Para los que pensaron en el capítulo pasado que la voz del espejo era Midna... ¡premio! Fue la estrella invitada del capítulo xD En mi cabeza/imaginación el reino del Crepúsculo puede conectarse con distintas líneas temporales, por lo que en teoría sería posible que conectase con la línea de Breath of the Wild :) Es una estrella invitada, y como tal tampoco esperéis mucho más de ella por mucho que la queramos, eh? ;)


Capítulo 10 - Las fauces de la serpiente

Desde que entraron al bosque de Farone, no había parado de llover. Zelda tuvo que cambiar el itinerario que había planeado en un principio, vio peligroso enfrentarse al largo camino de las llanuras de Hyrule. En la llanura no había manera de esconderse y eran vulnerables a un ataque en campo abierto. El bosque era un refugio natural y pensó que era la opción más segura, aunque eso les hiciese avanzar más despacio. La lluvia calaba la ropa y cuando dejaba de llover nunca se secaban del todo porque había demasiada humedad en el ambiente.

Link cabalgaba por delante, abriendo camino. Llevaba la capucha hyliana echada por encima y la piedra sheikah, se la había dado para que él pudiera guiarles sin desviarse del camino, que estaba borrado e invadido por la vegetación del bosque. De vez en cuando volvía la vista atrás para comprobar que todos le seguían, y cuando eso pasaba… Zelda no estaba segura de poder mantener la situación así durante más tiempo, cada vez que cruzaban la mirada se le cortaba la respiración. Él también se veía turbado y apartaba la mirada con rapidez, disimulando sin ningún éxito. Tendrían que hablar de lo que pasó en la cabaña de Onaona en algún momento.

Link puso el puño en alto con el codo doblado en ángulo recto. Era la señal para detenerse.

—Vamos a parar. Montaremos el campamento en ese claro, los establos aún están lejos y está oscureciendo —dijo Link —Azu, da una vuelta para asegurar el perímetro norte. Medda, tú rastrearás el sur.

Los dos jóvenes que se formaban para ser soldados obedecieron de inmediato. El resto se puso a trabajar en el montaje del campamento, por suerte la lluvia les había dado una pequeña tregua y eso lo hacía todo un poco menos difícil. Zelda pensó que era el momento de comprobar si sus cálculos para el viaje habían sido buenos o no, si llevaban todo lo que podían necesitar sin echar nada en falta. Ayudaba y supervisaba cada cosa con nerviosismo, hasta que Cecille tuvo que pedirle que se quedara quieta un momento.

Cayó la noche y las hogueras empezaron a humear entre las copas de los árboles densos del bosque. Zelda vio la luna emergiendo detrás de una cascada lejana. Hacía días que no rezaba a la Diosa, y la luz de la luna siempre servía para potenciar todas las plegarias. Por lo que podía observar pronto la luna estaría llena, puede que en uno o dos días como mucho. Entonces tendría que alejarse del grupo para poder rezar, no debía descuidar eso.

Iban a hacer un guiso casero para la cena. Sophie dictaba la receta que cocinarían y cortaba las verduras en pequeños trozos mientras Kei y Link pelaban patatas. El resto sólo se dedicaba a descansar estirando las piernas, aprovechando también para secar las capas y la ropa en el fuego. Zelda terminó de grabar los registros de la ruta en la piedra sheikah, que había vuelto a recuperar, haciendo las últimas anotaciones.

—Puedo pelar las patatas tres veces más rápido que tú —le dijo Kei a Link —En una competición de pelar patatas, yo sería el ganador.

—Eres un bastardo… —dijo Link. Y se quitó los guantes de montar y los protectores del arco, remangándose la camisa hasta el codo para aceptar el reto.

Zelda puso los ojos en blanco al ver que de veras se estaban tomando en serio la idea de pelar patatas a toda velocidad para ver quién pelaba más en menos tiempo.

—Alguno de vosotros va a terminar haciéndose daño —les regañó ella. Era superior a sus fuerzas no regañarles cuando se ponían así, y en el fondo, una pequeña parte de ella no podía evitar sonreír, pero esa parte casi siempre estaba dominada por la que les gruñía.

Sin querer, sus ojos se fueron a las manos de Link y a sus brazos. Los músculos del antebrazo se tensaban con el movimiento del cuchillo, marcándole las venas por un lado y los tendones que replicaban el movimiento de sus dedos por otro. Y sus manos… con sólo mirarlas su piel revivía su tacto, era casi como volver a sentir aquella aspereza deslizarse por el tobillo y subir despacio, reptando bajo la tela del vestido de seda verde, quemando cada centímetro que tocaba.

—¡Gané! —exclamó Kei.

Ella se sobresaltó, ensimismada como estaba en aquellas sensaciones. No lo recordaba todo, no en su cabeza donde había mucho caos, pero parecía como si su cuerpo tuviese un tipo de memoria distinto y se empeñase en repetirlo todo en cuanto tenía ocasión.

—Muy bien, ahora ya tienes el título de sir patata, es lo que todo el mundo querría —refunfuñó Link, torciendo el gesto.

—¿Ah, sí? Pues entonces tendría más títulos que tú —respondió Kei de inmediato.

Link se lanzó contra él y acabaron en el suelo, forcejeando y rodando de un lado a otro.

—¡Parad! —intervino Zelda. Los dos se levantaron, sacudiéndose barro y hojas de encima. Cecille y Sophie trataban de disimular la risa. —¿Ese ese el ejemplo que le queréis dar a los nuevos soldados? Competiciones de pelar patatas y rodar por el suelo como si tuvierais tres años.

Link y Kei miraron al suelo, avergonzados.

—Lo lamento mucho, sólo estábamos… jugando un poco —se disculpó Kei.

—Está bien… vamos a cenar con tranquilidad si es posible —dijo ella, inspeccionando a ambos con la mirada.

Link ni siquiera se atrevía a mirarla a la cara, y no lo hizo durante toda la cena, en la que tampoco pronunció palabra. Se le encogía el corazón cada vez que él la evitaba.

La cena transcurrió con calma, y la conversación estuvo centrada sobre todo en el incendio de Onaona. Zelda habría querido quedarse más tiempo allí para ayudar a reparar los daños, pero el viaje que tenían por delante era largo y peligroso y no les quedó más remedio que partir con la promesa de que enviarían refuerzos desde Hatelia para ayudarles.

—¿Quién diablos prendería fuego a la escuela, habiendo tantos niños dentro y con esa resina que ardía rápido como un relámpago? —preguntó Reede, que apuraba los restos de su plato de guiso.

—Quien lo hizo eligió bien el momento, y llevaría unos días en la aldea porque lo tenía todo bien calculado. Sabía de sobra que la madera había sido tratada y que el fuego consumiría el edificio en pocos minutos. —dijo Kei —Encontramos algunos materiales que usó para prender el fuego, pero poco más. Su huida estaba tan planificada como todo lo demás.

—No quería hacer daño a los niños… al menos no era su intención —razonó Zelda —El incendio empezó por la parte trasera en la planta más alta. Sabía que la exposición estaba más abajo… creo que pensó que todos tendrían tiempo de escapar.

—Sois demasiado bondadosa, alteza, eso os honra, pero parece un pensamiento demasiado optimista dadas las circunstancias. Además, vos estabais en esa planta.

—Lo sé. Aún estoy intentando averiguar si eso fue intencionado o no.

—Es una atrocidad —dijo Kei apretando los puños —pudiste morir allí sola.

Link soltó el plato en el suelo y se alejó de las hogueras, desapareciendo entre los árboles del bosque. Zelda sabía que aún se culpaba por no haber estado allí.

Una vez acabaron, algunos decidieron aprovechar para dormir lo antes posible, había que dormir siempre que se pudiese ya que el viaje que les esperaba era difícil y habría incluso noches en las que se verían forzados a cabalgar en vela sin pegar ojo.

Habían montado cuatro tiendas. Zelda insistió en que fuesen tres, pero a ella siempre le concedían una tienda individual, era una forma de mantener su estatus de princesa, cosa que no tenía ningún sentido en su cabeza. El alcalde Reede compartía tienda con los dos soldados, en realidad nunca dormían los soldados a la vez ya que siempre había alguien haciendo guardia. Link y Kei tendrían que encontrar una forma de convivir en su tienda y ella quería dormir junto a las dos chicas, pero tendría que conformarse con la soledad de su tienda real.

Cuando iba a dormir oyó al alcalde Reede conversando con Link tras los árboles, y aguzó el oído mientras fingía prepararse para entrar a dormir.

—Puedes dormir tranquilo, siempre habrá alguien haciendo guardia durante toda la noche.

—Link, ¿es necesario todo esto? Tú y los chicos también necesitáis descansar.

—Y… descansaremos. Sí, por turnos. Dejaré a Medda vigilando durante la primera guardia. Después nos iremos turnando Azu, Kei y yo.

—Ah, por la Diosa. Esto debería ser un viaje pacífico, ¿acaso no hemos tenido suficiente todos esos años con esa bestia inmunda habitando en el corazón de nuestra tierra? —se lamentó Reede.

—No lo pienses demasiado —Link trató de reconfortarle apretando su hombro —Lo importante ahora es que durmamos a salvo. Y que no nos hayan seguido.

—¿Crees que esos tipos que han causado tantos problemas nos están siguiendo?

—Podría ser.

Zelda se metió en su tienda dándole vueltas a las palabras de Link sobre los perseguidores y el miedo empezó a invadir su mente. Era horrible. Mientras se desvestía para acostarse pensó en su túnica blanca, en las frías noches sin abrigo en el suelo del castillo. Ahora percibía la misma sensación de tensión, de persecución continua, incluso de soledad. Estaba con él, pero estaba sola. Cerró los ojos y rezó un par de oraciones a la Diosa para calmarse… y pensó en la esencia de amapola. No, no era una buena idea usarla. Había aprendido a relajarse estando en Onaona, pero fue poner un pie fuera de la aldea y todos los problemas volvieron a aparecer como si la estuvieran acechando al pie del camino. Durante un buen rato, puede que un par de horas, estuvo dando vueltas en su saco, pero al fin optó por lo más sencillo: salir para dormir en la tienda con las otras chicas.

—¿Se puede saber a dónde vas?

Se quedó congelada en el sitio, con los pies descalzos sobre el suelo de tierra húmeda.

—Pensaba que habías dejado a Medda haciendo la guardia —dijo ella. No necesitaba volverse para saber que Link se estaba acercando.

—Me resulta muy complicado cuidar de tu seguridad si siempre haces estas cosas. Salir en mitad de la noche, en silencio como un gato. ¿Creías que no me iba a dar cuenta?

Ella suspiró y se giró para encararle.

—Sólo voy a dormir con las chicas, así que…

—Puedo sentarme en la puerta de tu tienda toda la noche si eso te hace sentir mejor —dijo él. Desde que saliesen de Onaona no habían hablado a solas ni una vez y Zelda sentía que su cuerpo reaccionaba ante él, ante su voz. Ya nunca volvería a sonarle igual después de haberla sentido tan pegada al cuello, traspasándola.

—Como he dicho, voy a dormir con las chicas así que no hace falta.

—Espera… —él la sostuvo por la muñeca —Sólo quiero saber si estás bien.

—¿Te refieres a esta noche o a la otra noche, Link?

El guardó silencio unos segundos, tragando saliva.

—N-no estuvo bien. No soy capaz de controlarme y ahora… Yo lo empecé todo.

—¿Estás seguro de eso?

Lo cierto es que ella no estaba segura de quién inició qué. Todo fue demasiado rápido. Había deseo, tensión y el miedo a perderse se respiraba igual que el olor a quemado. Se necesitaban, o al menos ella sí lo necesitaba a él. La botella de ron de Kiana no ayudó en absoluto, de hecho, seguramente si alguien inició algo fue la botella. Fue un parpadeo, una fracción de segundo. La boca de Link estuvo sobre la suya en cuanto quiso darse cuenta y era imposible adivinar quién besó a quién porque los dos buscaron besos y piel que tocar bajo la ropa con la misma urgencia.

—Deberíamos haber hablado antes. Temo haberte hecho daño.

—No me has hecho daño… al menos no por eso.

Una ráfaga de aire más fresco se levantó y sintió que empezaba a enfriarse.

—Yo… siento haberte ofendido, Zelda, te pido disculpas. No era yo, estaba… ambos bebimos. Sólo quiero que todo se arregle, por favor. Es lo que quería decirte desde que salimos de la aldea.

Ella pegó un tirón para librarse de su mano. Oír unas disculpas por algo que en realidad había sido tan… No tenía ningún sentido. Volvía a estar furiosa con él.

—¿Por qué no respondiste ninguna de mis cartas? Por eso sí puedes disculparte.

Él abrió los ojos con asombro y se quedó petrificado mientras ella se alejaba para meterse en la tienda con Cecille y Sophie.


La siguiente jornada de viaje fue mucho más dura. El bosque de Farone era más frondoso cada vez y la lluvia había vuelto. Zelda cabalgaba junto a Cecille y Sophie, Link iba tras ellas, escoltándolas de cerca. Kei parecía el único con buen humor, miraba a un lado y a otro y no paraba de silbar canciones desde que partieron.

—¿Qué es esa música que silbas todo el tiempo? —preguntó Cecille con curiosidad.

—Oh, son canciones de protección. Mi pueblo las utiliza para alejar a los malos espíritus —respondió Kei.

—¿Los… los malos espíritus? —intervino Sophie.

—Así es. Es bien sabido que los bosques están habitados por cientos de espíritus. Muchos de ellos son espíritus de luz, se les conoce como los guardianes del bosque. Pero otros son oscuros. El bosque es un buen escondite para el mal. Mi abuela solía decir que el bosque es el hogar de brujas y hechiceros.

—¿Brujas? —preguntó Cecille, sin ocultar cierto temblor en su voz.

Kei hizo una pausa dramática, dejó que el sonido de la lluvia sobre el techo de hojas crease más tensión en su relato.

—Hay muchos servidores de la magia negra en nuestra tierra —prosiguió —seres que una vez sirvieron a la luz de la Diosa, y cambiaron de bando para acumular poder. Se cuentan leyendas de gentes que se internaron en el bosque y nunca jamás volvieron… o si lo hicieron, nunca volvieron a ser los mismos. Su espíritu volvía herido por una oscura podredumbre que les consumía poco a poco…

—¿Crees que en este bosque hay brujas? —preguntó Sophie con tono de alarma.

—Pues…

—Ya es suficiente, Kei —intervino Zelda —deja de asustar a las chicas con esas historias. No hay brujas y no va a pasar nada malo.

—Pero es verdad —se defendió él —Link, ¿tú qué opinas?

Link se movió para acercarse más al grupo, aunque había seguido toda la conversación de cerca.

—Yo creo que existen algunos hechiceros de tiempos ancestrales. Y… que hay fuerzas que no alcanzamos a comprender.

—No puedo creerlo, ¿tú también, Link? Estás asustando a las chicas —le reprochó Zelda, frunciendo el ceño.

—Es lo que creo —sentenció él, con seriedad.

—¡Bien dicho! Por una vez estamos de acuerdo —dijo Kei.

—Intentan asustaros, no les hagáis caso —repitió ella.

—Tú también te has asustado un poco, ¿verdad? —le preguntó Link.

—Ni hablar —dijo ella. Por suerte sus mejillas estaban poco visibles bajo la capucha, porque las notó arder de repente.

Link soltó una carcajada y Kei le acompañó.

—No tiene gracia… —refunfuñó Cecille. Ellos rieron más fuerte. Entonces Link se puso a la par con Kei y ambos abrieron el grupo, silbando las melodías anti magia negra.

Zelda sabía que las brujas y los hechiceros de magia negra habían existido. Cuando era niña, recordaba leer un antiguo libro que había en casa de Impa y que hablaba sobre dos viejas brujas gemelas que habitaban en el desierto. Las brujas hacían morir de sed a los viajeros y los torturaban con sus encantamientos. Las pociones oscuras se cocinaban a menudo mezclando hierbas con las vísceras de las víctimas, y tanto el hígado como el corazón eran dos órganos muy preciados. Imaginaba a las víctimas engañadas por espejismos en el desierto para acabar abiertas en canal y desprovistas de órganos. Tuvo pesadillas con eso varias noches y Urbosa le prohibió que volviese a acercarse a ese libro, hasta tuvo que escondérselo. "Tienes demasiada imaginación, ya se han acabado los cuentos por hoy" solía decirle. Los cuentos siempre ocultan un pedazo de verdad, tal vez la magia no sea más que ofrecer una verdad envuelta en acertijos, para que todos terminen ignorándola y sólo los más sabios la sepan ver. Esa idea siempre le había resultado fascinante. Guiada por su curiosidad innata a veces había investigado la brujería. Nunca dio con ninguna pista en sus viajes anteriores al Cataclismo, pero sabía que el mundo estaba lleno de objetos mágicos, como el espejo, y de seres que podrían haber crecido embebidos en la magia oscura de Ganon. Le ponía la piel de gallina pensar siquiera que el bosque pudiera estar lleno de encantamientos y le daba rabia que los chicos se tomaran algo así en broma.

Cabalgaron hasta que empezó a caer la tarde. No habían dado con el puente de Farone ni tampoco con los establos de la posta. Zelda revisó el mapa en la piedra sheikah. Se habían adentrado en el mismo corazón del bosque, los antiguos caminos habían cambiado después de cien años y la información del mapa era incorrecta.

—Nos hemos perdido —dijo ella, sin ocultar su desolación.

—Trae aquí —dijo Link, arrebatándole la piedra de las manos.

—Es inútil, Link. El mapa está mal. Nos hemos perdido en el bosque.

—Cuando estuve aquí pude dar con los establos, aunque tal vez tuve suerte —razonó él.

—¿Crees que podremos salir del bosque? —preguntó Kei.

—Sí, sin duda. —dijo Link con seguridad —Podemos guiarnos por nuestra intuición. Sólo hay que poner rumbo al norte y dejar las grandes cataratas a nuestra derecha. De esa forma daremos con el camino que lleva al lago Hylia.

—Pareces demasiado seguro de ti mismo —refunfuñó Zelda, cruzándose de brazos.

—Lo estoy. Sé que puedo sacaros de este bosque sin problemas.

—¿Hay algún problema? —preguntó el alcalde Reede, que cabalgaba por detrás y les alcanzó.

—Ninguno —dijo Link —es sólo que hemos tomado una ruta diferente.

—Di mejor que nos hemos perdido en el bosque —matizó Zelda, lanzando una mirada de desaprobación a Link.

El alcalde miró a ambos, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos.

—¿Qué vamos a hacer entonces?

—Uhm. Lo mejor es parar por hoy. Estamos agotados con toda la lluvia que nos ha caído y los caballos también necesitan descansar. Aquí hay un buen sitio para montar el campamento, hay una pequeña cascada con agua fresca y el suelo no parece tan húmedo. Pararemos y pensaré en una ruta para salir del bosque —propuso Link.

Al igual que el día anterior, todos trabajaron para montar el campamento mientras Medda y Azu aseguraban el perímetro. Zelda estaba estirando la lona de su tienda para montarla. El exterior del material estaba mojado, pero por dentro se había mantenido seco. Un par de días más en el bosque y todo estaría tan mojado que no tendría sentido alguno montar el campamento. Estaba sacudiendo la tela cuando Link apareció para ayudarla, agarrando el otro extremo.

—Siento haber bromeado con lo de las brujas, no quería asustarte —dijo él. Parecía que desde la pequeña discusión de la noche anterior había vuelto a encontrar el valor para dirigirse a ella.

—No me he asustado. Pero pareces más valiente cuando está Kei delante.

—No seas tan dura. Aunque… aunque sé que no estamos bien, sé que nos hemos hecho daño… es mejor si podemos reírnos de vez en cuando, ¿no? No siempre tenemos por qué estar serios ni enfadados.

Ella tomó aire y se acercó a él, para quitarle la lona de las manos. Se acercó mucho más de lo necesario y sintió cómo él se estremecía ante ella.

—¿Por qué no respondiste mis cartas?

—Yo… no lo sé —balbuceó él.

—Pues cuando lo sepas igual podemos hablar.

Link se alejó, disimulando como podía. Ella trató de calmarse, aunque hubiese aparentado que tenía la situación controlada el corazón le saltaba en el pecho, ojalá él no tuviera ese efecto sobre ella. Se la llevaban mil demonios al pensar en todas las cosas que no comprendía de él y que le causaban tanta inseguridad.

—Zelda, ¿me acompañas a por agua para la cena? —preguntó Cecille, sacándola de sus pensamientos.

—Sí, por supuesto.

Se alejaron un poco para ir hasta una cascada de aguas cristalinas que discurría cerca del campamento. Cada una llevaba un cubo de madera, no tenían más.

—Me alegra estar un rato a solas contigo —sonrió Cecille.

Zelda sintió que el estómago se le empezaba a encoger en señal de alerta. ¿Qué iría a decirle esta vez? ¿Que Link había vuelto a darle la mano? Si ella supiera… tendría que saber lo que Link y ella... Tenía que decírselo.

—Sí, aquí podemos charlar un rato tranquilas —dijo Zelda, sentándose. Cecille la imitó.

—Nos diste un susto enorme la noche del incendio —comenzó a decir Cecille —creo que el corazón se me paró cuando oí que estabas dentro de las llamas.

—Lo siento mucho… a veces hago cosas sin pensar. Pero todo salió bien, no tienes que preocuparte más por eso, ¿vale?

—Zelda, eres mi amiga. Y además eres la princesa de Hyrule. Has pasado por tanto… No es justo que sigas sufriendo más, sea por lo que sea —dijo Cecille, con un nudo en la garganta.

—No estoy sufriendo, estoy bien, te lo prometo.

—¿Y entonces por qué no me lo dijiste? —preguntó Cecille, con los ojos brillantes, tanto como el agua transparente de la cascada.

—Decirte… ¿el qué?

—Que estabas enamorada de Link.

Zelda la miró boquiabierta unos segundos, y después bajó los ojos hasta sus manos, que descansaban sobre su regazo.

—No lo sé. Siento no haber sido sincera contigo.

—Si me lo hubieras dicho jamás me habría acercado a él. Te he hecho sufrir sin necesidad por algo que además no me habría llevado a ninguna parte.

—Lo siento mucho —repitió Zelda —supongo que a veces soy un poco cobarde. Y no sabía si Link… Link y yo nos habíamos separado. Le dejé sin ser capaz de decirle nada a la cara, con una nota, ¿sabes? Después de todo lo que él ha hecho por mí me despedí con una estúpida nota. Y llevábamos mucho tiempo sin vernos. Y hay otras cosas que…

—Todo eso da igual —Cecille interrumpió su verborrea nerviosa, curvando los labios en una sonrisa —se arreglará.

—¿C-cómo estás tan segura de eso?

—La noche del incendio, el alcalde Rozel vino hasta nosotros y nos dijo que la escuela se quemaba y que tú estabas dentro. Todos nos asustamos, como te he contado, pero Link… fue como si algo se rompiese dentro de él, pude verlo y eso quiere decir que-

—¡Chicas! ¿Y el agua? —gritó Kei a lo lejos —tardáis demasiado… no me hagáis ir a buscarla yo.

—Gracias por decirme esto —dijo Zelda, agarrando la mano de Cecille.

—De nada y… la próxima vez puedes contarme esto sin miedo, Zelda. Somos amigas.

—Sí, lo somos —sonrió ella.

Zelda volvió al campamento con una sensación cálida en el pecho. No podía estar más feliz de haber aclarado las cosas con Cecille. Tenía pensado hablar con ella de todas formas, si alguna vez tuvo dudas, después de su paso por Onaona, Zelda volvía a tener muy claras las preferencias de Link, y era injusto que Cecille siguiese haciéndose ilusiones sobre algo que de momento no parecía tener sentido.

La cena fue muy divertida. El buen humor reinó en el campamento durante toda la velada. Kei habló sobre otras melodías que el pueblo sheikah conocía y que tenían un sentido mágico. Medda se reveló a sí mismo como un gran cantante y entonó un par de baladas que dejaron a todos boquiabiertos.

—Deberías dedicarte a la música y no a ser soldado —le dijo Link.

—¿Insinúa mi maestro que soy un mal soldado? —bromeó Medda. Todos soltaron una carcajada y las mejillas de Link se colorearon un poco con rubor.

Más tarde todos descansaban alrededor de las hogueras. La luna llena se alzó sobre el horizonte y Zelda recordó que tenía que ir a rezar. Entró a la tienda y buscó su túnica blanca de sacerdotisa. Se vistió con ella y se echó la capa con la capucha por encima. Después fue a buscar a Link, que seguía relajándose en el fuego junto a los demás.

—¿Podemos hablar un momento? —le pidió ella, zarandeando su hombro por detrás.

—Sí, dime —dijo él, poniéndose en pie de inmediato.

—Necesito ir a rezar y meditar.

—P-pensaba que lo de la meditación en las fuentes era cosa del pasado. Ya sabes la opinión que tengo sobre eso —dijo él, frunciendo el ceño.

—Es cosa del pasado. He aprendido que la meditación no tiene nada que ver con el poder sagrado. Es… es otra cosa la que lo alimenta. Pero aun así debo rezar, hay luna llena. No voy a meterme en agua helada, pero la presencia del agua ayuda a canalizar las plegarias a la Diosa —explicó ella.

—Está bien.

—Puedo ir sola si tú no-

—Oye chicos —dijo Link, dirigiéndose al campamento —He de acompañar a la princesa. Hoy hay luna llena y ella tiene que cumplir con sus obligaciones como sacerdotisa. Dejo el campamento en vuestras manos.

—Sin problemas, maestro —dijo Azu.

—Cuenta con nosotros —añadió Medda.

—¿Nos vamos? —preguntó Link, volviendo hacia ella.

Caminaron en silencio, entre la espesura del bosque, ella delante, y Link detrás con la Espada Maestra a la espalda. Era una sensación extraña, como volver cien años atrás. Ahora todo era muy distinto, había demasiados cambios desde aquellas primeras veces en las que ambos se alejaban juntos en busca de las fuentes sagradas.

—Sí creo en las brujas —dijo ella de repente —y creo en todo tipo de magia y de propiedades que tienen algunos objetos.

—Lo sé.

—También… también creo que un espíritu puede quedar encerrado dentro de un objeto.

—Como el espejo… —intuyó Link.

—No. El espejo es distinto. Lo he pensado y creo que es como una especie de portal. La voz que me habló viene del otro lado. Sin embargo, tu espada… tu espada sí parece habitada por un espíritu o algo así. Aunque ya no puedo oír su voz.

—¿Eso te preocupa? Yo nunca he logrado oírla.

—No debería preocuparme.

Después de un largo ascenso entre la espesura, llegaron a un pequeño estanque que se llenaba con el agua de una cascada estrecha y muy alta. La luz de la luna brillaba sobre sus cabezas y el agua parecía un reguero de plata. El sitio era perfecto. Zelda se quitó la capa y la dejó en manos de Link.

—¿Tengo que darme la vuelta? —bromeó él.

—Puedes mirar.

—Pues no sé si debería mirarte durante mucho tiempo. Cada vez que te miro durante mucho tiempo termino haciendo algo que consigue que lo fastidie todo.

—Link, no digas eso, no fastidias nada. Estás equivocado con eso.

—Mejor me doy la vuelta —dijo él, y se apoyó en su espada, montando guardia como había hecho tantas veces.

Zelda inició las plegarias. Tan sólo tenía que mojarse un poco los pies en agua, eso era suficiente para establecer la conexión. No era necesario pasar por la tortura de sumergirse en el agua durante horas. Si lo hubiera sabido antes… tendría que documentar todo lo que había aprendido por sí misma para evitar que ese conocimiento se perdiese si a ella le pasaba algo. Si alguna vez tenía una hija… No lo había pensado hasta ese momento, pero si ella tuviese una hija jamás permitiría que pasase por lo mismo que había tenido que pasar ella. Tras unos segundos dejó de perder su mente en pensamientos superfluos como ese y consiguió concentrarse, iniciando los rezos. Una vez hubo acabado, se giró hacia Link, que seguía montando guardia de espaldas a ella.

—Ya he terminado.

Él se dio la vuelta y se quedó mirándola unos segundos en silencio.

—Aún estoy enfadada —dijo ella, avanzando para acercarse a él.

—Lo imagino.

—Y una de las cosas que más me enfadan, es que te disculpases por lo de la otra noche.

—Yo…

Un enorme rugido rompió el silencio sobre sus cabezas. Ambos se separaron para mirar hacia el cielo sobre el nacimiento de la catarata. Una sombra emergió en medio de la noche.

—Link mira, ¡es Faren! —exclamó con entusiasmo —¡Faren, el dragón guardián del bosque! Por la Diosa, creía que era solo una leyenda.

—Zelda, hay algo que no me gusta —dijo él, sin apartar los ojos del cielo. La bestia volvió a rugir, era como un lamento angustioso, como si algo le hubiese hecho daño.

—¿Dónde tengo la piedra sheikah? Tengo que sacar una imagen ahora mismo —preguntó ella, mirando con desesperación en los pliegues de la capa que Link sostenía en las manos.

Faren se enroscó con su largo cuerpo de serpiente sobre sus cabezas mientras no paraba de lanzar aullidos. Link desenvainó la espada.

—Me la he dejado en el campamento, maldita sea… —se lamentó ella, ajena a la tensión de Link.

—Ponte detrás de mí —dijo Link, manteniendo la seriedad, sin apartar los ojos del cielo.

—¿Qué? Faren es un espíritu del bien, no nos va a-

Todo ocurrió muy rápido. Un viento como un huracán los azotó, y el dragón se precipitó en picado hacia ellos. Link saltó tirándola a ella contra el suelo, justo antes de que la gigantesca cabeza de Faren cayese cerca, demasiado cerca.

—¿Por qué ha hecho eso? ¿Por qué nos ataca? —preguntó Zelda desde el suelo, sin terminar de creerse lo que estaba pasando.

—No lo sé, pero ahí viene otra vez.

La enorme bestia se preparó para atacarles de nuevo. Link se esforzaba para ver si había algo, algún rastro de oscuridad en el dragón. Elden, el dragón de fuego estuvo contaminado por la oscuridad de Ganon, Link se había enfrentado a él por ese motivo, pero Faren parecía limpio. El siguiente embate fue violento y de frente, y Link tuvo que usar la Espada para desviar el ataque de la enorme bestia.

—Creo que ya sé lo que le pasa… —dijo Link.

—¿Qué… qué es?

—Está herido, he visto sangre cerca de su boca. Algo… o alguien ha atacado a Faren y ahora está furioso. Lo mejor es correr para huir de aquí o seguirá culpándonos a nosotros.

Echaron a correr colina abajo, entre los árboles. Los rugidos de Faren seguían sobrevolando sus cabezas.

—Maldita sea, nos está cortando el camino —dijo Link, al ver que el dragón se posaba fauces abiertas en el extremo del sendero que habían tomado para llegar hasta allí —vamos por otro sitio.

Siguieron corriendo bosque a través con Faren atosigándoles por aire, levantando vientos huracanados con su vuelo y rompiendo el silencio con sus horribles chillidos.

—Link… no podemos seguir…

Había un salto de al menos diez metros frente a ellos, estaban atrapados. Justo debajo había una poza, pero desde esa altura era difícil saber su profundidad. Link se quedó mirando el agua bajo sus pies mientras Faren volvía a enroscarse sobre sus cabezas para lanzar un nuevo ataque.

—¿Confías en mí? —preguntó Link, agarrándola de la mano.

—No estarás pensando en…

Antes de que pudiera darse cuenta, Link tiró con fuerza de ella y ambos saltaron al vacío. Zelda cerró los ojos mientras caía hasta llegar al agua, donde se sumergió varios metros. Buceó hacia la superficie con la ansiedad de volver a respirar y al emerger del agua vio la cabeza de Link flotando a su lado, también a salvo. En esta ocasión Faren se situó sobre la poza y comenzó a concentrar energía eléctrica en su cuerpo, como si se tratase de un enorme generador, el dragón comenzó a cargarse para lanzar un ataque de electricidad que resultaría letal para ellos, que estaban empapados y flotando en el interior de la poza.

—No… —dijo Link, mirando hacia el cielo y temiéndose lo peor.

Incluso antes de que intentasen nadar para alejarse, la descarga cayó sobre sus cabezas, como una nube de relámpagos. No pasó nada, salvo que Faren lanzó un último chillido, agudo y lúgubre como un lamento de muerte. La Trifuerza había surgido de la palma de la mano de Zelda justo a tiempo para repeler el ataque y lo había vuelto en su contra. El dragón cayó sobre ellos, su cuerpo se desplomó dentro de la poza levantando una inmensa ola de agua hacia el exterior y su enorme cabeza quedó inmóvil, yaciendo en la orilla.

—Lo… lo he matado… —murmuró Zelda, con un deje de pánico en la voz.

—No lo has matado. Vamos a acercarnos a él.

Link tuvo que nadar tirando de ella, que se había quedado exhausta. Llegaron hasta la orilla donde vieron el reguero de sangre saliendo de la boca de Faren, y una flecha negra, clavada entre sus dientes.

—Lo he matado.

—Deja de decir eso, no está muerto —dijo Link.

En efecto, Faren aún respiraba, aunque con mucha dificultad. Zelda sentía que las lágrimas se escapaban de sus ojos sin control al ver al majestuoso espíritu del bosque respirar así, amarrándose a un mínimo hilo de vida. Se llevó las manos a la boca con horror sin poder reaccionar, mientras Link se acercaba para arrancar la flecha de la boca de Faren, que gimió de dolor cuando él la sacó de un único tirón.

—Ha perdido un colmillo, mira —Link puso el enorme colmillo en sus manos. Era alargado como una gran cuchilla nacarada.

Faren gimió un par de veces más, pero su mirada cambió, ahora parecía piadosa, como si pudiese entender que ellos no habían sido los causantes de su dolor. Zelda se acercó tambaleándose y puso la mano sobre la cabeza del dragón, que se movió un poco, reaccionando a su tacto.

—No te mueras, por favor… —le imploró, mientras su cauce de lágrimas continuaba manando, imparable. Faren se lamentó como respuesta y después cerró los enormes ojos de color ámbar.

—Sigue respirando tranquilo, sólo necesita descansar —insistió Link.

—Le he hecho daño con el poder sagrado y no sé cómo curarle, no sé curar… —llegados a este punto Zelda se empezaba a ahogar en sus propias lágrimas, sollozando y respirando con dificultad.

Link la alejó de Faren para abrazarla. Zelda se aferró a él enterrando la cara en su pecho y sollozó durante un rato hasta serenarse un poco. Comprobó que el dragón aún seguía respirando, débil, pero lo seguía haciendo.

—Estás helada —observó Link —estamos empapados de pies a cabeza. Tenemos que volver al campamento.

—No podemos dejarle aquí, ¿cómo vamos a dejarle aquí? ¿Es que no te importa lo más mínimo? —dijo ella, apartándose de él con indignación.

—Zelda, no le va a pasar nada. Sólo necesita dormir para recuperarse. Si nos quedamos aquí con la ropa empapada enfermaremos. Piensa un momento, por favor.

Ella fue ablandando su expresión para asentir en silencio, sentía todo el cuerpo débil y entumecido, no era sólo por la ropa mojada, también era por la enorme descarga de energía que había hecho al usar el poder sagrado. Estaba al borde de sus fuerzas y no le quedó más remedio que obedecer, por mucho que le doliese dejar el cuerpo del dragón abandonado en el bosque.

Link tuvo que cargar con ella a la espalda, en un principio intentó volver por su propio pie, pero las piernas le fallaron y dejó que él la llevara. Hicieron todo el camino de vuelta en silencio. No sabía qué pasaría por la cabeza de Link, que caminaba con firmeza llevando la flecha negra y el colmillo de Faren atados a su cinturón, ella se limitaba a hacer esfuerzos por evitar las lágrimas al recordar los ojos ámbar de Faren cerrarse ante ella. Los dragones eran criaturas mitológicas y sagradas, y la mera idea de haber hecho daño a uno de ellos se le clavaba en el pecho como un puñal. Dañar a Faren sería como añadir otra catástrofe a su larga lista de catástrofes.

El campamento estaba en pleno silencio, todos habían ido a dormir. Tan solo quedaba en pie Azu, que estaba montando guardia cuando ellos llegaron. Link la dejó en su tienda y mientras ella se vestía con ropa seca los oía murmurar algo en el exterior, aunque no alcanzaba a oírlos bien.

—Zelda, ¿ya te has cambiado? —preguntó Link desde afuera. Ella abrió la puerta de lona de su tienda y salió —he encendido de nuevo una de las hogueras, por si quieres calentarte las manos.

—Gracias —dijo ella, que se acercó para sentarse junto a las recién reavivadas llamas. Mientras las veía danzar delante de sus ojos, se le volvieron a escapar un par de lágrimas.

—He ordenado a Azu que haga guardia junto a Faren. —dijo Link, que mantenía la expresión seria y tensa. Dolorosamente parecida a sus últimas horas junto a ella, hacía más de cien años —si algo le pasa lo sabremos de inmediato.

Ella asintió y se secó las lágrimas con las manos, tomando aire para deshacer el nudo de su garganta.

—Yo… yo mismo habría ido a montar guardia junto a Faren, pero… sé que necesitas descansar y que has usado el poder sagrado. No querría alejarme de aquí. El dragón se recuperará, no se puede dañar a un espíritu de luz con más luz.

Seguía sin poder articular palabra, así que dedicó una sonrisa triste a Link, era incapaz de enmascarar su malestar y aquello era todo lo que podía ofrecerle. Era atípico que fuera él el que llevase el peso de la conversación, sabía que si él seguía hablando era sólo para llenar el vacío e intentar que se sintiese mejor.

—¿Sabes? Cuando estuve en la Montaña de la Muerte, tuve que atacar a Elden con un enorme martillo de gemas. Incluso estando poseído por la oscuridad de Ganon, consiguió sobrevivir, créeme, esas criaturas son formidables. Seguro que Faren también sobrevive.

Se acercó a él y tomó su cara entre las manos. Acarició su mejilla con el pulgar, sintiendo el tacto de la suave barba de pocos días que solía poblar su cara.

—Zelda…

Tuvo que inclinarse más y deshacer ella sola todo el camino que la separaba de su boca, porque él se había quedado inmóvil. Le besó una sola vez, pausadamente, reconociendo con alivio el sabor que él siempre tenía. Luego dejó caer las manos hacia el suelo, aunque mantuvo la frente unida a la suya. Entonces fue Link el que le rodeó la cara con las manos para devolverle el beso, más intenso y esta vez compartido entre los dos. Era justo lo que necesitaba, no quería más palabras, ni un fuego ardiendo en sus pies, sino sentir su boca buscando encajar en la suya. La caricia húmeda de su lengua hizo que su pecho se calentase, lleno de una inmensa sensación de bienestar. Cuando se dio por satisfecha tomó sus manos y las alejó de su cara con suavidad, y él entendió el gesto, apartándose de ella.

—Voy a intentar dormir algo, estoy agotada y no puedo pensar —le dijo —Me sentiría mejor si tú hicieses guardia aquí, junto a mi tienda. Pero que no sea por obligación, ¿eh?

—Descuida —sonrió él, captando el sentido irónico de sus palabras.

—Hasta mañana, Link.

—Hasta mañana.


Nota: Como siempre... muchas gracias por vuestros reviews, por destacar aquello que os patina o que no entendéis, son súper útiles :) gracias por los nuevos follows y likes y por supuesto por seguir leyendo! Un abrazo, -Nyel2.