Capítulo 17 - Juramento de Caballero

Dolor.

De piernas, sobre todo. De brazos, de espalda. Link ni siquiera encontraba la voluntad suficiente para incorporarse en la cama. Cada movimiento eran agujas clavándose en todas partes. Por un momento se quedó observando el techo estampado de la tienda gerudo. Le recordó vagamente al techo del Santuario de la Vida, ambos con intrincados diseños, los sheikah en azul ancestral, los gerudo eran sedas bordadas en oro y granate. Se preguntó si su letargo de cien años le habría dejado más secuelas aparte de la pérdida de memoria, pues cada vez que hacía un esfuerzo se sentía más agotado, como si su cuerpo estuviera a punto de estallar. Tal vez lo único que necesitaba era verdadero descanso, lejos de todo, en un lugar tranquilo.

Se puso en pie y se anudó el pelo. En la tienda había una tina con agua fresca, la arcilla con la que estaba hecha servía para aislar el agua del tremendo calor del desierto. Bebió y se salpicó la cara y el cuerpo para refrescarse. Vio que Riju se había encargado de dejarle todo tipo de frutas y no dudó en calmar su apetito con todo lo que tenía a mano. La noche anterior apenas había podido probar bocado. No sabía qué hora sería, ni cuánto tiempo había dormido. La tienda gerudo estaba diseñada para aislar del calor exterior, y por tanto no entraba ni un solo rayo de sol. Se puso la fina camisa interior, además del brazalete gerudo que Riju le había regalado una vez, y salió de allí.

Había guardias gerudo moviéndose por todo el bazar, tiendas en la arena, herreras afilando las puntas de las lanzas. Parecía un campamento de guerra.

—¡Link! —Azu vestía una hombrera gerudo y pantalones cubiertos con protectores de acero en las espinillas —al fin despiertas. Todo está en movimiento.

—Ya veo —dijo él, observando su alrededor.

—Medda y yo tenemos armaduras gerudo. Nos han dado lanzas, cimitarras, escudos… son armas de gran calidad. También hay para ti.

—No lo dudo, Riju es muy generosa.

—Hemos organizado el campamento mientras tú dormías. Estamos preparándonos para hacer frente a Tanagar. El ejército gerudo es impresionante, esa mujer… Adine, la capitana, nos ha permitido a Medda y a mí entrenar con ellas.

—Buen trabajo. ¿Dónde-

—Su alteza real está con la matriarca Riju, el alcalde Reede y algunos más. Están trabajando en una estrategia de defensa o… no lo sé exactamente, a nosotros sólo nos han dado instrucciones de preparar armas y provisiones.

Había tanta gente entrando y saliendo de la posada del Bazar Sekken que Link tuvo que esquivar obstáculos para lograr entrar. En la planta baja prepararon una larga mesa de madera sobre la que había desplegado un mapa. Todos estaban alrededor de la mesa, con la nariz metida en algún tipo de estrategia.

—Por las barbas del Vigilante, ¡Link! ¿Estás mejor, muchacho? —Rotver fue el primero en reparar en él.

—Sí, he logrado descansar algo —dijo él, rascándose la nuca.

—Le diré a Zheline que te haga un examen médico —dijo Rotver entrecerrando los ojos.

—Link, ¡cuánto tiempo sin verte!

—Hey, Nesooru. ¿Has conseguido muchas recompensas?

Link había conocido a Nesooru hacía un año, en el bosque de Farone.

—He abandonado ese camino —sonrió ella —ahora soy parte del grupo de élite guerrera de Adine. Mi misión es proteger a nuestra matriarca… si necesitas ayuda para entrar en la Ciudadela no podrás contar conmigo otra vez, pero seguro que Vilia está encantada de volver a ayudarte.

Él sonrió como única respuesta y consiguió hacerse un hueco en el borde de la mesa. Sobre el mapa habían situado piedras de colores, representando la posición de cada poblado y también el ejército de Tarek. Eran pocas piedras, él los había visto y sabía que eran muchos más… se las habían ingeniado para montar campamentos en la gran estepa de Tabanta, incluso con el frío despiadado que había en esa región, los hombres de Tarek se habían adiestrado allí, manteniéndose fieles a su causa.

Cuando levantó la vista del mapa encontró los ojos esmeralda esperándole. Estaban al otro lado de la mesa, fijos en él, observándole casi con indignación por no haber reparado antes en ellos.

—Link, me alegra que al fin te unas a nosotros —dijo Riju —estamos intentando prevenir un nuevo ataque de Tanagar. Si usamos las bestias divinas para-

—No podemos hacer eso —interrumpió Zelda —si las movemos, las cuatro grandes regiones quedarán desprotegidas. Eso es lo que quiere Tarek. No creo que a él le importe demasiado hacerse con el control de los establos de la llanura o de Tabanta. Él quiere ocupar todos los tronos de Hyrule, dejándolos sin la protección de las bestias lo tendrá mucho más fácil.

—Entonces apuntemos los disparadores hacia la Fortaleza de Cruz de Espadas —propuso Riju —de un solo disparo todo habrá acabado.

—Habrá muchos muertos. Personas a las que no les habremos dado la opción de elegir —repuso Zelda —No quiero que haya más víctimas.

—¿Qué pasa con Hatelia, con Akkala y Onaona? ¿Qué pasa con el resto de pueblos que no tienen a esas bestias sobre sus cabezas? —intervino el alcalde Reede.

—Tenemos que pensar en la forma de protegerlos. Se nos ocurrirá algo.

—Sin un ejército es complicado —el alcalde Reed tenía el puño sobre el mapa —más vale que se nos ocurra algo cuanto antes si no queremos que más de los nuestros sufran las consecuencias.

Los ojos de Zelda relampaguearon por un instante, pero los sheikah tomaron el control antes de que ella pudiera decir nada.

—Creo que todos necesitamos un descanso —intervino Zheline —llevamos demasiado tiempo enfrascados en este mapa. Además, dentro de nada servirán la comida. Propongo un receso y después podemos seguir con esto.

Link vio cómo Zelda suspiraba con alivio, mientras desaparecía la tensión de sus hombros. Todos los que había allí comenzaron a abandonar la posada, él se hizo a un lado dejándoles pasar.

—Link, espero que más tarde podamos compartir un trago —dijo Rotver cuando pasó a su lado.

—Por supuesto, esperaba que me lo propusieras.

En la sala ya sólo quedaban Riju y Zelda. Cuando la joven matriarca pasó a su lado se quedó observándolo con curiosidad, ya que él no se había movido de su posición.

—¿No vienes, Link?

—Tengo una cosa que hablar a solas con su alteza real.

Riju giró la cabeza hacia Zelda, que tenía las manos apoyadas sobre el mapa y parecía ajena al resto del mundo, perdida en sus pensamientos. Riju frunció un poco el ceño y caminó despacio hacia la salida, volviendo la cabeza hacia ellos dos justo antes de salir por la puerta.

Link esperó en silencio un par de segundos antes de acercarse a Zelda por la espalda. Tomó aire con profundidad y le rodeó la cintura con ambos brazos, atrayendo el estrecho talle de Zelda hacia su cuerpo. Ella permaneció tensa un poco más antes de rendirse a él. Apartó las manos de la mesa y las puso sobre los brazos que la rodeaban. Link hundió la nariz entre su pelo y el cuello para respirarla, y ella se inclinó un poco más hacia atrás para permitir que lo hiciese.

—Me… me alegra que hayas despertado —murmuró ella, apenas con un hilo de voz.

—¿Estás bien? —preguntó él, mientras depositaba una nube de besos cortos en su cuello.

—Tendría que ser yo la que pregunte eso.

—Estoy bien. Esa cama gerudo es demasiado cómoda, podría dormir ahí otros cien años —Zelda soltó una pequeña risa y él la apretó un poco más entre sus brazos mientras alcanzaba su cara con un beso.

—Link, alguien podría entrar por la puerta y-

—¿Te molesta que te abrace?

—No. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que si alguien-

—No pienso salir de aquí sin darte un beso —interrumpió él —después podemos perdernos en protocolos y tendremos que aguantar sin estar juntos.

—Está bien —suspiró ella.

Tiró de sus manos para que él aflojara el abrazo y así poder darse la vuelta para encararle. Observó que Zelda tenía los ojos un poco más claros, "ha estado llorando" pensó, no era la primera vez que los veía de ese color. Fue ella la que tomó su cara entre las dos manos y se acercó. Él quiso presionar los labios contra los suyos de inmediato, pero aguardó, era ella la que estaba marcando el ritmo lento y desesperante de aquel beso. Entreabrió los labios y sintió el roce de los de ella como uno contacto mínimo, aún tuvo que esperar un par de segundos más antes de que ella decidiera fundirse del todo con él, provocándole una intensa sacudida.

—Zelda… —murmuró al sentir que ella rompía el beso. Sonó como una súplica para evitar que se apartase de él.

—Tenemos que volver con los demás —dijo ella, mientras le acariciaba la mejilla con la nariz.

Él se apartó un poco, pero mantuvo las manos firmes en su cintura. Era tan delicada que sentía que sin ningún esfuerzo podría levantarla del suelo, llevársela de allí a donde nadie pudiera molestarles. Zelda desvió la mirada a un lado, recuperando la expresión ausente que tenía al terminar la reunión.

—No te preocupes tanto, no hemos contado con los goron. Ellos son muchos, nos ayudarán a proteger las tierras del Este. Además, seguro que la muralla de Hatelia ya está terminada del todo, apenas quedaba una semana de trabajo cuando partimos de allí. La ciudad estará bien protegida con la muralla.

—¿Cómo está Kei? —preguntó ella, con los labios tensos, apretados —Y no quiero que me digas cualquier cosa para conformarme, Link. Quiero saberlo todo, quiero saber la verdad.

—Ahora está fuera de peligro —contestó, mientras le apartaba un mechón de pelo de la cara para esconderlo tras la oreja. Ni siquiera con sus caricias Zelda conseguía relajar la expresión —Los emboscaron al oeste del gran puente de Tabanta. Eran cinco, los hombres de Tarek eran al menos veinte. Iban a caballo, portaban lanzas largas. Kei no tuvo ninguna opción, estaban en desventaja en todos los sentidos.

—Una de esas lanzas… —dijo ella con la voz temblorosa.

—Le atravesaron el costado izquierdo. Kei había perdido el escudo en una afrenta anterior. Por suerte más orni llegaron. Cuando vieron a Kei se lo llevaron de allí por aire, de inmediato —Zelda volvió a acercarse a él para abrazarle y apoyar la cabeza sobre su hombro —Tyto se hizo cargo de él en cuanto llegaron, puso a Kei en manos de uno de sus mejores médicos. No es medicina sheikah, pero tampoco a ellos se les da mal.

—¿Pudiste hablar con él?

—No. No estaba despierto cuando llegué, le habían dado algo para que durmiese y… pero no tenía mal aspecto, te lo prometo. Los que lo habían cosido dijeron que se recuperaría.

Zelda no dijo nada. Se limitó a cerrar los ojos y seguir apoyada en él. Link tenía la sensación extraña de que ella sabía algo que él ignoraba, pero ¿qué podría ser? Le acarició el pelo, que caía en cascada por toda su espalda y también él se dejó vencer por el momento.

—¿Alteza? ¡Oh! Siento molestar… yo venía a…

—Zheline, espera, no molestas —dijo Zelda, apartándose bruscamente al descubrir a Zheline en la puerta.

—Yo voy afuera, me están esperando —dijo Link. Puso la vista en el suelo y en dos zancadas estaba en el exterior.

Suponía que Zheline sabía que entre él y Zelda había algo. Rotver lo sabía. Muchos lo sabían o lo sospechaban, pero no dejaba de ser incómodo, no se sentía con el derecho de estar con la princesa de Hyrule a la vista de todos. Buscó a Azu y Medda entre la multitud y se unió a ellos. Casi se le había juntado el almuerzo con el desayuno, pero el asado olía tan bien que Link volvió a sentir apetito de inmediato, y comer le haría olvidar el momento incómodo que acababa de vivir.


Pasaron el día entero organizando una estrategia de defensa para los grandes núcleos de población de Hyrule. Link no fue muy activo en las decisiones. Le parecía peligroso dispersar las pocas fuerzas que tenían a un lado y a otro, si Tarek decidía atacar tardarían días enteros en reunir un número suficiente de soldados que pudieran hacer frente a su ejército. Con esa estrategia conservadora tampoco estaban a salvo de los ataques esporádicos, en grupos pequeños, como el de la posta de Tabanta, cuando hirieron a Kei. En su opinión lo más práctico era atacar frontalmente de una vez, obligar a Tarek a rendir sus ejércitos y firmar la paz, pero Zelda se oponía a que hubiese ningún tipo de enfrentamiento, quería evitar que aquello se convirtiese en el inicio de una guerra.

—Llevas todo el día medio mudo, muchacho.

Habían encendido hogueras por todo el Bazar Sekken, y él estaba sentado y taciturno en una de ellas hasta que Rotver apareció a su lado.

—¿Qué hay de ese trago que me prometiste esta mañana? —respondió Link.

—He venido a buscarte justo por eso. Acompáñame. A Zheline no le gusta verme por ahí con mi licor de café y he encontrado un lugar tranquilo, un poco apartado de todo este bullicio.

Link sonrió y se puso en pie. Rotver lo guio hacia las afueras del oasis, donde aún permanecían las ruinas de lo que fue un antiguo templo. Columnas de piedra y muros derrumbados sobresalían entre las dunas de arena. Con un poco de yesca encendió una hoguera, y ambos se arrebujaron en sus capas mientras esperaban que el fuego comenzase a arder con más fuerza.

—Tranquilo, muchacho, que tiene que quedar un poco de esto para los dos —dijo Rotver, al ver que Link daba un trago más que generoso a la botella de licor.

—La última vez que bebí contigo fue en Kakariko, antes de la celebración del Fin del Cataclismo —recordó Link —Y míranos ahora, volvemos a estar metidos en problemas.

—Son problemas de una dimensión menor —dijo Rotver —No se puede comparar a esa bruja y su ahijado con la Bestia de la Oscuridad.

—Aun así, son problemas. Hemos estado a punto de perder a Kei, y perderemos a muchos más si entramos en batalla.

Por un momento, ambos estuvieron en silencio, compartiendo la botella de manera alternativa. El licor era especialmente fuerte esa vez, y se agarraba a la garganta y al paladar.

—Tal vez se pueda negociar, tal vez no sea necesario entrar en combate. Esa rata tiene que tener un precio —dijo Rotver de repente, arrojando un palo de madera a la lumbre.

—Su precio es demasiado alto.

—No me refiero a hacer caso de su ridícula petición de casarse con su alteza real —dijo Rotver, poniendo los ojos en blanco —sino a otro precio.

—Es obstinado. No aceptará nada por debajo de eso.

—Pues entonces es un camino de una sola dirección, porque su alteza real jamás aceptará un trato así.

—No estoy tan seguro —dijo Link. Y volvió a beber un trago largo que le dejó fuego en la garganta.

—Pues… déjame que te diga que deberías estarlo. No creo que nuestra princesa escoja a otro que no seas tú, muchacho. Y menos a ese Tarek.

—Su decisión no es entre Tarek y yo. Es entre el pueblo de Hyrule, la supervivencia de sus habitantes y yo. No estoy seguro de que nuestro amor sea capaz de sobrevivir a una decisión así.

—Esto es lo más ridículo que he escuchado en todo el día —Rotver se puso en pie. Tenía las mejillas sonrojadas por el alcohol y se tambaleaba ligeramente —Siento deseos de golpearte.

—No durarías ni medio asalto…

—Me subestimas, mocoso.

Rotver lanzó el puño contra Link, pero lo único que consiguió golpear fue una bocanada de aire para luego caer de bruces en la arena. Link rompió a reír a carcajadas y se levantó para ayudarlo a incorporarse, pero Rotver se revolvió contra él y lo puso contra el suelo, usando el antebrazo para inmovilizarlo por el cuello. Link intentó zafarse de él un par de veces, pero el anciano lo tenía bien sujeto contra la arena.

—Ahora escúchame bien. No quiero volver a oír esas lamentaciones nunca más. Te he visto enfrentarte al mismo Cataclismo por salvar a esa joven, cuando no eras ni la sombra de lo que eres hoy, eras un saco de huesos sin memoria… ¿es que ya no te interesa la princesa Zelda?

—Agh, diablos… me estás ahogando, sí me interesa —gruñó Link como pudo, con la garganta aprisionada por el brazo de Rotver.

—No te oigo bien…

—¡Sí me interesa! —gritó él. Intentó de nuevo quitarse a Rotver de encima pero sólo logró que este apretase más el brazo contra el cuello.

—Bien. Pues olvida todo lo demás. Olvida quién es Tarek, quién es la princesa de Hyrule y quién eres tú mismo. Céntrate en tu objetivo y ya está. El resto de los problemas se solucionará de otra manera, cada cosa a su tiempo.

—¿T-tú crees?

Rotver aflojó la presión del brazo y lo liberó, quitándose de encima.

—Si te casas con ella antes de que lo haga ese estúpido no habrá ninguna decisión que tomar —dijo el anciano, cruzándose de brazos.

Link se puso en pie. Estaba aturdido, ingrávido. No era tan mala idea, ¿no? De todas maneras ambos se querían y eso era lo único importante, ¿qué más daba si lo de casarse ocurría antes o después?

—Por la Diosa… —murmuró Link y rescató la botella para pegar otro trago.

—Cuanto antes lo hagas mejor —dijo Rotver, como si pudiera leerle el pensamiento.

—¿Y si me dice que no?

—¿Por qué diablos iba a decirte que no?

—Yo… no lo sé.

—¿Por qué no vas a preguntárselo?

—¿A-ahora? —Link sintió que el mundo empezaba a girar a toda velocidad. Fijó los ojos en las extrañas gafas metálicas de Rotver para no perder un punto de referencia que lo mantuviese en equilibrio.

—Sí, ahora. ¿Es que piensas seguir así eternamente? Viéndola a escondidas, viviendo a expensas de que algún gordo pomposo con ínfulas de grandeza venga a reclamar su mano y que ya no puedas hacer nada por evitarlo… pensaba que había coraje en ti, muchacho.

—Diablos… —dijo Link, llevándose la mano a la boca. El corazón le latía con tal velocidad que le costaba retenerlo dentro del pecho.

—Imagina que es un viejo el que viene a pedir su mano, un asqueroso anciano heredero de una casa real menor… ¿la dejarías en manos de un viejo solo porque no encontraste el coraje de pedírselo tú antes?

—Por todos los infiernos…

Link imaginó a Tarek manoseando a Zelda, a un viejo manoseando a Zelda, a los soldados borrachos que había en la taberna de Meena manoseando a Zelda… Rotver tenía razón. No es que quisiera convertir a Zelda en algo de su propiedad, no conocía a nadie más independiente que ella, pero la idea de poner en firme de una vez por todas su relación empezaba a cobrar mucho peso en su cabeza. Ya no habría más camas separadas, ni dudas, ni roces ocultos por debajo de la mesa. En lugar de eso, Zelda estaría todas las noches en su cama, en sus brazos, en su casa… A Link le pareció inverosímil no haberse dado cuenta de eso antes.

—Voy a decírselo —dijo de repente, con una voz que no era la suya.

—¡Bien! —celebró Rotver, y pegó otro sorbo a la botella, que estaba ya en las últimas —¿Ahora?

—Ahora.

—¡Así se habla!

Conforme echaron a andar de vuelta al Bazar Sekken, Link sintió que le temblaban las piernas.

—No puedo hacerlo —dijo de repente, deteniéndose en seco. Rotver, que iba a su espalda, chocó contra él.

—¿Por qué? Vamos, no seas cobarde.

—Es que… no tengo nada que ofrecerle, yo no soy más que un… ¿qué diablos le voy a decir?

—No tienes que ofrecerle nada, con tu presencia es más que suficiente.

—Pero, Rotver…

—Venga muchacho, hace mucho que no celebramos una boda real. Habrá comida, bebida y mujeres hermosas por todas partes… podríamos celebrarla aquí mismo en el desierto.

—N-no lo veo tan claro —Link comenzó a caminar empujado por Rotver, que se había apostado a su espalda y lo hacía avanzar presionándole los riñones.

Cuando llegaron a las hogueras, había mucho menos ambiente. La mayoría se había retirado ya a dormir. Dieron una vuelta completa al oasis antes de advertir algo evidente: faltaban todas las mujeres.

—No sé dónde diablos se habrán metido todas —gruñó Rotver, rascándose la cabeza.

—Habrán ido a dormir a la Ciudadela. —razonó Link.

—Qué mala suerte… ahora que te habías decidido…

—Da igual. La realidad es que me da pánico pedirle matrimonio a una princesa. —Link estaba borracho del todo. Si le quedaba algún grado de lucidez estaba terminando de eliminarlo con otra botella que habían encontrado durante su ronda en el oasis.

—Es más fácil que pedirle matrimonio a una mujer sheikah, estoy seguro —Rotver se dejó caer en el suelo, junto a una palmera que crecía cerca de la orilla del oasis. Link lo imitó. Casi todas las hogueras estaban apagadas y se oían ronquidos procedentes del interior de las tiendas.

—¿Quieres que juguemos a un juego? —dijo Link, tropezando un poco las palabras al hablar.

—¿Qué juego?

—Uno de contar.

—No me harás contar estrellas ni nada de eso, mocoso, estoy tan mareado que podría acabar muy mal…

—No… es de contar todos los votos que me he saltado desde que soy caballero.

—Diablos —acertó a decir Rotver, que le quitó la botella de las manos para beber él.

—Uno. —comenzó Link. —Voto de obediencia. Obediencia al rey Rhoam de Hyrule… Sí, ese lo he violado unas cuantas veces. ¿Me oyes Viejo? ¡Lo he violado mil veces al menos delante de tu enorme nariz!

—Seguro que eran tonterías de juventud, y hace cien años de eso, no perturbes a los muertos, me dan escalofríos sólo de pensarlo. Además, ese delito ya está caducado —sentenció Rotver.

—Dos. —Link agarró la botella y se la llevó a la boca para beber como si fuese agua —Voto de pobreza. No puedo ni contar las rupias que he acumulado y escondido por todo el reino. Siento vergüenza. Y mira este re…r…luciente brrawzalete gerudo. Es de oro y vete a saber q-qué más joyas preciosas…

—Hay que ahorrar para los malos tiempos. Si hubiera sido tú, habría hecho lo mismo.

—Tres.

—¿A qué estáis jugando?

Link echó la cabeza atrás contra el tronco de la palmera para ver un rostro conocido sobrevolando sus cabezas. Era una mujer gerudo que había conocido un año atrás, durante su incursión en la Ciudadela.

—¡Vilia! Ven, siéntate con nosotros. Tenemos bebida y además estamos jugando a contar. Rotver, esta es mi amiga Vilia, sí… mi amiga que me permitió vestir de mujer, como siempre he querido. Yo soy Violet, ¡Violet! ¿Me rec-cuwerdas?

—Cielo, estás bastante borracho, pero incluso así me pareces adorable —dijo Vilia, removiéndole el pelo como a un niño pequeño y soltando una carcajada.

—Mi señora —Rotver se puso en pie y le tomó la mano para besársela con total solemnidad —Sería un honor que una mujer tan espectacular como vos se sentara con nosotros a compartir esta botella de licor.

—Me quedo, pero solo porque estáis muy borrachos y necesitáis que alguien cuide de vosotros… por todas las arenas… estos shiok no aguantan nada la bebida…

—¡Fabuloso! —celebró Rotver, dejándose caer de nuevo sobre la arena. —Violet, sigue contando.

—¿Por dónde iba? Trrrres —dijo Link —El voto a Sagrado. ¡Oh! Ese es uno de mis favoritos…

—¿Qué es el voto a Sagrado? —preguntó Vilia.

—Consiste en jurar honrar a la Diosa Hylia. Todos los shiok ungidos caballeros en Hyrule han de hacerlo, honrar a la Diosa —aclaró Rotver.

—Sí… y yo la he honrado de maneras que no puedes ni imaginar —dijo Link, mirando hacia las estrellas —Debería estar en el infierno por lo que he hecho, o pensado, o soñado… ni siquiera deberrríamos seguir contando. No. Con este es suficiente para condenarme sin tener en cuenta todos los demás…

—¿Tú qué sabes, mocoso? A lo mejor la has honrado con todos esos pensamientos —Rotver soltó una carcajada enorme y Link terminó riéndose con él.

—¿Qué pasa con el voto de castidad? ¿No tenéis de eso los caballeros? —insinuó Vilia.

—Sí… el famoso voto de castidad —dijo Link, dio un trago tan largo a la botella que se atragantó y terminó tosiendo —De ese no estoy seguro.

—¿Cómo no vas a estar seguro? —le reprochó Rotver —¡tú sabrás lo que has hecho para violarlo o no!

—He hecho cosas q-que no son muy castas, yo… he tocado-

—Es suficiente, no quiero saber más —interrumpió Rotver, tapándose los oídos.

—¡Ah! Abuelete… ahora que la cosa se ponía interesante —se quejó Vilia.

—Quiero ir a buscar a Zelda ahora —decidió Link, poniéndose en pie —si me caso con ella esta noche, os juro que violaré todos los votos a la vez. Seré el caballero con más deshonra en la historia de Hyrrrwule.

—Por fin dices algo con sensatez y clarividencia. El Vigilante está contigo, te bendice con su don de la visión —dijo Rotver, poniéndose en pie también.

—¿A dónde creéis que vais los dos? Es muy tarde para cruzar el paso del desierto, estáis tan borrachos que no daréis dos pasos sin caer de boca en la arena —dijo Vilia, cruzándose de brazos —Además. Los shiok no pueden entrar, os lo recuerdo por si lo habíais olvidado.

—Pero tú puedes convertirme en mujer —dijo Link, agarrando a Violet de la mano —te lo suplico, ayúdame a ser una mujer otra vez.

—Yo también quiero convertirme en mujer —suplicó Rotver.

—¡Ni hablar! Mañana os arrepentiréis de toda esta locura. No pienso ayudaros a nada de esto.

—Mi señora —dijo Rotver, arrebatando a Link la mano de Vilia —Poderosa reina hechicera de corazones solitarios en las arenas. Pensad que estáis ayudando a un joven caballero enamorado, esclavo de sus juramentos ancestrales. ¿Qué puede haber de malo en eso?

—Abuelete, tienes una lengua más venenosa que la de las serpientes del paso de Dahr. —carcajeó Vilia —Está bien. Acompañadme. Veremos qué puedo encontrar para vosotros en mi tienda.


Notas del capítulo 17

Queridos amigos. Este capítulo es el reflejo de los desequilibrios mentales que a veces padezco… xD Espero que sepáis entender semejante despropósito! Jajajajajaja.

Fuera de bromas, a veces me gusta intercalar escenas un poco más cómicas en medio de tanto drama. Os vuelvo a advertir que se avecinan momentos más complicados (en todos los sentidos) y este capítulo no es más que la antesala de lo que está por llegar. Borracho o no, la idea de casarse ha entrado en la cabeza de Link, y era una transición necesaria en el personaje que más tarde tendrá sus repercusiones.

Este es el capítulo más corto que he escrito hasta la fecha, porque en realidad está unido a todo lo que viene a continuación y dejarlo así me suponía un capítulo excesivamente largo…

La semana que viene no habrá capítulo. Realmente necesitaré tiempo para darle varias vueltas a una escena complicada que tuve que escribir y prefiero hacerlo con paciencia (igual al final el resultado es el mismo, pero para mí es preferible hacerlo así).

Gracias por seguir ahí! Un abrazo -Nyel2