Hola, hola, hola!

Después de tanto tiempo vuelvo con el otro capi, de veras que siento el tiempo que pasó, pero realmente no me salía nada de nada sobre este fic, estaba bastante confundida sobre lo que haría en este cap, y por eso andaba en el limbo con la historia. De verdad lamento llegar así después de tanto tiempo, pero no acostumbro a abandonar ninguna de mis historias, así que mejor tarde que nunca, ¿No?

Bien, espero que lo disfruten, de aquí en más la historia empezará a desarrollarse un poco más, así que se tornará más emocionante. Y bueno, sin más preámbulos, aquí les dejo el capítulo II

Intereses Despertándose

Yuka y Sayuri observaban a Akane con preocupación; desde que salieron del consultorio de la extraña mujer, ella no había emitido palabra alguna, sólo se limitó a caminar junto a ellas con la mirada y la mente extraviadas en algún lugar lejos de allí. Varias veces intentaron preguntarle el motivo por el cual se estaba comportando de esa manera tan rara, pero no hallaron respuesta. La intriga por saber lo que le había dicho la sabia mujer las estaba mortificando, ¿Acaso era tan malo eso que le había pronosticado?

—Vamos Akane, ya sabes que muchas de las cosas que dice no son ciertas. —Comentó Yuka, intentando animarla, al tiempo que le daba leves golpecitos en las costillas a su Sayuri.

—Es verdad, he escuchado que les ha pronosticado varias situaciones serias a algunas personas, pero que nunca han llegado a cumplirse. —Se apresuró a decir la castaña.

—Está bien chicas, no es nada grave, no hay de qué preocuparse. —Dijo esbozando una frustrada sonrisa.

— ¿Estás segura, Akane? Desde que saliste de allí te has estado comportando muy extraño. —Expuso Sayuri.

—No es nada, en serio… Ahora debo irme chicas, papá y mis hermanas deben estar preocupados.

—De acuerdo. —Concedió Sayuri, pensando que lo mejor sería dejarla descansar, tal vez se encontraba muy cansada y necesitaba reponerse. —Adiós Akane, cuídate.

—Hasta mañana, chicas. —Se despidió continuando su trayecto.

Volvía a casa a paso lento recordando como esa extraña mujer le había hablado con ese enorme temor reflejado en sus pupilas, acompañado de ese exagerado tono de exaltación, advirtiéndole que se protegiera, pero… ¿Protegerse de qué?

"Fuerzas oscuras están a punto de ser despertadas, entes malignos vendrán a este mundo por medio de un portal maldito que estará muy cerca de ti, ¡estás en peligro!" Fueron las primeras palabras que pronunció la vidente. "Entes malvados, fuerzas oscuras" ¿Qué rayos significaba eso? ¿Tendría que enfrentarse a un ejército de fantasmas vestidos con túnicas negras mientras arrastran cadenas?

Akane no era una fiel creyente de temas de esa índole, sin embargo tampoco podía negar que la manera en que la mujer se lo advirtió, la había dejado con serias dudas y… ¿Por qué negarlo? Un poco de miedo.

A medio camino y por el profundo estado de letargo en el que se encontraba, no notó la presencia de su prometido quien se encontraba a pocos pasos de ahí. Chocó contra algo que la sobresaltó, notó al instante dos ojos azules estudiaban cada una de sus expresiones.

— ¿Dónde demonios has estado, Akane?—Preguntó, casi reprendiéndola.

—Eso no es asunto tuyo… Y no me hables así. —Ordenó más con la mirada que con su voz.

— ¡Idiota, después de que me preocupo!

—Pues no lo hagas, ya estoy aquí…—Respondió lo más cortante y fríamente que pudo.

Por alguna razón la charla que había tenido horas antes la había dejado realmente aturdida, y lo último que buscaba era enfrascarse en una tonta discusión con Ranma, por eso simplemente decidió ignorarlo y continuó su camino dejando atrás gritos e insultos por parte de su prometido.

Luego de un rato de evitar miradas de escrutinio que no podrían provenir de otra persona más que de Ranma, ambos entraron a casa. Aún los esperaba una suculenta cena así que mientras ingerían los alimentos, Kasumi aprovechó la oportunidad para preguntarle a su hermana sobre el libro y el estado del Doctor Tofú; Akane sin vacilar respondió que ese asunto había quedado en orden, y que el doctor se encontraba en perfectas condiciones. No mencionó nada acerca de haberse quedado con el misterioso ejemplar.

Un rato después subió a su habitación, no le dirigió la mirada a nadie, simplemente agradeció los alimentos y se marchó de allí. Lo que ahora más deseaba era lograr entender un poco el significado de la advertencia que le había dado la adivina.

"Fuerzas oscuras están a punto de ser despertadas"

— ¿Qué habrá querido decir con eso? —Inquirió mientras sacaba de su mochila el tan enigmático libro con el que se había quedado.

Esta vez observó detenidamente el pequeño título que se encontraba en la portada del mismo: "El arte de la oscuridad" sintió algo punzante que la invadió por un momento, era como si su subconsciente le advirtiera sobre algo peligroso que estaba a punto de realizar. Soltó el libro tan rápidamente como si le quemara y llevó las manos hasta su pecho.

— ¿Por qué de repente siento este miedo?—Se preguntó completamente confundida. —Bah… No puedo creer en estas cosas… Es absurdo…

Volvió a tomar el libro ignorando el extraño sentimiento que parecía intensificarse, lo abrió en ese tema que tanto le había llamado la atención y leyó en voz alta el título "Cómo invocar espíritus" En principio pensó que lo leería para saciar su curiosidad en cuanto a ese tema, después de todo, Nabiki siempre contaba historias en donde los fantasmas de los seres queridos del protagonista venían a advertirle sobre algo que no andaba bien, e incluso, si su comportamiento no era el que se esperaba, esos espíritus los castigaban. Sin embargo, sin importar qué tan terrible fueran esas represalias, la víctima siempre terminaba optando por el camino correcto. Así que ella supuso que las almas de las personas que ya partieron de este mundo, eran de confiar, pues su único fin era el que sus familiares tuvieran un buen futuro. No obstante ahora pensaba que tal vez ella podía ser alguna de las protagonistas de esos misteriosos relatos, invocando a algún espíritu cercano.

Le pareció una idea excelente ya que si lo hacía, traería de vuelta el alma de su madre y de esa manera podría enterarse de la verdadera razón por la que murió; ya no tendría que intentar presionar a su padre para que le comentara sobre lo que realmente había ocurrido, y lo que era más increíble, podría pasar algunos momentos en su compañía, mientras su tan anhelada madre le indicaba el camino adecuado para emprender. Todo resultaría bien, si tomaba los sabios consejos que le daría su progenitora. Estaba segura de que nada podría salir mal, ya que no resultaría peligroso si invocaba a su madre, después de todo era su familiar y no le haría daño.

Totalmente emocionada por el a su parecer "estupendo plan" decidió darse ánimos mentalmente para leer los distintos elementos que requería la invocación, ya luego se daría a la tarea de leer el ritual.

El primer elemento que se encontraba en la lista era uno llamado "tabla oiuja", algo que Akane desconocía en todo su esplendor, ya que no tenía ni la más remota idea de dónde conseguiría algo como eso. El segundo objeto que requería la invocación, eran unas velas negras, el tercero una tiza roja y lo que parecía resaltarse en la fina caligrafía de artículo: La poderosa oración que contenía el libro.

Todo parecía bastante fácil de conseguir, menos la tabla, así que tendría que investigar en dónde podría encontrar alguna de esas. Hubiera resultado más sencillo preguntarle a alguien, pero por alguna extraña razón sentía que si lo hacía, todos se interpondrían, y no estaba dispuesta a renunciar a su plan tan fácilmente.

Se desperezó como un gato, cerró el libro y lo guardó en uno de los cajones que tenía su mesa, asegurándose por primera vez de ponerle llave para que nadie en el transcurso de la noche pudiera abrirlo y darse cuenta de que no lo había entregado.

Se recostó en su cama disfrutando de la acogedora sensación de poder estirarse un poco y descansar, al menos su cuerpo; ya que su mente no dejaba de lanzarle ideas nuevas sobre lo que le preguntaría a su madre, lo que le contaría y compartiría con ella, pero sobre todo había una pregunta que no dejaba de presentarse ante Akane, y es que después de tanto tiempo sin estar con ella, ¿Cómo reaccionaría ante esa visión? ¿Llorar, reír, gritar? ¿Qué haría cuando la persona que más amaba en el mundo estuviera frente a ella? Era algo que a ciencia cierta no podía pronosticar, ya llegaría su momento y Akane podría descubrir lo que esa imagen le causaría.

Poco a poco el sueño la fue venciendo, se acomodó mejor para poder dormir, hasta que escuchó varios golpes en su ventana, se extrañó un poco ante el sonido y rápidamente se levantó de la cama para ver de quién se trataba, observó el cristal y se encontró con Ranma que estaba del otro lado, pidiéndole que se diera prisa.

— ¿Qué estás haciendo aquí?—Cuestionó la peli-azul extrañada por la repentina visita.

—Pues verás… es que… yo… te he notado… muy extraña… y bueno… no es que me preocupe ni nada parecido, alguien como yo no puede ocuparse de los asuntos de una chiquilla como tú, sólo es que…

— ¡Si no tienes nada coherente que decir, entonces no tienes absolutamente nada que hacer aquí! —Exclamó impaciente.

— ¡Pero qué boba! después de que vine hasta aquí para saber qué te ocurría… no es como si agradecieras la ayuda de tu pro…—Llevó su mano en un movimiento rápido hacia su boca, para no concluir la palabra que estaba a punto de decir.

Un momento de silencio se adueño de aquél lugar, acompañado de un fulguroso sonrojo por parte del chico de trenza.

—¡No, no, no… es lo que crees, no iba a decir eso… yo… estaba… sólo… era… este… iba a decir que… no agradecías la ayuda a tu problema… no… nada más, ni sueñes que iba a decir algo diferente… —Balbuceó moviendo sus manos nerviosamente.

— ¿Y qué te hizo pensar que yo creía que dirías algo diferente? —Preguntó Akane, intentando poner en aprietos a su interlocutor.

Ranma aún sonrojado y nervioso, por poco sufre un colapso mental. Giró su cabeza hacia otro lugar evadiendo la mirada de su prometida.

— ¡Eres… eres… tan odiosa, Akane! Sólo… quería saber por qué te habías ido sin decir nada…

Ahí estaba una vez más su Ranma, ese chico apuesto y engreído, que a su manera le demostraba que se preocupaba por ella, por eso había venido, sólo se aseguraba de que nada extraño le estuviera ocurriendo a su prometida, y aunque no encontraba las palabras precisas para expresarlo, con el simple hecho de colarse hasta su habitación sin que nadie lo viera, era suficiente para dárselo a entender.

—No es nada, Ranma… Sólo regresé cansada de la salida con mis amigas, por eso volví a mi habitación. —Respondió con tranquilidad. —Pero gracias por preocuparte.

Observó como su prometido daba un respingo y se ponía rígido como una roca… Akane sólo sonrió mientras lo contemplaba allí completamente tieso, sin decir nada y con su rostro cubierto de un color carmín bastante notorio.

—No… es que… estuviera preocupado… pero… si nada te ocurre entonces te dejaré descansar.

—Está bien, pero antes dime ¿Hiciste ya tus tareas? —Por alguna razón no quería que se marchara, así que intentó decir algo más antes de que saliera por la ventana.

—En realidad… también vine para que me ayudaras con algunas. —Confesó apenado, sentándose en el suelo de la habitación, sacando desde dentro de su camisa dos cuadernos.

— ¿Así que por eso viniste, no es así?—Cuestionó Akane, entendiendo que ella no había sido el único motivo por el que había ido hasta su habitación.

— ¡Claro! Pero… también… fue por…. Ti, no por ti… es decir… porque creí que… había ocurrido algo malo…

—Sí, está bien, veamos…

Así pasaron gran parte de la noche, estudiando la historia de Japón, e inventando algunas metáforas para lograr que Ranma las entendiera y no se durmiera en el trascurso de la explicación.

El sol volvía a llenar con sus cálidos rayos la habitación de la peli-azul, el sonido del despertador rompió el silencio que hasta ahora reinaba en el dormitorio, causando que Akane despertara con un brusco estremecimiento.

Se levantó lentamente de la cama, se dirigió hasta el guardarropa y allí tomó una toalla. Aún medio dormida caminó hacia el baño y allí se sumergió en el agua recién calentada que acababa de caer a la bañera. Un rato después salió de aquél cuarto y volvió a su habitación.

Hoy sería el día en el que conseguiría todas las cosas que requería el libro para realizar el ritual de espiritismo, sin embargo, aún no tenía idea de dónde podría conseguir una de esas misteriosas tablas que mencionaba el ejemplar, por esa razón decidió aprovechar el fin de semana para investigar sobre ella e ir a comprarla. No tendría que pensar demasiado en lo que les diría a su familia por su ausencia, puesto que como era fin de semana tenía como excusa alguna tarde de chicas junto a sus amigas.

Salió de casa, dando el pretexto que había pensado, y se encaminó a casa de Gosunkugi, sabía que él podría tener alguna idea de lo que era esa misteriosa tabla y dónde podría conseguir una. En caso de alguna pregunta sólo le diría que estaba leyendo un antiguo libro sobre fantasmas y que allí vio ese término, el cual le despertó bastante curiosidad.

Arribó hasta la casa de Gosunkugi, tocó el timbre y él bastante entusiasmado la recibió.

—Y… Akane, cuéntame, ¿Qué te trae a mi casa? ¿Deseas algo de beber? ¿Té, chocolate, café?—Le ofreció el chico completamente desorbitado corriendo de un lado a otro.

—Un té está bien… gracias. —Sonrió.

Por un momento le pareció ver una cara realmente estúpida de Gosunkugi, pero al fijarse bien era una que veía todos los días en su aula de clase.

— ¡Té… Ya mismo!—Corrió hacia la cocina a prepararlo , y mientras Akane esperaba afuera, se escuchaban sonidos de ollas caer, platos rompiéndose y un olor a quemado increíble.

Akane se apresuró y corrió hasta la cocina para detener todos esos estruendos que se escuchaban, y se encontró con el rostro de Gosunkugi completamente quemado, parecía más un envase de tinta china que un ser humano, y además de todo, traía una olla en su cabeza, reía de forma tonta cuando la vio entrar.

—No te preocupes por atenderme, estoy bien… Sólo venía a preguntarte algo. —Explicó antes de que la casa de pobre chico terminara en cenizas.

—Sí… dime, lo que sea, Akane…

— ¿Has escuchado hablar de algo llamado "tabla ouija"? —Cuestionó sin rodeos.

Se quedó un momento perplejo analizando la pregunta que acababa de hacerle la peli-azul.

—Sí… es un elemento que te permite entablar contacto con los muertos, pero es muy peligroso…

—Así que eso es…—Susurró, Akane. —Vaya, qué interesante… Y por casualidad… ¿Aquí en Japón venden alguna de esas?

—Ah, por supuesto, la venden alrededor del mundo… en Japón hay una tienda de ocultismo muy conocida, está a pocos kilómetros de aquí.

—Ya veo… vaya, sabes muchas cosas Gosunkugi. —Sonrió agradecida por la información. —Ahora podré entender más mi libro sobre fantasmas.

—Por nada, Akane… jeje… para servirte… qué bueno que pude ayudarte… Akane, oh, Akane, Akane, Akane… —Declaró en un tono soñador mientras se acercaba peligrosamente a una pared para intentar besarla.

— ¡Gosunkugi!—Exclamó Akane previniéndolo antes de que se golpeara, pero sus esfuerzos fueron en vano.

—Estoy bien, Akane, no te preocupes. —Dijo esbozando una sonrisa, enseñando los pocos dientes sanos que le quedaban.

—Está bien… bueno, gracias por la información, te lo agradezco mucho, ya debo irme.

—Claro, Akane, vuelve cuando gustes, eres bienvenida.

Dicho esto, salió de la casa de Gosunkugi para dirigirse a la tienda de ocultismo en la dirección que él le había indicado. Nada podría arruinar los planes de reunirse con su madre una vez más.

Continuará…

Notas finales:

De nuevo disculpas por la tardanza en actualizar, no fue mi intensión, sólo que la musa no cooperaba. T_T Sin embargo hice lo mejor que pude para que resultara bastante pasable y divertido el capi. Espero que lo hayan disfrutado y que me dejen su opinión a ver qué piensan sobre ese incesante deseo de Akane por ver a su madre. Supongo que resulta bastante entendible el querer saber cuáles fueron las causas de su muerte y obviamente el pretender estar "al lado" de una persona tan especial, ¿no?

En fin los dejo y nos veremos en el próximo capítulo.

Hasta la vista, babies!