intenciones tampoco xDDD

Yo también lo adoro, tranquila. Podemos fangirlear ante su existencia a coro ❤.❤

Y me voy a seguir viciándome a escribir antes de que os sigáis aliando en mi contra... habrase visto... ¬¬ xDDDDDDD Con corte a medio fb que os quedáis las dos por malas xDDD