¡Hola!
Perdonen la tardanza, la verdad es que han pasado millones de cosas, y no había podido escribir nada de este fic desde ese entonces. Pero bueh… Aquí vengo de nuevo con otro capítulo.
Desde aquí empezarán las cosas raras y los verdaderos problemas para nuestra querida Akane. No le diré nada más, sólo… lean. ;D
El despertar de la oscuridad
Luego de intentar convencer a todos sus familiares de que lo que vieron había sido producto de una investigación escolar acerca en la facilidad con la que las personas caían en engaños y estafas, gracias de su obsesión por rituales de magia y artes oscuras, se fue a la cama aliviada de haber salido airosa de las preguntas que le realizaron su padre y Nabiki.
Había sido consciente de que la excusa que les dio a todos minutos antes era realmente patética, pero al menos le reconfortaba saber que no descubrieron el verdadero objetivo del ritual.
Terminó por sentirse como la idiota más grande sobre la faz de la tierra ¿Cómo era posible que hubiera gastado tiempo y dinero en estupideces como las que acababa de realizar? Era lo suficientemente honesta consigo misma como para saber que el enorme deseo que tenía por enterarse del auténtico motivo por el que murió su madre, era una poderosa razón que le haría tomar una decisión importante; sin embargo jamás se creyó capaz de llegar hasta esos extremos.
Giró su cuerpo hacia un costado intentando acomodarse mejor para dormir un poco. Observó a P-chan moverse y decidió cubrirlo con su cobertor para protegerlo del frío. Cerró sus párpados y suspiró con resignación, acto seguido se relajó y dejó que los brazos de Morfeo la envolvieran dulcemente.
El silencio en la habitación sólo era interrumpido por el tic-tac del reloj y la respiración pausada de Akane. Sin embargo, esos no fueron los únicos sonidos que se escucharon, algo parecía despertar bajo la cama; la tabla que hace un momento había arrojado para evitar más cuestionamientos, comenzaba a moverse. El oráculo señalaba con agilidad varias letras en el tablero produciendo un débil crujido en la madera.
P-chan quien se encontraba profundamente dormido despertó asustado a causa de una pesadilla, rápidamente se percató del extraño sonido y observó con cautela a su alrededor esperando encontrar el lugar de donde provenía el ruido. Atemorizado por su sueño y el misterioso chirrido el cual no parecía tener emisor, se cubrió con la manta e intentó ignorarlo por completo
Cansado de intentar fingir que no prestaba atención al murmullo que se escuchaba, optó por despertar a Akane; colocó sus patas sobre la nuca y hombros de la peli-azul e intentó sacudirla levemente, se detuvo esperando obtener respuesta por parte de ella, pero para su infortunio Akane no se movió.
El ruido bajo la cama se intensificó un poco, alertando más al pequeño cerdo que luchaba por no caer desmayado al instante. Notó una presencia observándolo desde algún punto de la habitación y de inmediato profirió un grito ahogado del que sólo fue testigo el silencio.
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Los primeros rayos del sol iluminaban tenuemente la habitación llenándola de una suave calidez. La calma reinaba en el ambiente y sólo era interrumpida por los ronquidos de las dos personas que habitaban allí. De pronto y como si de un terremoto se tratara, apareció Akane totalmente enfurecida agitando la madera con cada paso.
— ¡Ranma!—Gritó completamente fuera de sí.
El oji-azul que se encontraba profundamente dormido despertó gracias al escándalo que provocó si prometida. Lentamente se incorporó, frotó sus párpados y se desperezó ágilmente como un felino. Un momento después, entornó sus aún adormilados ojos en la figura que se encontraba en la puerta de su habitación, y se llevó una gran sorpresa al observar que ella le regalaba una tajante mirada.
Sintió pánico y desconcierto al ver el espeluznante gesto de Akane, instintivamente se alejó tratando de contrarrestar el impacto que le producía la fiereza en la expresión de la peli-azul y no pudo evitar preguntarse si había hecho algo realmente malo como para que ahora se encontrara tan terriblemente molesta.
—A…Akane…—Pronunció con terror.
— ¡Idiota! ¡¿Cómo te atreves a golpear así a P-chan?—Espetó descargando su ira en cada palabra que pronunciaba. —Es sólo un animal indefenso, no tenías porqué hacerle eso.
— ¡¿Qué? ¿Pero de qué me estás hablando?—Cuestionó Ranma totalmente confundido. —Yo no he…
Una enorme mesa que antes se encontraba en el pasillo, se dirigió rápidamente hacia el oji-azul, alcanzándolo y golpeándolo directamente en el rostro.
—Lo tienes bien merecido. —Finalizó marchándose a paso rápido de la habitación.
El panda que había estado plácidamente dormido despertó por el estruendo que provocó la mesa al chocar contra el suelo. Se incorporó y observó la escena que minutos antes se llevó a cabo y no pudo evitar ver a su hijo, con la mirada perdida y una gran marca color rojo que se expandía por sus mejillas, frente y barbilla.
Un letrero de madera emergió de pronto posicionándose justo en frente del rostro herido de Ranma, en él se podía leer claramente: "Uy, eso debió doler"
Un golpe en la cabeza fue la única respuesta que el enorme panda obtuvo a su "preocupada acción" un minuto después se dedicó a observar como su hijo se levantaba molesto maldiciendo por lo bajo, mientras tomaba su ropa y salía de la habitación para dirigirse al comedor.
El desayuno transcurrió en condiciones estrictamente normales; desde el violento encuentro en la habitación de Ranma, Akane no le dirigía la palabra, se había dedicado a ignorarlo olímpicamente, acto que no pasó desapercibido para el artista marcial.
La peli-azul se levantó de la mesa y despidiéndose de sus familiares caminó hacia la entrada, calzó sus zapatos y sin mirar atrás se dirigió hacia la escuela. Ranma quien se encontraba enojado y desorientado por la manera en la que estaba actuando su prometida, decidió darse prisa y alcanzarla, para así conseguir algo de información por el camino.
Finalmente estuvo cerca de ella, así que buscó dentro de su mochila un cuaderno de apuntes, rompió una hoja y con ella realizó varios cortes que se convirtieron en pequeños círculos de papel que arrojó una y otra vez hacia Akane. Cada trozo daba justo en la mejilla de la pequeña guerrera, que completamente harta del molesto juego de su prometido decidió encararlo.
—Basta, deja de hacer eso. —Ordenó con una fulminante mirada.
—Akane, ¿De qué me hablabas hace un rato cuando dijiste que había golpeado a ese cerdo?
—No te hagas el inocente, sabes perfectamente a qué me refiero.
—No he hecho nada, mucho menos entraría a tu habitación para golpear a Ryo…—Llevó sus manos hasta su boca intentando enmendar su error.
— ¿Ryo? ¿Ryoga? ¿Qué tiene que ver Ryoga en todo esto?—Inquirió confundida.
—Olvídalo… Sólo quiero dejar claro que no fui yo el que golpeó a P-chan ¿Está bien?
—Ya deja de negarlo, no tienes escapatoria, ¿Quién más lo haría?
—Pero que obstinada, ya te dije que no lo hice yo, no me empañaría en negarlo de haber sido así. —Refutó antes de detenerse en la entrada de la escuela. —Ah, por cierto, no sabía que debíamos hacer ese proyecto extraño que estudiabas en la madrugada, debiste decírmelo al menos.
Akane sólo lo observó sintiéndose culpable por haberlo golpeado de esa manera tan violenta, después de todo Ranma parecía no mentir al respecto, sin embargo, sino fue él ¿Quién había sido el causante?
—Eres un tonto, deberías prestar más atención. —Reprendió la peli-azul al tiempo que apresuraba el paso para intentar evadir más preguntas con respecto a su "proyecto escolar"
Ranma la siguió lentamente, esta vez pensando en lo que le había sucedido al pequeño cerdo, ¿Cómo era que lo habían atacado de esa manera tan cobarde? ¿Se trataba acaso de algún guerrero que agredía a los que habían caído a los estanques de Jusekyo? ¿O sólo había sido P-chan que se lastimó mientras trataba de huir? Millones de pensamientos iban y venían en respuesta a lo sucedido.
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Las clases pasaban como en una película muda; se veían los distintos ademanes que realizaban los diferentes profesores, pero nada lograba atraer la atención de Ranma y Akane. Ambos esperaban con ansiedad la hora del receso, para escapar por un momento de esa agobiante monotonía.
Finalmente se escuchó el timbre que indicaba que saldrían por treinta minutos para descansar. Akane y su grupo de amigas, se dirigieron rápidamente hacia el lugar al que habitualmente asistían para compartir su comida.
Todas hablaban con desbordante alegría, casi como si no hubiera mañana. Era una cualidad bastante difícil de imitar, al menos con un secreto como el que llevaba Akane, ese karma era lo suficientemente fuerte como para no dejarla sentirse tranquila y completamente feliz.
Sonrió observando cómo sus dos mejores amigas reían sin descanso al recordar una de sus tantas aventuras. En ese instante se dio cuenta de lo valioso que resultaba compartir y atesorar esos recuerdos felices. Esperaba que cuando ella ya no estuviera, sus amigas pudieran sonreír de la misma manera en la que lo hacían ahora.
Tan rápido como esa efímera sonrisa apareció, se esfumó sin dejar rastros. Ahora sus amigas tocaban uno de los temas que más le había inquietado últimamente.
— ¡Sayuri, esa adivina sí que es de las mejores, realmente le acertó a lo que sucedería, palabra por palabra, todo ocurrió tal cual ella lo mencionó!—Expuso ansiosa Yuka.
— ¿Hablas en serio?—Preguntó Sayuri con la sorpresa implícita en sus ojos. —No puede ser, eso quiere decir que… ¡También a mí se me hará realidad!
Ambas chicas gritaban y se abrazaban celebrando su fortuna, sin darse cuenta de que Akane se encontraba terriblemente afectada por lo que acababan de decir.
— ¡Genial, tendremos novios que nos amen realmente, esto es increíble!—Anunció una de las muchachas levantando su brazo en señal de victoria.
— ¡Tienes razón, esto es muy emocionante!—Festejaba Sayuri, uniéndose a la ovación de su amiga.
Volvieron su vista hacia Akane quien se encontraba allí en silencio con su mirada perdida y sus puños apretados, ambas se sintieron un poco culpables por haberla dejado a un lado, así que decidieron preguntarle algo, para romper el hielo y que de esa manera ella participara también.
—Por cierto, Akane, no nos dijiste la otra noche lo que la adivina te dijo… ¿Era algo malo?—Inquirió Yuka recordando la reacción que la peli-azul tomó luego de ver a la psíquica.
—Ah, no por supuesto que no, solo me dijo que viajaría a otro país luego de terminar la escuela. —Mintió con desinterés.
— ¿De veras?—Manifestaron al unísono sus amigas, juntando sus rostros y manos totalmente maravilladas por el "destino" de Akane.
— ¡Ah, claro!—Exclamó Yuka golpeando con el puño su otra extremidad como si se tratara del martillo de un juez. —Por esa razón reaccionaste de esa forma ¿No es así? Te sentías triste por dejar a Ranma, a tu padre y a tus hermanas.
—Sí… Era por eso…—Masculló la peli-azul deseando que esa hubiera sido la verdadera causa de su estado.
—Estaremos contigo, Akane, no tienes por qué temer. —La animaron sus amigas.
—Gracias chicas…—Agradeció incómoda, rogándole al timbre que sonara para regresar a clases y olvidar de una vez por todas ese tema.
Volvieron al aula nuevamente entre risas y cotilleos hasta que la clase de la profesora Minako dio comienzo; a pesar de que era sólo una chiquilla hablando, los alumnos la respetaban por el temor de que usara la técnica de la moneda con alguno de ellos, por esa razón preferían enfocarse en cada palabra que pronunciara.
Akane aprovechó el silencio para dedicarse a pensar, hace sólo un momento al oír mencionar que la pitonisa había acertado en sus predicciones, recordó algo que tal vez pudiera referirse a alguna de las cosas que ella mencionó en sus pronósticos.
"Fuerzas oscuras están a punto de ser despertadas"
¿Se referiría eso a la maldición que Akane obtuvo con el piano? ¿O con esa frase citaba al fallecido abuelo del hombre que le vendió la tabla? ¿Era acaso un indicio de que la profecía se cumpliría?
"¡Estás en peligro!"
Esa frase llegó a su mente reflejando la realidad; desde que se enteró de la maldición justo así se sentía, era realmente difícil para ella vivir un día sin sentir temor, sin evitar preguntarse si sería lo último de su existencia.
Dejar de existir simplemente le daba pavor. Justo en ese momento la agobiaba el concepto de la muerte.
La escuela terminó y la tarde se hacía presente una vez más en el cielo de Nerima. Le ayudó un poco haberse quedado en la escuela haciendo la limpieza con sus amigas, así evitó pensar de más en lo que tanto la angustiaba, no obstante, sus labores habían terminado y ahora no le quedaba más remedio que volver a casa.
Cenó y decidió entrenar un poco al no dar con el paradero de P-chan, se preocupó por un momento al recordar que su "mascota" se encontraba herida, pero se dio ánimo pensando que regresaría pronto.
Luego de unos momentos, se distrajo bromeando y golpeando a Ranma por cada burla que a él se le ocurrían para molestarla. Un rato más tarde regresó a su habitación para descansar.
La atmósfera estaba fresca y el cielo despejado adornó la noche con su "silencio astral" sin duda, era una de las mejores vistas que se pudiera tener desde su ventana.
Resopló un par de veces mientras tomaba el viejo libro y nuevamente lo guardaba bajo llave. Lo había llevado consigo para devolvérselo al Doctor Tofu, sin embargo no se le ocurrió alguna excusa para justificar su visita.
Se recostó en su cama, vistió su pijama y se dispuso a dormir. Horas después despertó bastante inquieta, algo sudorosa y jadeante producto del mal sueño que había tenido. Por alguna razón la pesadilla le había parecido muy real. Se incorporó lentamente y con el dorso de su mano limpió su frente del sudor. Suspiró dándose tranquilidad hasta que algo llamó su atención; un sonido se escuchaba cada vez más fuerte, parecía un silbido que con lentitud se transformó en un murmullo, se sintió seriamente observada y podía jurar que alguien respiraba en su cuello.
Asustada pero aún con algo de valor, decidió mirar hacia atrás, esperando ver a Ranma jugándole una broma, pero para su mala suerte en su habitación no había nadie más que ella.
Temblando y con sus manos sudorosas intentó levantarse, moverse o incluso hablar, sin embargo nada funcionaba, las órdenes que enviaba su cerebro parecían haberse bloqueado temporalmente.
La temperatura que antes estaba fresca, ahora era una brisa helada, el aire era denso y difícil de inhalar, se sentía desagradable, simplemente era espantoso.
El murmullo seguía escuchándose, provocando que cada vello del cuerpo de Akane se erizara, llenándola de pánico. Deseaba pedir ayuda, gritarle a Ranma, pero se sintió atrapada por su propio miedo, no podía hacer nada más que observar y sentir.
Cuando las cosas parecieron detenerse y Akane comenzaba a sentir alivio, la ventana de su habitación se quebró con fuerza, como si hubiera sido atravesada por alguna clase de objeto. Los cristales quedaron hechos trizas, dispersándose con velocidad en todas direcciones.
Akane intentó gritar con todas sus fuerzas, pero no salió más que aire de su garganta.
Uno de los grandes vidrios que se desprendieron se dirigía rápida y furiosamente hacia la peli-azul, que luchaba por recuperar algo de movilidad para lograr esquivarlo, pero no conseguía más que sentirse aprisionada por algo o alguien.
Cerró sus párpados esperando sentir el agudo dolor del enorme vidrio incrustándose…
Continuará…
Notas finales:
Gracias por leer, sé que siempre digo lo mismo, pero es verdad, es un honor que lean las cosas que escribo. *-*
¿Qué pasará con Akane? Bueno, ya veremos en el próximo capítulo si logra salir de ese peligro. ;D Espero que les haya gustado y que si es así puedan dejar sus comentarios, es de las pocas cosas gratis en la vida. XD Y harán feliz a una chica loca por Ranma.
Un besote y mil gracias a todos!
