¡Hola!

¡Cuánto tiempo! Siento la tardanza en actualizar, pero… La inspiración es rebelde y no llega cuando lo necesito. En fin, aquí está el nuevo capítulo, espero que lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo. ^^

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El diario de Naoko

Durante los días siguientes Akane tuvo la oportunidad de recuperarse lo suficiente como para que el doctor Tofu le diera de alta. Las situaciones paranormales habían cesado devolviéndole la tranquilidad, aunque sin lugar a dudas aún le inquietaba encontrarse a solas.

Esa mañana saldría por fin de su estancia en el hospital, así que despertó temprano y vistió la ropa limpia que Kasumi le había llevado la noche anterior. Estaba esperanzada por poder retomar sus labores en la escuela y en su casa.

Se levantó cuidadosamente y se dirigió al patio trasero donde sabía que se encontraría el doctor Tofu en su entrenamiento matutino. Se acercó silenciosamente y permaneció allí observándolo con interés.

Luego de un rato el doctor se percató de la discreta presencia de Akane y se levantó para caminar hasta ella.

—Buenos días, Akane, no pensé que ya estuvieras lista para salir de mi consultorio. —Comentó abriendo las patillas de sus lentes para a continuación acomodarlos en su rostro. — ¿Hubo algo que te molestara en tu estancia aquí?

—No doctor, muchas gracias, sólo quería agradecerle…—Respondió dirigiendo su mirada al suelo y juntando sus manos a la altura de su cadera.

—Es un gusto, y ahora que saldrás de hospital tendré que pedirte que tengas más cuidado con… —Se detuvo de inmediato al escuchar el llanto de Akane. — ¿Qué sucede? ¿Por qué estás llorando?

Era todo lo que podía soportar en silencio, sintió que necesitaba desahogarse, buscar tal vez en alguien más las respuestas que añoraba para poder encontrar al fin la pieza faltante en el rompecabezas que desde hacía tanto tiempo se encontraba ausente.

—Doctor Tofu ¿Cómo era mamá? ¿Por qué murió?—Soltó de golpe llorando con más intensidad mientras se cubría el rostro con sus manos.

Hubo una pequeña pausa, un silencio que para Akane se prolongó eternamente, sentía que necesitaba escuchar esa respuesta lo más rápido posible o de lo contrario enloquecería.

—Akane… ¿La extrañas, no es así? —Cuestionó dulcemente el doctor tomándola por los hombros. —Lamentablemente cuando tu mamá murió yo aún estaba en preparatoria y no conozco el trasfondo de la situación…

Consiguió calmarse y con el dorso de su mano secó el recorrido que dejaron las lágrimas en sus mejillas. Recobró la compostura y le dirigió una sonrisa al agradable hombre.

—Lo siento, sé que mamá ahora está en un mejor lugar y no debería preocuparme por eso.

—Escucha Akane, es normal que la extrañes y que te sientas triste por su ausencia, pero seguramente ella estará acompañándote siempre, incluso ahora está viéndote llorar, así que no hagas que se preocupe.

—Sí…—Murmuró asintiendo con la cabeza.

Un minuto después la puerta del consultorio fue golpeada varias veces, lo que causó que el doctor le devolviera una fugaz sonrisa y se apresurara a ver de quién se trataba. Akane por su parte dio un pequeño suspiro y se animó a si misma recordandose que esa mañana regresaría a su rutina habitual.

Pronto el silencio que invadía el lugar fue deshecho por el sonido de varias voces que repetían incesablemente su nombre. Supo entonces que no debía hacerlos esperar demasiado sino quería que la buscaran por cada rincón de la casa. Dio algunos pasos en dirección a la sala principal y se detuvo al sentir una congelante mirada que de inmediato erizó su piel, comenzó a sentir pánico así que cruzó a grandes pasos la cocina aún con la sensación de que alguien la seguía. Se dio valor y miró de reojo intentando ver si se trataba de alguien que quisiera jugarle una broma, pero lo que vio no pareció ser una persona normal; logro captar algo que se movía con rapidez, no pudo ver bien su forma pero actuó casi como si estuviera huyendo porque habían descubierto su escondite.

Tragó en seco y continuó su caminando mirando constantemente hacia atrás, hasta que sintió que algo se interpuso. Levantó lentamente la vista y se topó con un par de ojos color zafiro que la veían con emoción.

— ¡Akane!—Exclamó el dueño de aquellas pupilas con genuina alegría.

Quiso responderle pero sintió como era impulsada hacia atrás por unos grandes brazos.

— ¡Hija querida, como me alegra que estés a salvo, pensé que morirías!—La abrazó fuertemente su padre llorando de alegría.

Como pudo salió del enérgico agarre de su conmovido padre y saludó cordialmente a su familia y amigos que habían ido a buscarla para darle un cálido recibimiento por su salida del hospital.

Un rato después de recibir regalos y de volver a ser testigo de las acostumbradas peleas de sus compañeros de escuela, finalmente se despidió de ellos ya que debían regresar a clases. Como era bastante temprano ellos habían aprovechado para visitarla y luego volver.

Se preguntó por un momento si Ranma los acompañaría pero se dio cuenta que él se encontraba aún en la misma habitación despidiéndose de sus amigos. Sonrió para sí misma al ver que no se alejaría.

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Finamente había regresado a su casa y Ranma se había tomado la molestia de cargarla hasta su habitación, estando allí no podía evitar recordar la noche en la que el accidente había ocurrido, era algo bastante difícil de olvidar.

Se acordó de inmediato que no había tenido tiempo de esconder la tabla ni el libro, y que a causa de su ausencia y del vidrio roto en su habitación, varias personas seguramente habrían entrado una y otra vez. Alarmada por el grave descuido que cometió, se apresuró a buscar el objeto de magia.

Levantó su almohada, cuidadosamente revisó bajo su cama y por último revolvió el cajón donde habitualmente la guardaba, pero para su infortunio no había rastros de la tabla. Su preocupación aumentó considerablemente al recordar que el libro se encontraba junto con el portal maldito, lo que quería decir que si alguien las había encontrado, tenía en su poder ambos objetos.

Intentando calmarse y poniendo más empeño en su búsqueda llegó a la conclusión de que debía preguntarle a alguien sobre el paradero de ambas piezas, sólo que… ¿Qué diría cuando le preguntarán el por qué tenía algo como eso bajo su cama? Mentir era la única opción, pero tendría que pensar bastante bien en la respuesta que daría para que nadie le reprochara.

Un minuto más tarde decidió salir de su habitación en busca de respuestas. Con lentitud se desplazó hacia la puerta de su recámara y se dirigió a la escalera, apoyándose en el barandal bajó pausadamente hasta llegar a la cocina, allí se encontraba su hermana mayor quien se sobresaltó al verla entrar.

—Deberías estar descansando, no debes esforzarte demasiado recuerda las recomendaciones que te dio el doctor. —La reprendió dulcemente.

—Lo haré, sólo quería preguntarte si por casualidad entraron a mi habitación mientras no estuve. —Temiendo la respuesta y evitando a toda costa parecer desinteresada, se dedicó a observar la comida que se encontraba a medio hacer.

—No, el tío Genma reparó tu ventana desde el exterior, y sólo yo entré un par de veces para buscarte ropa limpia. —Respondió mientras con un pequeño plato degustaba el sabor de lo que estaba preparando.

—Está bien entonces ¿Qué estás preparando?—Añadió rápidamente para que su hermana no hiciera cuestionamientos sobre lo que acababa de decirle.

— ¿Está todo en orden, Akane?—Inquirió sin rodeos.

—Sí, extrañaba estar en casa, es todo. —Expuso intentando convencer a su interlocutora.

—Bien, pues bienvenida, estoy preparando algo que seguro te gustará. —Afirmó con una sonrisa. —Ahora regresa a tu habitación y ni se te ocurra entrenar con tus pesas otras vez, ¿Está bien?

—No lo haré… —Habló en voz baja dando media vuelta dispuesta a salir de la cocina.

Se sentía bastante mal por mentirles a todos, pero pensaba que tal vez lo mejor sería que siguieran creyendo en esa versión que dio sobre lo que le sucedió aquella noche, de lo contrario sería difícil de creer.

Era consciente de que la magia existía, puesto que había visto a Shampoo usarla en innumerables ocasiones, y aunque jamás le funcionara Akane era testigo de varios cambios en la personalidad de Ranma producto de los hechizos que ella usaba en él. Así que tal vez no era tan descabellado querer hablar con un muerto. Pero… ¿Qué tan diferente resultaban los trucos de Shampoo al ritual que varios días atrás Akane había realizado?

No necesitó de mucho tiempo para sentir que había una diferencia abismal, no sabía exactamente por qué creía que así era, simplemente llegó a esa conclusión gracias a la sensación que desde hace mucho invadía su pecho.

Subió las escaleras con la mirada perdida y una de sus manos aferrada fuertemente a su pecho, caminó automáticamente hasta su habitación y buscó con desesperación la tabla y el libro pero como era de esperarse, no tuvo éxito. Estaba entrando en pánico e incluso hiperventilaba, tenía que hacer algo rápido sino quería ser descubierta.

Caminó de extremo a extremo tratando de pensar en un lugar en el que aún no hubiera buscado, pero en ese estado su mente no le ofrecía ideas.

Se dirigió hacia el ático con la esperanza de que se encontraran en esa habitación, ya que había una remota probabilidad de que pensaran que esos objetos no funcionaran y los dejaran allí.

Trató de que nadie la viera caminando cada tanto entre los pasillos con esa gran preocupación atravesando su pecho, de otro modo estaba completamente segura que de ser interrogada, no podría asegurar su éxito al mentir.

Finalmente logró llegar al ático; con la mirada buscó el enorme baúl y se encaminó hacia él, lo abrió con la esperanza viva en su sentir y se dedicó a buscar la tabla o el libro. Se topó con varias cosas, entre ellas un álbum de fotografías de sus padres y un viejo diario de su madre, lo observó meticulosamente y acto seguido lo sacudió con su mano retirándole el polvo que lo cubría, pudo entonces leer claramente: "Naoko Tendo" escrito con letra bastante legible.

Tosió un poco por la cantidad de partículas de polvo que se esparcieron por la habitación, pero eso no le impidió continuar admirando el recién encontrado tesoro de su madre. Se sintió feliz al tener algo tan privado de su progenitora y por un momento se preguntó si estaría mal leer algo tan íntimo. En ese momento se percibió a sí misma como una pequeña chiquilla que se había colado a la habitación de su madre para usar un poco de su perfume.

Finalmente su curiosidad fue más fuerte y comenzó a leer las distintas experiencias que se narraban allí. Le encantó el acercamiento al diario vivir de su madre y disfrutó de las distintas situaciones por las que ella había atravesado. Se fijó un momento en la cantidad de hojas escritas y se sorprendió al ver el montón que había usado su madre. Pensó que le llevaría la mañana entera leerlas, pero para su sorpresa un par de horas le bastaron para culminar.

Rió, lloró y disfrutó cada párrafo, cada emoción que se encontraba escrita allí con tanta efusividad que era capaz de transmitirle eso mismo que Naoko había experimentado, era casi como si una muy buena escritora narrara sus aventuras con la esperanza de que sus lectores jamás se cansaran de leerlas.

Cerró el diario con una sonrisa dibujada en su rostro, realmente le hacía bien saber más sobre su madre, era una forma de curarse a sí misma bastante eficiente. Suspiró y colocó el libro en su regazo, sólo para dedicarse nuevamente a buscar dentro del gran baúl los artefactos de magia. Al no encontrarlos se puso en pie con el diario de su madre y decidió volver a su habitación.

Antes de partir pudo sentir algo muy extraño, esa sensación de ser observado otra vez se hacía presente, sólo que en esta ocasión era distinto, parecía no haber maldad implícita en la mirada, se sentía paz y un olor bastante agradable. Era como sentirse protegido por un manto que no era visible, pero que se podía sentir a la perfección.

Cerró los ojos disfrutando de ese acogedor sentimiento, hasta que se detuvo. Miró a su alrededor esperando ver qué lo había producido pero todo se encontraba exactamente igual que en el momento que llegó. Desconcertada pero aún con esa tranquilidad embargándola salió de ese lugar y caminó de nuevo hacia su cuarto.

Se topó con Ranma en el camino y se preguntó si su estadía en el ático había sido lo bastante larga como para que Ranma tuviera esa expresión de preocupación en el rostro.

— ¿En dónde te habías metido? —Cuestionó Ranma exaltado.

—Sólo estuve buscando algunas cosas, cálmate. — Se defendió Akane.

— ¡El doctor Tofu te sugirió que descansaras, no que te desaparecieras de casa para buscar tus cosas!—Bufó con molestia.

— ¡Ya basta, Ranma, no eres mi padre! —Exclamó irritada sin pensar demasiado en lo que decía.

— ¡Eres una tonta, impertinente y fea marimacho!

—Bien, entonces deja de preocuparte por esta tonta y fea marimacho. —Un mazo se dirigió rápida y furiosamente al rostro de Ranma quien sin éxito trató de esquivar el ataque que lo envió a volar por el amplio firmamento de Nerima.

Akane quien se encontraba bastante enfadada por la confrontación, cruzó a grandes zancadas el corredor y se encerró en su habitación hasta que la voz de Kasumi se escuchó anunciando que estaba listo el almuerzo.

La hora de la comida transcurrió sin mayores contratiempos, excepto por las fugaces miradas que Ranma le dirigía a Akane, acción que no pasó desapercibida para la peli-azul quien hacía su mejor esfuerzo por evitar hacer contacto visual con su prometido.

A medida que terminaban se iban retirando de la mesa, hasta que sólo se quedaron allí Kasumi, Ranma y Akane. El ambiente era tenso por lo que la mayor de las Tendo se sentó al lado de Ranma para desinfectar algunas heridas y colocar en su rostro algunas banditas que le permitieran que los cortes sanaran.

—Akane, debes ser un poco más delicada ahora que te estás recuperando, no está bien hacer movimientos tan violentos con esa herida en tu abdomen. —La aconsejó Kasumi sosteniendo un mechón de cabello de la frente de Ranma para poder limpiarla.

El oji-azul sólo se limitó a asentir con la cabeza todo lo que la castaña le decía a su hermana menor, provocando ira en Akane quien sin poder soportar más, le lanzó uno de los platos que estaban sobre la mesa, haciendo que Ranma perdiera el equilibrio y cayera hacia atrás.

—Iré a mi habitación a descansar. —Anunció, poniéndose lentamente en pie y retomando su camino.

Se recostó en su cama y vio hacia la cubierta recordando esa sensación que sintió estando en el ático, era algo que nunca antes experimentó y a lo que tampoco se le podía dar una explicación. ¿Pero qué había sido entonces ese sentimiento de paz y protección qué la embargaron en ese momento?

Cerró sus párpados tratando de rememorar lo mejor posible esa cómoda experiencia y de inmediato recordó el olor, esa fragancia a rosas tan suave y relajante que percibió en ese lugar y que ahora mismo podía sentir con tan sólo mencionarlo ¿De dónde provenía? ¿Acaso todo lo que le sucedía fuera bueno o malo no tendría explicación lógica?

Respiró profundamente y fue quedándose dormida sin demasiado esfuerzo. Se sentía bien el volver a dormir en su propia cama.

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Un jardín lleno de claveles rojos con sólo un sendero, se alzaba a la mitad de un lugar en donde la armonía parecía haberse adueñado del aquel silencioso sitio. Akane caminó por esa pequeña senda sin saber a dónde la conduciría, sólo se dejó llevar por la paz que emanaba ese lugar.

Caminó y caminó, no supo si fueron metros o kilómetros, sólo lo hacía por inercia, completamente controlada por ese fuerte sentimiento de sosiego que la dominaba por completo. Podía observar los millones de claveles que se encontraban a su alrededor y más allá de dónde no podía ver. Continuó caminado pero esta vez observó a lo lejos la silueta de una persona, se apresuró para poder ver más de cerca de quién se trataba, pero por más que corría parecía no alcanzarla.

Se detuvo, sentía cansancio pero no exactamente en sus pies, era una sensación indescriptible. Se vio a sí misma, vestía de blanco y sus pies apenas se veían palpando la tierra. Dio un paso sólo para comprobar si el suelo se movía bajo sus pies, pero para su sorpresa estaba flotando.

Volvió a mirar al frente, pero ahora la figura no se encontraba allí, buscó con su mirada al dueño de aquella silueta y no tardó mucho en ver a una mujer con cabello azulado danzando entre los claveles. Tuvo la esperanza de que fuera su madre, así que alzó sus pies para abrirse paso entre las plantas y llegar hasta ella, pero antes de seguir caminando, observó como los tallos de los claveles se llenaban de espinas.

—Pero… ¿Cómo es que…? Los claveles no tienen espinas…—Murmuró viendo con horror el difícil camino que tendría que atravesar para llegar hasta su madre.

Tomó una gran bocanada de aire y siguió caminando, pasando a través de esos filosos obstáculos que la separaban de su objetivo. El puntiagudo dolor en la planta de sus pies era tan fuerte que la obligaban a detenerse para prestar atención al estado de sus lastimadas extremidades.

— ¿Por qué no estoy flotando?—Se cuestionó viendo los profundos cortes que las espinas habían causado.

Volvió a mirar al frente y acto seguido observó sus pies, el ver tanta sangre esparcida entre las flores y en sus extremidades le hizo temer que terminaría desangrándose antes de llegar hasta su madre.

Corrió tratando de hacer caso omiso de fuerte dolor que la abrumaba y cuando estuvo cerca se dejó caer, exhausta y sin fuerzas, implorando silenciosamente a esa persona que volteara a verla, porque sólo eso le bastaría: Una mirada.

La peli-azul que se encontraba danzando volteó al escuchar los quejidos que se escapaban de la garganta de Akane y volteó a verla horrorizada.

— ¡Hija!—Profirió con pánico…

Su voz resonaba como un eco en el lugar, era dulce y cargada de esa genuina preocupación que tendría una madre frente a su hija herida.

—Mamá…

—Akane, levántate, puedes hacerlo. —La animó.

Akane lo pensó un segundo, no estaba segura de poder hacer lo que le pedía, pero aún así lo intentó. Con las últimas fuerzas que tenía se puso en pie y pudo observar frente a frente el rostro de Naoko. Era tan parecida a ella, tenía sus mismos ojos y varios rasgos que Akane había heredado también.

La melancolía se adueñó de su corazón por un momento y lloró intensamente, hasta que sintió tranquilidad en su interior.

—Mamá, ¿Por qué te fuiste? Dime porque tenías que irte… ¿Por qué?—Musitó entre sollozos.

—Akane, todos cumplimos nuestro tiempo en el mundo, debes entender eso. —Hizo una pausa y la miró con infinita ternura. —Es por eso que no debes interponerte, ni intentar traer nada a tu mundo que pueda dañarte.

— ¿Qué quieres decir, mamá?

— ¿Puedes ver tus pies?

Akane asintió con la cabeza viendo sus muy lastimadas extremidades.

—Ese es el camino que has decidido tomar hasta mí, uno lleno de dolor, sufrimiento y maldad. —Explicó serenamente como si se tratara de un niño pequeño que necesitaba entender las cosas con ejemplos gráficos. —Decidiste contactarme mediante ese portal, pero no sabías que podías desatar con eso… Ahora debes protegerte.

— ¿Protegerme? Pero… Mamá ¿Cómo lo haré? Yo… Yo sólo quería estar contigo y que me dijeras por qué razón moriste… No sé cómo detenerlo, ni cómo protegerme.

—Si quieres obtener esa respuesta, debes buscarla y hacer frente a todo lo que suceda. Sólo puedo decirte que hay alguien que puede ayudarte aunque no lo haya hecho hoy.

— ¿Quién? ¿De quién se trata? ¿Mamá, volveré a verte?

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— ¡Mamá! —Gritó con todas sus fuerzas al tiempo que abría sus párpados.

Miró a su alrededor y pudo ver que se encontraba en su habitación, su agitada respiración fue calmándose hasta llegar a su punto normal.

No tardó en recordar las grandes heridas de sus pies así que se apresuró a verlos para cerciorarse de que no encontrara nada allí, y así fue; sus extremidades se encontraban completamente intactas.

Se llevó la mano al pecho, el sueño le había resultado bastante real… Aún conservaba esa sensación de confusión y dolor que la que experimentó, y eso la asustaba.

Un momento después, la puerta de su habitación se abrió provocándole un respingo y vio a Ranma entrar tranquilamente.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —Inquirió Akane desconcertada por la inadecuada intromisión de su prometido en su propio cuarto.

—Te escuché gritar y vine a ver que todo estuviera bien. —Respondió recostándose en la puerta.

— ¿Estabas espiándome?

—No, sólo me quedé cerca para poder estar alerta a cualquier ruido y así venir de inmediato. —Explicó dedicándole una mirada que la congeló por un momento. —Por cierto, ¿Qué era eso que buscabas en la mañana?

—Ah… Nada… Unos libros de la escuela. —Mintió, rompiendo el contacto visual.

—Es sólo que creí que se trataba de esto. —Comentó mientras sacaba de su camisa el libro de magia oscura y de su otra mano la tabla Ouija.

— ¿Qué… Qué es lo que haces tú con… Eso? —Cuestionó sorprendida.

—Ahora Akane, debes explicarme algunas cosas...

Continuará…

Notas finales:

Muchísimas gracias por leer hasta este punto, y muchas gracias a esos lectores silentes que me leen en cada actualización. Gracias también a los que me agregan a las alertas y a los que se toman el tiempo para dejarme su opinión.

¡Nos vemos pronto!

¡Besos!