Peeta
Cuando me opuse a la boda, yo no sabía que se convertiría en el circo de la familia Mellark. Yo sólo quería que Gale se lo confesara a Madge. Eso era todo.
No tenía ni idea de que mi próxima cuñada estaba embarazada. Oh hombre, ver la cara de nuestra madre cuando Madge anunció la noticia fue clásica; su rostro se puso rojo.
Me alegro de que se acabara, sin embargo. Madge dijo el "sí, quiero" y mi hermano dijo "sí, quiero", ella le pasó las arras de boda a él entraron ala cocina y tostaron el pan que yo mismo había preparado e hicieron el tueste lo cual convierte a Madge Undersee en Madge Mellark oficialmente.
Mi hermano va a ser padre… hombre, yo no lo puedo creer. Ni él tampoco. Después del shock inicial, no ha dejado de sonreír y en un momento dado incluso se arrodilló y besó el estómago de Madge por encima de su vestido de novia.
Miro hacia la pista de baile, veo a todo el mundo divirtiéndose, iluminados por la luna. Mi madre se acerca a mí. Ella todavía está exaltada, pero no puedo estar seguro de si es por la terrible noticia de que va a ser abuela o por el hecho de que mi primo Jo le estaba dando chupitos de tequila o por darse cuenta de golpe de que acaba de casarse uno de sus tres hijos.
Ya he bailado con todas mis primas al menos dos veces. Y también con las amigas solteras de Madge, que no acudieron con pareja. Una chica se acercó a mí y me agarró el culo, un par de veces, mientras estábamos bailando. Creo que es una de las hermanas de la hermandad de mujeres de Madge. Ella no tiene ni idea de que tengo quince años, porque me preguntó a qué fraternidad pertenecía.
Miro a Katniss Everdeen, la única persona que no se está divirtiendo.
Ella está sentada en una de las mesas sola. Juro que la chica se sentiría más feliz en un examen final que estando en esta boda.
Me dirijo hacia ella.
―Es posible que pienses en sonreír en algún momento de esta noche ―le digo. ―Es una boda,¿Sabes?
Ella me mira con sus ojos grandes que juro que están hechos de seda plateada. Son y las luces hacen que sus ojos brillen.
―Sonreír está sobrevalorado ―dice.
― ¿Cómo lo sabes si no lo has intentado? ―Agarro la silla a su lado y me siento a horcajadas―Vamos, a que no te atreves.
―Vete.- Está amargada y tratando, lo más posible, de tener su momento de mierda esta noche.
Cruzo los brazos sobre el respaldo de la silla.
― ¿Sabías que sonreír reduce el nivel de hormonas del estrés en tu cuerpo como la adrenalina y la dopamina? En serio, incluso una falsa sonrisa ayudará. Haz la prueba.
Ella me ignora, así que pongo mis manos en mi boca y hago algo que no he hecho en años: ruidos de corral. Empiezo con mi imitación de una oveja y al final con un impresionante mugido. A las chicas les solía gustar cuando yo los hacía en el quinto grado. Se ponían a mí alrededor para entretenerse, que es justo lo que quería en ese momento. Los chicos que no eran divertidos eran ignorados. Yo era un chico que se negaba a ser ignorado. Todavía me niego a ser ignorado.
Miro a Katniss, mientras que estoy haciendo los ruidos, pero consigo cero reacción de ella. Nada.
Hasta que ella me examina de arriba abajo como si fuera una criatura de otro planeta.
― ¿Eres de verdad?
―Tan real como ves, preciosa. ―Me levanto y extiendo mi mano―. Baila conmigo.
Ella examina mis costras y se estremece.
― ¿Qué te pasó en la mano?
―Es una larga historia con una serpiente. La serpiente ganó.
Es obvio que no me cree.
― ¿Por qué no bailas con esa chica de ahí? ―dice, señalando a la chica que me habían presentado como Ivette. Ella era prima o tía de Madge. Tiene el pelo teñido de rubio y está bronceada. Madge dijo que está en el equipo de natación de la escuela y el año pasado ganó el estilo libre de doscientas yardas. Gran cuerpo, pero no es mi tipo.
― ¿Quieres que baile con alguien que no seas tú?
―Sí― dice ella, meneando la nariz con aires de princesa.
Me encojo de hombros.
―Haz lo que quieras.
Lo que sea. Si eso es lo que quiere, puede sentarse aquí y ser una amargada. Miro a la pista de baile. Mi tía Ross de trescientos kilos se está moviendo a mí alrededor. La última vez que bailé con ella, me pisó el pie y casi aplastó mis huesos.
Justo cuando estoy a punto de dejar sola a Katniss para que se ahogue en su propia miseria, Gale me da unas palmaditas en el hombro. De pie junto a él está el Dr. Everdeen, el padre de Katniss. ―Gale me ha dicho que iras a Panem para estudiar ingeniería aeronáutica después de graduarte en la escuela secundaria ―dice el Dr. Everdeen con el mínimo indicio de acento.
Me pongo derecho.
―Ese es el plan, señor.
―Bien por ti. Realmente respeto que estés siguiendo los pasos de tus hermanos y trabajes duro.
―Yo respeto eso, también ―dice la mujer que estaba detrás de él. La madre de Katniss, obviamente―. Es admirable. Los chicos que tienen empuje y ambición sin duda llegarán muy lejos en la vida.
Me parece oír resoplar a Katniss cuando consigo la aprobación de sus padres. El Dr. Everdeen da palmaditas a Katniss en la parte superior de su cabeza.
―Veo que has conocido a mi hija, Katniss.
―Por supuesto. Me invitó a bailar, pero…
El Dr. Everdeen prácticamente arrastra a su hija fuera de la silla.
―Baila con Peeta.
―No me siento bien ―murmura.
―Vamos, cariño. Por lo menos finge que te diviertes
―No quiero divertirme o fingir que me divierto, papá.
―No seas grosera ―dijo su madre regañándola, luego la empuja hacia mí―. Baila con el chico.
Alzo mi codo para que Katniss lo tome, pero ella pavonea su pequeño cuerpo latino hacia la pista de baile sin esperarme.
―Buena suerte ―me dice el Dr. Everdeen.
Una canción se reproduce rápidamente y Katniss empieza a bailar con un grupo de gente al azar. La veo mientras ella pretende soltarse. Yo sé que ella está fingiendo porque no está muy sonriente… no está con el ceño fruncido, tampoco. Ella está… allí.
Trato de bailar cerca de ella, viendo como su cuerpo se mueve al ritmo de la música. No es una buena bailarina… Es francamente horrible. No parece darse cuenta de su aspecto ridículo mientras sacude su cuerpo como un robot alrededor de la pista de baile. Ni siquiera me mira.
De hecho, está ocupada en moverse de un grupo a otro para que nadie pueda reclamarla como su pareja de baile.
Hasta que una canción lenta suena.
Katniss se detiene bruscamente. Me acerco a su cintura y suavemente la impulso hacia mí.
Estamos cara a cara ahora. Ella levanta la vista hacia mí con pestañas largas que casi tocan las cejas y ojos en los que podría derretirme si ella me dejara. No hay duda de la electricidad pulsando a través del aire entre nosotros. Si nos juntáramos, sería explosivo… de una manera muy buena. Ella es intimidante, lo que es sexy como el infierno. Pero no me dejo intimidar fácilmente.
―Hola, corazón ―le digo mirando sus ojos grises.
Espero que sonría. O se ría.
No esperaba que me diera con la rodilla en las pelotas y dijera:
―Que te jodan.
Que es exactamente lo que Katniss Everdeen hace.
Katniss
No quería golpear a Peeta en las pelotas.
Bueno, por lo menos no es del todo cierto. Me refería a darle con la rodilla. Yo no tenía intención de hacerlo tan fuerte; delante de todos, incluyendo a la novia y el novio. Y mis padres. Y su madre. Y todos los demás que se encontraban en la pista de baile a la vez. Mientras que Peeta se agarra la entrepierna y se estremece de dolor, me alejo y me dirijo al baño de las mujeres. Es más como una corta carrera. Tal vez si me alejo rápidamente, nadie sabrá que la hija del Dr. Everdeen es un completo desastre. Hay pocas posibilidades, lo sé. Me encierro en un compartimento, contenta de quedarme aquí para siempre si eso significa no tener que hacerle frente al resto del mundo por un rato. Después de cinco minutos de pretender que no existo y deseando ser un personaje de ficción de uno de los estúpidos juegos de consola de Prim, creo que no hay moros en la costa, hasta que escucho los tacones de zapatos de una mujer y un golpe en la puerta.
Toc, toc, toc.
―Katniss, soy tu madre ―dice ella golpeando con los nudillos la puerta―. Abre.
― ¿Qué pasa si no quiero?
Su respuesta son más golpes.
Abro la puerta lentamente.
―Hola ―le digo, forzando una sonrisa.
―No me saludes, jovencita. Nos has avergonzado por completo a mí y a tu padre ahí afuera.
―Lo ciento ―le digo estúpidamente.
―Yo no soy la que necesita una disculpa. ¿Qué, en el nombre de Dios, te pasó Kat?
―Nada. ―Si yo le dijera, entonces ella sabría mi secreto. No puedo decirle, no ahora, cuando estoy tratando de averiguar qué hacer―. Yo... fue un accidente.
― ¿Un accidente? ―pregunta mama, no convencida en lo más mínimo. Ella inhala profundamente―. No sé lo que está pasando contigo, pero estás perjudicando a la gente y avergonzarte a ti y a tu familia no es la respuesta.
Ya lo sé. Pero yo no podía quedarme allí, mientras que las manos fuertes de Peeta se envolvían alrededor de mi cintura. Yo quería poner mi cabeza en su pecho y fingir que era mi caballero de brillante armadura dispuesto a vengar mi honor. Pero eso era una fantasía. Cuando me habló me recordó demasiado a Cato y el error más grande de mi vida. No tengo caballero, ni tengo honor.
―Supongo que quieres que me disculpe.
Ella asiente. ―Sí. Mejor pronto que tarde.
Veo que mi madre sale del baño y me deja sola. Es su manera de hacer que la disculpa sea mi propia decisión, como si no me obligara a hacerlo. Cierro la puerta y apoyo mi cabeza contra la puerta del compartimento.
Sé que estoy siendo irracional. No todos los chicos de los distritos son como Cato, al igual que no todas las chicas son como yo. En realidad, la mayoría de las chicas que sus padres son de los distritos que conozco hablan así y tienen por lo menos unos cuantos vecinos que vienen de allá. Yo no. Tal vez juzgué a Peeta duramente, pero de nuevo, probablemente lo vinculo perfectamente.
Oigo la puerta abierta y el tap-tap-tap de más zapatos de tacón golpeando el suelo del baño.
―Oh Dios mío, no puedo creer que esa chica que bailaba como un monstruo le diera una patada a Peeta y lo dejara tirado en la pista de baile. ―escucho a una de las chicas decir.
Yo no lo pateé. Utilicé mi rodilla, pero no voy a aclarar su pequeño error. Ahora no, por lo menos.
― ¿Probaste sus labios? ―la otra chica dice―. Yum.
Volteo los ojos.
―Lo sé, ¿verdad? Yo le he dicho que le ayudaría a curar sus heridas. He quedado en el muelle en cinco minutos. Voy a darte un informe sobre si realmente son besadles sus labios.
Hay una pausa, así que miró a través del pequeño espacio entre la puerta y el compartimento. La chica del "Oh Dios mío" está colocando sus tetas para que se vean más por encima de su escote, parecen nalgas. Se vuelve hacia su amiga.
― ¿Cómo me veo?
Lo tomo como una señal para salir del baño y aparecer. Tan pronto como se dan cuenta de que no están solas, me miran, luego se miran la una a la otra. Pretendo arreglar mi pelo y el maquillaje en el espejo derecho grande al lado de ellas.
Decido dar mi granito de arena. No porque me lo pidan, porque lo necesitan.
―Evitad a los hombres que se parecen a Peeta ―les digo―. Hombres como él os van a utilizar para luego dejaros tiradas por otra.
La chica "Oh Dios mío" pone su mano en la cadera y me mira de arriba a abajo.
― ¿Qué te hace pensar que en realidad me importa?
―Sólo estoy tratando de ayudar. Ya sabes, la unión de chicas y todo eso.
― ¿Unión de chicas? ―Dice la chica en tono de burla―. Yo no me uno con chicas que bailan como si estuvieran teniendo un ataque. Y no odio a los chicos, como es obvio que tú sí.
Su amiga se ríe. La chica "Oh Dios mío" se une a ella. Se están riendo de mí, al igual que las chicas que estaban en Malnatti la noche que vi a Cato besando a Clove. No me debería importar, pero me importa. Salgo del cuarto de baño, dejando solas a la chica "Oh Dios mío" y a su amiga de chismes.
Yo no odio a los chicos. Soy... precavida.
Mi madre me para mientras paso.
― ¿Ya te disculpaste con Peeta? ―pregunta.
Sacudo la cabeza.
―Estaba a punto ―le digo rápidamente y luego finjo que busco a Peeta.
Camino por la playa, tomándome mi tiempo para regresar a la fiesta. El choque de las olas contra la orilla y el olor fresco del aire me trae de vuelta al día en que le dije a Cato que lo amaba...
La noche en que me enteré que estaba embarazada.
Haría cualquier cosa para no ver la decepción y el horror en los rostros de mis padres cuando se enteren de que su hija de quince años de edad quedó embarazada del ex-novio que nunca les había gustado. En algún momento tengo que decirles la verdad: que me hice una prueba de embarazo y que salió positiva, pero sólo de pensarlo me dan ganas de llorar.
Mientras que la fiesta se anima más en la noche, me siento en una roca muy abajo en la playa y miro la aparentemente interminable extensión de agua. Me siento durante mucho tiempo, escuchando la música tenue procedente de la boda. De vez en cuando tengo un calambre en el estómago que me duele mucho, pero poco a poco lo controlo inhalando y exhalando con respiraciones suaves y controladas.
Suficiente mal humor, Katniss. A levantarse y seguir adelante... literal y figurativamente, una voz dentro de mi cabeza me instruye.
Me pongo de pie y me giro para ir hacia la fiesta. Mientras estoy caminando y pensando en cómo voy a reunir el valor suficiente para pedirle disculpas a Peeta y a continuación, volver a casa y tener la temida charla con mis padres, me tropiezo en algo suave. Miro hacia abajo y me doy cuenta de que sólo he tropezado con ropa. Ropa de hombre... es decir, un esmoquin.
Miro a mí alrededor y veo dos siluetas besándose en el agua. Peeta y la chica "Oh Dios mío". Sus chillidos son molestos ecos en el aire. Puedo decir que es Peeta porque... bueno, cada vez que lo miraba esta noche, su imagen quedo grabada en mi cerebro.
Incluso en la oscuridad instintivamente sé que es él. No puedo creer que él pueda jugar con la chica "Oh Dios mío" sabiendo que es sólo una aventura de una noche. Me doy cuenta que estoy enfadada con Cato y transfiero mis emociones a Peeta, porque son muy similares.
Malos pensamientos se están ejecutando a través de mi mente, como robarle su esmoquin para que se quede sin ropa. No debo hacerlo.
Pero, de nuevo...
Sin realmente pensar en el miedo de perder mi valor, cojo la chaqueta del esmoquin de Peeta, la camisa, pantalones, calzoncillos y zapatos. Puedo coger la cartera de Peeta de su bolsillo y dejarla en la arena. No tiene sentido que piense que le he robado la cartera, después de todo. Lanzo la ropa detrás de una roca y regreso a la zona de recepción. Me gustaría poder ver su cara cuando tenga que buscar, todo desnudo, su ropa. La dejé donde pudiera encontrarla fácilmente... a la luz del día. Le va a resultar difícil con la luz de la luna.
¡Sí! Por primera vez en semanas, me siento poderosa.
―Kat ―dice Prim―. Mama´ y Papá te han estado buscando. Estamos a punto de marcharnos.
Mis padres se despiden de casi todo el mundo de la boda. Yo estoy detrás de ellos haciendo lo mismo, sin un indicio de que acabo de esconder la ropa de Peeta donde no pueda encontrarla.
― ¿Qué estabas haciendo en la playa? ―me pregunta Prim mientras me meto en el coche de mí padre.
―Pedir disculpas a Peeta ―miento. Obviamente, no le hice mucho daño a su región inferior si estaba jugando una hora más tarde. Mi padre sale del estacionamiento, por el camino sinuoso pasando por la casa donde se celebró la boda y luego a la pequeña calle que lleva a un hotel cercano donde los invitados, probablemente, se quedarán esta noche. Prim, sentado a mi lado, está ocupada jugando con algunas aplicaciones de su teléfono.
Mirando por la ventana, veo a Peeta desnudo sosteniendo su cartera sobre su entrepierna al intentar colarse en el hotel. Se para al pasar, probablemente con la esperanza de evitar ser visto.
Pero yo lo veo.
Y él me ve.
Con una sonrisa sincera que no se refleja en mi cara siempre, bajo mi ventana y le saludo sin que nadie se dé cuenta. En lugar de sentir vergüenza, deja caer la cartera, se tapa con una mano y me saluda con la otra.
Lo que significa que está completamente desnudo.
No mires, Katniss. Hagas lo que hagas, no le des la satisfacción de mirar hacia abajo.
Al final, Peeta Mellark saca lo mejor de mí. Yo no podía dejar de mirar. Su cuerpo es más delgado y más fibroso que el de Cato y verlo en toda su gloria sin duda muestra sus diferencias.
―Me alegro de que le pidieras disculpas a Peeta ―rompe mi madre el silencio cuando estamos casi en casa.
―Sí ―le digo.
Cualquier pequeño sentimiento de júbilo que podría haber tenido desaparece a medida que mi estómago se retuerce de nuevo. Y otra vez. Siento que voy a vomitar. Un vértigo se apodera de mí, cierro los ojos hasta que mi padre se detiene en nuestra casa.
Mi madre se da la vuelta y frunce el ceño antes de entrar en casa.
―No nos avergüences de esa manera otra vez. No eres basura, así que no actúes como tal.
Agarro la manilla y salgo del coche.
Un dolor agudo en un lado me hace hacer una mueca de dolor.
―Lo sé ―me el arreglo para decir entre dientes.
―Sabes actuar como una dama ―dice mama.
Solo necesito vomitar, entonces voy a estar bien. Prim ya ha entrado en casa. Yo no puedo hablar porque me temo que voy a echar todo el contenido de mi estómago aquí.
Mi madre suspira por la frustración.
―Mírame cuando te estoy hablando, señorita.
―Lo siento, mama´ ―me obligo a decir―. Simplemente estoy... no me siento bien.
Camino hacia arriba, pero me detengo cuando mi estómago se estremece y caigo redonda por el dolor. Respiro profundamente, al no ser capaz de soportarlo. Me siento como si algo me cortara desde el interior.
― ¿Estás bien? ―pregunta mi madre detrás de mí.
― ¿Qué pasa, Kat?
―No sé. ―La miro y sé que no puedo mentir más tiempo. Sobre todo cuando ciento un hilillo de humedad corriendo por la cara interna del muslo. Mi corazón se acelera y me siento débil.
Otro choque de dolor pasa por todo mi cuerpo.
Doblo las rodillas, y me acurruco en posición fetal en la parte superior de las escaleras, ya que duele mucho.
―Cinna ―grita mi madre.
Mi padre está de rodillas a mi lado en un instante.
―Katniss, ¿dónde te duele? ―pregunta al igual que lo haría un médico, pero con un toque de pánico detrás de sus palabras. Él es cirujano, pero apuesto a que no está preparado para esto.
No puedo retrasar por más tiempo la verdad.
No veo sus caras mientras lloro en un susurro
―Estoy embarazada... y creo que algo está realmente mal.
Ahora puedo ver que la sangre corre por mi pierna.
Mi madre jadea apoyándose en la barandilla.
Mi padre me mira con las cejas juntas por la confusión. Está completamente aturdido por un segundo, como si el tiempo se hubiera detenido, pero rápidamente sale del trance como si de repente la realidad hubiera vuelto.
―Está bien. Vamos al hospital ―dice, no en estado de pánico, sino como un médico con un propósito. Él me levanta y me lleva por las escaleras mientras que mi madre llama a nuestra vecina y le pide que venga a quedarse con Prim.
Mis padres me acomodan en el asiento delantero, mientras que el dolor aumenta con cada segundo que pasa. En el coche de camino al hospital, miro a mi padre. Nunca lo había visto tan preocupado o triste. Cuando empecé a salir con Cato casi a diario, me advirtió que me mantuviera alejada de él. Ese chico no te dará más que problemas, me había dicho un día que nos encontró en la piscina, en la parte trasera de las casa. No quiero que andes con él. Te meterá en problemas. Mi madre estuvo de acuerdo con él.
Pensé que estaban juzgando a Cato sólo porque vivía en el lado sur. Yo estaba equivocada. Miro a mi padre. Sujeta fuertemente el volante y está concentrado en la carretera.
―Lo siento, lo siento, lo siento mucho ―le digo una y otra vez mientras el dolor es más agudo.
Él suspira profundamente.
―Lo sé.
― ¿Me odias? ―Aguanto la respiración, esperando la respuesta.
―Estoy decepcionado, Katniss ―dice, llamándome por mi nombre completo, nunca lo utiliza a menos que esté realmente molesto. Él no dice nada más que eso.
―No importa lo que pase, te queremos ―dice mi madre alentándome desde el asiento trasero―. ¿Cómo sucedió esto? ¿Cuándo? ¿Dónde? Nosotros no toleramos...
―Portia, ahora no ―le dice mi padre.
Mi madre deja el interrogatorio, pero las preguntas permanecen en el aire entre nosotros. En el hospital, mi padre se asegura de que sea admitida de inmediato. Hacen todas las pruebas de sangre y la especialista, la doctora Helene, ordena un ultrasonido. Estoy tratando de contener mis lágrimas, pero no sirve de nada. Después de la ecografía, mi madre me coge la mano. Ella no dice mucho. Creo que está muy asustada y sorprendida para decir nada, por lo que mi padre y los otros médicos son los que hablan.
La Doctora ordena un segundo ultrasonido y me ponen suero, mi madre se sienta en un lado de la cama del hospital y mi padre se sienta en el otro. La doctora está de pie junto a ellos con mis resultados de las pruebas en la mano.
―Tienes un embarazo ectópico ―dice ella y luego explica por qué tienen que hacerme una cirugía de emergencia, ya que sospecha que mi trompa de Falopio ha comenzado a romperse. Mi madre tiene la mano sobre su boca mientras las lágrimas caen por sus mejillas. Mi padre asiente con la cabeza rígida mientras escucha a la Dra. Helene.
―¿Qué va a sucederle a mi bebé? ―pregunto en estado de pánico.
La doctora me toca el hombro.
―No hay manera de salvar al bebé ―explica.
Me pongo a llorar de nuevo. Al segundo que me di cuenta de que estaba real y verdaderamente embarazada, esperaba que el embarazo no fuera real. ¿Hice con mis pensamientos negativos que mi cuerpo rechazara al bebé? Un profundo dolor y una montaña de culpa que yo sé que voy a llevar siempre, se establecen en mi estómago.
Otra ola de dolor me golpea y me retuerce el estómago. Mientras mis padres firman los papeles, la realidad de lo que está sucediendo me hace temblar.
― ¿Todavía podré ser capaz de tener hijos en el futuro? ―le digo a la doctora antes de salir de la sala de preparación para la cirugía.
Ella asiente.
―Una se dañó, pero la otra está sana. Podrás ser capaz de concebir sin demasiados problemas.
Entonces la vía está lista y están preparados para llevarme al quirófano. Miro a mis padres. Quiero decirles algo, pero sé que si lo hago, voy a estallar en sollozos.
Mi madre me sonríe de forma forzada. Está decepcionada conmigo. Yo no la culpo.
Mi padre me agarra la mano hasta que llegamos al quirófano.
―Vamos a estar aquí esperando hasta que salgas.
El quirófano es frío y huele a aire comprimido. Me están conectando a monitores y la doctora me dice que voy a sentir sueño, ya que va a poner algo en la vía. A medida que caigo en un profundo sueño, me comprometo a olvidarme de Cato y olvidarme de nuestro bebé que nunca tuvo una oportunidad.
Pero mi último pensamiento antes de caer en la inconciencia no es así ellos sino así Peeta Mellark que me recordó que yo sigo siendo vulnerable. Si estoy emocionalmente no disponible, entonces no tengo que preocuparme, siempre de ser herida. Cuando esta pesadilla termine, voy a ser una persona diferente.
… Katniss Everdeen ya no será vulnerable.
