Capítulo 7
Peeta
Lo mejor de sobrevivir a la primera semana de clases es que aprecias los fines de semana y eres capaz de dormir hasta tarde, es decir, a menos que tu sobrino trote en la habitación mientras tú estás durmiendo y confunda tu cabeza con un tambor. ―¡Eh, muchacho! ―le digo, lo levanto y lo siento en mi pecho―.Si tu pañal gotea, estás fuera de aquí.-
Me esboza una sonrisa de cuatro dientes.
Ahora que Darius tiene casi dos años, es hora de que aprenda a pronunciar mi nombre.
―Di Peeta ―le digo.
― Eta ―dice.
― No bien del todo, pero trabajaremos en eso.-
―Eta ―dice una vez más, emocionado ahora. Rebota arriba y abajo de mí, pensando que soy su caballo―. ¡Eta, Eta, Eta!
Madge asoma la cabeza en la puerta abierta.
―Darius, ¿Estás molestando al tío Peeta? ―pregunta.
―No ―le digo―. Él es genial.
Después de entretenerlo un poco, llevo a mi sobrino a la sala de estar, donde Gale y Madge están hablando con mi mama.―Oye, hermano ―dice Gale, a continuación señala mis bóxer que tienen la palabra distrito 4 escrita sobre ellos en colores al azar. Mis amigos me los dieron antes de mudarme―. Bonita pijama.
―Gracias. ―Pongo a mi sobrino en mi hombro, lo que le hace verdaderamente feliz―. Me tocó a Effie para química. ¿Lo sientes por mí?
Madge y mi hermano se sonríen el uno al otro.
―Por supuesto. Es brutal ―dice Gale―. Madge, ¿Ella no nos daba detenciones como cualquier otro día?
―He tratado de bloquear esos días en mi mente ―Madge se encoge de hombros―. Yo te odiaba realmente en ese entonces, Gale.
Él desliza la palma de su mano lentamente a través de su brazo.
―Vamos, chica. Me querías, pero tenías miedo de admitirlo.
Madge se muerde el labio inferior mientras mira a los ojos de mi hermano. Él coge su mejilla en su mano y la acerca, luego la besa.
Deslizo a mi sobrino de mis hombros y le protejo los ojos.
―En serio, chicos, ¿aún no habéis superado la fase de luna de miel? Ya vais por el segundo hijo.
―No quiero pasar de esta etapa ―dice mi hermano.
―Yo tampoco ―susurra Madge.
Mi mama mueve su dedo en mi dirección.
―No te hagas ilusiones, Peeta. Mantén la cabeza bien puesta y no pierdas de vista tu objetivo.
―Alarga los brazos para que yo le pase a Darius, entonces se lo llevan a la cocina.
―Yo casi no reconocí el lugar ―dice Gale, mirando los muebles y suelos de madera.
―Este lugar está increíble ―Madge está de acuerdo―. El barrio ha cambiado por completo, también.
―Dímelo a mí ―le digo―. Hasta tenemos viviendo al lado a un policía.
Gale niega con la cabeza con confusión.
―¿Un policía?
―Sí. Resulta que también es nuestro casero. ―Dejo de lado la parte en que creo que el tipo coquetea con mi mama.
Gale se sienta, y ahora se muestran realmente interesados.
―¿El casero es un policía?
―No creo que se haya dado cuenta de que este lado de la ciudad es extremadamente pobre.
―La Policía viviendo en la Veta―murmura Gale, casi para sí mismo―. Me alegro de que no estuviera aquí cuando yo estaba en la Preparatoria. Sin duda alguna no sigo las reglas como tú lo haces, Peeta.
Lo que no sabe no le hará daño. Me pregunto cuáles son las normas que me veré tentado a romper esta noche con Cato, Clove y sus amigos después de salir del trabajo.
―¿Quieres ir al zoológico con nosotros después del desayuno? ―pregunta Madge―. A Darius le vuelve loco caminar por la casa del murciélago.
Yo me río.
―Aunque me encantaría pasear por el zoológico con ustedes, tengo deberes. Después trabajo de tres a diez de esta noche.
Mi hermano levanta una ceja.
―Conseguiste el trabajo en el Centro de Renovación?
―Estás mirando al último camarero del club, Gale.
―¿Un ayudante de camarero? ―Mi cuñada niega con la cabeza―. Yo no creo que debas hacerlo. Eres ridículamente inteligente y atlético, Peeta. Deberían ponerte como un salvavidas, o en la recepción o algo así. No te detengas.
―Es dinero ―le digo, encogiéndome de hombros.
―Es degradante ―me devuelve ella.
Me encojo de hombros otra vez. Madge creció rica y no tiene idea de lo que es ser pobre. O de los distritos. Sé que necesito el dinero, y el lugar paga decente. ¿Y qué si serviré agua y manejaré los platos sucios de la gente? No es gran cosa. Los de los distritos son conocidos por hacer trabajos que los Capitalinos no quieren hacer. Estoy bien con eso. Y sé que haré un buen trabajo para conseguir la promoción de servidor en un mes.
Gale y Madge salen con Darius después del desayuno. Tengo algunos textos de Cato donde me pide pasar el rato con él y con un montón de otros chicos antes de ir a trabajar, pero eso tendrá que esperar hasta más tarde. Tengo que mantener mis calificaciones. Si no lo hago, puedo darle un beso de despedida al programa de aeronáutica.
Después de estudiar para la evaluación de matemáticas de la próxima semana y la prueba la historia de Panem, camino al trabajo. Hace buen día todavía, pero sé que no durará mucho tiempo. La primavera es una tomadura de pelo antes del verano abrasador. Después el otoño golpea con venganza. Pero lo que verdaderamente te pone de rodillas es el frío abrasador del invierno, con vientos que te abofetean la cara y te hacen desear vivir donde ni siquieras te imaginasy deceas mirar lo que es la nieve.
Fluvia se reúne conmigo en la recepción del frente y me pone a trabajar con un tipo llamado Octavio, un tipo de mediana edad con el cabello con tirabuzones narangas que parece no moverse de su cuero cabelludo. O bien se echó laca hasta la muerte o tiene el pelo postizo.
En el cuarto de taquillas, me entregan mi uniforme, pantalones blancos y una camisa blanca con la palabra Renovacion bordada y con una cresta en el pecho. Octavio usa pantalón negro y una camisa blanca completa con un saco negro y corbata. Se ve como que va a una boda. Yo, en cambio, me asemejo a un tipo que vende crema de hielo en un carrito de la noche siendo la sombra de Octavio . Los clientes se amontonan en el comedor, mientras avanza la noche. Ayudo a Octavio a servir la comida, limpiar los platos, llenar los vasos y floto casi toda la noche sin ningún problema.
Hasta que Katniss Everdeen entra con un grupo de amigos. Van de blanco a excepción de ella, lo que no debe molestarme una mierda, pero lo hace. No es de extrañar que insulte a su sangre de los distritos... ella no se asocia con alguien que es de alguno No reconozco a ninguno de ellos, pero uno de los chicos en el grupo lleva una camisa de golf de color negro con las palabras de la Academia de Golf de Panem bordadas en letras de oro.
Todo el mundo sabe que la Academia Panem es una exclusiva escuela privada para que niños con un montón de dinero vayan. Son conocidos por ser unos totales snobs que manejan altos precios y coches que consumen mucha gasolina. Apuesto a que ninguno de estos pendejos podría decir la diferencia entre un carburador y un alternador. Katniss lleva un vestido rosa de corte bajo que muestra sus curvas. Maldita sea, ella parece caliente. Yo no soy el único que se da cuenta, porque los tíos de la Academia de Panem que caminan detrás de ella no son sutiles acerca de la comprobación de su culo.
Octavio me toca el hombro.
―Casi le tiras agua a la señora Steinberg ―dice en un tono no muy encantado.
―Lo siento ―murmuro. Mierda. Ver a Katniss aquí me distrae.
Veo que la dueña de casa lleva a Katniss y sus amigos a una mesa en un rincón apartado de la ventana. Mi suerte está en nuestro lado del comedor ―Sírveles algo de agua ―dice Octavio, señalando a la mesa de Katniss. Oigo su risa tranquila en toda la sala por algo que una de las chicas le dice.
Me acerco a la mesa con una jarra de agua helada. Yo estoy a cargo del agua, todos los tipos de agua. El ayudante de camarero se encarga de otra clase de bebidas.
―¿Os gustaría agua del grifo, gas, o agua embotellada? ―les pregunto.
Katniss me mira con los ojos muy abiertos.
―Peeta, ¿qué estás haciendo aquí?
―Yo trabajo aquí.
―¿Lo conoces? ―Uno de los chicos de la Academia de Panem le pregunta a Katniss. El tipo me mira, obviamente evaluándome.
―No,, bueno si . Nosotros, umm... ―Katniss tropieza con las palabras.
―Vamos a la escuela juntos ―le digo, terminando su frase.
―Eso es lindo ―dice el tipo―. Mi padre fue a Panem High School antes de que se fusionaran Panem Sur y del Norte. Dice que ahora es basura.
―Eres un elitista ―le dice Katniss, más divertida con su comentario que molesta―. Pamen High School es diversa, a diferencia de la escuela a la que vas.
―Eres como mucho más elitista que yo, mi amor ―dice el tipo.
Tresh y su novia, Rue entran y se unen al grupo. Tresh extiende la mano y me la aprieta.
―¿Qué pasa, hombre? No me dijiste que trabajabas aquí.
―Mi hermano conocía a algunos.
El tipo elitista me toca el codo.
―Nosotros queremos un poco de agua con gas―ordena, interrumpiéndome. Tresh frunce el ceño.
―Hunter. ¿No te enseñan en esa escuela de lujo tuya que no se debe cortar a alguien cuando está hablando?
El snob rueda sus ojos.―Acabo de jugar dieciocho hoyos, Tresh. Tengo sed. Demándame por pedirle al chico algo de beber.
―Está bien ―le digo al snob, pero estoy pensando, ¿Chico? Un tipo de mi edad, llamado
Hunter, me acaba de llamar chico. Increíble.
Cuando vuelvo de la cocina con el agua mineral y un plato pequeño de limones en la mano, le coloco el agua al chico. También le traigo agua a Katniss. Me gustaría no tener una bocanada de su perfume dulce mientras me inclino a su lado. Después de terminar las órdenes de sus bebidas, me ocupo con el resto de los clientes. No me detengo alrededor de la mesa de Katniss, y sólo vuelvo a quitar platos o rellenar vasos. Hay algo acerca de Katniss que me hace querer saber lo que pasaría si nos juntamos. Es su espíritu combativo, y el hecho de que nada de lo que he hecho la ha aflojado. Ella es un reto que definitivamente quiero asumir.
No me gusta el hecho de que hay una parte de mí que está avergonzado de ser un ayudante de camarero en frente de Tresh, Katniss, y Rue.
Cuando la mesa de Katniss se levanta para irse, Hunter me entrega un billete de cincuenta dólares.
―Aquí tienes ―dice, haciendo gala de entregármelos, como si yo fuera un caso de caridad―.
No te lo gastes en un solo lugar.
―Gracias, tío ―le digo, aunque me gustaría meter el dinero en su rostro. O por el culo; donde parece que se guarda el resto de su dinero en efectivo.
―Hey, Kat―la llamo cuando ella está a punto de salir de la habitación.
Se detiene y me mira ,sé que el resto de los chicos están mirando, así que paso junto a ella y le susurro al oído,
―Deshazte de estos chicos para cuando salga del trabajo y pasa el rato conmigo, presiosa.
Ella se acerca y susurra en mi oído.
―Sigue soñando. ―Entonces sale de la habitación, mientras que los chicos la miran con aspecto perplejo primero a ella y luego a mí.
―No debes coquetear con ella ―me dice Tresh, antes de seguir al resto de sus amigos fuera de la sala comedor.
―¿Por qué no?
―Debido a que Katniss tiene garras. Son grandes, y saldrán cuando menos te lo esperas.
―Ella no me asusta ―le digo.
Él me da una palmadita en el hombro.
―Debería.
Veinte minutos más tarde, me doy cuenta de que los padres de Katniss caminan hacia el comedor y también se sientan en la sección de Octavio.
―Peeta, me pareces familiar ―afirma el Dr. Everdeen mientras mira mi nombre de etiqueta.
―Mi hermano es Gale Mellark. Me encontré con usted y su familia en su boda.
―Ah, sí. Es por eso que pareces familiar. Ha pasado un largo tiempo.
La señora Everdeen sonríe de una manera reservada, casi ensayada.
―Gale nos dijo que se estaban moviendo de nuevo a Panem. Si necesitas algo, asegúrate de llamarnos. Asiento con la cabeza, no estoy seguro si ella realmente quiere decirlo o si lo está diciendo para ser cortés.
―Gracias.
Estar en la presencia del Dr. y la Sra. Everdeen me hace olvidar que se supone que debo estar sirviendo otras mesas. Hasta que consigo un codazo de Octavio, que me recuerda que tengo un trabajo y lo hago bien o corro el riesgo de ser despedido.
Yo estoy de pie y vuelvo al trabajo.
―¿Quieren agua embotellada con gas, o del grifo?
Katniss
Los chicos de la Academia de Panem son lo mismo. Ellos tienen grandes egos y creo que son sementales. Después de la cena, mis amigos y yo vamos a las canchas de Voleyball del club. Mi hermana desapareció antes de la cena para ir a la sala de juego, ya que encontró a quien golpear con su alta puntuación en un juego de motos simulado. Mis padres están en alguna conferencia en el auditorio.
Hunter McBride está sentado a mi lado, junto con un grupo de chicos y chicas de la Academia de Panem. Ellos viven en mi barrio por lo que he sabido siempre, pero siempre desde la secundaria se han ido a las escuelas privadas mientras que el resto de nosotros fuimos a escuelas públicas. Mi mama quería que yo fuera a la AP, pero como mis amigos iban a las escuelas públicas opté por quedarme con ellos.
Miro a Rue y Tresh sentados en el otro lado de la cancha enfrascados en una discusión. No sé cuál de ellos parece más miserable.
Desde que están discutiendo el tema de "a dónde vamos a la universidad", no se llevan bien. Yo creo que definitivamente se darán cuenta de que su relación no durará para siempre.
Hunter me da un codazo y me dice:
―Katniss, ¿verdad o atrevimiento?
Echo la cabeza hacia atrás.
―No este estúpido juego de nuevo. La última vez que jugamos verdad o te atreves, yo acabé teniendo que comer tres hamburguesas y vomitando después.
―Te permitiré comenzar, entonces.
Los ojos están sobre mí. Suspiro y me pregunto cómo me metí en estas situaciones. Necesito a Rue para que me saque de esto, pero ella está atrapada en sus propios problemas con Tresh en estos momentos.
―¡Vamos, Katniss! ―dice un hombre llamado Mason―. Es tu turno para hacerle pagar a Hunter por el incidente de las hamburguesas.
Jugaré, pero sólo porque tengo la sartén por el mango, para empezar.
―Bueno… Hunter, ¿la verdad o te atreves?
No vacila.
―Me atrevo.
Ahora tengo que pensar en algo que sé que no va a hacer. Eso le enseñará a empezar el juego estúpido conmigo.
―Te atreves a saltar a la piscina con la ropa puesta.
―Bien.
―¿En serio? ―No creí que estuviera de acuerdo en eso, sobre todo porque creo que probablemente sólo posee ropa que debe ser especialmente lavada en seco y escurrida a mano.
―Sí ―dice―, pero tienes que venir conmigo como testigo.
Me parece justo. El resto del grupo nos espera en las canchas de Voleyball mientras Hunter y yo caminamos por el césped de la piscina al aire libre.
―¿Realmente saltarás? ―pregunto.
―Absolutamente.―Él mueve sus cejas―. Haría cualquier cosa que me dijeras que hiciera. ―
Volteo los ojos. Hunter no puede soportar el hecho de que no me acabe de ir con él por ser quien es. Me ha dicho que es su objetivo en la vida que le diga que sí a una cita, por lo que ha hecho preguntarme un juego. La mayoría de las chicas se mueren por saber qué se siente al estar con Hunter McBride, hijo del magnate de bienes raíces más grande de Panem. Sale con las niñas una o dos veces, entonces se cansa de ellas. Él sabe que nosotros nunca estaremos juntos de verdad, pero eso no le impide intentarlo.
No debería utilizarlo, pero lo hago. Hunter es un inofensivo tipo rico que necesita amigos como yo en su vida para llevarlo a la tierra. No es fácil… años de ser echado a perder y hacer todo lo que quiere están pudriendo su cerebro. Rue cree que hay esperanza, pero pienso en él como uno de los perros a los que me ofrezco como voluntaria en el refugio, alguien que sólo necesita algún tipo de entrenamiento. Abrimos la puerta a la piscina al aire libre, que es oficial y cerrada a los huéspedes, ya que es pasada las diez de la noche.
―Entonces, ¿cuál es el problema contigo y ese chico ayudante de camarero?
―Nada.
―Sí, claro. Estaba mirándote todo el tiempo. Vi que tú le mirabas de más un par de veces.
―Yo no lo hacía. Estás cambiando de tema. ―Lo digo, porque puedo sentir que mi cara se calienta hablando de Peeta―. Es mejor que te apures y saltes antes de que seguridad venga.
Hunter se sienta en un sillón y se quita sus zapatos.
―Dije que con la ropa puesta, Hunter.
Se ríe.
―Estos son mis zapatos de encargo de Edward Green, cariño. No estoy a punto de conseguir mojarlos.
Tomo uno de sus zapatos preciosos, de pie en el borde de la piscina, y pretendo lanzarlo en el agua.
Sus ojos se agrandan.
―Es mejor que no lo hagas.
―¿Qué pasa si lo hago? ―le pregunto, lanzándole los zapatos a él. Él necesita saber que las cosas materiales no deben significar tanto.
Él pone los dos zapatos cuidadosamente debajo de la silla. Esto me hace preguntarme si la ropa en su armario está cuidadosamente doblada con un código de colores.
―Si tiraras el zapato, ¡me gustaría hacerte esto! ―dice, entonces me sorprende al darme la mano y saltando a la piscina conmigo firmemente capturada en sus brazos.
Salgo escupiendo.
―Te voy a matar.
Nado hacia la orilla de la piscina, completamente empapada y contemplando cómo voy a explicar esto a mis padres. Salgo del agua y me escurro el pelo.
―Te odio.
―No, no. De hecho, creo que te gusto un poco.
―Ahí es donde te equivocas. Me debes un par de zapatos nuevos ―le digo.
―No hay problema. ¿Cuándo puedo llevarte de compras? ―Hunter sale de la piscina. Su camisa se pega a su pecho, sus pantalones se pegan a las piernas… y parece que está mirando directamente mi pecho. Miro hacia abajo y me doy cuenta de que mi vestido se aferra a mi piel.
―Nunca. Te enviaré un correo electrónico con mi talla y una foto de ellos.
Hunter mira abajo a mis pies.
―¿De qué diseñador son?
―No sé. Los conseguí en el Target.
Se ríe.
―¿Sabes lo guapa que eres?
―No cuando estoy mojada y el maquillaje está corrido por la cara. Estoy segura de que me veo horrible, gracias a ti.
―Te ves caliente, Kat. Supercaliente. ―Da un paso más cerca―. Los dos estamos mojados.
¿Sabes lo que esto significa, ¿no?
―¿Qué se ha terminado el juego de la verdad o te atreves?
―No. Esto significa que tenemos algo en común. Yo no tengo nada de los distritos, pero los dos estamos mojados.
―Estás agarrándote a un clavo ardiendo, Hunter. Estar mojado no quiere decir que tengamos algo en común.
―Cállate y acepta eso. Ya sabes, siempre juego si quieres perder el tiempo. No tienes un novio, no tengo una novia... ―Él se inclina para besarme, pero yo pongo mi mano sobre su pecho y lo detengo.
―En serio, no me hagas reír.
―Vamos, Kat. ―Mira hacia abajo a mis pechos―. Tu cuerpo está diciéndote algo.
Si se está refiriendo a mis pezones, es porque una ráfaga de viento sopló sobre mí y me dio frío por un segundo. Estamos en los suburbios de Panem.
―Ninguna mujer está a salvo de los vientos de Panem.
―La piscina está cerrada para los clientes ―dice un chico de la puerta. Un grupo de empleados está de pie detrás de él, dispuesto a saltar a la piscina para nadar un rato en las horas de los empleados. Peeta también está allí, hablando con la dueña de casa desde el comedor.
―¿La piscina está cerrada? ―pregunta Hunter como si no fuera consciente de ello. Hunter me guiña el ojo con risa. Él es bueno en hacerse el tonto, le doy ese crédito.
―Tienen que volver mañana ―dice un guardia de seguridad―. A partir de las diez está abierta
al personal.
―Lo siento. ―Hunter agarra sus zapatos y a continuación toma mi mano y me lleva fuera de la zona de la piscina.
―Hey ―dice Peeta mientras Hunter y yo pasamos.
―Hey ―le digo de nuevo estúpidamente.
Saco mi mano de las garras de Hunter.
―Recuérdame nunca jugar a la verdad o te atreves con vosotros.
Hunter se ríe.
―¿Estás bromeando? Eso fue divertido. Apuesto a que podría haber pagado a ese guardia de seguridad para que saliera y podríamos habernos quedado. Tienes que venir a mi casa la próxima vez y entrar en la bañera caliente conmigo.
―Sigue soñando.
En las canchas de Voleyball, veo a mis padres hablar con mis amigos.
―¿Qué pasó con vosotros dos? ―Papá nos pregunta cuando vislumbra la ropa empapada―.
Los dos estáis empapados.
Yo no voy a admitir que estaba jugando a la verdad o te atreves. Es mejor desempeñar el papel de adolescente estúpida.
―Hunter pensó que sería divertido que nos fuéramos a nadar con la ropa puesta ―les digo.
Hunter abre bien la boca en estado de shock, se burla y me señala con tono acusador.
―Ella me obligó a hacerlo.
Mi madre sacude la cabeza.
―Creo que se acabó la fiesta, Katniss. Es hora de volver a casa.
―Yo voy contigo ―dice Rue, al unirse a nosotros. Ella deja a Tresh de mal humor.
Mientras caminamos hacia el coche, miro a la zona de la piscina, donde los empleados todavía están pasando el rato. Aunque no está completamente iluminada, puedo ver a Peeta en una de las sillas de la sala todavía hablando con la dueña de casa.
―Nos encontramos con Peeta Mellark ―dice papá cuando comenzamos a ir a casa―. Te acuerdas de él ¿no es así, Katniss? Es el hermano de Gale. Un chico muy listo.
―Sí, lo sé ―le digo―. Está en mi clase de química.
―Sospecho que Peeta tiene una vena salvaje ahora que se ha movido hacia el lado sur ―dice madre en un tono de advertencia―. No te metas con él.
―Casi no he dicho dos palabras con él ―le digo a mi sobreprotectora madre, pero realmente me dan ganas de gemir de la derrota.
Ha sido fácil rechazar los avances de tipos como Hunter, porque no siento una conexión con ellos. Cuando Peeta y yo estamos en la misma habitación, estoy tan consciente de él que me pregunto cuánto tiempo puedo mantener el muro de protección antes de que él lo atraviese.
Su arrogancia, su confianza, sus avances...
...Que me hacen debilitarme y tengo que recordarme a mí misma continuamente que un chico como Peeta me puede hacer perder el control.
Mantenerme fuerte ha sido más duro que nunca.
