Peeta

Dos años y dos meses después…

Si me hubieras dicho hace dos semanas que estaría mudándome de vuelta a la Veta después de huir de este lugar cuando tenía once años, me habría reído. En todo este tiempo, regresé una vez, para la boda de mi hermano hace más de dos años.

Ahora tengo diecisiete y estoy de vuelta para siempre.

Estoy a punto de empezar mi último año. Conozco a cada profesor, cada estudiante y cada centímetro de la Preparatoria C en Colorado, a donde fui los últimos tres años de preparatoria. Si tuviera una opción, no habría regresado a Fairfield. Pero soy mexicano y mi cultura es de lealtad a mi familia.

El deber con la familia nos trajo de vuelta. Gale y Madge están viviendo aquí con mi pequeño sobrino, Darius. Los vimos anoche, tan pronto como llegamos. Madge está embarazada de nuevo, y mi 'Ma´ dice que no va a perder la oportunidad de ver a sus nietos crecer.

Estamos frente a la vieja casa que solíamos alquilar. Es una casa de dos habitaciones, más grande que una choza pero más pequeña que la mayoría de las casas en mi bloque. Está claro que los Profesionales no tienen tanta presencia en Fairfield ahora. La marca de pintura en spray en los edificios y señales ya no está y nadie ve a los autos conducir calle abajo como si pudieran ser miembros rivales de las pandillas a punto de pasar. Sin embargo, la presencia de un coche de policía aparcado en la calle me hace cuestionarme mis observaciones iniciales.

Sé por qué mi 'Ma´ quería regresar y vivir en esta ciudad, en nuestra vieja casa. No es sólo porque Fairfield está cerca de Evanston, donde viven Gale y Madge. Es por el pasado… los recuerdos de mi papá que ella está desesperada por resistir.

Miro mientras mi 'Ma´ pone la llave en la cerradura, luego abre la puerta. Envió un depósito y un cheque para el primer mes del alquiler mientras aún estábamos en Colorado, por miedo a que alguien más pudiera quedarse con ella. No le dije que no tenía nada de qué preocuparse, que nadie estaría haciendo fila para alquilar el basurero que solíamos llamar casa.

Estaba equivocado.

Estamos en la pequeña sala, y hago una doble revisión. La desgastada alfombra vieja ha sido reemplazada por nuevos pisos de madera noble. Las paredes han sido pintadas recientemente de un brillante blanco. Apenas reconozco el lugar.

—¡Peeta, mira! —dice mi 'Ma´ cuando va a la cocina y desliza su mano sobre la nueva bancada de granito y los apliques de acero inoxidable. Me sonríe ampliamente, luego me abraza con fuerza por la emoción—. Es un nuevo comienzo para nosotros.

Un fuerte golpeteo en la puerta delantera hace eco a través de la casa. —Puede que sea Elena.

Dijo que iba a pasar después del trabajo —dice mi 'Ma´, apresurándose para abrir la puerta.

Estoy a punto de revisar el viejo dormitorio que solía compartir con Gale y Finnick cuando

escucho a mi 'Ma´ exclamar: —¿Puedo ayudarlo, oficial?

¿Oficial?

¿Los policías están aquí?

La única experiencia que he tenido con los policías de la Veta fue cuando mis hermanos se metieron en problemas o cuando nos interrogaron sobre actividad pandillera cuando yo era más joven. Cuando la mayor parte de tu familia ha sido integrante de una pandilla, la última cosa que quieres es que un oficial de policía toque tu puerta. Incluso cuando Gale está en la escuela de posgrado y Finnick está en el ejército, los viejos hábitos son difíciles de romper.

Camino hacia la sala y observo mientras un policía uniformado le sonríe ampliamente a mi 'Ma´. Él tiene cabello marrón oscuro en corte militar y está de pie con una de esas posturas de policía que significa que habla en serio. —Los vi llegar y quise presentarme —dice el tipo, luego ofrece la mano—. Soy Cesar Reyes, su casero y vecino de al lado. Mí 'Ma´ se estira para apretar su mano, luego la devuelve rápidamente mientras mira el arma ajustada en su pistolera. —Gracias por presentarse, Oficial —dice ella.

—Llámeme Cesar. —El policía mira abajo, dándose cuenta de dónde se concentra la mirada de ella—. No fue mi intención intimidarla, Sra. Mellark. Estaba a punto de ir a trabajar y no sabía la próxima vez que la encontraría en casa. —Sus ojos se posan en mí—. ¿Es ese su hijo?

Ella abre la puerta un poco más y retrocede, de modo que ahora se me puede ver totalmente.

—Oficial, este es Peeta, el más joven de mis hijos.

Cesar asiente en mi dirección. —Bienvenido al vecindario.

—Gracias —balbuceo, no muy emocionado por estar viviendo, de repente, al lado de un policía que resulta ser nuestro casero.

—Voy a hacer una barbacoa en mi casa el domingo en la noche. Ambos deberían aparecerse si tienen la oportunidad.

Ninguno de nosotros responde.

Él se encoge de hombros. —De acuerdo. Supongo que los veré por ahí. —Saca una tarjeta de su bolsillo delantero y se la da a mi 'Ma´—. Si necesita algo, no dude en llamar.

Camina hasta su auto y luego conduce alejándose.

—Qué bueno que esto se terminó —digo.

Mi 'Ma´ cierra la puerta lentamente y luego suspira mientras se recuesta contra ella.

—¿Estás bien? —le pregunto.

—Estoy bien. Sólo… empecemos a desempacar.

El domingo, Gale llama para decir que me tiene una entrevista en el Capitolio Country Club , lo que es una caminata de veinte minutos desde nuestra casa. Necesito un trabajo para ayudar y le dije a Gale que estuviera pendiente si escuchaba de alguna oferta. Mi primo Haymitch tiene un taller, pero Gale ya trabaja allí unos cuantos días a la semana y desde que la economía se fue a la mierda, Haymitch no tiene suficiente trabajo para dos empleados extra. A las cuatro, me dirijo al club . Es un lugar enorme con un campo privado de golf de dieciocho hoyos y una sala comedor exclusiva, solamente para miembros del club.

El proceso de entrevista no toma mucho, esta señora, Sae , me llama a su oficina después de que llene una solicitud.

Pone su mano en su escritorio y me da un vistazo. —Veo que eres un estudiante de altas calificaciones y estás en los equipos de fútbol y natación de tu preparatoria. Dime, Peeta, ¿Por qué quieres un trabajo aquí?

—Acabo de mudarme y necesito ayudar a mi mama con las cuentas. Tengo que hacer las solicitudes a las universidades en unos cuantos meses y cuestan mucho dinero.

Ella deja el documento en su escritorio. —¿A qué Universidad quieres ir?

—La Universidad de Panem Tiene un programa de aeronáutica —le digo—. Después de terminar mi pregrado planeo acceder al programa de entrenamiento para astronautas de la NASA.

—Eres ambicioso.

—Sí, madam.

Ella le da una mirada a mi solicitud una vez más. —No tienes experiencia como camarero. En realidad necesito un camarero para el comedor.

—Puedo hacerlo —le digo—. No es un problema.

—Nuestros miembros esperan comida de primera categoría y el mejor servicio que pueda ofrecer. No tolero ninguna mala actitud, retrasos o empleados descuidados. Cuando los miembros entran al club, son tratados como la realeza por cada uno de los empleados de mi personal. Nuestros miembros pagan un montón enorme de dinero para ser parte de este club.

Son exigentes e igual lo soy yo.

—Puedo hacerlo.

La mujer duda unos cuantos segundos más antes de sonreírme. —Me gusta un hombre joven con ambiciones como las tuyas. Aunque no tienes experiencia, te daré una oportunidad.

Empezarás como mozo por un mes, luego seguirás como camarero si tienes lo que se necesita.

Puedes empezar el sábado.

—Gracias por la oportunidad, madam —le digo. No la decepcionaré.

—Bueno. Está listo entonces.

De vuelta a casa, encuentro al Oficial Cesar de pie frente a nuestro pórtico delantero, usando jeans y una camiseta. Tiene una Budweiser en su mano y está hablando con mi 'Ma´. No pensaría nada de eso, pero el tipo tiene una mala sonrisa en su cara y acaba de tocar su codo mientras ella ríe por algo que él dijo.

Oh, hombre.

Sé cómo actúa un hombre cuando está coqueteando con una chica, porque lo hago todo el tiempo. No hay duda en mi mente de que nuestro vecino/casero/policía está loco por mi 'Ma´.

¿Cómo demonios, voy a explicarle eso a mis hermanos?

Katniss

Ugh, no pude dormir anoche. Es el primer día de mi último año y estoy preparada. Estoy lista para graduarme, salir de aqui y empezar mi vida.

Me doy una ducha, me visto y luego me dirijo escaleras abajo para desayunar.

—Te ves bien —dice mama, echándole un vistazo a mis jeans y camisa de seda color turquesa que me compró cuando fue de compras al centro de Evanstons la semana pasada.

—Aquí, hice algunos huevos para ti y Prim.

Mi hermana entra caminando a la cocina, su cabello prácticamente cayendo en sus ojos mientras lee alguna revista de juegos. Es el primer día del primer año y está usando vaqueros desgastados y una camiseta que ha tenido mejores días. Pensarías que él al menos se vestiría para la ocasión, pero no.

—Prim, necesitas un corte de cabello —le digo.

—No, gracias —responde Prim ausentemente mientras lee un artículo sobre algún nuevo juego de combate saliendo al mercado con gráficos digitales. Sólo sé esto porque le doy un vistazo al título del artículo, que dice "Fuerzas de Combate I: ¡Fabulosos gráficos digitales!"

—Prim, te das cuenta que estás en preparatoria ahora, ¿cierto?

—¿Y qué?

—Deberías cuidar de tu apariencia.

Pone su revista de juegos en la mesa de la cocina. —Me puse una camiseta que no tiene agujeros. Eso debería contar para algo.

—¡Dice QUE LA FUERZA ESTÉ CONTIGO!

Él mira a su camisa. —Lo sé…. Genial, ¿huh?

Miro a mama en busca de apoyo.

—Cada uno tiene su propia definición de genial, Katniss —dice mama.

Prim le da un guiño exagerado. —¿Crees que es hora de decirle a Katniss la verdad, que seré una millonaria por mis propios esfuerzos para cuando tenga veinte y Katniss probablemente me estará pidiendo préstamos?

Mama pone un plato en frente de élla y empieza a apilar huevos y tostadas. Incluso sirve jugo de naranja en su vaso. —La verdad es que mejor pones tu trasero aquí y te comes el desayunoantes de que se haga tarde.

—Las habilidades sociales cuentan mucho, ¿sabes? —le digo a élla.

—Las habilidades sociales están sobrevaloradas —dice mi hermana antes de dar un gran mordisco de pan.

Mama palmea a Prim en el hombro. —Deja de fastidiar a tu hermana.

—Ella lo hace tan fácil —dice Prim, luego se recuesta en su silla—. Entonces, ¿Quién quiere nombrar a mi próxima Reina del Dragón en el juego que estoy a punto de codificar?

—¿Qué tal Katherin por tu hermana? —sugiere Mama

—Necesito un nombre más rudo que ese —le dice Prim—. Esta es una reina que puede usar una espada y usar cota de malla.

—¿Por qué no Bertha? —sugiero en broma. Odio cuando Prim empieza a hablar de personajes de caricatura como si fueran reales… lo odio más cuando me molesta y yo, de hecho, valido su obsesión.

—¿Reina Bertha? No, no funciona para mí.

—Bueno, estoy segura de que pensarás en algo. —mama saca sus llaves—. Oh, casi lo olvido.

Katniss, no puedes tomar tu auto hoy. Tu padre lo llevo a reparar esta mañana cuando se dio cuenta de que estaba perdiendo aceite. ¿Por qué no vais caminando juntas a la escuela?

Empezad el año siendo activos en lugar de perezosos y mimados.

—Estoy orgulloso de mi pereza —dice Prim, entreteniéndose a sí mismo—. ¿Y qué está mal con ser mimada?

—Todo. —Ella se gira mientras estoy a punto de terminar el último mordisco de mi comida, y dice—: Os diré qué…. Os llevaré a ambos a la escuela porque tengo que ir a trabajar de todas maneras, pero podéis caminar o tomar el bus a casa. —Sonríe serenamente.

¿Tener a tu madre llevándote a la escuela, siendo de último año? —Si papá tomó mi auto, déjame tomar el suyo.

—Eso no va a suceder —dice—. A menos que tengas todo en nota alta, nunca vas a sostener las llaves de su Lexus. Es una meta por la cual trabajar.

Prim pone los ojos en blanco. —Mama, Katniss nunca ha tenido todas la notas altas.

—Sí, lo ha hecho —dice mama.

Prim se ríe. —No estoy hablando del jardín de infantes.

Pateo a mi hermana bajo la mesa. Sólo porque élla no lo intenta, no estudia duramente, y obtiene todo en nota alta, no significa que tenga que ser tan arrogante sobre eso.

—Tengo una cena con algunos clientes esta noche, así que no estaré en casa. Decoraré su casa usando antigüedades —dice mama, emocionadamente.

—Diviértete —le digo, sabiendo que lo hará. Mi mama es una diseñadora de interiores que ama convertir lugares aburridos en habitaciones con tema que ella llama "espectaculares éxitos eclécticos". Cada habitación en nuestra casa tiene un tema y ha sido convertida en un "espectacular éxito ecléctico" una y otra vez. Mi vida está inundada de habitaciones con tema.

En la escuela, Rue me está esperando al lado de nuestros casilleros. Al final del último año podemos elegir cualquier taquilla para el año siguiente, así que Rue y yo nos aseguramos que nuestros casilleros estuvieran justo uno al lado del otro. Eso fue antes de que ella empezara a salir con Tresh. Los dos han sido inseparables desde el último día de clases, cuando él se apareció en su casa con una docena de rosas y una canción que había escrito sobre ella.

No confío en Tresh. Sé que le gusta Rue, pero también sé que un montón de chicas le coquetean y él también lo hace. En un momento de debilidad masculina, puede romper el corazón confiado de Rue.

—Sólo por si querias saber —dice Rue, haciendo un gesto como si estuviera a punto de compartir malas noticias—. El casillero de Cato esta justo al frente del nuestro.

Una ola de ansiedad se apresura dentro de mí. —Por favor dime que estás mintiendo.

—Desearía estarlo.

Después de que terminamos, Cato entró verdaderamente con los Profesionales. Sé que ha estado vendiendo drogas y metiéndose mucho en peleas. Algo le pasó el año pasado al chico que guiaba el negocio y la presencia de los profecionales en el lado de la Veta se rompió. Escuché que Cato empezó a mezclarse con otras pandillas además de los profecionales . Se ha vuelto más molesto y rudo. Solía pensar que él tenía un exterior duro pero era dulce una vez que en verdad lo conocías. Cato es cualquier cosa menos dulce ahora.

Tresh está caminando por el pasillo, dirigiéndose a nosotros. Por supuesto que es detenido por prácticamente todos lo que gritan su nombre. Las chicas están enamoradas de él porque es ridículamente hermoso con cabello obscuro y el seño de niño malo pero el el rostro de modelo y un cuerpo bien formado. A los chicos les gusta porque es el mejor atleta. Como estudiante de Segundo año, logró entrar a los campeonatos estatales de tenis. Cuando se hirió el hombro antes del penúltimo año, decidió que no quería jugar tenis y en su lugar, se fue al equipo de fútbol. Lo votaron como el jugador del año el año pasado al final de la temporada, lo que no sorprendió a nadie.

Tresh está de pie al lado de Rue, pero ella se gira y pretende estar interesada en algo dentro de su casillero.

—No puedo creer que aun estés enfadada —dice Tresh.

Rue empuja libros en su casillero. —No estoy enfadada. Puedes ir a la Universidad a donde quieras, Tresh. No tienes que pedirme permiso para solicitarlas en el este. Él pone su mano en su pequeña espalda y se inclina hacia ella. —¿Por qué ni siquiera le das un vistazo a las escuelas en Ivy League?

—Porque no están en el Medio Oeste —le dice ella—. Quieres irte lejos de casa, bien. Yo no puedo.

Rue no lo está diciendo, pero está comprometida en quedarse cerca de Capitolio porque a su madre se le diagnosticó cáncer el año pasado. Ha pasado por la quimio y los doctores dicen que está disminuyendo, pero Rue no quiere estar lejos.

—¿Qué estás diciendo, que si me voy a la escuela fuera del este se acaba lo nuestro? — pregunta Tresh.

—No lo sé.

Decido poner mis dos centavos en la discusión para una revisión de la realidad. —El porcentaje de parejas que siguen juntas después de la escuela es, como, menos del cinco por ciento, chicos.

—Gracias por el voto de confianza, Katniss —dice Tresh sarcásticamente.

—Sólo soy realista —le digo—. No hay necesidad de teneros viviendo en la Tierra de la Fantasía.

—Espero que nunca vayas a Disneylandia —me dice Tresh—. Probablemente le dirás a todos los niños que Mickey Mouse es sólo un tipo con disfraz.

—Probablemente —le digo.

Rue suspira. —Tresh, deja en paz a Katniss. Sólo me está protegiendo.

Tresh sacude su cabeza, frustrado. —Maldita sea, Rue. ¿Cuándo te vas a dar cuenta de que no necesitas protegerte de mí?

—Katniss es mi mejor amiga.

—Y se supone que yo soy tu novio. —Tresh se aleja con una mirada amarga en su rostro.

Rue recuesta la cabeza contra el casillero. Sé que tiene miedo. Tenía miedo de perder a su madre, y ahora teme perder también a Tresh. Sé lo que se siente al tener miedo, que es precisamente por lo que digo las cosas como son. Sí, Tresh podría dejarla por otra chica. O ir a una universidad muy lejos y olvidarse de lo mucho que la quiere. O tal vez está mintiéndole sobre lo mucho que se preocupa por ella. Esa es la realidad. Tresh incluso podría pensar que está siendo sincero….pero, ¿cuánto durará?

—Él me odia —le digo.

—No, no es así. —Ella se gira hacia mí—. Simplemente piensa que eres demasiado cínica. Tan pronto como dice la palabra cínica, escucho una vieja voz familiar , haciendo eco a través del pasillo. Cato. El sólo escuchar el profundo sonido sordo de su voz solía hacerme sonreír de oreja a oreja. Ahora, su voz es como uñas sobre una pizarra.

Miró hacia Rue. Ella me toca el antebrazo simpáticamente.

—Ignóralo —me aconseja.

Por supuesto que lo ignoraré, justo como lo he hecho los últimos dos años. Él ha cambiado mucho, y también yo. Pretendo rascarme la barbilla con mi hombro mientras doy un vistazo a través del pasillo, hacia su casillero. Cato está hablando con un tipo que me parece familiar…

Espera.

Un. Segundo…

No, no puede ser.

Es Peeta Mellark, el chico cuya ropa escondí cuando su hermano se casó hace años. La última vez que lo vi, estaba desnudo. Eso fue hace mucho tiempo, apuesto que no me recuerda. Yo lo recuerdo, sin embargo. Es el chico que me recordó que era vulnerable. La noche que lo conocí, me volví cínica. Echo un vistazo de nuevo.

Oh, no.

Está mirando directamente hacia mí.