¡Hola una vez más! ¿Cómo están?
Vengo hoy aprovechando el Halloween para compartir con ustedes un capítulo más de mi historia. Como siempre, realmente siento mucho la demora, pero en ocasiones la musa se va por un largo tiempo y no ayuda nada a la realización de los capítulos. :( Espero que el próximo lo pueda traer pronto para que así nadie pierda el hilo del relato.
Quiero aclarar algo antes de que comiencen a leer, sé que me tardo con las actualizaciones pero JAMÁS voy a abandonar alguna de mis historias, no soy de dejar a medias lo que empiezo ni mucho menos, así que pueden tener la plena seguridad de que siempre subiré los capítulos, así tenga meses sin subir nada. Ahora sí, dejando claro esto, pueden divertirse y leer.
Oponente impalpable
—Ahora Akane, debes explicarme algunas cosas…
— ¿Qué… Qué quieres decir con explicarte algo?
—Eso justamente, has estado comportándote extraña últimamente y aunque lo niegues, sé que algo te ocurre —afirmó jugando con el libro de magia en sus manos.
—No… No sé de qué estás hablando, además ¿Qué te hace pensar que algo me sucede?
—No soy tonto deberías saberlo, Akane —respondió con tranquilidad.
— ¡Eso no responde mi pregunta!—espetó empezando a cansarse de la actitud misteriosa de Ranma.
—Te conozco, sé que no es normal que te comportes tan solitaria todo el tiempo, ya ni siquiera me buscas para pelear… Quiero decir… No es que extrañe que lo hagas es sólo que… Bueno… Yo… —ladeó su rostro evitando mirar a los ojos a una muy interesada Akane que escuchaba atentamente cada palabra.
—No creí que te importara el que ya no habláramos tan a menudo —confesó con un ligero sonrojo que intentó esconder.
—No, no… No creas que me importa pasar tiempo contigo, es sólo que no entiendo por qué has estado tan misteriosa —comentó jugando nerviosamente con sus dedos.
—Estás aquí conmigo ¿Qué haces perdiendo el tiempo entonces?—habló secamente la peli-azul indispuesta a continuar con esa conversación.
— ¡Eres una malagradecida, Akane!
— ¡¿Tengo que agradecer que entres a mi habitación a decirme que no te importa pasar tiempo conmigo?—profirió reclinando su cuerpo como si de esa manera Ranma le escuchara mejor.
— ¡Tendrías que agradecerme por preguntarte lo que te ocurre, boba!
Akane bajó la guardia luego de escuchar esa frase y sostuvo la mirada de Ranma sin atreverse a decir nada más.
—Ahora ¿Me puedes explicar qué hay que hacer con estas cosas?—cuestionó señalando la tabla y el libro —.Se trata de una investigación para la escuela ¿No es así? Aunque… Hiroshi o Daisuke no han mencionado nada acerca de eso.
—Es porque ustedes no prestan nada de atención a lo que dicen los profesores —se defendió rápidamente sabiendo que Ranma no podría discrepar contra eso.
—Sí, tal vez tengas razón, pero no son los únicos que lo ignoran —se sentó en el suelo de la habitación cruzando las piernas hojeando el libro desinteresadamente.
La peli-azul tragó en seco esperando que Ranma continuara con lo que sabía, pero al mismo tiempo tenía una sensación atemorizante por llegar a descubrir hasta qué punto estaba enterado Ranma. Temía ser descubierta y podía presentir que su prometido se encontraría bastante cerca de la verdad.
— ¿Por qué no dices nada, Akane?
—Estoy esperando que me digas lo que sabes—respondió haciendo un esfuerzo por parecer tranquila.
Ranma sonrió de medio lado sabiendo de ante mano que la había atrapado.
—Mientras estuviste en el consultorio del doctor Tofu hice algunas cosas para saber lo que te sucedía —explicó mientras movía el oráculo de la tabla y jugaba con él entre sus dedos —.Tus amigas me contaron que fueron una tarde a ver a una famosa adivina y que desde ese entonces actúas bastante extraño.
El corazón de Akane latía con fiereza, definitivamente a Ranma no se le podía ocultar todo, ya que encontraría el modo de averiguar lo que sucedía. Sonrió un momento al recordar el esfuerzo que su prometido había puesto para saber lo que le estaba ocurriendo.
—No me dijo nada extraño, sólo que visitaría otro país muy lejos de aquí —mintió nuevamente sintiéndose cada vez más culpable.
En medio de todo, no podía evitar sentir que le fallaba a Ranma al no apreciar su preocupación.
—Eso me dijeron pero parecían preocupadas —expuso mientras hacía flexiones sobre el suelo —.Por esos días entré varias veces a tu habitación tratando de encontrar alguna pista que me indicara por qué tanto P-chan como tú resultaron heridos.
— ¿Encontraste algo interesante?—interrumpió Akane tratando de apresurarlo para saber de una vez por todas si había sido descubierta.
—Sólo estas cosas bajo tu cama.
— ¿Y qué con eso?—inquirió fingiendo no comprender una palabra de lo que Ranma trataba de decirle —.Además ya te expliqué lo que sucedió la noche en la que me accidenté.
—Lo extraño es que no teníamos ese proyecto que mencionaste, incluso los profesores no sabían de qué les estaba hablando y me castigaron por comentar tonterías en medio de la clase —hizo una mueca de fastidio al recordar que uno de los baldes con agua fría que estaba cargando se derramó sobre él y tuvo que huir de Kuno toda la mañana.
—En realidad… fue… Una investigación que hice mucho antes de que llegaras y seguro por eso los maestros no lo recuerdan —habló con lo primero que se le ocurrió para que la ayudara a salir de aprietos.
— ¿Hace mucho? Pero Gosunkugi durante las clases no paraba de gritar que "Su amada Akane" había ido a su casa a preguntarle algo realmente importante—narraba teatralmente mientras hacía caras tontas tratando de representar a Gosunkugi.
No pudo evitar reír ante las muecas graciosas de Ranma, pero no tardó en darse cuenta que estaba por ser atrapada.
—Sí, fue sobre un libro de fantasmas que leí así que fui hasta su casa a hacerle un par de preguntas.
— ¿Sobre dónde encontrarías una "Tabla Ouija" y para qué funcionaba exactamente?—inquirió poniendo especial énfasis en el nombre del objeto.
— ¿Cómo es que conseguiste saber eso?—cuestionó sorprendida por la cantidad de información que poseía.
—Digamos que después de ser golpeado todo el día accedió a contarme lo que sabía —confesó sonriente—.Este Gosunkugi realmente es un idiota.
— ¡¿Lo golpeaste?
—Sí, resulta divertido, tiene la fuerza de un bebé y la inteligencia de uno de sus muñecos de paja.
—No tienes porqué aprovecharte de los débiles, Ranma, no actúes como un cobarde —lo reprendió Akane inquieta por el estado de salud de su compañero de clases.
—No te preocupes por el flaco, sus huesos son resistentes —pronunció desinteresadamente. —.Volviendo al tema ¿Para qué demonios querías saber sobre esta tabla? Por más que la mire no le encuentro la gracia.
—Ya te dije que la compré hace mucho.
—Pero el día que estuvimos juntos en el tejado traías unas bolsas con algunas compras ¿No es así?—la interrogó el oji-azul seriamente.
—Compre… Ropa, Ranma—refutó comenzando a quedarse sin argumentos con los que rebatir.
— ¡Qué casualidad! Vas a casa de Gosunkugi a preguntarle sobre esta tabla, luego llegas con compras y encima tienes este libro sobre magia…
—Estoy… Muy cansada, quiero descansar así que te agradecería que dejaras de decir estupideces y me permitieras dormir —usó ese argumento para salvarse de las acertadas sospechas de su prometido.
—Aún no has cenado, tienes que comer bien si es que quieres volver a ser la misma marimacho de siempre —bromeó Ranma colocando los brazos detrás de su cabeza antes de que unas pesas colisionaran contra su rostro.
Un rato después la puerta del dormitorio se abrió con Kasumi tras ella llevando la cena de Akane. Dejó la bandeja con la comida encima de la cama, con alimentos bastante saludables tal como lo había recomendado el doctor Tofu.
La peli-azul se dispuso a comer pero antes de poder probar algo de lo que había en el plato se percató que Kasumi y Ranma la observaban con atención.
— ¿Qué es… Exactamente lo que sucede con ustedes? —preguntó ansiosa a la espera de la respuesta que le darían para enterarse al fin de lo interesante que tenía en su rostro.
—Oh, nada Akane, es sólo que cada te pareces más a mamá —comentó Kasumi con algo de nostalgia y emoción en su voz.
—Yo sólo veo que comas bien—añadió Ranma guardando rápidamente la tabla y el libro antes de que lo culparan por llevar magia negra a casa de los Tendo.
Kasumi giró sobre sus talones dándole un par de instrucciones extras a su hermanan menor antes de retirarse del dormitorio.
Finalmente, Akane pudo comer su cena con tranquilidad y una sonrisa implícita en su rostro por el comentario que su hermana mayor le había hecho, lo único que aún la inquietaba era la compañía de Ranma quien parecía un guardaespaldas.
— ¿Piensas quedarte toda la noche?—cuestionó Akane incómoda por la constante actitud de escrutinio que le dedicaba su prometido.
—Tal vez hasta que me respondas lo que quiero —respondió el chico de la coleta sentándose en la silla giratoria frente al escritorio.
— ¡No tengo nada que decirte, Ranma!
— ¡Deja de mentir! ¿Tan mal está lo que hiciste que no te atreves a mencionarlo?
Akane pensó un momento sobre ello, y supuso que no era nada grave, tal vez era tonto y Ranma seguramente se reiría y la molestaría por creer en estupideces, pero no era algo realmente malo como para tener que ocultarlo de la manera en que lo estaba haciendo.
Luego recordó la maldición de la que el sujeto extraño le habló y se dio cuenta que no podría mencionarle nada de eso a Ranma, era demasiado tonto como para molestarse en comentarlo.
—No hice nada malo—se defendió al fin —.Sólo me siento triste por la ausencia de mamá, ya te lo había dicho.
Ranma quiso responder pero la puerta del dormitorio se abrió de un portazo sorprendiendo a los presentes.
— ¡Akane mi amor!—gritó una pequeña figura dando un gran salto para llegar hasta los abultados pechos de la peli-azul.
Antes de que sus pies se posaran sobre la suave superficie de la cama de Akane, Ranma lo detuvo arrojándole un enorme libro con el que consiguió golpearlo fuertemente en la cabeza.
—Viejo libidinoso ¿No le enseñaron a tocar antes de entrar?—profirió Ranma con molestia.
El maestro retiró el libro que se había quedado incrustado en su rostro y se levantó observando a Ranma. Luego colocó una de sus manos en el lagrimal y sollozo amargamente.
— ¿Cómo pueden pensar que un inofensivo ancianito como yo puede hacer algo malo?—se quejó fingiendo inocencia —.Sólo vine a traerle este lindo modelito a Akane como obsequio de bienvenida.
Happosai se acercó hasta Akane y sacó dentro de su camisa un sostén bastante revelador con intensiones de que se lo probara y modelara para él.
— ¡¿Está loco?—gritaron Ranma y Akane lanzándole un fuerte puñetazo que los envió a volar fuera de la casa de los Tendo.
Luego de la intromisión, Ranma se sintió algo incómodo y accedió a regresar a su habitación para que Akane se sintiera a gusto y pudiera descansar.
Aún con dudas se alejó del dormitorio de la peli-azul para ahora dirigirse hacia el comedor y terminar su cena en un abrir y cerrar de ojos. Volvió a la parte superior de la casa, esta vez acompañado de su padre panda, quien se tallaba los ojos y bostezaba ampliamente.
Se acomodaron en sus respectivos futones y Ranma simuló dormirse. Cuando estuvo seguro de que su padre se encontraba en un sueño profundo, se levantó y se escabulló ágilmente por la ventana. Buscó el cristal que le permitía ver el interior de la habitación de Akane y se acomodó allí esperando poder estar alerta por si su prometida necesitaba algo.
Se recostó sobre el marco y acercó sus piernas a su pecho en un frágil intento por evitar que la congelante brisa nocturna le arrebatara la escasa tibieza en su cuerpo. Cerró sus párpados no sin antes dirigirle una última mirada a Akane quien dormía plácida y cómodamente en su cama.
Un rato más tarde, en lo que pareció transcurrir una hora, despertó gracias a un maullido gatuno que se escuchó bastante cerca. De inmediato la piel de sus brazos se erizó y con terror miró a su alrededor esperando encontrarse con el espeluznante minino. Al no ver nada, sintió un gran alivio y decidió tratar de ignorar el hecho de que en el tejado ubicado justo arriba de su cabeza, más de un gato tuviera serias intenciones de hacer ruido toda la noche.
Cerró sus ojos nuevamente intentando conciliar el sueño para así dejar de pensar en los demonios de cuatro patas que se encontraban a pocos metros de él y que no le permitían dormir; no obstante algo dentro de la habitación de Akane llamó rápidamente su atención.
Trató de concentrarse y agudizar sus sentidos para lograr ubicar la procedencia del sonido, lamentablemente los maullidos de los felinos le dificultaban rastrear el origen del ruido.
Observó a través del vidrio y no notó nada extraño, todo parecía estar tan normal como de costumbre, a excepción de la temperatura que había disminuido considerablemente.
Parpadeó un par de veces y pudo distinguir como lo que parecía ser una sombra pasaba velozmente de un extremo de la habitación a otro. Fue un movimiento casi imperceptible que seguramente una persona que no tuviera la habilidad que él poseía habría notado. Aun así, el movimiento lo dejó completamente desconcertado y bastante atemorizado.
—Esto no me está gustando—comentó para sí mismo, apretándose las mejillas una y otra vez para comprobar que estaba despierto—. Tengo un mal presentimiento…
Meditó por un momento si debía preocuparse por algo que al parecer sólo fue su imaginación o hacer algo al respecto con el riesgo de que Akane lo viera como un loco.
Tragó en seco y abrió suavemente la ventana, entró a la habitación y caminó en puntillas hasta su prometida quien dormía cómodamente. Se sonrojó por un momento al pensar en lo hermosa y dócil que se veía mientras dormía y se detuvo conservando distancia para evitar que algo lo obligara a caer en la cama de Akane, de lo contrario sabría que daría un paseo por el nocturno cielo de Nerima y en ese momento eso no le convenía.
Miró alrededor aún con sus sentidos alertas sin dejar de percibir algo extraño en el ambiente. Su instinto le decía que lo mejor era salir de allí lo antes posible, pero eso implicaba abandonar a Akane y dejarla completamente a merced de lo que fuera que estuviera acechando entre las sombras.
Dio un paso hacia atrás y pudo escuchar un chillido que provenía de la parte inferior de la cama de su prometida, se puso de rodillas y dio un vistazo rápido esperando ver a alguien escondido allí, sin embargo no había nada más que la tabla con el oráculo moviéndose de un lado a otro. Ranma la tomó creyendo que estaba descompuesta y la soltó de inmediato al sentir como ardía en sus manos.
El objeto mágico cayó al suelo nuevamente con el pequeño trozo de madera desplazándose rápidamente señalando varias letras.
—¿Qué… Qué demonios es esto?—inquirió con el temor implícito en su rostro, mientras instintivamente se alejaba de la tabla.
No podía creer lo que veía, era algo que jamás había experimentado y de lo que no sabía qué esperar. El juguete de Akane, que según él era inofensivo, parecía estar revelándose ante sus ojos.
Ranma recordó que Gosunkugi le había comentado que se trataba de un elemento de magia que podría ser potencialmente peligroso si se le daba un mal uso, pero no creía que Akane la usara más que para apoyar sus cuadernos cuando estudiaba en su cama.
Un rastro de duda se apoderó de él por un momento obligándolo a preguntarse su Akane sería capaz de usarla, pero antes de poder dar con una respuesta fue interrumpido por el sonido de la tabla que parecía buscar su atención. Desde donde estaba podía observarla y pudo ver como el oráculo disminuía la velocidad escogiendo cuidadosamente las letras en las que lentamente se pudo leer: "Akane Tendo, muerte"
La expresión de Ranma no era otra que de pánico y con el corazón en su mano caminó hacia atrás hasta que la puerta del dormitorio se lo impidió. Luego ladeó su rostro para ahora ser testigo de cómo el cajón en el escritorio de Akane se sacudía violentamente hasta abrirse por completo. Su corazón latía con ferocidad dentro de su pecho haciéndole respirar agitadamente.
Finalmente el cajón cayó al suelo haciendo que Akane despertara asustada. La peli-azul miró desconcertada a su alrededor y vio a Ranma sentado recostado contra la puerta con una expresión de terror y del otro lado la tabla y la gaveta con sus pertenencias esparcidas por todo el lugar.
Rápidamente se sentó, frotó sus ojos y dirigió nuevamente su mirada hacia la tabla con el oráculo moviéndose de un lado a otro sin cesar.
— ¿Qué ocurre?—cuestionó la menor de las Tendo empezando a sentir pánico por lo que veía.
Una vez más el pequeño objeto buscó atraer la atención de ambos hacia él y lentamente fue dejando leer un: "Muere"
De inmediato un lápiz flotó sobre el cajón en el suelo y se dirigió directamente al pecho de Akane completamente decidido a perforar su corazón. La pequeña artista marcial intentó moverse, pero nuevamente se sentía prisionera de esa fuerza invisible que no le permitía recuperar su movilidad.
Ranma quien estaba a punto del colapso, reaccionó rápidamente y se abalanzó hacia Akane para así lograr empujarla y que el lápiz no le hiciera daño. Consiguió hacer que su prometida cayera acostada sobre su cama sin que nada la hiriera, sin embargo él no corrió con la misma suerte; el lápiz se incrustó con fuerza en su brazo izquierdo causándole un gran dolor.
— ¡Ranma!—gritó Akane horrorizada al ver el líquido escarlata que cubría la manga en el pijama de su prometido.
—Rayos…—Murmuró el chico de la trenza colocando su mano en el lugar donde había sido lastimado y observando el próximo movimiento de su incorpóreo oponente.
Continuará…
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Notas finales:
Me costó un montón lastimar a Ranma, pero definitivamente creo que valió la pena, quería algo dramático. :P
Para que los que me preguntaban que dónde andaba nuestro querido chico de coleta, les digo que la paciencia tiene sus frutos y acá está como toda una dulzura protegiendo a Akane y preocupándose por ella. Hay que tener en cuenta que no se puede todo tan rápido, y que a pesar de que Ranma no apareció tanto en los capítulos anteriores, estuvo siempre allí haciéndolas de detective para averiguar qué era lo que le sucedía a Akane.
Mil y mil gracias a todos los que leen, a los que me agregan a sus alertas, a los que leen por primera vez hasta aquí y a todos aquellos que aunque me tarde siguen fieles a la historia. De veras, es muy lindo saber que las personas te leen y aprecian lo que haces. ^^
Bien, espero que les guste y que pueda tenerlos conmigo nuevamente en el siguiente capítulo.
¡Nos vemos pronto!
