Peeta
Ojos exóticos de verdad exóticos quien tiene los ojos color plata. Cabello castaño ondulado y al parecer le creció durante un tiempo lo recuerdo más corto ahora lo tiene en la cintura. Una actitud de un kilómetro de largo. Mayor, pero todavía tiene esa única aura de "ángel con filo" a su alrededor.
Conocería a esa chica en cualquier lugar. Podría elegir entre una multitud de miles de chicas. Ella negó su sangre de ser de los distritos, bailaba como un robot, y me despreció, todo en la misma noche.
―Esa es Katniss Everdeen, ¿Verdad? ―le pregunto a Cato, un amigo mío de la escuela. Es un poco extraño, es como si nunca me hubiera ido. Nunca me di cuenta de lo profundo que mis raíces están en esta ciudad, a pesar de que me he ido del Capitolio hace casi seis años. Llegué temprano a la escuela esta mañana y recogí mi horario de la oficina. Tan pronto como me dirijo a mi casillero, soy reconocido por un grupo de viejos amigos con los que solía pasar el tiempo.
Cato mira a la chica, luego asiente con la cabeza.
― ¿Cómo conoces a Kat?
―Tuve un encuentro con ella hace un par de años en la boda de mi hermano. ―No hay necesidad de entrar en detalles sobre cómo escondió mi ropa y me dejó a mi suerte con una muchacha demasiado agresiva con la que había estado divirtiéndome piel con piel.
― ¿Cuál es su historia? ―le pregunto.
―Su historia es que es extremadamente rica y tiene un cuerpo hecho para jodérsela ―dice Cato―. Ella es una puta. Mantén el culo muy lejos de esa chica si quieres mantener la cordura.
Miro en su dirección y nuestros ojos se encuentran. ¿Ella me recuerda?
Mientras Cato conversa con un par de chicos, yo mantengo mis ojos en Katniss. Rápidamente desvía la mirada, dice algo en privado a la chica bajita y morena de pie junto a ella, entonces sacude el pelo hacia atrás y se aleja por el pasillo sin mirar atrás.
Vuelo en mis dos primeras clases, es genial ver a viejos amigos que pensé que nunca volvería a ver. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que Cato está colgado con los grandes fuera de la escuela. Nadie tiene que hablar de su afiliación a una pandilla, es evidente. La mayoría de las familias que vivían en mí vecindad estaban conectadas. Algunos todavía lo están.
El lado de la Veta puede que ya no esté lleno de miembros activos de pandillas, pero seguimos siendo los niños pobres en la escuela. Las escuelas primarias y secundarias no estaban integradas, pero la escuela secundaria se fusionó todas las escuelas de ambos lados de Capitolio en un crisol multicultural.
La primera vez que me doy cuenta de cuán diferentes son las cosas aquí es cuando tenemos que cambiar la clase de gimnasia.
―Estás sentado en mi lugar, ―un tipo fornido negro me dice cuando me siento en un banco en el vestuario después de haberme sido entregado el uniforme del gimnasio―. Muévete. ―No puedo evitar la risa que se escapa de mi boca.
― ¿perdón?
―Ya me has oído. Ahora ve a sentar tu culo sucio en otro lugar.
A diferencia de mis hermanos, no me gusta pelear y no quiero comenzar ahora.
Casualmente me quito los zapatos y recuerdo que por este chico no vale la pena ser expulsado de la escuela. Sin embargo, no voy a dejar que me intimiden.
―Siento darte la noticia―le digo―. Pero no me voy a mover. Es el primer día de clases. No tienes un "puesto" todavía.
Otros chicos comienzan a amontonarse en el vestuario. El golpea su mano dura en el armario de la derecha encima de mi cabeza, haciendo que todo el mundo nos mire.
―Te lo advierto ―gruñe entre dientes, entonces golpea mis zapatos por la habitación.
Volteo mis ojos. Él quiere que yo tire el primer golpe, y así ser el que se mete en problemas. Él no tiene idea de que tengo la paciencia de un santo. Al menos eso es lo que dice Finnick, a pesar de que no es mucho decir, teniendo en cuenta que su mecha es casi tan corta como una pestaña.
Tom, un chico que vivía al otro lado de mi calle antes de mudarnos, se mueve a la parte trasera de los vestuarios.
―Ah, déjalo y muévete ―me dice.
En otras palabras, evita el conflicto.
―Escucha a tu amigo ―dice el, entonces coge mi camiseta e intenta alejarme de su hermoso lugar.
No está ocurriendo.
Me empujó hacia atrás. No lo esperaba, porque su cuerpo choca contra las taquillas duro. Pierde el equilibrio y cae de culo con un ruido sordo.
―Voy a patear tú jodido trasero ―grita. Está a punto de cargar con todo su peso contra mí cuando uno de sus amigos se interpone entre nosotros.
―Marvel, cálmate. En serio, hombre, no vale la pena ser expulsado del equipo. Marvel me mira hacia abajo antes de dar la espalda y caminar a otra fila de armarios con sus amigos detrás de él. Me siento y respiro hondo. No estoy en casa más, eso es absolutamente seguro.
Todos los que tienen almuerzo de cuarto período renegaron de la cafetería y en su lugar optan por comer fuera. El patio está lleno de estudiantes. Los dela Veta se sientan bajo los árboles, mientras que los del norte acuden a las mesas de picnic, como si estuvieran hechas personalmente para ellos. Me doy cuenta de que Katniss está sentada con un grupo de deportistas, todos compitiendo por su atención. Ella les sonríe y se ríe de sus chistes, pero me doy cuenta de que está siendo falsa. Ninguno de ellos mantiene su atención por mucho tiempo.
Me siento al lado de mis viejos amigos debajo de un gran arce.
―Entonces, ¿qué has estado haciendo, Mellark? ―Tom pregunta mientras mete la mano en una bolsa de papel y saca su almuerzo―. Además de dejar a Marvel meando en el vestidor.
Me encojo de hombros.
―He vivido en el 12 por un tiempo. Luego me trasladé al 4
― ¿Qué te hizo volver a esta mierda? ―pregunta Cato. Se sienta frente a mí y alcanzo a echar una ojeada a una navaja asomando de su calcetín.
―La familia me trajo de vuelta ―les digo.
―Hablando de la familia ―dice Cato―. Tu hermano Gale solía ser uno de los Profesionales, ¿no?
Asiento con la cabeza.
Yo sería un idiota si no hubiera pensado que ese tema llegaría tarde o temprano. Mi hermano era un miembro activo de los Profesionales, hasta que Corneniouls Snow lo traicionó.
―Seneca fue arrestado hace un tiempo. La mayoría de los chicos fue enviado a la una arena para su reformación ―explica
―Sí, lo he oído.-
Seneca solía ser el segundo al mando. Una vez que Seneca cayó, el resto de los profesionales se hundió con él.
Mi primo Haymitch se hundía, pero Gale le ayudó a conseguir un buen abogado que hizo anular los cargos en su contra.
― ¿Crees que Gale tuvo algo que ver con la redada?
¿Gale, responsable de que pillaran a los Profesionales? No lo creo.
―Mi hermano no es un agente antidroga ―le digo. El orgullo Mellark es muy fuerte, y haré cualquier cosa para proteger a mis hermanos y a mi apellido del Departamento Correccional.
― ¿Comprendes?
Cato asiente con la cabeza.
―No tengo ningún problema con él. Todo está bien, hombre.
Clove, la chica de la que todos los chicos estaban enamorados en segundo grado, se sienta con nosotros. Un grupo de chicas siguen su ejemplo. Clove siempre fue la líder de las chicas… lo que hiciera, las otras chicas la seguían. Tiene un cutis perfecto, piernas largas, labios gruesos, y un brillo en sus ojos que revela un espíritu crudo y despiadado.
―Bien, bien. Supongo que los rumores son ciertos ―me dice―. Peeta Mellark definitivamente ha crecido.
Cato se ríe.
―Creo que tienes un club de fans, Peeta.
―Debes venir con todos nosotros el sábado por la noche ―dice Clove.
―Tengo que trabajar ―le digo.
―Eso es una mierda. ¿Qué tal si…?
Una voz a todo volumen que suena por los altavoces dispersos en todo el patio la cortan.
―Peeta Mellark, por favor preséntese a la oficina del director de inmediato. Peeta Mellark, preséntese a la oficina del director de inmediato ―la voz se repite de nuevo por si acaso, como si por alguna razón milagrosa no hubiera escuchado la primera vez.
Cato deja escapar un silbido.
― ¿En problemas con la ley en el primer día de clases, Mellark? ―pregunta, divertido―.
Probablemente lo han alertado de que éramos amigos en la escuela primaria. Compartiendo problemas, ¿no?
―Claro que sí. ―Cato y yo habíamos estado en la misma aula y se sentaba a mi lado para prácticamente todas las clases. Siempre he sacado buenas notas, pero Cato podría convencerme para ser su socio en el crimen.
― ¿Recibiste llamadas también? ―le pregunto.
―La primera cosa esta mañana. Heavensbeen es un culo duro y tratará de asustarte para que juegues con sus reglas. Va a tratar de hacerte hablar, pero mantén la boca cerrada. Eso lo enfadará totalmente. Es hilarante ver su cara ponerse toda roja.
―Apuesto a que tiene que ver con esa pelea con Marvel en el vestuario. ―Se mete Tom en la conversación.
―Buena suerte ―dice Clove.
―Gracias ―le digo, con la esperanza de que no la necesite.
Me encuentro frente a la oficina unos minutos después. Una anciana detrás del mostrador se ve agotada mientras los estudiantes se colocan alrededor con impaciencia para solicitar cambios de horario de clases o inscribirse en citas con el consejero.
Me imagino que voy a esperar en línea en vez de anunciar mi llegada. No tengo ganas de enfrentarme a Heavensbeen. Cato no es el único que lo declaró un culo duro. Mis hermanos me advirtieron de que el viejo director no tomaba ningún preso.
La puerta de la oficina de Heavensbeen se abre y un hombre alto que lleva traje y corbata aparece.
―Mellark ―grita por encima del ruido. Observa la sala hasta que sus ojos se estancan en los míos. No se ve encantado de verme―. A mi oficina ―ordena. Me abro camino, zigzagueando entre la multitud.
Heavensbeen está sosteniendo una carpeta de manila con mi nombre escrito en él mientras se sienta en el borde de su escritorio.
―Ven, Peeta. Siéntate.
Me siento en una de las sillas de sus invitados y miro alrededor del cuarto. Recuerdos de Panem High School están dispersos en las paredes, así como imágenes de Heavensbeen con antiguos alumnos. Un jugador de tenis, un mariscal de la NFL, y un presentador de noticias son algunas de las fotos de alumnos publicadas. Impresionante.
No sé si en diez años voy a estar en una imagen con Heavensbeen exhibiéndome de forma permanente en su oficina.
Pero no en este momento. Ahora Heavensbeen me está mirando con una mezcla de disgusto y enfado.
―La última vez que un Mellark llamó a mi oficina, era tu hermano Gale. Él era un imán para los problemas. ―Golpea mi archivo sobre la mesa―. Supuse que serías diferente, Peeta. Fuiste un estudiante recto en Flatiron High. Esa escuela está catalogada como la segunda mejor escuela secundaria para los académicos. Estabas en la sociedad de honor, activo en el consejo estudiantil, jugabas al fútbol, y eras co-capitán del equipo de natación.
Asiento con la cabeza.
―Sí, señor.
Se inclina hacia adelante.
―Entonces, ¿por qué demonios te metes en peleas en el vestuario?
Me encojo de hombros.
―No sé.
Heavensbeen deja escapar un profundo suspiro.
―Si me dieran un dólar cada vez que oigo decir a un estudiante "no sé" sería millonario. No, multimillonario. Tengo una política de tolerancia cero. Cualquiera que sea el altercado ocurrido entre tú y Marvel en el vestuario se ha convertido en mi problema. ¿Quieres saber lo que hago con mis problemas?
Yo no contesto.
Se inclina hacia adelante de nuevo y habla en voz baja, lenta, destinada a capturar mi atención.
―Mis problemas consiguen una detención. Después de eso viene la suspensión. Tres suspensiones y estás expulsado.
Cuando toma una hoja de color azul de su escritorio y me la da, trago duro. Mi primera detención. No voy, no importa cómo, a conseguir dos suspensiones. Incluso si eso significa ser llamado idiota durante los próximos nueve meses.
― ¿Esto va a mi archivo permanente? ―pregunto, mirando hacia abajo a la ofensiva hoja azul.
―Me temo que sí.
Mierda. Brevemente tengo una visión de irrumpir en la oficina de la escuela en medio de la noche y hacer desaparecer la detención. En las películas la gente entra en las oficinas y roba archivos todo el tiempo. Definitivamente sería un subidón de adrenalina, sobre todo si yo fuera capaz de lograrlo.
―Ahora, salgamos de aquí ―dice Heavensbeen―. No quiero ver tu cara en mi despacho a menos que sea para decirme que estás en el cuadro de honor. Mantén tu cabeza en los libros, y nos llevaremos muy bien.
― ¿Es todo? ―le pregunto.
―No. ―Él sonríe y abre los brazos a lo ancho―. Bienvenido a Panem High.
Katniss
Peeta estaba hablando con Cato y Clove cuando lo llamaron a la oficina del Dr. Heavensbeen. Camino con confianza fuera del patio, y me encuentro teniendo dificultades para apartar los ojos de él hasta que se perdió de vista.
Espero que no se acuerde de mí, aunque tengo la extraña sensación en la boca del estómago de que no olvidó nuestro encuentro en la boda de su hermano. ¿Cómo podría? La última imagen que tengo es de él saludándome… desnudo. Lucía ridículamente caliente en ese momento, y todavía tenía ese agrandamiento.
Solo por la manera en que camina puedo decir que él sabe que es uno de los chicos con "el factor". En el pasillo, las chicas lo miran. El asiente y sonríe a cada chica que lo mira. Cato coquetea con todas las chicas a su alrededor como si fueran un equipo. La siguiente vez que lo veo, es en la última clase del día. Química con la Sra. Effie. Peeta se ve divertido cuando entra al salón y me encuentra sentada en la última fila con Kendall y Derek. Cuando la profesora embarazada anuncia que asignará compañeros y que serán en orden alfabético, mi corazón empieza a correr. Mi apellido empieza con E y el de Peeta con M. Me aterra que podamos ser asignados como compañeros, hasta que la Srta. Effie dice:
―Clove Castillo, estas emparejada con Katniss Everdeen.
Oh, no. Clove y yo solo tenemos una cosa en común: nuestros padres nacieron en el distrito 12.
Eso es todo.
Clove Castillo me odió cuando Cato y yo salíamos, como si le hubiera robado algo de su propiedad. Las pocas veces que Cato y yo íbamos con sus amigos, ella me miraba fijamente y se aseguraba de que a ninguna de las otras chicas del lado sur le gustara. Yo era una paria en su grupo, pero siempre y cuando tuviera a Cato a mi lado no me importaba. Pero incluso aunque Cato y yo ya no estamos juntos, Clove sigue odiándome.
―Eww. ¿Cómo es que quedé con la señorita en llamas?
―No hay nada de llamas en mí, Clove. Si tienes un problema conmigo ve a decírselo a la Sra. Effie.
Clove sacude su mano en el aire.
―Sra. Effie. Katniss y yo no podemos ser pareja
Effie se detiene y mira a Clove.
―Sí, si puedes, y sí, lo harás. Créame, Srta. Castillo, tengo quejas todos los años y ni una vez he cambiado parejas.
―Pero…
―Cállate, o te pondré una detención.
Clove se calla, pero se mofa de mí mientras la Sra. Effie continua con el resto de la lista. Peeta es asignado a la mesa frente a la nuestra. Derek es su compañero. Trato de no establecer contacto visual, pero me encuentro levantando la vista. Nuestros ojos se encuentran por un segundo antes de que la Sra. Effie golpee la mesa de laboratorio de Peeta.
―Veo que soy bendecida con otro Mellark en mi clase ―dice la profesora―. Tu hermano Gale fue uno de mis alumnos más… difíciles. Supongo que debería decirte lo mismo que a tu hermano, Sr Mellark. No se charla a no ser que sea tiempo de laboratorio e incluso entonces no es para charlar o cotillear. Es para trabajar. ¿Entendido?
―Entendido ―dice Peeta dándole un engreído pulgar hacia arriba.
―Esperemos que seas mejor que tu hermano siguiendo órdenes. Ah, y eso me recuerda… ―se dirige al resto de la clase―. Tengo una política de tolerancia cero. No se permiten teléfonos móviles, ni si quiera si es una emergencia de sus padres, sus amigos, su novio o novia, su perro, o incluso Dios. Pueden llamar a la oficina si es tan importante. Además, no ropa de pandillas ―dice, mirando directamente a Peeta y luego al resto de la clase―, y no amenazas contra cualquier estudiante o estarán fuera de mi clase permanentemente. Tengo detenciones prontas para cualquiera que no siga mis reglas. Ahora, tómense cinco minutos y preséntense a sus compañeros. Cuéntenles cosas interesantes sobre ustedes mismos, incluyendo sus hobbies o lo que hicieron durante el verano. Después presentaran a su compañero al resto de la clase.
―No puedo creer que tenga que trabajar contigo ―murmura Clove.
―El sentimiento es mutuo ―le susurro.
Clove toma su cuaderno y lo coloca en la primera página. ―Hablemos, así puedo escribir algo y no me echan de clase. Sé que eres una perra rica, que Cato rompió contigo. ¿Algo más que deberías compartir con la clase?
Sólo decirle a la clase que ayudo a perros con discapacidad para que sean adoptados. En serio, eso es asqueroso, dice Clove con una mueca. Dile a la clase que tengo cien mil visitas en el video que hice y subí a YouTube.
¿Haciendo qué? , Pregunto, pensando si hizo un striptease. O tal vez fue un vídeo instructivo sobre cómo dar correctamente un golpe ―bong―. Estoy segura de que el nombre de Clove no estaba en la petición libre de drogas de algunos estudiantes de primer curso en todo el año pasado para su proyecto de servicio comunitario.
Yo canto y bailo… mejor que tú, estoy segura.
Yo escribo esa información para compartir con la clase cuando sea mi turno. Lo que no sabe es que bailar mejor que yo no es difícil. Peeta comienza y le cuenta a Derek sobre cómo se trasladó aquí desde el distrito 4, pero que vivía en el Capitolio, cuando era más niño.
Después de las presentaciones no queda tiempo, por lo que la señorita Effie nos lleva en un recorrido por el laboratorio. Nos informa que se ha modernizado durante el verano, y explica por qué hay una ducha instalada en el fondo de la sala.
―El año pasado tuvimos un incidente… con algunos de mis estudiantes que no hicieron caso a mis instrucciones. Digamos que el consejo escolar decidió que con la instalación de un área de productos químicos peligrosos, el lavado puede ser necesario. Tal vez ninguno de ustedes necesite de esta ducha, pero si por alguna razón alguno se rocía un producto químico sobre la piel y está teniendo una reacción, lávelo inmediatamente. No es necesario levantar la mano y pedir permiso.
Apenas estamos frente a la ducha, mi celular empieza a vibrar. Mierda. Está en mi bolsillo trasero. Al final se me olvidó apagarlo. Como si eso no fuera suficiente, suena tan fuerte que ahora todo el mundo me está mirando. Lo ignoro, con la esperanza de que la señorita Effie no se dé cuenta que es mío y rezando para que se transfiera al correo de voz.
―Es mejor desactivarlo ―murmura Kendall en mi oído―. Se rumorea que Effie tiene una colección de teléfonos móviles por valor de miles.
Demasiado tarde.
― ¿Srta. Everdeen?
Mantengo los ojos cerrados por un momento, deseando tener poderes mágicos y me trasladen a otro salón de clases. ― ¿Sí? ―le respondo humildemente.
La señorita Effie está de pie delante de mí ahora. ―Venga hacia aquí.
No me atrevo.
―Tome el teléfono de su bolsillo y responda ―ordena de nuevo―. Antes de seguir la clase, por favor.
Lo saco de mi bolsillo y pulso el botón de respuesta, cuando, para mi horror total, la señora Effie con un movimiento toma el teléfono. Lo pone en su oído. ―Hola, este es el teléfono de Katniss ―dice en el receptor como si fuera mi secretaria personal.
Cubre la boquilla y susurra en voz alta para que todos puedan oír. ―Es Dara del Salón de Cinna confirmando la cita para el rebaje para el bikini y la depilación de cejas. ―Pausa―. Soy la señorita Effie, profesora de química de Katniss. ―Pausa―. Dara dice que se está retrasando, así que está llamando para ver si puedes llegar a las seis en lugar de hoy a las cuatro.
Siento mi cara al rojo vivo, comentarios y risas resuenan en la sala. ―Está bien ―le digo con voz débil.
La señorita Effie pone el teléfono a su oído y le dice: ―Dara, a las seis será perfecto. Bueno. Sí, sin duda le haré saber. Que usted también tenga un día fabuloso, adiós. Apaga el teléfono y luego se acerca a su mesa y lo coloca dentro de uno de los cajones.
Effie deja escapar un fuerte y exagerado suspiro. ―Supongo que ya que es el primer día de clases seré agradable y le daré una opción. Me quedo con su teléfono o puede pasar a detención hoy después de clases.
¿Esa es su idea de ser amable? ¿Qué se siente cuando es mala? Me he pasado tres años en esta escuela sin conseguir siquiera una nota de detención azul. ―Realmente pensé que estaba apagado ―le digo con la esperanza de que muestre un poco de compasión.
Me señala con expresión impasible. ― ¿Crees que me importa? Tolerancia cero. Deberías haberlo apagado antes de venir a clase. O, mejor aún, dejarlo en tu casillero. O en casa. La política de la escuela es mantener los teléfonos completamente apagados durante la clase, Srta. Everdeen. No vibrando y no cambiado al modo silencioso. Eres una persona mayor. Has tenido tres años para memorizar el manual de Panem High School.
¿Memorizar el manual? Por su tono, en verdad parece que ella espera de nosotros que memoricemos el manual de la escuela. ―Me voy a detención ―le digo.
Mientras todos los demás salen de clase, espero a que la señorita Effie llene la hoja de detención. Ella me la da, junto con mi teléfono. ―Que no vuelva a suceder ―dice―. O no nos vamos a llevar bien. No le digo que no me siento particularmente optimista acerca de que nos llevemos bien.
―Amar es duro ―dice ella después al salir de su salón de clases.
Yo lo llamaría otra cosa, pero no tengo el hábito de contestar a los profesores, por lo que mantengo la boca cerrada y la cabeza en mi casillero. Rue está de pie delante de él, esperándome. Me quita la hoja de detención de mi mano y mira fijamente a las palabras ofensivas escritas de puño y letra de la señorita Effie.
―Realmente no puedo creer que esta mujer te diera una detención el primer día de clases.
Effie es salvaje. ¿Quieres que te espere?
―No, pero gracias. ―Mi hermana está con nosotras, lo que me recuerda que se supone que tenemos que irnos juntos a casa―. Recibí una detención, por lo que no puedo irme contigo―le digo.
― ¿Tienes una detención en el primer día de clases? ―pregunta, totalmente sorprendido―. Yo no creía que fuera posible.
―Eso pasa cuando tienes a la señorita Effie como maestra ―le digo.
―Yo te llevaré a casa ―dice Rué a Prim―. Pero no puedes hablar de la muerte del dragón como si fuera un deporte verdadero. Prim está de acuerdo, aunque estoy segura de que está triste porque no puede hablar de la muerte del dragón. Lo siento por mi hermana, no tiene muchos amigos que compartan su amor por el juego. Cuando está en línea es muy popular, pero la gente con la que juega es anónima… no son amigos de verdad.
Después de salir, me resigno al hecho de que no puedo evitar lo inevitable. Me dirijo a la cafetería, que sirve también como la sala de detención después de clases. Estoy bastante segura de que seré la única en ese lugar.
Pero a medida que entro a la cafetería y entregó una hoja de registro al Sr. Harris, el profesor de gimnasia, veo que no estoy sola.
Marvel, que lleva su chaqueta deportiva a pesar de que afuera está demasiado caluroso como para ponerse más que una camiseta, está sentado en la parte trasera con la cabeza apoyada en la parte superior de la mesa. Ya sea que está durmiendo o haciendo como que no le importa estar atrapado en esta sala más que para hacer la tarea en silencio y durante una hora.
Hay otra persona en detención conmigo: Peeta Mellark.
Me siento en la mesa vacía de detrás de él, preguntándome todo el tiempo cómo se las arregló para meterse en problemas. Miro de nuevo a Marvel, y no parece ya tan imposible. Marvel no es precisamente conocido por ser el mejor niño en la escuela. Debe de haber provocado a Peeta. Y Peeta debe de haber peleado.
Las peleas no son permitidas en la escuela sin tener consecuencias. Tampoco lo son las llamadas de teléfono móvil durante la clase. Me siento durante una media hora, intento estudiar, ya que algunos profesores no creen que el primer día de clases no esté destinado a ser un día perdido. Me obligo a mirar hacia mi libro de matemáticas, pero no me puedo concentrar, estoy totalmente perdida. Se debe a que Peeta está aquí. Soy muy consciente de que su presencia en la sala es una distracción.
―Hey, Katniss ―susurra Peeta.
Levanto la vista y me doy cuenta de que el Sr. Harris ha salido de la habitación.
― ¿Qué?
Peeta se desliza desde el banquito de cafetería y atraviesa hasta mí. ―Nosotros no pudimos tener la oportunidad de hablar en clase de Effie.
¿Me recuerdas? ―Pregunta.
Sacudo la cabeza. ―No ―me acuesto.
Se lleva la mano al pecho. ―Peeta Mellark. Te conocí en la boda de mi hermano.
Como si alguna vez me fuera a olvidar. Ojala no me acordara de Peeta Mellark y de su molesta y arrogante sonrisa. O el hecho de que se fue a nadar con una chica que conoció después de coquetear conmigo.
Él me mira con la cabeza inclinada hacia un lado, evaluando mi respuesta. Yo intento mirar hacia otro lado. Vuelvo a mirarlo. Tiene una ceja arqueada interrogante. No sirve de nada, porque él sabrá la verdad, tarde o temprano. No puedo seguir con la farsa más.
Me encojo de hombros. ―De acuerdo, me acuerdo de ti. ¿Feliz ahora?
Él tiene una pose casual y un pie en el banco, y me imagino que es un modelo en una sesión de fotos. ― ¿Todavía estás enfadada porque no volví esa noche? No tenías que robar mi ropa para echar un vistazo a la mercancía, ya sabes.
―No te robé la ropa. Sólo la oculté. Y no recuerdo haber visto tu… ―Yo hago un gesto hacia el área de su entrepierna―. No es memorable, por supuesto.
Pero lo era. He reproducido la imagen de él, en toda su gloria, sin verlo inseguro o avergonzado de su desnudez, en muchas ocasiones. Me odio a mí misma por recordar todo lo ocurrido esa noche en detalle.
Él comienza a esbozar una sonrisa en sus labios, porque lo sabe. Él sabe que yo recuerdo ese momento tan claramente como él lo hace.
Peeta salta de nuevo a su asiento original, el señor Harris vuelve a entrar en la sala.
―Por cierto ―susurra Peeta para mí―, escribiste mal los resultados de los ejercicios número tres y siete.
Miro mi tarea de matemáticas. ― ¿Cómo lo sabes?
Golpea su cabeza con el dedo índice. ―Yo soy una especie de genio de las matemáticas. En ambas preguntas se te olvidó que la izquierda exige la regla que representa en función de X.
Miro mi trabajo. Tras un minuto de volver sobre mis pasos, me doy cuenta de que tiene razón. Levanto la vista hacia él en estado de shock, pero está de espaldas a mí otra vez y el Sr. Harris está explorando la sala para asegurarse de que estamos tranquilos.
Después de una hora, el señor Harris anuncia que hemos completado nuestra detención y somos libres de marcharnos. Marvel es el primero en salir. Él mira a Peeta mientras se le adelanta. Peeta pretende no darse cuenta o que no le importa.
Salgo de la sala. Peeta camina a mi lado. ―Parece que necesitas un tutor de matemáticas. ―Yo no ando con chicos del lado de la Veta ―le digo, sin detenerme mientras abro la puerta de entrada a la escuela y camino hacia fuera al calor abrasador del verano―. Ni tengo citas con ellos.
― ¿No sales con los del lado de la Veta? ―pregunta, riendo entre dientes.
―Ya no, no lo hago.
―No quiero salir contigo ahora, Katniss. ―Él esboza una sonrisa matadora que probablemente practica frente a un espejo hasta que es perfecta―. Pero, supongo que no me importaría salir contigo. Así que cuando tengas ganas, házmelo saber.
