Hola a todos!
¿Cómo están? Hoy vengo al fin, a dejar el III capi de mi historia, espero que les guste, de antemano muchas gracias a todos los que se toman el tiempo para leerlo, y millones de gracias a las personas que me comentan.
Sin nada más que decir, vuelvo a mis labores divagatorias. XD
¡Disfrútenlo!
La Maldición del piano
Había resultado bastante sencillo conseguir la información del lugar para encontrar la misteriosa tabla, así que lo único que faltaba era llegar hasta allí y hacer la compra, sin embargo, a pesar de que todo estuviera saliendo tan bien, Akane aún conservaba ese agudo presentimiento de que algo no resultaría como lo esperaba ¿Miedo a enfrentarse a lo desconocido? ¿O temor por la reacción que provocaría el fantasma de su madre en ella? Fuera cual fuera la respuesta, ella aún se aferraba a la ilusión de volver a ver a su mamá, ese era su único objetivo, el único con el que había soñado desde que era una pequeña, y por el que ahora se atrevía a tomar ese riesgo.
Varias aceras había dejado atrás desde su visita a casa de Gosunkugi, por lo que pensó que se encontraría cerca de negocio en dónde compraría la tabla, y no se equivocó; allí estaba la renombrada y ansiada tienda de ocultismo, sólo que quizá no era lo que ella esperaba; no había ningún anuncio estrafalario con simbología extraña encima de la entrada, ni se trataba de algún ostentoso lugar, simplemente era una antigua construcción en mal estado con un pequeño letrero en la puerta.
El lugar no producía terror, sólo un grado muy alto de desconfianza y escepticismo ¿En verdad ahí encontraría lo que buscaba? Sólo era una casa vieja en donde muy probablemente se encontrarían cientos de ancianos tejiendo alguna pieza, pero que nada tendría que ver con objetos relacionados con magia. Seguramente la única tabla que allí encontraría sería la que usaban en la cocina para cortar los alimentos.
Un suspiro se escapó de sus labios y con recelo se acercó hasta la entrada de la vieja residencia, dudaba bastante de lo que allí encontraría, sin embargo debía asegurarse de que en realidad no vendieran nada de lo que buscaba, después de todo, ya se había tomado la molestia de caminar hasta ese lugar.
Golpeó la puerta utilizando una singular aldaba con una extraña forma a murciélago, era bastante pesada así que pensó que un par de golpes bastarían para que dentro se escucharan, esperó un momento hasta que oyó como desde el interior alguien abría el portón. Se preguntó por un momento si vería a algún tipo de vampiro o tal vez a alguien enorme y con su cabeza tan grande como la de Frankenstein. Millones de escenas de películas de terror se presentaban ante ella llenándola de pánico, llegó a imaginarse que era cautiva por un ejército de seres abominables que deseaban comerla o en su defecto hacer algún tipo de sacrificio con su cuerpo.
Segundos después despertó de su ensoñación gracias a una curiosa mano que jugueteaba delante de su rostro. Dio un pequeño respingo y de inmediato miró fijamente a los ojos de la persona dueña de aquella extremidad que aún danzaba frente a ella.
—Lo… Lo lamento. —Murmuró avergonzada.
—SÍ… No te preocupes ¿Se te ofrece algo? Por algo viniste, ¿No?
Akane no respondió en ese momento simplemente se dedicó a observar al hombre que tenía en frente, se veía bastante serio y tenía una mirada tan fría y tenebrosa que realmente daba terror encontrarse cerca de él.
—Ejem…—Carraspeó el sujeto logrando atraer la atención de Akane una vez más.
—Ehh… Bueno… Yo sólo quería saber si por casualidad usted conoce un objeto llamado tabla…
—Ahh, la Ouija, ¿Verdad? ¿Es eso lo que estás buscando, jovencita?—Interrumpió clavando sus profundos ojos negros azabache en los suyos.
—Sí… Esa… Verá estoy muy interesada en comprar una. —Comentó tímidamente Akane.
El extraño hombre se quedó en silencio observando a su interlocutora con interés.
—Pasa…—Dijo al fin, señalando con su nívea mano el oscuro corredor que se encontraba tras él.
El temor de Akane aumentó considerablemente en cuanto vio el extenso pasillo que tendría que cruzar acompañada del sujeto que acababa de conocer, el cual no le transmitía ni una gota de confianza. Tragó en seco y se preguntó si valía la pena adentrarse en las entrañas de esa lúgubre construcción. Después de pensarlo durante algunos segundos, caminó hasta la entrada y avanzó por los oscuros pasillos.
Su temor no podía esconderse fácilmente, podía sentirlo a flor de piel, sin embargo recordó que debía ser fuerte por su madre, ya que si no lograba conseguir la tabla, no podría reunirse nuevamente con ella.
Llegó al fin hasta un gran vestíbulo adornado por una enorme alfombra roja en el centro del mismo, y varios muebles de bastante antigüedad que se encontraban en perfecto estado, entre ellos una enorme biblioteca y un piano.
—Toma asiento, en un momento te traeré lo que buscas. —Le indicó con autoridad el misterioso hombre.
Akane pensó que era bastante grosero de su parte atender a su clientela de esa manera tan impertinente, así que le devolvió una mala mirada al sujeto y se dedicó a contemplar el lugar.
Era muy extraño que una casa de tan grandes dimensiones fuera habitada únicamente por un hombre de apariencia casi tan tétrica como su hogar ¿Acaso aquél individuo quería algo de ella y por esa razón le había pedido que entrara? ¿Quizás sólo buscaba compañía? ¿O Tal vez tenía pensado drenar toda su sangre y luego dejar su cuerpo abandonado en algún terreno baldío? Miles de ideas terroríficas surgían sin cesar resquebrajando el poco valor con el que contaba.
Sacudió su cabeza en un intento por alejar esas extrañas ideas que estaban haciéndola sentir nerviosa y fijó su atención en el inmenso y antiguo piano, era una reliquia, una pieza que debía tener más de cien años de antigüedad, y a pesar de su larga existencia lucía hermoso, no era común ver uno de estos ejemplares en una construcción casi abandonada. Sin duda esta familia o el único miembro que quedaba de ella, parecía ser muy adinerado y con un gusto bastante peculiar.
Palpó el piano observándolo con fascinación, realmente le pareció muy atractivo. Por esa razón decidió retirar el asiento cubierto de fino terciopelo rojo que se encontraba bajo el instrumento, se sentó delicadamente y pensó en tocar algunas de las teclas para curiosear y saber qué sonidos producía. Posicionó sus manos de modo que pareciera una experta, y oprimió el teclado disfrutando del dulce sonido. Tocó por algún tiempo más divirtiéndose con las distintas melodías que estaba creando.
— ¡Detente!— Gritó el hombre que había regresado con la tabla en sus manos. Se veía realmente furioso.
Akane se sobresaltó y dejo de tocar, inmediatamente se puso en pie e hizo una pequeña reverencia para disculparse por su atrevimiento.
—Lo siento… No era mi intención…
— ¡Eres una tonta!— Exclamó el sujeto perdiendo por completo los estribos.
— ¿Qué dice?— Preguntó Akane ofendida por la manera en la que se había dirigido a ella. —No me interesa quién sea, pero no tiene derecho a…
— ¡Ese piano está maldito, niña!
— ¿Cómo que Maldito?— Interrogó Akane empezando a perder la paciencia. — Le advierto, si es algún tipo de broma yo…
— ¡No es así! Cualquier persona que lo toque u oiga su sonido va a ser… La última melodía que escuche en su vida. —Explicó aterrorizado.
—Por favor… Eso no puede ser, tranquilícese, no me ocurrirá nada. —Comentó Akane tratando de confortarlo, mientras le regalaba una frustrada sonrisa.
— ¿Crees que miento? ¿Piensas que me encontraría tan solo en esta enorme casa si estuviera inventandolo? ¿Dónde demonios crees que está mi familia ahora, eh?
—Pero… ¿Dónde están? Y… Siendo así, ¿Por qué este objeto tan peligroso se encuentra allí a la disposición de todos?—Inquirió Akane presa del miedo por el supuesto peligro que corría y más aún, por la actitud del extraño hombre frente al tema.
—Vivo solo, no tengo porqué temer… Aún así… Nadie creyó en mí, todo este tiempo nadie quiso escucharme, se los advertí a todos… Guardé el secreto por mi abuelo pero… De nada me sirvió porque por culpa de este piano maldito perdí a mi familia. — Comentó con remordimiento.
Akane estaba atónita, no podía creer nada de lo que aquel extraño individuo le contaba, sin embargo no hizo nada por interrumpirlo, ella se dedicó a escuchar con atención cada palabra que decía.
—Mi abuelo era un hechicero muy poderoso, podía maldecir cualquier objeto y hacerlo llegar a su objetivo con facilidad, hacía eso con el fin de que sus enemigos murieran uno a uno sin que nadie sospechara de él, por mucho tiempo maldijo a varias familias con descendientes que nacían con poderes sobrenaturales y que siendo adolescentes se empeñaban en superarlo. Pero mi abuelo estaba empecinado en ser el más poderoso hechicero de su época, quería ser temido, reconocido y venerado. Sin embargo, fue enfermando, su salud se deterioró rápidamente, fue en ese momento cuando supo que ya no podría resistir más, por esa razón usó todo el poder que le quedaba y realizó la maldición más poderosa en ese viejo piano. Me hizo jurarle que en su nombre vengaría a todos aquellos que quisieran superarle, aún después de su muerte, y a cambio yo recibiría la fama y el reconocimiento que él siempre deseó, así que accedí; guardé el secreto del piano y cumplí su voluntad por varios años, me convertí en el "vengador del poder" matando a tanta gente. No me importó jamás el dolor ajeno, eso era algo insignificante para mí. Hasta que un día la última familia que fue asesinada me devolvió el piano, lo tuve aquí desde ese entonces… Intenté que ningún miembro de mi familia se le acercara, mi precaución por no perderlos llegó a tanto que les revelé el secreto que contenía el piano, pero ninguno me creyó… Esa tarde todos cantaron y tocaron con alegría ese maldito aparato, sin saber que sería su último momento de dicha, se sintieron tan atraídos por él, simplemente lo encontraron tan divertido… Y días después ocurrió lo peor… Uno a uno fueron enfermando hasta la muerte, me quedé solo… Completamente solo con la inmunidad de poder escuchar cualquier melodía que en ese piano se tocara, podía hacerlo cuanto quisiera, mi vida jamás sería sacrificada. Pero de qué me servía esa protección si ya no tenía a nadie conmigo…
Akane que había estado escuchándole con una mezcla de interés, asombro y pena, no supo que decir, estaba en shock. Si eso era cierto ¿Significaba que su vida llegaría pronto a su final?
—Quieres decir que… La maldición regresó a su origen… —Comprendió Akane sintiendo como su corazón latía con fuerza.
—Así es, tarde o temprano todo vuelve…
—Es decir que yo… Yo… No puede ser… — Susurró lo último con una expresión de terror en su rostro.
—Sí…—Respondió el sujeto viéndola firmemente.
Akane palideció de inmediato, recordó a su padre, a sus hermanas, a sus amigos y a… Ranma.
—Ranma…—Murmuró sintiendo un gran vacío en su pecho.
— ¡Maldición! ¿En dónde se habrá metido Akane? Está comportándose tan extraño últimamente…— Comentó Ranma para sí mismo sentado en la duela del dojo.
Por alguna razón no podía sentirse tranquilo, la actitud que había visto en su prometida los últimos días realmente lo inquietaba, estaba seguro que detrás de esa sonrisa había algo que no la hacía sentir bien, sólo que como siempre ella intentaba ocultarlo.
—Akane tonta… Por no preocuparnos tienes que estar ocultando las cosas, ¿Por qué simplemente no dejas que te ayudemos?—Cuestionó Ranma dando un golpe en la duela.
Un quejido se hizo presente en el lugar, obligando a Ranma a levantarse de inmediato y dar un golpe aún más fuerte en el mismo sitio, para así cerciorarse de que el grito hubiera salido de esa dirección. Se preparó para dar el golpe y mientras su mano se dirigía peligrosamente hacia el tablaje, escuchó una voz. Acercó su oído para poder oir con más claridad lo que estaba diciendo y no pudo evitar sentir pena por el hombre que estaba bajo la duela.
—Querida Akane… Justo ahora me encuentro en esta sombría y fría cueva bajo el monte Fuji, tu recuerdo no hace más que darle calor a mi corazón… Oh Akane, como quisiera verte para que así alegraras esta triste y desolada alma… —Recitaba teatralmente Ryoga.
Ranma quien no podía creer que hubiera alguien tan tonto, golpeó el suelo hasta dejar un agujero, pronto una contusión de asomó por encima de la abertura.
— ¿Se puede saber qué demonios haces allí abajo?—Preguntó Ranma cruzándose de brazos y viéndolo de reojo.
— ¡Ranma! ¿Pero como… Fue que llegué aquí? —Indagó Ryoga completamente desconcertado por el lugar en donde se encontraba. —Eso no importa… ¡Iré a ver a Akane!
—Hey, cerdo loco, espera un minuto. —Ordenó Ranma. —Akane no está en casa.
— ¿Qué? ¿En dónde está? ¡Iré a buscarla!
—No lo sé… Pero aguarda, si vas a buscarla tú solo no regresarás jamás.
— ¡Deja de burlarte de mí Ranma, estas acabando con mi paciencia! —Exclamó Ryoga molesto. —No te perdonaré jamás que algo le ocurra Akane por tu negligencia.
—Espera un minuto ¿Cómo que negligencia? ¡Ven aquí, Ryoga!—Gritó Ranma corriendo tras él para alcanzarlo.
—Déjame en paz Ranma, la buscaré así sea lo último que haga, y la llevaré a casa sana y salva. —Sentenció el chico cerdo antes de correr a mayor velocidad.
— ¡Pero… Es que ella no está perdida!—Vociferó Ranma mientras observaba la ahora lejana silueta de su amigo.
Ryoga siguió su camino, buscando en todas partes a su "amada Akane" se distrajo tanto que no se percató de que una anciana se encontraba regando agua libremente por las calles, así que sin poderlo evitar, fue alcanzado por un chorro del cristalino líquido.
Rápidamente Ranma lo tomó por el pañuelo que llevaba en el cuello y lo levantó del suelo, antes de que se escabullera.
—Ahora si P-chan, ya no escaparás.
Regresaron a casa, había llegado la hora de cenar, así Ranma ató al pequeño cerdo negro con una soga para que no huyera, mientras lo torturaba acercándole comida simulando que se la daría, pero al final él terminaba comiéndola.
—Por cierto. —Interrumpió Kasumi. — ¿Sabes en dónde se encuentra Akane, Ranma? no la veo desde la mañana.
—No, tampoco yo, pensé que te había dicho algo. —Respondió.
—Pues… lo único que me dijo es que saldría con sus amigas. —Recordó Kasumi. —Pero no creí que vendría tarde… ¿No es mejor que vayas a buscarla, Ranma? Eres su prometido.
Un fugaz y repentino sonrojo se adueño de las mejillas del oji-azul, desvió su rostro hacia un costado evadiendo todas las miradas que se encontraban puestas en él, sobre todo las del padre de Akane.
—Ranma, no puedes ser tan desconsiderado, como su prometido es tu deber protegerla para que nada malo le ocurra. —Dijo seriamente el Señor Soun.
—No se preocupen, ya regresará, dudo mucho que algo llegue a pasarle a esa tonta marimacho. —Replicó Ranma colocando sus brazos detrás de su cabeza en señal de despreocupación.
— ¡¿Qué dijiste?—Exclamó el padre de Akane colocando su conocido rostro aterrador. — ¡Ve a buscarla ahora mismo!
—Sí, sí, ya voy… Ya voy… —Contestó Ranma apresuradamente.
Salió de casa ignorando los molestos chillidos de P-chan y se dedicó a observar las calles en busca de alguna silueta conocida. Recorrió el parque pero no la encontró allí, en el terreno baldío tampoco la halló, y mucho menos la vio en el rio cerca al puente. Regresó a paso lento a su casa esperando que se encontraran, pero ella simplemente no apareció. Entonces tuvo un momento de lucidez, y recordó que también a Akane le agradaba subir al tejado a pensar un poco, así que teniendo esperanzas en que la encontraría allí, se dirigió nuevamente a su casa y subió hasta lo más alto de ella.
—Akane… ¿Qué estás haciendo aquí?—Consultó Ranma viéndola con preocupación.
Ella simplemente lo observó, con un brillo peculiar reflejándose en sus pupilas, era una mirada que no le había dedicado jamás, porque en todo lo que llevaban de conocerse, Ranma no había visto tanta tristeza y amor plasmados en una sola mirada.
No dijeron nada más, Ranma comprendió que no era buen momento para hacer preguntas, así que simplemente se dedicó a sentarse a su lado mientras contemplaba el cielo, esperando que ella hablara al fin.
Volvió a verla, era difícil permanecer allí sin saber lo que le sucedía, le resultaba complicado imaginarse que ella estaría sufriendo y él ni siquiera lo sabía. Así que sólo hizo lo que se le ocurrió para que se diera cuenta de que él estaría allí, apoyándola en silencio.
Lentamente se quitó su camisa y con suavidad la puso alrededor de los hombros de Akane.
—Hace frío… No vayas a resfriarte. —Dijo suavemente.
—Gracias, Ranma. —Habló al fin.
—Akane… ¿Estabas llorando?
—No… Es sólo que…
—No mientas más, sé que algo te ocurre. —Aseguró Ranma. — ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Y por qué tienes todas esas bolsas? ¿Fuiste de compras?
—Sí… Estuve de compras con mis amigas. —Sonrió amargamente. —No hay nada que me preocupe Ranma, es sólo que… Por esta época mamá murió y bueno… Es sólo eso lo que no me hace sentir muy bien.
—Ya veo… —Pronunció recortándose en el tejado. —Debe ser duro para ustedes no tener a su madre.
—Sí… Te sientes un poco solo, pero… Tenemos a papá así que… No debería estar tan triste.
— ¿Por eso estabas llorando?
—Sí, sólo fue eso. —Contestó mirando el horizonte.
— ¿Te sientes un poco mejor ahora?—Cuestionó. — Si quieres golpearme adelante, tal vez así vuelvas a sentirte bien.
Ella lo observó con dulzura y lo golpeó en el estómago con todas sus fuerzas.
— ¡Oye, Eso dolió!—Se quejó Ranma mientras frotaba la zona afectada.
—Eres tan débil… Ese simple golpe te dolió, si piensas que serás un buen artista marcial, no vas por buen camino. —Bromeó Akane.
— ¡¿Qué dijiste?—Inquirió Ranma enojado.
—Jajaja, Olvídalo… Ya es hora de ir a dormir, buenas noches.
—Oh… Buenas noches. —Respondió desconcertado.
Volvió a recostarse en el tejado, pero esta vez con una sonrisa adornando su rostro.
Notas finales:
¿Verdad que Ranma es toda una dulzura? *-* En fin, gracias por leer hasta el final una vez más, espero que les haya agradado el capítulo y que los que puedan pasen a comentar si no les enviaré el piano. XDDD
Un besote, nos vemos en el próximo capítulo.
