Capítulo 2

Peeta

Supongo que mi secreto ha salido a la luz. Si no fuera por esa maldita serpiente, no me hubiese caído del acantilado y mi ´Ma´ no estaría sentada en la habitación del hospital amenazándome con los ojos entrecerrados diciéndome en silencio que estoy metido en problemas.

El caso es que no tenía veneno corriendo por mi cuerpo. Uno de los colmillos de la serpiente pinchó un nervio de mi mano, siendo esa la razón por la que la tenía entumecida. Mientras el padre de Beete me llevaba al hospital, sabía que había sobrevivido a la mordedura y la caída, pero todavía tengo que sobrevivir a mí ´Ma´.

Mientras me caía por el peñón, me rasgué bastante las piernas. Debería estar agradecido por haber podido sujetarme a la parte de una roca que sobresalía con la mano buena, incluso aunque me hubiese arrancado la piel de la palma hasta la muñeca y casi necesitara puntos de sutura. Al final, el doctor decidió que los cortes no eran lo suficientemente profundos para eso y le pidió a una enfermera que me vendara nada más.

Mi 'Ma´ cruzó los brazos sobre su pecho.

―Me has dado un susto de muerte, Peeta. ¿Quién te do que escalaras montañas sin arnés de seguridad?

―Nadie.

―Fue una estupidez ―me dijo, señalando lo obvio mientras observaba a la enfermera vendarme la mano.

―Ya lo sé.

Miré hacia mi hermano Gale, apoyado en la ventana mirándome. Estaba negando con la cabeza, probablemente preguntándose cómo era posible que tuviera dos hermanos menores destinados a hacer estupideces. Nuestro padre murió antes de que yo naciera, por lo que Gale se convirtió en el hombre de la casa desde que tenía seis años. Tengo que reconocer que tiene mérito. Él siempre trató de alejarnos de problemas. Aunque Finnick siempre fue una causa perdida. Mi 'Ma´ decía que nació dando patadas y gritando y no paró hasta ser un adolescente.

Entonces usó toda esa energía acumulada para comenzar peleas con quien fuera tan estúpido como para encabronarlo.

Gale tenía veinte años cuando mi 'Ma´ envió a Finnick a vivir con él para que Gale lo llevara por el buen camino.

Ahora Finnick era militar y Gale estaba a punto de casarse con Madge Undersee, la chica con la que había estado desde secundaria.

Una enfermera asomó la cabeza en la habitación.

―Sra. Mellark, tiene que firmar unos papeles.

En cuanto mi 'Ma´ salió de la habitación, Gale caminó hacia a mí.

―Eres un hijo de puta con suerte ―dijo―. Si alguna vez me entero de que escalas sin arnés de nuevo, yo personalmente te voy a patear el culo. ¿Entendido?

―Gale, no fue culpa mía.

―Joder ―dijo cubriéndose los ojos con la mano como si tuviese un fuerte dolor de cabeza―.

Suenas igual que Finnick.

―No soy Finnick ―le contesté.

―Entonces no actúes como él. Me caso dentro de dos semanas. Dos semanas, Peeta. Lo último que necesito es a uno de mis hermanos cayéndose de un jodido acantilado y matándose.

―Técnicamente no era un acantilado ―le dije―. Y las probabilidades de una mordedura de serpiente en el ascenso son casi…

―Dame un respiro ―dijo interrumpiéndome. No me importan las estadísticas, Peeta. Quiero a mi hermano en mi boda.

Cinco chicas, las cuales realmente no recuerdo sus nombres, aparecieron en la puerta. Todas traían globos que decían: ¡Qué te mejores pronto!

Me reí con apuro mientras mi hermano miraba con shock el desfile de chicas que ataban los globos a los barrotes de mi cama.

― ¿Cómo te sientes? ―preguntó una de ellas que acudía a mi clase de matemáticas.

―Como una mierda ―le dije levantando las dos manos vendadas, una por la mordedura de la serpiente y la otra por haberse desgarrado en las rocas.

―Hemos venido para hacer que te sientas mejor ―dijo Jo.

Sonreí e inmediatamente me sentí mejor. Ahora que sabía que no estaba a punto de morir, todo estaba bien.

― ¿En qué habéis pensado, chicas?

Me pareció oír resoplar a mi hermano mientras daba un paso atrás y las chicas rodeaban mi cama.

― ¿Quieres que te dé un masaje en la espalda? ―preguntó Ángela con coquetería.

―He traído galletas de la panadería Pearl Street Mall ―dijo Jo―. Puedo darte de comer ya que no puedes usar las manos.

―Tiene que ser una broma ―dijo Gale detrás de ella.

Angélica se puso detrás de mí y comenzó a masajearme la espalda, mientras que Jo tomaba una de las galletas de chocolate y la llevaba a mi boca.

Mi futura cuñada entró en la habitación, con sus botas de tacón alto resonando en el suelo del hospital y su pelo en una larga cola de caballo rubia cayendo por su espalda. Echó una mirada a su alrededor y negó con la cabeza confundida.

― ¿Qué pasa aquí? ―le preguntó a Gale.

―No preguntes ―dijo acercándose a ella.

―Gale me llamó asustado porque estabas herido ―me dijo.

Levanté mis dos manos vendadas.

―Lo estoy. Duele un montón, pero el médico dice que sobreviviré.

―Obviamente ―dijo―. Pero no creo que estés tan feliz cuando tu madre entre en la habitación y pille a su hijo de dieciséis años, rodeado por su propio harén. Ya sabes cómo es de sobreprotectora, Peeta.

―Si es como mi madre, se pondrá histérica ―dijo Angélica, luego se volvió hacia las otras chicas―. Tal vez deberíamos irnos.

Angélica es una chica con la que he "jugado" casualmente por ahí un par de veces en las fiestas.

Ella tiene padres que vienen de los distritos, así que lo entiende. Las otras chicas no tienen ni idea de lo protectoras que pueden ser las madres fuera del capitolio.

Le dije a las chicas que les mandaría un mensaje de texto cuando pudiera usar mis manos, y se fueron justo antes de que mi 'Ma´ entrara de nuevo a la habitación.

― ¿Quién ha traído los globos? ―preguntó―. ¿Han sido las chicas que vi en el pasillo?

―Sí ―le dije―. Son amigas de la escuela. ―No es necesario que entre en detalles sobre cómo me he divertido con tres de las cinco en un momento u otro. Eso traería un sermón que definitivamente prefiero evitar.

El doctor me da de alta media hora después; en cuanto le da instrucciones a mí 'Ma´ sobre cómo tratar las heridas en casa.

―No eres invencible ―me dijo Gale después de que Madge y mi 'Ma´ salieran de la habitación―. Ninguno de nosotros lo es. Recuérdalo.

―Ya lo sé.

Señala mi pecho con el dedo y bloquea mi camino.

―Escúchame, Peeta, porque sé muy bien lo que tenías en la cabeza cuando decidiste escalar sin equipo de seguridad. Te gustó la sensación de adrenalina sabiendo que le estabas diciendo "vete a la mierda" al peligro. Tengo un hermano en el ejército y un mejor amigo que lleva cuatro años bajo tierra, y no voy a darme la vuelta y quedarme tan tranquilo mientras veo que a mi hermanito se le pone dura por coquetear con el peligro.

―Te tomas la vida muy en serio ―le respondo, pasando por delante de él. Ya no soy tu hermano pequeño, Gale, y no soy tan inocente como parezco. Tengo casi dieciséis. ¿Recuerdas a esa chica, Jo o a la que me trajo galletas? Ellas tampoco son tan inocentes. ¿Quieres saber cómo lo sé?

No puedo evitar sonreír mientras Gale se tapa las orejas con las manos para no escucharme.

―No quiero saberlo ―dijo―. Eres demasiado joven, hermano. Te juro que si embarazas a una chica, tendrás más que dos manos vendadas que curar.

Katniss

No sé cuánto tiempo ha pasado. Cada vez que recibo una llamada a mi celular y me doy cuenta de que no es Cato, lo ignoro. Cada vez que tengo un mensaje de uno de mis amigos, lo ignoro.

No sé cuánto tiempo he estado sentada llorando en la playa, pero no me importa. Le digo a mi bebé que me de fuerzas, pero me siento tan débil como siempre.

Hasta que escucho una voz familiar.

―Kat.

Miro hacia arriba. Es Rue. Rue y yo hemos sido amigas desde el pre-escolar, cuando las dos llevábamos el mismo vestido el día de la foto y se la pasaba diciéndole a todos que éramos hermanas, incluso cuando la señorita Trudy dijo que las mentiras no eran parte de nuestra educación en la escuela sobre los "principios básicos". No sabíamos qué eran los "principios básicos" hasta que regresamos y nos enteramos que eran cuatro, pero cuando la señorita Trudy hablaba de ellos en su voz severa, sabíamos que estábamos en problemas.

Antes de decir algo, ella se arrodilla ante mí.

―Me he enterado.

Ella podría haber oído hablar de la ruptura, pero no tiene ni idea de que podría estar embarazada. Entierro mi rostro en mis manos.

―No lo puedo creer.

―Lo sé ―se sienta a mi lado.

Miro a mi amiga que tiene el cabello marrón y ojos color avellana ―exactamente lo contrario a mí.

―Me dijo que no era suficientemente distrital.

Rue sacude la cabeza y resopla.

―Él es un idiota.

Sollozo un par de veces, entonces trato de borrar las lágrimas de mi rostro.

― ¿Cómo te enteraste?

Ella hace una mueca.

―Traté de llamarte y por mensaje, pero no respondiste. Así que le envié un mensaje a Cato y le pregunte dónde te encontrabas. Y me contó.

―Le dije que lo amaba. Entonces me respondió que quería ver a otras personas. Luego me dijo que ya estaba saliendo con los Profesionales y que podríamos ser amigos. Amigos con beneficios, Rue. ¿Puedes creerlo? Como si pudiera cambiar mis sentimientos sacándolos como en un grifo.

Sólo decir las palabras amigos y beneficios con el mismo aliento me hace temblar.

Rue suspira.

―Yo sé que no lo parece en este momento, pero encontraras a alguien más.

―No puedo hacerlo sin él.

― ¿Hacer qué? ―pregunta, confundida.

Levanto la vista hacia ella, es la única amiga en la que más puedo confiar.

―Puede ser que… esté embarazada.

Su mirada de shock se mezcla con una considerable cantidad de pena lo que es suficiente para hacerme llorar de nuevo.

Pone sus manos a ambos lados de mi cara y me obliga a mirarla.

―Vas a estar bien, Katniss. Estoy aquí para ti. Lo sabes, ¿verdad?

Asiento. Me hubiera gustado escuchar esas palabras salieran de la boca de Cato.

― ¿De cuánto es el retraso? ―pregunta.

―Una semana y media.

― ¿Te has hecho una prueba de embarazo?

Sacudo la cabeza. Supongo que pensé que después de que le dijera a Cato, íbamos a ir juntos a una farmacia de alguna ciudad cercana donde nadie nos conociera.

Rue me obliga a levantarme.

―En primer lugar, vamos a ir por una prueba de embarazo. Luego vamos a averiguarlo.

Escucha, sea lo que sea no puedes cambiarlo. Vamos a averiguarlo para estar seguras. ¿Bien?

La verdad es que en este momento no sé si quiero saberlo con certeza. La ignorancia es la felicidad, ¿no?

Guardo silencio, mientras Rue conduce a una farmacia de regreso a su casa. Me siento en la orilla de la bañera y mordiéndome las uñas de las manos nerviosamente mientras ella lee las instrucciones y me entrega la tira en la que tengo que hacer pis para saber si estoy embarazada de Cato o no.

Miro la varita.

―No puedo ―le digo a Rue―. Yo sólo… necesito ver a Cato una vez más. Tengo que hablar con él cara a cara antes de hacer esto. Estará con Malnatti. Si lo puedo sacar lejos de la fiesta y hablar con él, tal vez podamos arreglar las cosas.

―Yo… no sé si eso es una buena idea.

―Tengo que verlo esta noche, Rue. ―Miro la prueba de embarazo―. No puedo hacerlo sin él.

Sé que sueno desesperada. Sólo tengo que averiguar si hay algo que pueda hacer para que cambie de opinión acerca de los Profesionales… sobre mí… y las drogas.

Rue se detiene.

― ¿Estás segura de que quieres hablar con él esta noche?

―Sí. ―Siento que tengo mucho que decirle, me tomó por sorpresa y con la guardia baja para decirlo antes. Si sabe lo mucho que realmente me preocupo por él, tiene que cambiar de opinión. No puedo imaginar a otra chica que lo ame más que yo. Pongo la prueba de embarazo de nuevo en el paquete y la meto en mi bolso.

―Vamos, vamos para que te ayude a prepararte, entonces ―dice y mientras me lleva a su habitación y busca en su armario para encontrar algo para que me ponga―. Creo que ver a Cato en este momento es una idea horrible, pero si estás decidida, no te voy a detener. En primer lugar voy a asegurarme de que te ves tan sexy, que Cato se hará mierda en sus pantalones cuando te eche una mirada.

Al final, Rue escoge unos jeans ajustados y una camiseta de diseño que su mama le dio después de que ella decidiera que ya los no quería más. Cuando llegamos a la fiesta, hago una respiración profunda y mantengo la cabeza erguida mientras camino a través de la gran carpa blanca de Malnatti con Rue a mi lado.

Reviso el área principal. Parece que toda la escuela está aquí celebrando el comienzo de las vacaciones de verano.

La música suena.

Algunas personas están comiendo.

Algunas personas están bailando.

Reviso la tienda en busca de su cara familiar que hace que mi corazón se acelere cada vez que lo miro.

Finalmente lo veo… está con Clove en la esquina trasera. Ella es una de las chavas rudas y bonitas de los Profesionales que la mayoría de las chicas de la escuela evitan. La está besando de esa forma tan familiar que conozco muy bien. Y estaba acariciando su culo con sus manos con las cuales me tocaban estando desnuda hace dos días.

No.

Cierro los ojos, deseando que la imagen desaparezca. Pero no sucede.

Abro los ojos, y ahora me doy cuenta de que la mayoría de los estudiantes de primer y segundo año me miran. Recibo miradas de lastima de las chicas del lado del norte, pero me doy cuenta de que la mayoría de las chicas de la Veta están susurrando entre sí y riéndose. Están regocijándose, felices de que Cato se deshiciera de su novia rica del lado norte.

Le digo a Rue que no me siga cuando doy la vuelta para salir corriendo de la tienda, sin detenerme hasta que llego a mi casa unos veinte minutos más tarde. Pongo el cerrojo de arriba y me encierro en mi habitación, sintiéndome como una completa estúpida.

Saco la prueba de embarazo de la parte del cierre de mi bolso y desenvuelvo la tira. Dejo escapar un suspiro largo y lento. Esto es todo. El momento de la verdad.

Entro al cuarto de baño, contenta de que el resto de mi familia está viendo la televisión en el cuarto familiar.

Después de seguir las instrucciones, tengo la tira en mi mano y espero con impaciencia que aparezcan los resultados. Mientras observo la pequeña ventana de plástico que me dirá mi destino, recuerdo que Cato me enseño tres cosas que ahora recorren mi mente: los chicos mienten para tener sexo, no confiar en cualquier chico que diga te amo, y nunca salir con un chico que viva al lado de la Veta.