Hola, siento la tardanza en actualizar, pero es que ahora sí me queda poco tiempo y llego cansada así que no había podido dedicarme de lleno a escribir. En fin, acá les dejo el nuevo capítulo de esta historia, espero que lo disfruten mucho, a mí personalmente me gustó un montón, así que aspiro que sea de su agrado también. ^^
Ataque en el consultorio
La movilidad de su cuerpo era totalmente nula; por más esfuerzo que pusiera no conseguía que sus articulaciones respondieran a las órdenes que enviaba. Le aterraba pensar que no lograría esquivar el vidrio que rápidamente se dirigía hacia ella, así que nuevamente y con desesperación intentó moverse una vez más pero no lo consiguió; asustada y casi entrando en pánico por la cercanía del objeto punzante cerró sus ojos esperando sentir el impacto.
Un punzante dolor en el costado izquierdo de su abdomen la invadió completamente, al mismo tiempo que un tibio líquido se encargaba de recorrer larga y lentamente su vientre.
El miedo y el dolor continuaban firmemente aferrados a ella, cada vez le costaba más respirar y la movilidad de la que antes carecía había regresado acompañada de millones de pensamientos atemorizantes acerca de su estado.
Intentó ponerse en pie pero el dolor le evitó hacer cualquier movimiento. Observó la ventana deseando ver a Ranma entrar a través de ella pero sabía que eso no ocurriría; en su lugar contempló un par de cortinas que danzaban uniformemente gracias a la corriente de aire que entraba a la habitación.
Con lentitud dirigió su mano hacia el lugar en el que el vidrio la lastimó y se aterró al sentir como éste la había penetrado más profundo de lo que creía, estaba segura de que no se trataba de una herida superficial ni algo que se curara con una simple bandita, sabía bien que requería de algo más complejo y que si no se daba prisa perdería mucha sangre y su situación empeoraría.
Tomó el vidrio y usando un poco de su fuerza lo extrajo de su abdomen, observó el líquido escarlata cubriendo gran parte del punzante objeto e inmediatamente lo dejó caer al suelo. Con el miedo a flor de piel y perdiendo energía con rapidez, abrió su boca tomando una gran pero dolorosa bocanada de aire para intentar pedir ayuda.
—Ra…nma…—Consiguió pronunciar en un grito agónico.
Dirigió su mirada a la puerta de la habitación esperando verla abrirse con Ranma tras ella, completamente alarmado por el grito y con su rostro compungido en una mueca de horror al verla en ese estado. Los segundos pasaban haciéndose dolorosamente eternos, si Ranma o alguno de sus familiares no llegaban pronto, sentía que enloquecería.
Luego de unos segundos insoportablemente interminables escuchó el sonido de su puerta abriéndose.
— ¡Akane!—Escuchó gritar de esa voz tan familiar que en ese momento le alegró oír.
Se dejó caer inconsciente sabiendo que cuando despertara, todo el dolor que ahora sentía se habría calmado.
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Su corazón latía con fiereza dentro de su pecho, la inquietud y la preocupación se apoderaban del oji-azul evitando que algo de tranquilidad llegara a él. La imagen de Akane con su abdomen bañado en sangre rondaba en su cabeza asfixiándolo de desesperación y angustia.
La espera lo estaba matando, ver la entrada de ese consultorio sin abrirse le parecía una tortura interminable, necesitaba saber algo acerca del estado de Akane pero el Doctor Tofu no daba señales de querer salir de esa habitación ¿Tan mal se encontraba ella como para que el castaño se encontrara tan concentrado en el tratamiento que le estaba realizando?
Ranma caminó de un lado a otro como fiera enjaulada, evitando lo mejor que podía los gritos melancólicos de Soun que no había parado de llorar desde que se enteró de lo que le había sucedido a su pequeña.
Sin dejar de sentirse impotente el oji-azul intentaba infringirse valor y serenidad conforme pasaban las horas. En ese momento se percibió a sí mismo tan pequeño y miserable como una cucaracha, desde allí no podía hacer nada que no fuera aguardar, sin embargo esa espera era cada vez más tediosa y difícil de sobrellevar, él no sabía cómo se encontraba su prometida ni mucho menos tenía idea de qué había provocado que Akane terminara de ese modo ¿Habría sido un accidente? ¿O algo más se escondía tras las repentinas eventualidades que sufrieron Akane y P-chan en esa misma habitación?
Observó con tristeza y preocupación sus manos completamente manchadas con la sangre de la peli-azul, y pudo darse cuenta de lo frágil que era la vida al depender de ese tibio líquido carmesí; ahora entendía que lo que invadía sus extremidades era un trozo de esa vida que tanto amaba y deseaba ver bien.
Le resultaba increíble pensar que hace sólo unas horas se encontraban pasando un gran momento en el dojo, riéndose, golpeándose y molestándose el uno al otro como solían hacer, y que ahora no hubiera más remedio que esperar para poder saber cuál era su pronóstico. Era irónico como la vida te podía arrebatar en cualquier momento a alguien sin que pudieras hacer nada para evitarlo.
Miró constantemente esa puerta que parecía haberse convertido en el obstáculo infernal más grande que pudiera existir, y deseó con todas sus fuerzas que alguien saliera y calmara de una vez por todas ese incesante vacío que no había dejado de sentir desde que la vio agonizar en sus brazos.
—Ranma…—Le llamó una voz con dulzura y un dejo de compasión. —Estará bien, Akane es una chica muy fuerte.
—Lo sé, Kasumi, pero no puedo tranquilizarme luego de verla así. —Confesó con desconsuelo ladeando su rostro hacia la ventana más cercana para poder ver los primeros destellos sol que aún se escondía tras las nubes.
—Aún me pregunto qué fue lo que sucedió. —Habló nuevamente la mayor de las Tendo en el mismo estado de letargo que Ranma.
Horas más tarde, el doctor Tofu salió de su consultorio, con su rostro cansado y somnoliento, acomodándose sus lentes y viendo a la familia Tendo quienes se acercaban a él con increíble velocidad.
— ¡Doctor, dígame que mi pequeña está bien, no estoy listo para verla morir ahora!—Vociferó Soun en un grito nostálgico mientras se apretaba la cabeza y lloraba descompasadamente.
—Doctor, por favor díganos cómo se encuentra Akane. — Solicitó Kasumi ansiosa por saber lo que el castaño tenía que decir acerca de su hermana.
—Pues… yo… jejejeje—Reía nerviosamente mientras rompía el historial clínico de Akane.
Ranma observaba como el doctor perdía por completo la razón y destruía el informe que parecía tener varias anotaciones importantes, que estaba seguro luego se lamentaría de haber deshecho.
Harto de ver su actitud tan ridícula, Ranma quiso golpearlo para que de una vez por todas le diera la información que tanto necesitaba, sin embargo antes de que pudiera hacer algo, Nabiki tomó al doctor por el brazo y lo llevó lejos de todos, minutos después la mediana de las Tendo regresó sin la compañía del noble hombre.
— ¡Nabiki ¿Qué has hecho? necesitábamos al doctor para saber sobre Akane!—Gimoteó Soun desesperadamente comenzando a agotar la paciencia de varios de los presentes.
— ¿Qué sucedió Nabiki, lograste saber algo?—Inquirió Ranma con incertidumbre y frustración por no dar aún con alguna respuesta.
—Está bien, es sólo un corte. —Habló Nabiki con tranquilidad. —Pero si quieren saber más deben pagarme 200 yenes.
— ¡¿Hablas en serio? ¡Estás loca, Nabiki, ni creas que voy a pagarte un centavo por la información, esto no se trata de cualquier cosa! —Bufó Ranma perdiendo por completo los estribos.
Era el colmo que nadie se tomara en serio lo que le había sucedido a Akane, y que su propia hermana decidiera beneficiarse económicamente con una situación tan delicada.
El artista marcial caminó con sus puños apretados hacia la puerta del consultorio en donde dentro se encontraba reposando Akane, y se detuvo ante la entrada mirándola con determinación; si ellos no le decían nada acerca de cómo se encontraba, él se adentraría en la habitación y lo vería por sí mismo.
Suspiró molesto por la insensible actitud de la castaña y se dedicó a pensar en Akane; si Nabiki había dicho que sólo se trataba de un corte, quería decir que no era tan grave como él pensaba, así que su prometida debía encontrarse estable; Sin embargo, no dejaba de pensar en esa angustia que experimentó mientras la llevaba hasta allí, en ese horrible sentimiento que sintió luego de darse cuenta de cómo el rostro y los labios de Akane adquirían un tono más pálido del que normalmente solían tener, en esa desesperación que lo embargó luego de percibir ese dolor que se hallaba en su rostro y la hacía retorcerse en sus brazos, y sin lugar a dudas, la frustración que se hizo presente en él al saber que no podría hacer nada ante el sufrimiento que estaba padeciendo su prometida. Tal vez esa era la clave, tal vez su familia no había sentido aún la zozobra de ver como alguien que aprecias está soportando el dolor y que no puedes hacer nada más que implorarle que resista.
Recostó su cabeza en la puerta, y buscó en sus bolsillos algo de dinero para pagar a Nabiki la cantidad que estaba exigiendo por la información, pero para su desgracia no había nada en ellos que alcanzara ese valor. Frustrado y enojado, decidió caminar hacia el dormitorio del Doctor Tofu y de esa manera pedirle de una vez por todas una explicación.
— ¿A dónde crees que vas, Ranma?—Cuestionó Nabiki viéndolo marcharse.
—A ver a alguien que me diga lo que le sucede a Akane. —Respondió secamente caminando con determinación, sin siquiera hacer contacto visual con la castaña.
—No te soportas una broma ¿Verdad cuñadito?
Ranma volteó inmediatamente y encaró a su interlocutora, viéndola con desdén.
—Akane está bien, el doctor Tofu me dijo que sólo se trataba de un corte, no fue muy profundo, pero lo suficiente como para hacerla perder bastante sangre. —Explicó. —Necesita reposo y no hacer ningún esfuerzo para que la herida no vuelva a abrirse.
—Pudiste haberlo dicho antes. —Reprochó Ranma más calmado. — ¿Cuándo podremos entrar a verla?
—Lo mejor será que regreses a casa y te cambies, el doctor llamará cuando sea adecuado venir a visitarla.
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En su habitación nada parecía verse interesante; le resultaba aburrido y monótono apreciar los mismos objetos que desde hacía mucho tiempo se encontraban allí.
Después de haber despertado aún con una sensación incómoda en el abdomen, se dedicó a observar el ya muy familiar consultorio que hacía tantos años conocía. A Akane no le agradaba permanecer en el hospital ya que no contaba con sus objetos personales y solía aburrirse bastante durante su recuperación.
Con recato trató de incorporarse e ignorando la pequeña molestia que le causaba el hacer ese movimiento, finalmente lo logró. Observó a su alrededor y suspiró con esfuerzo, aún le dolía bastante la herida que tenía en su vientre.
Algunas horas más tarde el doctor Tofu regresó para ofrecerle a la peli-azul algo de desayuno, sin olvidar cerciorarse de su estado. Le dio un par de indicaciones referentes a la forma en la que debía cuidarse para que su herida sanara totalmente y más tarde le pidió que lo alertara si algo no andaba bien.
Se recostó nuevamente suspirando con pesadez mientras se daba ánimos mentalmente convenciéndose a sí misma de que pronto saldría de allí.
Cerró sus ojos lentamente deseando que cuando los abriera el dolor desapareciera por completo y le permitiera regresar pronto a casa, sin embargo algo interrumpió sus pensamientos obligándola a abrir sus párpados rápidamente y a buscar el lugar de donde provenía el sonido; se dio cuenta entonces de que la lámpara que se encontrada al lado de su cama se encendía y apagaba sin que nadie estuviera allí para causar esa reacción en el objeto.
Trató de tranquilizarse y no relacionar esos extraños acontecimientos con el ritual que había realizado anteriormente y buscó pensar en alguna otra cosa para tratar de olvidar el hecho de que el objeto que estaba justo a su lado tuviera vida propia.
Su respiración se fue agitando y de repente una sensación punzante en su pecho comenzaba a alertarla, le costaba cada vez más concentrarse en algún otro pensamiento y cansada de luchar contra lo que sucedía, fue dejándose llevar por el terror que la invadió rápidamente.
¿Cómo era que estas cosas estaban sucediendo? ¿Acaso en ningún lugar se encontraría a salvo? ¿Serían esas extrañas manifestaciones producto de la maldición que llevaba consigo o tal vez sólo se trataba de una simple casualidad? Fuera cual fuera la respuesta, lo único que sabía era que deseaba que se detuvieran. Se encontraba totalmente atemorizada y a punto de gritar, aunque temía que lo que estaba sucediendo tan sólo fuera producto de los sedantes que el doctor Tofú había suministrado en ella.
Apretó con fuerza las sábanas de la camilla y se percató de que alguien parecía estar observándola, era exactamente la misma sensación que había experimentado en su habitación antes de ser alcanzada y herida por el vidrio.
Con inseguridad intentóexaminar si se trataba de algún corto de luz que se estaba presentando, sin embargo si de eso se trataba ¿Por qué no dejaba de sentir esa mirada fija y penetrante que la observaba desde algún rincón de la habitación?
Trató de ponerse "A salvo" bajo sus mantas viendo a través de ellas como la luz de la lámpara seguía encendiéndose y apagándose. Espantada por el comportamiento extraño de objeto y la imponente presencia que sentía en el consultorio, cerró sus ojos tratando de hacer caso omiso del dolor en su abdomen e intentó incorporarse para salir de allí cuando antes, no obstante una silueta se dibujó en las sabanas y fue en ese instante cuando Akane se sintió morir; necesitaba salir de esa habitación lo antes posible si no quería acabar con la poca cordura que le quedaba.
Usando las últimas reservas de valor, se decidió a observar el lugar para dar con el dueño de la sombra que minutos antes había visto, pero para su sorpresa no había nadie allí.
La pequeña lámpara de cristal dejó de alumbrar y se apagó por completo dejando a Akane en un estado de desconcierto y temor por lo próximo que ocurriría. Respiró profundamente luego de unos segundos en señal de un "Por fin todo terminó" y cuidadosamente se sentó en la camilla con sus sentidos aún alertas ante cualquier sonido o movimiento. Rato después percibió como algo o alguien que no era visible se sentaba a los pies de la cama.
Desde donde se encontraba podía ver claramente como las sábanas junto con el colchón parecían ligeramente hundidas, casi como si alguien se encontrara allí.
Los vellos de la piel de Akane se erizaron dejándola casi en estado de shock, no sabía lo que estaba sucediendo, y no podía darle una explicación a nada de lo que había sentido u oído, simplemente no sabía por qué razón estaba pasándole todo eso.
Nuevamente se percató de que el aparente ser que se encontraba allí se movía; Akane se quedó quieta, esperando el próximo movimiento que haría para así saber si correr, gritar o alejarse, sin embargo no supo en qué momento la presencia se acercó a ella y la obligó a acostarse mientras sentía como algo la estrangulaba, evitando que algún grito de ayuda pudiera escapar de su garganta.
No sabía cómo proceder, no había nada que pudiera hacer en ese momento para protegerse, ¿Cómo luchar contra algo que no tiene cuerpo denso? Lo único que quería era gritar, quería buscar ayuda, tal vez si lo hacía el doctor Tofu llegaría hasta allí alarmado por el sonido de su voz y ese horrible ente se iría y la dejaría en paz.
Sabiendo que era el único plan que tal vez funcionara se llenó de valor e intentó gritar, hasta que el sonido de la puerta la detuvo. Inmediatamente sintió que la entidad que estaba haciéndole daño ponía más empeño en su agarre, lo que le dejaba menos tiempo a la peli-azul para pensar en algo.
Se llevó las manos al cuello intentando detener a lo que se encontraba evitándole respirar, pero no consiguió nada más que palpar su propia piel, no logró sentir nada extraño allí, no había nada que pudiera hacer para detenerlo, estaba perdida...
Pataleó con fuerza, se movió de un lado a otro sin importarle el dolor en su abdomen, lo único que buscaba era soltar ese agarre que parecía no ceder ante sus movimientos. Supo en ese momento que el tiempo se le agotaba, cada vez era más difícil mantenerse luchando, sus ojos ya no veían con la misma claridad y casi era nulo el aire que llegaba a sus pulmones, estaba perdiendo la batalla.
De pronto y como si de un milagro se tratara la puerta se abrió dejando de lado la presión en su cuello, permitiéndole respirar libremente otra vez.
Ranma quien había entrado a la habitación notó de inmediato la posición en la que se encontraba su prometida y se apresuró a verla para asegurarse de que estuviera bien. Ella tocía fuertemente y respiraba agitadamente, estaba pálida y parecía bastante abatida.
— ¡Akane! ¿Te encuentras bien? ¿Qué sucedió?—Exclamó intranquilo el oji-azul ayudándole a incorporarse.
La pequeña Tendo no respondió, sólo se aferró más al agarre de Ranma y lo sujetó con fuerza, no quería que él la abandonara, no quería volver a sentir ese terror calándose en sus huesos, no quería dejarlo a ir…
Ranma se percató del contacto y de inmediato se puso rígido como una roca, sus mejillas se sonrojaron y un calor invadió rápidamente su rostro.
—O-Oye A-Akane…—Balbuceó nervoso. — ¿Está todo en orden?
—Sí…—Respondió más tranquila mientras se alejaba lentamente de él.
— ¿Qué fue lo que sucedió? Estabas… Muy extraña.
—Yo… Creo que imaginé cosas. —Comentó pensativa.
— ¿Imaginaste cosas? ¿Comiste algún plato preparado por ti y ahora te está haciendo alucinar?—Bromeó Ranma.
Una fulminante mirada fue lo único que obtuvo como respuesta.
—No seas payaso, seguramente debe ser producto de los sedantes.
— ¿Estás segura? Cuando llegué no te veías muy bien. — Dijo el oji-azul nuevamente inquieto.
—Sí, no te preocupes, estoy bien. —Sonrió intentando despistarlo. —Ya lo estoy…
Ranma quien no se encontraba completamente seguro de que Akane se sintiera del todo bien, no dijo nada más y se dedicó a pensar en lo que había sucedido en casa de los Tendo. De inmediato recordó lo sucedido la noche anterior con su prometida y no lo pensó dos veces para preguntarle al respecto.
—Akane… ¿Qué sucedió exactamente anoche? ¿Alguien te hirió?—Preguntó alarmado.
La peli-azul se sorprendió al recordar como aún no había dado explicaciones a nadie de su familia de lo que había ocurrido, así que se tomó unos segundos para pensar en lo que diría y de esa forma responder tranquilamente a los cuestionamientos de Ranma.
—Anoche estaba practicando con las pesas y arrojé una por error contra la ventana de mi habitación, chocó y no logré esquivar el vidrio que se dirigió hacia mí así que… Cuando desperté estaba aquí, es todo lo que recuerdo. —Mintió.
— ¿Sabes el estado en el que te encontrarías ahora si no hubiera llegado a tiempo a tu habitación?—Gritó Ranma sin si quiera intentar contener su cólera. —Si vas a practicar hazlo en el dojo, eres demasiado torpe para hacerlo desde tu cuarto.
—Lo sé… Está bien, perdona Ranma. —Susurró con su mirada fija en las sábanas de la cama.
No quería verlo a los ojos sabiendo que estaba mintiéndole.
— ¿No vas a enojarte conmigo por haberte dicho torpe? —Preguntó el oji-azul asombrado por la tranquila reacción de Akane.
—No… Si no fuera por ti ahora no me encontraría aquí… — Respondió suavemente alzando su mirada buscando el contacto de sus ojos con los de su prometido. —Gracias, Ranma…
Continuará…
Notas finales:
Muchas gracias por leer, por dejarme review, por agregar mi historia a sus favoritos y por seguir ahí después de todo lo que me tarde en actualizar.
Nos estamos leyendo, un beso!
