¡Hola!

Tenía listo el capítulo hacía bastante tiempo, pero creo que me esperé bastante para subirlo XD. Bien, les dejo la actualización sin demasiada nota al inicio, lo único que les quiero decir es: Millones de gracias por leer y por estar al pendiente de mi historia, por comentarla y por seguir siempre ahí a pensar de lo que tarde en actualizar.

Preludio revelador

—¿Te encuentras bien, Ranma?—inquirió con preocupación la menor de las Tendo, observando con terror como la sangre de su prometido se dispersaba rápidamente por su extremidad.

—¡Tenemos que salir de aquí de inmediato! —ordenó el oji-azul tomando a una muy atemorizada Akane de la mano obligándola a abandonar su habitación.

Akane corrió tras él aún preocupada por el estado del brazo de Ranma y por la violencia que habían cobrado los ataques desde la última vez. Jamás se le había cruzado por la cabeza que gracias a sus intentos desesperados por localizar a su madre, alguien resultara herido.

Llegaron finalmente al patio junto al estanque y Ranma se posicionó frente a ella dándole la espalda preparado para atacar a lo que sea que decidiera seguirlos.

La chica de ojos avellanada miraba con temor hacia las penumbras en las que se había convertido el salón de té por encima de los brazos de Ranma quien se encontraba en posición de ataque, esperando algún movimiento que lo alertara; pero nada se hizo presente, todo estaba en silencio.

Ranma giró lentamente sobre sus talones dirigiéndole una severa mirada a Akane, quien apenas pudo resistir tanta frialdad.

—¿Qué demonios significa todo esto?—preguntó seriamente señalando su brazo herido por culpa de ese misterioso lápiz que se levantó flotando—. ¿Cómo es que todo eso sucedió?

—No… Lo sé, yo…

—¡¿Akane, qué hiciste con esa tabla?

Ella sólo pudo dirigir su mirada al césped y debatir si había llegado la hora de contarle la verdad a Ranma.

—¡¿La usaste?—gritó el chico de la trenza perdiendo la poca paciencia que le quedaba—. ¡Maldición Akane, contéstame!

Era el momento, ya no tenía dudas, necesitaba decírselo… Si no lo hacía sería un acto desagradecido con su prometido que la había salvado de la muerte.

Su letargo fue interrumpido por un par de fuertes manos que se posicionaron sobre sus hombros sacudiéndola suavemente.

Akane sólo lo observó, con una mezcla de miedo y ternura; no quería que la reprendiera por ser tan tonta y buscar ponerse en peligro, sólo quería una palabra de aliento que le hiciera comprender que fuera lo que fuera a lo que se enfrentaba, no estaría sola.

—Yo… —consiguió decir al fin antes de darse cuenta que estaban lo bastante cerca como para sentir sus respiraciones.

Un sonrojo rápidamente cubrió las mejillas de ambos, haciéndoles separarse de inmediato. Por desgracia Ranma al soltarla tan rápidamente sintió un ardor que cubría ampliamente su brazo izquierdo, soltó un quejido y se arrodilló poniendo su mano en el lugar donde había sido herido.

— ¡Ranma!—profirió la peli-azul preocupada por el estado del brazo de su prometido, si seguía malgastando el tiempo, él perdería mucha sangre y sería peligroso —. Iré por gasa y vendas, no te muevas.

—E-Espera… No te vayas a escabullir, aún tienes algo que explicarme…

Ella asintió con la cabeza y buscó rápidamente el botiquín de primero auxilios que usaban usualmente cuando Ranma resultaba golpeado, regresó con él en sus brazos y se acercó a su prometido sentándose a su lado.

Con delicadeza acercó el maltrecho brazo de Ranma y suavemente lo observó para ver el estado en el que se encontraba. La herida parecía profunda pero había dejado de sangrar, así que sería más difícil extraer el elemento.

Tocó con temor el lápiz aún incrustado y recibió como respuesta un grito ahogado de Ranma.

—¡Ten más cuidado!—la reprendió el oji-azul volteando ligeramente su rostro para esconder la mueca de dolor que ese simple roce le había causado.

—Lo lamento…

—Ahora respóndeme ¿qué estuviste haciendo con esa tabla?

Akane observó el botiquín, sacando el desinfectante y la gasa, mientras pensaba en cómo comenzar su relato, apretó el pequeño recipiente en su mano en un intento por darse valor y empezar a dar la explicación que él tanto necesitaba.

—Mamá murió hace ya muchos años y desde ese entonces papá ha ocultado el verdadero motivo por el que ella falleció—explicó mojando la gasa en el líquido antiséptico y colocándolo a su lado para a continuación buscar la manzana que había traído de la cocina—.Muerde esto y trata de soportar el dolor, voy a sacar ese lápiz.

Ranma la observó con desconfianza, pero al ver la mirada seria en sus ojos supo que lo mejor sería no decir nada. Tomó la manzana y la introdujo en su boca tal como ella se lo había indicado.

—¿Estás listo?—preguntó preparándose para extraer la pieza—. ¡Ahora!

La mano de Akane se situó fuertemente sobre el lápiz y haciendo un poco de esfuerzo lo extrajo de la piel del oji-azul quien le dio un gran mordisco a la manzana que llevaba en su boca, dejándola caer y rodar libremente por el suelo.

—Fue más sencillo de lo que pensé—anunció triunfalmente Akane, sin darse cuenta que su prometido se había atragantado con el trozo de manzana que acababa de morder.

Pasó la gasa con el desinfectante sobre la herida nuevamente abierta, haciendo que Ranma se retorciera del dolor, y se ahogara aún más en el intento por hacerle saber que no podía respirar.

Akane seguía concentrada en su tarea de limpiar alrededor de la herida sin percatarse que el rostro de Ranma ya había pasado de púrpura a un azul pálido.

—Deja de moverte, Ranma—le ordenó con molestia mientras trataba de desinfectar el área lastimada.

Finalmente levantó la mirada llevándose una gran sorpresa por el color que había adquirido el rostro del chico de coleta, rápidamente se levantó situándose tras él para a continuación golpearlo con el pie en su cabeza.

Su esfuerzo no fue en vano, ya que como pudo el oji-azul se las ingenió para tragarse el pedazo de manzana atragantado en su garganta y moverse para que Akane entendiera que no necesitaba patearlo más.

La chica Tendo se detuvo y una vez más se colocó frente a él, mirándolo con atención.

—¿Estás bien?

Ranma no respondió, se quedó quieto con su mirada fija en otro punto, evitando mirarla.

—Termina rápido —le solicitó aún sin hacer contacto visual.

Ella se dedicó a seguir desinfectando, mientras un pequeño quejido de molestia se escapaba de los labios de su prometido al sentir el ardor que producía el antiséptico sobre su piel nuevamente expuesta. Apretó sus párpados tratando de soportar el dolor, y cuando dejó de sentirlo volvió a ver a Akane.

—Tienes que ser más valiente—aconsejó la peli-azul retirando con su dedo índice las tibias lágrimas en los ojos de Ranma.

— ¡¿Y tú no podría ser más cuidadosa al curarme?

Akane sonrió con ternura ante la expresión de enojo de Ranma y finalmente vendó su brazo, cuidando de no producirle más dolor.

—Entonces… Tu padre les ocultó el verdadero motivo por el que murió tu madre ¿Por qué haría algo como eso? —cuestionó el artista marcial, pensando en el motivo que el señor Soun tendría para hacer algo como eso.

—No lo sé, tal vez sólo para protegernos…

—¿Cómo te diste cuenta de que estaba mintiendo?

—Le preguntamos en distintas ocasiones, y siempre se ponía a llorar como loco y decía cosas completamente diferentes a las que había dicho la última vez. —explicó Akane recordando las escenas que montaba su padre cuando tocaban ese tema.

—¿Estás intentando averiguarlo?

—Sí, resulta difícil vivir sabiendo que te ocultaron algo tan importante.

—Pero… ¿Qué tiene que ver eso con la tabla?—interrogó Ranma, observando el torniquete que parecía del tamaño de un panal de abejas.

La menor de las Tendo resopló con resignación y comenzó a asegurar el vendaje para que no perdiera resistencia.

—Creo que quedó un poco grande—confesó apenada.

—¿Un poco?—respondió el oji-azul con ojos entrecerrados.

—Ranma yo… Me siento realmente sola, extraño mucho a mamá y por eso intenté contactarla con ayuda de la tabla.

—Gosunkugi me dijo que ese objeto era peligroso.

—También me lo dijo a mí, pero no creí que fuera real, además sólo quería hablar con mi madre…

— ¿Quieres decir que no fuiste a casa del flaco a consultarle sobre el libro de fantasmas?—Inquirió Ranma armando el rompecabezas que ahora parecía encajar a la perfección.

—No, fue por la tabla, no sabía dónde podía encontrar una y él me lo dijo. — declaró con vergüenza.

—¿Dónde la obtuviste?

La peli-azul lo pensó un momento y decidió que lo mejor sería no comentar la parte de la maldición que había adquirido con el piano en casa del extraño hombre.

—En una tienda de magia.

—¿Junto con el libro?—preguntó rápidamente recordando que también ese objeto estaba presente al momento de encontrar la tabla.

—No, lo tomé de la biblioteca del doctor Tofu…

—¡Vaya! No sabía que el doctor tuviera esos intereses—declaró el oji-azul encogiéndose de hombros—. Aún así, ese ataque no fue normal… Era como si algo estuviera empuñando ese lápiz.

—Desde que realicé el ritual con ayuda de libro, he sentido cosas que no puedo explicar —relató despertando el interés inmediato de su interlocutor.

—¡¿Te han atacado antes?

Akane parpadeó un par de veces ante la pregunta y decidió responder con la verdad.

—Sí…—susurró viendo como Ranma se sorprendía al escuchar esa respuesta—. Lo que me ocurrió con el vidrio fue lo mismo que sucedió hoy.

—¡¿Qué?—gritó Ranma preocupado por la seria situación en la que se había metido su prometida.

—Supongo que a P-chan también lo atacaron y por eso huyó…

—Sí, eso suena bastante lógico, aunque seguramente también se habrá perdido—razonó Ranma recordando a su extraviado amigo.

—Creo que es mejor que volvamos a la cama—sugirió Akane poniéndose en pie.

—¿Vol…vamos?

—Sí, ¿no piensas dormir?—cuestionó observando como Ranma se sonrojaba repentinamente—. No conmigo… Yo… No quise decir eso…

—¡No importa lo que hayas querido decir, no puedes volver ahí!—Exclamó poniéndose en pie y tomándola por el brazo con determinación— No permitiré que vuelvan a lastimarte.

Unos aplausos resquebrajaron el silencio que hasta ahora se vivía. Ambos jóvenes dirigieron sus miradas hacia el lugar del sonido y se encontraron con los Tendo espiándolos como de costumbre.

—Hubo demasiado ruido, y eso nos despertó—comentó Nabiki frotándose la cabeza.

—Oh Ranma, ya era hora de que te le declararas a Akane, que feliz soy—clamaba Soun con lágrimas de orgullo en sus ojos.

—Bien hecho, hijo—escribió con altivez el panda con un pañuelo bajo su ojo limpiando algunas fingidas lágrimas.

Sin soltar su agarre Ranma llevó a Akane hacia su habitación ignorando todos los comentarios de sus compañeros de residencia. Cerró la puerta del dormitorio tras él y puso seguro para evitar que alguien los molestara.

—Bien ¿qué estás esperando? Debes descansar—expresó Ranma sentándose a los pies de la cama.

—¿No vas a dormir?

—No, me quedaré aquí vigilando que nada extraño suceda.

—Pero… Mañana tenemos clases, tienes que descansar—le recordó la peli-azul.

—Duerme, no te preocupes, estaré bien.

La pequeña Tendo volvió a su cama e intentó conciliar el sueño, sin embargo el sentimiento de culpa y el temor por dejar a Ranma solo, sin saber lo que podría sucederle en lo que restaba de la noche se lo estaba dificultando.

La mañana llegó cargada de los típicos vientos de otoño. El despertador sonó anunciándole a Akane que ya era hora de despertar. Se frotó los ojos, bostezó y se levantó recordando al instante que Ranma se encontraba allí. Lo buscó con la mirada y lo encontró sentado, recostado sobre el borde de su cama, profundamente dormido.

Por un momento pensó si se habría quedado dormido cuando ella lo hizo, o si hacía poco tiempo lo había hecho. Le daba pena despertarlo después del esfuerzo de la noche anterior, pero lo mejor era hacerlo para que no la culpara después.

—Ranma—lo llamó sacudiéndolo un poco.

Él despertó de inmediato creyendo que algo había sucedido. Miró alrededor buscando encontrar algo que lo alertara, pero lo único con lo que se topó fueron con unos orbes color avellana que lo tranquilizaron al instante.

—¿Qué sucede, Akane?

—Hay que ir a la escuela ¿lo recuerdas?

—¿Irás? Sólo llevas un día de recuperación, no puedes ir aún—espetó el peli-negro con preocupación.

—Estoy bien, puedo ir, no soy tan débil—respondió tranquilamente—. ¿Cómo está tu brazo?

—Duele un poco.

—Es normal. Iré a darme un baño, apresúrate—declaró antes de salir del dormitorio.

Ranma asintió con la cabeza y esperó a escuchar la puerta de baño cerrarse, para dedicarse a buscar la tabla e ir a su habitación por su mochila y guardarla en ella, acto seguido buscó ropa limpia y se sentó en su futón tratando de deshacer el torniquete que la noche anterior le había hecho su prometida.

Lo tocó con suavidad recordando a Akane, ella podía ser violenta pero sin dudas siempre estaba allí para ofrecerle su atención, aunque fuera torpemente. Sonrió al recordar lo tierno de la acción y removió cuidadosamente el vendaje. Esperó a que Akane saliera del baño y se dirigió hacia ese lugar para asearse.

Un rato después desayunaron siendo víctimas de inquisidoras miradas y de incómodos comentarios por parte de sus familias. Comieron el desayuno lo más deprisa que pudieron y salieron para no escuchar más tonterías.

En el camino hacia la escuela ninguno cruzó palabra, ni siquiera mencionaron algo respecto a los comentarios de sus parientes; de hecho, no habían hablado desde que Akane nuevamente le colocó el torniquete.

Llegaron al aula de clases y ambos tomaron caminos distintos, reuniéndose con su respectivo grupo de amigos como de costumbre. Las horas en las distintas materias parecían prolongarse por horas y horas, sin lograrar atraer la atención de Ranma o Akane, para ellos simplemente era más importante pensar en cómo deshacerse de lo que fuera que los atacó la noche anterior.

Finalmente, después de lo que parecieron ser días, la campana que indicaba la hora del receso sonó, despertando a Ranma de lo que había sido una cómoda siesta. De inmediato se puso en pie, y salió de prisa con su mochila dirigiéndose al patio trasero de la escuela, que solía no estar tan atestado de gente.

Buscó en la casita de gimnasia algunos elementos que no sirvieran y que fueran inflamables para crear una pequeña fogata y quemar la tabla. Luego de unos minutos de encontrar uniformes viejos de algunos estudiantes, y varias cosas más, se dispuso a llevar a cabo su plan. Reunió los objetos poniéndolos muy cerca y encendió un cerillo que rápidamente arrojó y que poco a poco provocó que el fuego se fuera dispersando.

Cuando hubo una llama lo bastante grande para quemar algo, extrajo la tabla de su mochila y sin pensarlo dos veces la metió dentro del fuego. Se sacudió las manos como si hubiera terminado así con todos sus problemas y esperó a que sólo quedaran residuos de lo que había quemado; sin embargo todo parecía arder dentro de la flama excepto la tabla.

Se acercó para observar detenidamente lo que ocurría con el objeto y se sorprendió al ver que estaba tan intacta como antes de introducirla en el fuego. Tanto fue su asombro que se quedó allí hasta que la llama finalmente consumió todo dejando nada más que cenizas, residuos y la tabla completamente ilesa.

—Maldición, no puede ser…—Murmuró incrédulo

¿Cómo era posible que algo como eso hubiera ocurrido? Era imposible que un objeto hecho de madera no ardiera con el fuego.

Ranma se quedó allí un minuto tratando de entender qué había sucedido y se acercó hasta la tabla sacándola de los restos en lo que se había convertido su fogata. Fue más difícil de entender aún que el elemento mágico no estuviera a alta temperatura, se encontraba casi tan normal como si nunca hubiera ingresado al fuego.

Sorprendido y aterrado por lo que acababa de presenciar, decidió poner en marcha su último recurso. Se dirigió rápidamente al patio buscando a la única persona que sabía que podría sacarlo de ese aprieto, y no tardó en dar con él, su silueta inconfundible era fácil de reconocer.

— ¡Ven conmigo!—le ordenó tomándolo por el brazo y alejándolo del grupo de chicas fanáticas a las artes oscuras que lo acompañaban.

— ¿Saotome, Qué es lo que sucede?—cuestionó desconcertado dejándose arrastrar por Ranma, sabiendo que no podía hacer nada frente a él.

Finalmente llegaron al lugar donde Ranma había hecho la fogata. Gosunkugi se veía seriamente confundido mientras observaba como el oji-azul sacaba de su mochila la tabla.

— ¡¿Explícame ahora mismo cómo demonios me deshago de esto?— exclamó poniéndole la tabla muy cerca a la nariz de su interlocutor.

—Pero… Saotome eso es algo que alguien como tú jamás entendería—afirmó el chico ojeroso cerrando sus ojos y presumiendo saber algo que Ranma ignoraba por completo.

—Déjate de bromas y dímelo si no quieres terminar con todos los huesos rotos otra vez —amenazó Ranma tomándolo por el cuello de la camisa completamente empeñado en conseguir la información.

El pobre chico que movía sus piernas en el aire tratando de separarse de Ranma no tuvo más remedio que cooperar con su "amable" acompañante.

—Mira Saotome, si ya usaron esa tabla es más difícil que se deshagan de ella—explicó calmadamente —. Pero si por el contrario, sólo desean venderla, yo estaría dispuesto a comprarla.

Ranma lo miró un momento recordando que Akane ya la había usado ¿Qué se necesitaría entonces para poder alejar esa tabla que amenazaba con quitarle la vida a su prometida?

Continuará…

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Notas finales:

Muchísimas gracias por acompañarme nuevamente en esta nueva entrega, es un placer para mí recibir sus comentarios, críticas y reviews diciéndome que actualice, eso me apresura. XD

Espero verlos en el próximo capítulos y de nuevo muchas gracias a los que leen, comentan, agregan mi historia a sus alertas etc…

Un besote!