Capítulo 19 - La carta

No podía dormir.

Nada nuevo, el mismo problema de siempre. Después de todo no tenía a mano ninguna de sus drogas favoritas, ni a Link ni la esencia de amapola. Además, aquella noche era calurosa. A veces soplaban vientos del Este, que traían ráfagas cálidas al desierto y elevaban las temperaturas nocturnas, que solían ser muy frías. Esa noche el viento del Este sacudió la Ciudadela Gerudo.

Zelda escogió un par de frutas que habían dejado en sus aposentos y salió de allí. Sabía que había una fuente de aguas cristalinas manando alrededor de las cámaras reales y se le ocurrió acercarse con la excusa de lavar la fruta y refrescarse un poco.

Aún estaba furiosa con Link, otra vez le había dado nuevos argumentos para sacarla de quicio. Aunque aquello tampoco era nuevo… era Link y su eterno empeño de protegerla sin dejar que ella pudiera defenderse por su cuenta. Cien años atrás era una inútil, vacía como una promesa que nunca llega a cumplirse, pero ahora poseía experiencia y un poder tan grande como para detener el giro del universo si así lo deseaba.

Le aterrorizaba que él fuese a luchar sin ella. Lo había visto morir… dos veces. La primera fue hacía cien años, entre sus brazos, al pie de la muralla de Hatelia. Fue el momento más amargo de su vida y no quería ni pensar en ello. Por eso ordenó limpiar a los aldeanos toda la chatarra ancestral que se acumulaba allí, como un macabro recordatorio de ese día.

La segunda… la segunda fue a través de un sueño. No era exactamente Link a quien veía morir, pero a la vez sí era él. Era muy parecido a él. Fue la misma sensación de vacío y de pérdida desgarradora la que invadió su alma. La diosa Hylia se lo mostró, le mostró que tendría que estar con él para que eso no volviera a repetirse.

—Alteza, ¿qué hacéis despierta a estas horas? —Riju apareció ante ella, al parecer no era la única que no podía dormir.

—Me ha dado un poco de hambre y no podía dormir, así que… ¿y tú? ¿No deberías estar también descansando?

—Sí, claro —Riju desvió la mirada.

—¿Es que pasa algo? —preguntó Zelda, intuyendo nerviosismo en la joven.

—Nada.

—Quédate un rato conmigo. Puedes comer un poco de mi fruta, si quieres y así nos hacemos compañía.

—Alteza, Link es muy fuerte, ¿verdad? Yo lo he visto luchar, lo vi derrotar al monstruo del maestro Kogg.

—Sí, es muy fuerte —dijo Zelda, frunciendo el ceño —¿acaso te preocupa algo?

—Sé que Link ganaría en cualquier enfrentamiento. Mis guardianas lo dicen, que es el shiok más fuerte que han visto. Él no tiene por qué correr peligro.

Zelda dejó la fruta a un lado y se puso en pie para acercarse a ella.

—Dime qué está pasando, Riju.

—No puedo —dijo ella, mordiéndose el labio —prometí que no diría... Pero… pero ahora me preocupa que algo pueda pasar.

—Riju, si crees que Link o cualquiera de nosotros está en peligro tienes que decírmelo. No pasa nada por romper una promesa si es por algo tan importante.

—Link no está en peligro, para nada. Y… y vos no deberíais pasar tanto tiempo a solas con él, ¡es deshonroso! —Riju enrojeció y dio la vuelta, regresando a sus aposentos.

Zelda la vio marchar sin dejar de fruncir el ceño. Después agitó la cabeza, desechando la idea de que algo realmente grave estuviera pasando. Sabía que Riju sentía atracción por Link, era imposible no darse cuenta de cómo lo idolatraba. Aquello no habría sido más que un pequeño ataque de celos, típico de su edad. Riju trataba de evitar que ella pasara tiempo a solas con Link y casi siempre intentaba ponerse en medio de ambos. A Zelda le resultaba tierna la idea de que ella tuviera una especie de enamoramiento platónico con Link, y de alguna manera hasta le parecía comprensible, pero no esperaba que causara tanto desasosiego en Riju, no esperaba que eso fuese a más que sus divertidas jugadas para separarlos o espiar cuando hablaban a solas. Lo que había visto esa noche traspasaba cierto límite, tal vez tendría que hablar con ella del tema.

Después de un rato, volvió a sus aposentos. El alba debía estar próxima pero el sueño le sobrevino y decidió aprovechar para dormir lo poco que pudiese, ya que su cuerpo se lo estaba demandando con urgencia.

—Alteza…

—No…

—Alteza, despertad.

—Ahora no.

—Zelda, por favor.

Abrió los ojos y vio que Riju la zarandeaba del brazo para despertarla. "Maldita sea, ahora que estaba tan a gusto" pensó, mientras hacía un esfuerzo por despegar los ojos.

—¿Riju?

—Teníais razón —dijo Riju, caminando de un lado a otro de la habitación —teníais razón, teníais razón en que, si es algo importante, hay que decirlo.

—No entiendo nada —Zelda se incorporó sobre los antebrazos, con el pelo revuelto cubriéndole parte de la cara. Estaba más en el mundo de los sueños que en el real —podrías empezar por dejar de hablarme con tanta formalidad, te he dicho cientos de veces que no hace falta.

—Link se ha ido —resopló Riju, sentándose en el borde de la cama.

—¿Se ha ido? ¿A dónde? —gruñó Zelda, frotándose los ojos para intentar abrirlos.

—No se lo impedí y ahora es culpa mía —continuó Riju, tapándose la cara con las manos. Zelda se sentó en la cama, tratando de despertarse del todo.

—Escúchame bien, dime qué ha pasado y a dónde diablos ha ido Link. Puedes confiar en mí, no le diré que me lo has contado, quedará entre nosotras.

—De todas formas lo ibais a descubrir por la mañana. Alteza… Link ha ido con Adine y el ejército a la guerra.

Zelda la miró en silencio, con los ojos al fin abiertos y después se echó a reír.

—¡Es cierto! —exclamó Riju.

—¿Cómo se van a ir a la guerra así sin…? —Zelda se detuvo, examinando a Riju. No había ni un ápice de duda en su rostro, que estaba contraído por la preocupación. —Maldita sea… no. No ha sido capaz de hacer eso.

—Me pidió que no os dijera nada, él quería protegernos, que estuviésemos a salvo aquí, en la Ciudadela.

—No. No ha sido capaz…

—"No le digas nada a Zelda, Riju, prométeme que guardarás silencio hasta el día siguiente", pero no podía dormir, alteza. Estoy preocupada, ¿y si les pasa algo? Temo que nos hayamos precipitado después de hacer tantos planes… aunque confío en Link ahora tengo miedo.

—Hay que partir de inmediato.

Fueron las únicas palabras que salieron de su boca, estaba tan furiosa que temía pagar los platos rotos con Riju. La joven líder gerudo no tenía la culpa de nada, era lógico que se dejase guiar por lo que el héroe de Hyrule, al que tenía en un pedestal, aconsejase hacer.

—Eso es justo lo que él dijo que diríais, pero es muy tarde, alteza. A estas alturas ya deben haber llegado a su objetivo… o… o estar muy cerca. Se han llevado los caballos que había en los establos de la entrada al desierto, jamás los alcanzaremos a tiempo.

—Maldita sea, Link…

Zelda apretó los puños y se asomó al balcón de sus aposentos. Ya había claridad en el exterior. Por mucho que se apresurasen, jamás llegarían a detener a Link, menos aún cuando a él algo se le metía entre ceja y ceja. Y había optado por dejarla atrás sin decir nada para quitarse el problema de encima. Habría que pensar en algo y rápido.


El alcalde Reede montó en cólera cuando supo que Azu y Medda eran parte del plan de Link. Los sheikah se mantuvieron más taciturnos al respecto, aunque muy críticos, como era esperable. El campamento del Bazar Sekken parecía habitado por fantasmas, la mayor parte de las tiendas permanecían montadas e intactas, pero no había nadie. Se llevaron material de acampada de guerra, algunas lonas ligeras y cuerdas, como habían estado planeando los días anteriores.

Zelda entró a la tienda de Link con Kei, como si eso fuera a solucionar algo o a calmar su impotencia. No encontraron nada de interés, ni siquiera una nota dando explicaciones.

—Es inútil que sigas mirando, se ha ido sin más —dijo él, con los brazos cruzados.

—Aún no me lo creo, ¿sabes? Él es temerario, pero nunca lo había visto tomar una decisión así. No sin mí. —Zelda sentía cómo el nudo que se formó en su garganta desde que supo la noticia, se hacía más y más grande. —¿Cómo se supone que… que voy a proteger al pueblo? Nunca debimos ir a la guerra sin mi presencia y sin mi autorización.

"Esto es justo lo que no debía pasar" pensó, apretando los puños.

—Yo… no quiero ser aguafiestas, pero en esta ocasión estoy de acuerdo con el movimiento de Link. Creo que si hubiésemos esperado al ejército de Tanagar, habría sido más difícil-

—Como si supieses que esa batalla será fácil —resopló ella, interrumpiéndole —morirán muchas mujeres, también hylianos del otro bando. Tan sólo tenía que permitir que yo encabezara esa incursión. Y Link…

—No le pasará nada y lo sabes. ¿Qué demonios le iba a pasar al héroe de Hyrule? Se enfrentó a Ganon, a ese monstruo de la montaña de Hebra, y… a otros tantos monstruos más, tantos que me cuesta trabajo contarlos. Y tiene la Espada Maestra.

—¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos? —ella apretaba los puños y sentía el calor de la ira ardiendo en sus mejillas y en la punta de sus orejas.

—Esperar. Es la única opción que nos han dejado.

—Ah, no. Yo ya no sirvo para esperar. No soy… no soy una de esas doncellas lánguidas que esperan a que las cosas pasen sin tomar la iniciativa. Yo no sé esperar.

—Pues tendrás que aprender —dijo Kei, sin poder evitar reírse.

Ella resopló y se dejó caer sobre la cama rodeada de cojines de la tienda de Link.

—He esperado cien años. Eso ya es demasiado, no creo que tenga que aprender nada —dijo con un tono mucho más suave. Su ira se fue transformando en un sentimiento de resignación.

—Lo siento mucho, mucho —Kei se apresuró a disculparse, enrojeciendo un poco.

—No importa.

—Me he reído en el peor momento, el más inoportuno. A veces… es fácil olvidar el enorme sacrificio que la princesa de Hyrule hizo por nosotros. Gracias por recordármelo. Como siempre me dice Link, "sólo soy un sheikah estúpido".

—No, no es así —dijo ella, sonriéndole con un deje de amargura —Además, tienes razón. Esperar un día o dos, o tres… no es nada comparado a cien años. Antes estaba sola, ahora tengo aquí a mis amigos. Creo que podré hacerlo.

Kei se sentó junto a ella, en la cama.

—Y esta vez no tendrás que luchar contra nada, salvo contra ti misma —le dijo él, atreviéndose a sostenerle la mano. —¿Qué… qué le dirás a Link cuando vuelva? Porque volverá. Siempre vuelve, ¿recuerdas?

—Eso aún no lo sé.


Zelda se puso la túnica blanca y fue a rezar. Kei insistía en acompañarla, pero logró convencerle de que se quedase en el campamento con los demás sheikah. Necesitaba reflexionar a solas, para pensar en cuál sería el mejor paso tras el inicio de la guerra contra Tanagar.

Los únicos lugares donde el agua fluía en el desierto eran el oasis del Bazar Sekken y el manantial de la Ciudadela, pero Zelda se marchó a un lugar distinto. La conexión con la diosa no era tan fácil si no había agua, pero de veras necesitaba un lugar donde meditar e interponer una distancia con los demás. Subió a Vah Naboris y se dejó llevar por la bestia mecánica en medio de las dunas del desierto, hasta detenerla en una elevación del cañón Gerudo. Ahí se sentía segura, aquel lugar era una especie de refugio, había pasado muchas horas a bordo de la Bestia Divina junto a Urbosa, cien años atrás.

Cuando terminó sus plegarias, sus súplicas para que la sangre derramada fuese mínima y para que nada malo le ocurriese a Link, intuyó una gran tormenta en la lejanía. Aún no había anochecido del todo, pero la negrura cubría el horizonte y los truenos crujían a lo lejos. Se preguntó si Link y el ejército gerudo estarían allí, bajo las nubes negras, y mientras lo hacía, se dio cuenta de que la tormenta se estaba expandiendo y llegaba también a los bordes del cañón gerudo. Nunca llovía en el desierto… o si llovía era una vez al año como mucho, y fue justo esa noche cuando una ráfaga húmeda trajo pesados goterones que comenzaron a caer sobre la cubierta de Vah Naboris.

Ella tendió una alfombra en el suelo y vio la tormenta caer, mientras sacaba de los pliegues de su túnica la carta que Teba le había dado en el poblado orni. "La escribió una noche, en el refugio de montaña de Hebra. Quería que te la diese yo… pero traté de convencerle de que no había necesidad de despedirse aún. No mientras quedase un mínimo rayo de esperanza. Ahora es tuya." Eso había dicho Teba, que era una carta de despedida. Aún no la había leído, aunque se había divertido torturando a Link con la idea de que sí lo había hecho. Como no podía dejar de pensar en la idea de que Link se hubiera ido a luchar sin ella y sin despedirse, pensó que era un buen momento para leerla. Suspiró y desplegó el pliego de papel, donde encontró la angulosa caligrafía de Link, ver sus letras era casi como verle a él, una escritura inclinada y enérgica, directa y sin artificios.

Hay una oscuridad habitando en mí. La he visto, no diré cómo, no creo que queden más que unos pocos minutos para el amanecer y tengo que dejar este lugar donde me hallo. Ya no me queda tiempo.

No sé si soy digno de que leas esto, que lo lea alguien como tú.

Aún me siento extraño, fuera de mí, pero eres todo lo que recuerdo y… aunque no lo sepas, eres lo único que me queda, lo único que me aferra a este mundo.

Si fracaso… si no venzo a la oscuridad del monte de Hebra, moriré. Me he asegurado de que así sea por la seguridad de todos, jamás debes culparte por ello. Jamás. Este fracaso, es sólo mío. Llegado el momento seguro que lo entiendes, siempre lo entiendes todo mil veces más rápido que yo.

He pedido a los orni que vayan al castillo, que vayan todos, con los sheikah, los gerudo, los zora, los goron. Todos juntos. Todos juntos tienen que poder sacarte de ahí. Si yo no puedo… no está escrito que no puedan ser otros los que solucionen este fracaso. La Historia puede escribirse de muchas maneras.

No se me dan bien las palabras, ojalá supiera escribir mejor lo que quiero decir. Voy a intentarlo.

Alteza, princesa de Hyrule. Como tú siempre decías, sólo Zelda. Si he llegado tan lejos ha sido por ti, y no quiero volver a desaparecer del mundo sin que sepas que me he dado cuenta de que te quiero, te quiero pienses lo que pienses sobre mí, aunque eso signifique cruzar una línea y romper mis propios juramentos, esté o no bien, me da igual.

Es tan raro lo que me pasó después de despertar de ese sueño de cien años… sentía que te quería con toda mi alma incluso sin poder recordarlo, ¿no es raro? ¿Cómo diablos iba a ponerle nombre a lo que me estaba pasando si tenía la mente en blanco, como un estúpido zoquete? ¿Puede sentir el corazón sin que la cabeza lo recuerde? Yo creo que sí. Es muy parecido a cuando aprendes a mover la espada sin pensar, sólo sientes que tienes que mover el brazo en el último segundo, y lo mueves, pero la cabeza no lo piensa. Contigo me pasa igual, te siento sin pensarte. Me ha costado trabajo entenderlo, soy torpe, pero al final sé qué es lo que me pasa por dentro, y… después de todo, sólo estás tú, sólo tú. Eres lo único que tiene sentido para mí en toda esta pesadilla, aunque seas como un sueño, un recuerdo borroso imposible de alcanzar.

Siento mucho no haber sido capaz de llegar a donde pensabas que podría llegar… te he fallado y siento desaparecer sin poder decirte esto a la cara. Siento ser una decepción, lo que siempre temí ser desde que tú y yo nos conocimos.

Eso es lo que quería decir, y que, si llega esta carta a tus manos, es porque estarás bien. Es lo único importante.

-Link.

"Link es temerario, pero nunca lo he visto tomar una decisión así" pensó Zelda, recordando unas palabras que había pronunciado apenas unas horas antes delante de Kei. Sí. Link ya había tomado una decisión así, incluso se había despedido de ella. Se secó las lágrimas que debieron caer en algún momento y volvió a leer la carta. La leyó varias veces y cada vez se estremecía más. "Yo también te quiero, te quiero y deseo que vuelvas ya, que todo esto termine de una vez por todas.", se dijo a sí misma, mientras besaba las letras torcidas y un poco borrosas de Link.


—Alteza, habéis pasado toda la noche aquí, con el frío que hace —Zheline la había zarandeado hasta despertarla. —Podríais haberos enfriado.

—Estoy bien. Anoche… cayó una buena tormenta.

—Así es. El Bazar Sekken quedó embarrado, Riju ha mandado los pocos refuerzos que quedan en la Ciudadela para ayudar a limpiar.

—Tenemos que organizarlo todo —determinó ella.

—No os entiendo…

—Después de la batalla volverán aquí. Habrá heridos, necesitamos tener preparadas medicinas, comida. Todo lo que puedan necesitar. Es inútil que vayamos a buscarlos, pero algo podremos hacer, ¿no te parece?

Zelda y Riju se coordinaron para preparar el Bazar Sekken y reconvertirlo de nuevo en el campamento base de guerra. Los sheikah prepararon pociones con los ingredientes que las gerudo almacenaban en sus cámaras y se llenaron tinas con agua fresca del oasis. Las tiendas que tiró la tormenta volvieron a elevarse.

—¿Estás mejor? —preguntó Kei a Zelda.

—Sí, aunque no sé por qué lo dices.

—Jamás te había visto tan cubierta de barro —bromeó él. Era cierto, se había puesto a limpiar las lonas de las tiendas y a levantarlas, era imposible no ensuciarse cuando se trabaja a destajo. Incluso el pelo se le pegaba con la pasta arcillosa que era la arena mojada del desierto.

—¿Y eso te hace pensar que estoy mejor? Menudas ideas tienen los sheikah…

—Veo que tu actitud es diferente. Tal vez te vino bien pasar esa noche a solas en Vah Naboris.

—Tal vez —admitió ella, curvando los labios en un amago de sonrisa.

Trabajando duro consiguieron tenerlo todo a punto en un día, el campamento y el hospital de campaña. Pero el ejército seguía sin volver, la espera se volvió más amarga y lenta para Zelda cuando no tenía la mente ocupada en alguna actividad.

Al atardecer del tercer día después de la marcha de Link, Zelda pensó en enviar alguien a investigar.

—No sabemos dónde pueden estar. Podrían necesitar refuerzos y no tener posibilidad de pedir ayuda —insistía ella ante Riju, los sheikah y el alcalde Reede.

—Su alteza real tiene razón —dijo Reede —ya estamos perdiendo el tiempo al no enviar a nadie.

—Podría ser una trampa —intervino Riju —¿y si esperan que aparezcamos para atraparnos también? El esfuerzo de Adine y Link no serviría para nada si nos atrapan.

—Alteza… tal vez podáis usar vuestra visión —sugirió Rotver —¿no es cierto que podíais ver a Link mientras estabais presa en el castillo de Hyrule?

—Lo he intentado. Pero… es un don que aún no consigo controlar a mi conveniencia, como otros —admitió ella, apretando los puños.

—Sugiero que esperemos hasta mañana, una sola noche más. —propuso Riju —Si no están de vuelta esta noche, mañana partiremos a por noticias, lo prometo.

Todos estuvieron de acuerdo en poner un tiempo límite a la decisión, y con esa idea se fueron a cenar algo al campamento en el Bazar.

Cuando Zelda acabó su comida, se retiró al límite del oasis. Lo había hecho cada noche, para permanecer con los ojos puestos en la entrada del desierto. Kei siempre la acompañaba, y en algunas ocasiones también lo hacía Cecille, hasta que el sueño derrotaba a ambos y ella era la única que permanecía despierta.

Esa noche, cuando todos dormían, vio el brillo tembloroso de una antorcha a lo lejos. Se puso en pie y se frotó los ojos. Después hubo otro punto brillante y otro más.

—Kei, Kei, despierta —dijo ella, tirando de su brazo.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—Están de vuelta.

Apenas tardaron unos minutos en levantar a todo el campamento. Zelda, los sheikah y Riju esperaban en primera línea. Las antorchas cada vez estaban más cerca, ya podían intuir al ejército gerudo, aunque… eran menos. Muchos menos de los que habían partido.

La triste formación fue entrando en el oasis, ante suspiros de alivio, abrazos y bienvenidas. Riju se lanzó a los brazos de Adine, y saltándose todos los protocolos la abrazó durante un buen tiempo.

El desfile de guerreras y soldados se hizo interminable para Zelda, un suplicio. Link fue de los últimos en aparecer, iba cerrando filas con el escudo a la espalda. Zelda sintió que el corazón le daba un vuelco en cuando consiguió verle. Sin poder evitarlo salió corriendo a su encuentro, seguida por Kei.

Se detuvo a un par de metros de distancia de él. Cuando lo tuvo delante no supo reaccionar, esperaba encontrar sus ojos como las otras veces, y poder fundirse con él en un abrazo apretado, casi doloroso. Pero Link estaba como ausente. Desvió la mirada a un lado y mantuvo una distancia, recibiendo tanto a ella como a Kei con una actitud esquiva y fría. Llevaba la túnica azul ensangrentada y tan sucia que apenas podía reconocerse su color, aunque ella la reconocería en cualquier parte.

—¿Link? —murmuró ella, con el ceño fruncido.

—Hemos atrapado a Tarek —señaló él, haciendo un gesto con la cabeza.

Entonces tanto ella como Kei repararon en la jaula, una jaula de madera portada por las gerudo. Un hombre yacía inconsciente en su interior. Con la misma sensación de angustia volvió a mirar a Link, tratando de descifrarle, de encontrar alguna respuesta en sus ojos.

—Medda ha muerto —anunció él. Después dio una zancada y se adentró en el oasis, dejándoles atrás.

El amanecer y las horas que lo sucedieron fueron tristes y difíciles para todos. Lo primero fue atender a los heridos, atenderlos con un ritmo frenético que apenas les dejó tiempo para pensar. Zelda también se remangó y usó sus pobres habilidades para coser heridas, desinfectar y dar calmantes. En medio de esa vorágine de lamentos y sangre no conseguía ver a Link.

—Zelda, necesito agua y más vendas limpias. ¿Te importa entrar a la cantina al almacén que preparamos? —le pidió Zheline. Con tanto estrés había perdido las formalidades hacia ella, cosa que agradeció.

Ella asintió y echó a correr en dirección a la cantina a por las vendas. El delantal que usaba por delante de sus ropas de campo había empezado a teñirse de rojo, tuvo que intentar no mirarlo para poder seguir entera, era la mejor forma de servir a su pueblo en esos instantes.

De camino a la cantina consiguió ver a Link. Él estaba hablando con una guerrera gerudo, que le mostraba el vendaje de su codo. Por un instante sus miradas se cruzaron. Link reaccionó apartando la vista de inmediato, fingiendo no haberla visto. Zelda sintió que el estómago se le vaciaba de golpe. ¿Por qué se comportaba Link así? Primero se marchó sin decir nada y ahora… No sabía si él estaba herido y sobre todo no sabía por qué la estaba evitando de esa manera. Aunque sentía ganas de llorar logró sobreponerse y poner toda su atención en ayudar a los demás. El calor del poder sagrado ardía en su corazón, y eso la ayudaba a mantenerse centrada.

Después de un día intenso de trabajo, la tarde se les echó encima. Zelda apenas había tenido unos minutos para llevarse un par de frutas a la boca. Eran muy pocos los que podían ayudar, y demasiados los heridos.

Tarek estaba destrozado. Tenía la cara hinchada, todo el rostro amoratado, era casi imposible distinguir quién era. Zheline le dio una poción y lo sedó, con tal nivel de inflamación no podían tratar bien las heridas.

—Por el ojo del Vigilante, ¿qué le habrá pasado a este tipo? —preguntó Zheline.

—Se topó con Link —aclaró Adine. Zelda le estaba vendando la muñeca y sintió un escalofrío al oír aquellas palabras.

Una vez terminó con Adine, fue a buscar a Link. Casi todos los heridos ya habían sido atendidos por alguien y el ritmo de trabajo empezó a decaer al fin. A esas horas la ansiedad por reencontrarse con Link estaba empezando a sobrepasarla y decidió poner fin de inmediato a tanta estupidez, no podía seguir jugando a evitarse con él. Link la evitó en la cantina, a la hora de la comida y en un par de ocasiones más, en una de las cuales casi se chocan de frente mientras ella corría en busca de agua al oasis. Todas las veces él fingió no darse cuenta o se apartó de inmediato.

Después de buscar en varios sitios, lo encontró agachado junto a Azu, tratando de consolarle. El joven soldado de Hatelia lloraba con amargura la muerte de Medda. Muchos lo hacían, incluso ella misma lo había hecho al recibir la noticia, pero pronto se vio atrapada por la necesidad de ayudar y había conseguido combinar las lágrimas con la aguja de coser heridas.

—Link, ¿puedes venir un momento?

Él dio una palmada en el hombro de Azu y susurró algunas palabras en su oído antes de ponerse en pie y acercarse a ella. Abrió la boca para decir algo, pero se detuvo, apretando los labios. Link se mantenía tan frío como al principio, parecía que la miraba a los ojos, pero ella sabía que en realidad la estaba traspasando, sin verla realmente.

—Descuida. No quiero decirte nada. Sólo quiero curar tus heridas, si es que me dejas hacerlo —dijo ella, con seriedad. Fruncía el ceño y se debatía entre la impotencia y el deseo de abofetearle para después arrojarse a sus brazos.

Link asintió en silencio, también con el ceño fruncido y sin despegar los labios. Ella lo agarró de la mano y lo guio en medio del campamento hasta su puesto de cura, donde tenía el material médico y ardía una hoguera. Él se dejó llevar con suavidad, permitiendo que ella caminase por delante tirando de él. Zelda vio que su puesto de trabajo había quedado vacío después de atender a Adine, los sheikah ya no estaban allí, nadie los iba a molestar y eso suponía cierto alivio.

—Quítate la camisa, quítate todo lo que lleves encima —ordenó ella.

Él se deshizo de la ropa y las botas, pero gimió cuando quiso quitarse los pantalones.

—Espera, deja que vea eso.

Tenía una herida en el muslo, una puñalada. Sin titubear un instante, Zelda vertió agua sobre el pantalón para mojarlo. Él apretó los ojos, debía dolerle bastante.

—No te los quites, los cortaré —dijo ella, sacando un cuchillo y recortando toda la tela de pantalón que recubría la herida. —Lávate el resto del cuerpo en esa tinaja.

Él obedeció sin rechistar, mojándose cabeza, brazos, hombros… pronto el agua transparente de la tinaja se tiñó de rojo. Se quedó mirando el líquido y Zelda percibió un temblor en él, así que volvió a tirar de su mano para obligarle a que se sentase junto a la hoguera.

—La herida no es profunda y ya ha empezado a cicatrizar, pero tengo que coserte la pierna para ayudar a cerrarla. Bebe esto, dentro de poco no sentirás ningún dolor, pero si así fuese me avisas.

Link volvió a asentir y bebió toda la poción de esencia de amapola que ella le había dado. Las gerudo tenían de todo en su almacén del desierto, de haberlo sabido días atrás habría tratado de hacerse con un poco para ella misma, pero en esos instantes se alegraba de no haber tenido la opción de malgastar algo así con sus fines egoístas.

Con cuidado fue cosiendo la herida de la pierna, ante la atenta mirada de Link, que se mantuvo tan dócil y silencioso como al principio.

—No consigo ver más cortes aparte de ese. ¿Te duele algún sitio más que otro?

Él se señaló la cabeza. Tenía un feo golpe ahí, estaba hinchado a pesar de que debió hacérselo al menos un par de días atrás. Ella resopló y desapareció un momento para buscar hielo. Habían tenido funcionando la fábrica de hielo a toda máquina en previsión de lo que podría pasar y, aun así, las existencias se habían agotado casi por completo.

—Voy a sujetarte un poco de hielo a la cabeza para bajar la inflamación.

Zelda deshizo la cinta que anudaba el pelo de Link y vertió mucha más agua donde tenía el golpe. Había mucha sangre seca en el pelo, tuvo que sangrar bastante por ahí. Una vez lo limpió todo, aplicó un poco de ungüento del que había preparado Zheline. Luego usó una venda limpia para cubrir la herida. Se acuclilló al lado de Link y sostuvo un poco de hielo envuelto en un trapo contra la hinchazón.

—No quiero ni imaginarme cómo te habrás hecho eso. —alcanzó a decirle, sintiendo que el nudo de su garganta volvía a apretar con fuerza.

Él tenía la vista perdida en la hoguera que ardía frente a ellos. El resto del campamento estaba en un estado muy similar, había llantos, quejas de dolor y hogueras ardiendo. Por lo general todos se mantenían con la vista baja, sin reparar mucho en los demás.

—Pasarás un par de días con dolores, pero es todo lo que puedo hacer. —prosiguió ella —Aunque prefiero verte mil veces así que convivir un segundo más con la preocupación que he tenido que pasar estos días.

Link parpadeó y dos lágrimas cruzaron su rostro. Él no se inmutó, actuó como si eso no acabara de pasar.

—Link…

Él giró la cabeza para mirarla. Sus ojos azules estaban envueltos en lágrimas, a punto de desbordarse, eran como dos cristales de hielo glacial. Zelda nunca lo había visto tan vulnerable y que ella recordase, jamás lo había visto llorar.

Sin decir nada, casi como un niño pequeño que es incapaz de comunicar lo que siente, Link apoyó la cabeza sobre su hombro y siguió con aquel llanto silencioso. Ella se sentó en el suelo y tiró de él, que se dejó caer del asiento a su lado para que ella lo acunase entre sus brazos. Por un rato sólo se le oía sollozar contra su hombro, mientras ella le acariciaba el pelo.

Zelda no se atrevía a decir nada, tal vez él la había estado evitando para no romperse de esa manera delante de ella. Era un alivio absurdo y egoísta descubrir que Link sí la necesitaba, la necesitaba desde que puso el pie en el desierto. Por suerte terminó por ceder ante sí mismo y buscar su consuelo así, con esa timidez. Ella sintió que se le quebraba el corazón sólo de pensar cómo él siempre ocultaba sus emociones, cómo se las apañaba para que sus necesidades siempre estuviesen las últimas en la lista, por detrás de las de los demás.

Link terminó quedándose dormido sobre su regazo. El cansancio, las lágrimas y el efecto de la esencia de la amapola hicieron que él no pudiese aguantar demasiado.

—Alteza, ya he terminado con todos los heridos —anunció Zheline, que se acercó a ellos, mientras se limpiaba las manos en un trapo. También parecía agotada.

—¿Están todos atendidos? ¿Todos durmiendo en las tiendas?

—Así es. También… también he dado esencia de amapola a algunas personas del séquito de Hatelia. Parecían afectados y es mejor que descansen.

Ella movió la cabeza con aprobación. En la guerra todos pierden algo, y los precios que se pagan siempre son demasiado altos.

—Que alguien vigile a Tarek. No me fío de lo que pueda pasar, por muy herido que esté —ordenó ella.

—Ya me he encargado de eso. Rotver y Kei se hacen cargo. Vos… ¿estáis cómoda así?

—No mucho —reconoció ella, con una media sonrisa —pero Link se ha quedado dormido encima de mí y no quiero despertarle.

Zheline la miró con gesto pensativo y se marchó para aparecer con cojines y mantas. Los colocó alrededor de Link y Zelda, improvisando una cama en el suelo del desierto. Después movió la lona que cubría el puesto de medicinas, para cortar la entrada al viento y que no quedasen tan expuestos a la intemperie.

—Supongo que podéis dormir aquí… no es precisamente un palacio, pero…

—Gracias, Zheline. Está perfecto así.

La sheikah sonrió, se despidió haciendo un gesto con la cabeza y se marchó a dormir. Ella fue escurriéndose hacia atrás para tumbarse sobre las mantas y los cojines. Cuando Link notó movimiento, se despertó con un gruñido. Sin abrir los ojos se movió para seguir acurrucado contra ella, apoyando la cabeza en su vientre. Estiró el brazo para buscar la mano de Zelda y cuando la alcanzó, la guio para dejarla sobre su cabeza. Zelda entendió lo que él pretendía decirle sin palabras, y le acarició el pelo con suavidad hasta que poco a poco él volvió a quedarse dormido.


Notas del capítulo 19

Hola pequeños y pequeñas! :)

En este capítulo Zelda se enfrenta a una montaña rusa de emociones. Pasa por todos las etapas clásicas de un duelo (aunque el duelo venga representado por esa espera forzada). Pasa de la negación: "No. No ha sido capaz de hacer eso", a la ira: "estaba tan furiosa que temió pagar los platos con Riju", la negociación: "Tienes razón, esperar un día o dos no es nada comparado a cien años", depresión: "se secó las lágrimas que debieron caer en algún momento y volvió a leer la carta", para llegar al estado final, la aceptación: "Tenemos que organizarlo todo para cuando vuelvan."

El hallazgo de la carta de Link y la decisión de leerla es clave para entender un poco mejor por qué él ha decidido iniciar la guerra dejándola atrás. Pensemos que ambos aún están descubriendo aspectos desconocidos del otro, y esto lleva su tiempo e implica volver a enfrentar situaciones complejas. Una vez lee la carta, el enfado de Zelda es historia y concentra sus energías en volver a verle y recibirle lo mejor posible.

Link en este capítulo es Link en esencia pura, ya que no pronuncia más que un par de palabras xD Él ha pasado horas de oscuridad, ha tenido que enfrentarse a "su yo oscuro" una vez más y teme que el haber matado a tantos hylianos tenga un impacto en su honor… incluso en su espíritu. Se ha enfrentado a cosas mucho más terribles antes, pero esto es nuevo para él, y teme el rechazo de Zelda, por eso la ha evitado.

Dicho esto… el capítulo era muuucho más largo, más de 10.000 palabras. He decidido dividirlo en trocitos porque me parecía demasiado largo, lo que aún estoy por decidir es si mantendré los demás fragmentos con el POV de Zelda o haré cambios por ahí… estamos ya en la recta final, tal vez escriba siete finales alternativos como en Juego de Tronos para que no se filtre el resultado a la prensa, jajajaja.

Y después de este fantástico rollazo escrito con el brazo medio lesionado (me lo he fastidiado practicando deportes indignos, pero el médico dice que no hay que amputar y que aún puedo escribir xD)… un fuerte abrazo, gracias de corazón por vuestros reviews / likes / follow. I love you! -Nyel2