Derechos: No son mías.
Corazones Rehenes
Capitulo 5
Sosteniéndose a duras penas sobre sus temblorosas piernas, Emma Swan abrió como pudo la puerta de aquella pequeña casita en el bosque, mientras con la otra mano sujetaba a la señora Mills para evitar que cayera al suelo, pues todavía llevaba puesto el saco. Era la primera vez que entraba allí y la sensación fue acogedora, sobre todo porque se sentía a salvo de miradas indiscretas. Además, todo era relativamente nuevo, olía a madera y a barniz.
Bajó los parpados, se quitó con alivio el pasamontañas y respiró por fin, después de haber estado conteniendo el aliento por largo tiempo. Sentó a la mujer morena en el sofá y se apresuró a bajar las persianas.
- ¿Puedo quitarme ya esto?.- Solicitó Regina Mills irritada.
- Cállese.- Ordenó Emma asustándose al oír su voz. Incomoda con la situación, intentó tranquilizarse.- Necesito una copa.- Dijo para sí misma, ignorando la petición de la mujer, mientras la esposaba al brazo del sillón.
Volvió pocos minutos después con un vaso de whisky y se sentó en el sillón de una sola plaza que había en el salón, frente a Regina. Se dejó caer pesadamente sobre el respaldo y masajeó el puente de su nariz, esperando aliviar así el acuciante dolor de cabeza.
- Tengo sed.- Oyó decir a la morena con altisonancia.
- Vale.- Dijo Emma levantándose y dirigiéndole una fiera mirada a la mujer.- Le traeré agua y algo de comer. ¿Alguna preferencia?.- Preguntó con el mismo tono irritado.
- No tengo hambre, pero ¿podría traerme un poco de lo mismo que usted está tomando?, yo también estoy nerviosa.
Emma la vio encogerse de hombros y por primera vez comprendió lo asustada que debía estar. Por extraño que pareciese, se sintió mal y se maldijo por ello. Tragó saliva y se mesó el cabello molesta consigo misma. - Está bien. Pero no voy a ser considerada con usted, no se lo merece, se conformará con agua.- Dijo Emma lacónicamente. Luego se levantó y se dirigió a la cocina para servirle una vaso de agua. Cuando regresó, se asustó al comprobar que Regina Mills se había quitado el saco y ahora la miraba entre sorprendida y asustada. Emma quiso estrellar la copa en el suelo cuando fue presa de la ira.
- ¡No le di permiso para que se quitara el saco!. ¿En qué estaba pensando?.- Le gritó acercándose para intimidarla y dejando la copa delante suya con un golpe brusco, hizo amago de golpearla, pero se contuvo.
- No podía respirar.- Balbuceó la otra mujer con el corazón desbocado y con la mirada fija en la de Emma Swan. Emma comprobó que estaba temblando, encogida y a punto de llorar.
- ¡Deje de mirarme, por el amor de dios!.- Exclamó con resignación, pues ya era demasiado tarde.
- Lo siento… pero… es que… se parece usted tanto a una persona que conozco.- Se excusó con el ceño fruncido, encogiéndose aun más sobre si misma.
Emma contempló el gesto en la cara de la otra mujer y después recorrió con sus ojos su cuerpo. Llevaba una camisa de seda gris y unos pantalones de pinzas negros, que se ajustaban perfectamente insinuando las nobles curvas. Era tremendamente sensual, hasta en aquella situación, tratándose de la persona que era. Negó con la cabeza intentando centrarse en odiarla.
- Ya da igual… en fin.- Murmuró en voz baja.
- ¿Por qué me ha secuestrado? Debe ser una equivocación.- Preguntó la mujer del Doctor, un poco mas calmada y confiada.
- Usted no está en disposición de hacer ninguna pregunta.- Dijo Emma volviéndose a sentar con brusquedad en el sillón y mirando con intenso rencor a la otra mujer. Transcurrieron varios segundos en un silencio denso mientras se miraban y todo un abanico de emociones se agitaba en el interior de ambas, pero el tono de un teléfono, las asustó.
Capitulo 6
Regina Mills abrió los ojos con pesadez. Se había quedado dormida hacía apenas una hora. Se masajeó la sien recordando su situación y a pesar de ello, mantuvo la sangre fría. La habitación donde aquella mujer la había encerrado era pequeña y triste, solo compuesta pon un camastro incomodo, un lavabo y un inodoro. Estaba en el sótano y allí hacía más frío que en la planta alta. Se sentó rígida sobre el camastro al oír sonido de pies bajando las escaleras. Supuso que era la mujer con el desayuno.
La puerta se abrió con brusquedad y la mujer rubia, con la cabeza bien alta y orgullosa, soltó de mala gana una bandeja en el suelo. Solo había un plato con lo que parecía huevo revuelto y un poco de agua. Regina tenía hambre, pero permaneció quieta en el lugar, solo observando a la mujer que le devolvía la misma mirada de antes, llena de odio. Por ahora, era una persona imprevisible y Regina Mills debía asegurarse de que no corría peligro su vida.
- Supongo que debo olvidarme del postre.- Dijo con sarcasmo.
- ¿No me tiene miedo, verdad?.- Preguntó Emma Swan frunciendo el ceño. Se le notaba nerviosa en el movimiento de sus manos, que Regina Mills comprobó que eran blancas y largas.
- ¿Debería?.- Preguntó la señora Mills a su vez, con arrogancia.- No parece usted una persona peligrosa. Es más, parece una novata en esto de secuestrar personas.
Como única respuesta, Emma Swam se fue hacia ella con todo el odio que sentía, la tomó del cuello con brusquedad y la estampó contra la pared. Los ojos de Regina Mills se abrieron llenos de pánico cuando de algún lugar había aparecido un largo cuchillo de carnicero en aquellas manos blancas, que ahora se apretaba contra su garganta. Sintió el filo cortante y frio, y comenzó a temblar, temiendo lo peor. Apenas si podía respirar, pero la mujer rubia se dedicó a mirarla con duda, parecía querer hacerle daño realmente y al mismo tiempo temía hacerlo. Retiró el cuchillo con la misma brusquedad, haciéndole sin querer un pequeño corte, y se fue dando un portazo.
No había sentido miedo hasta ese momento. Ahora estaba horrorizada y solo pudo soltar un llanto contenido, tapándose la boca con una mano. La señora Mills miró a su alrededor, buscando alguna forma de escapar de allí. No había ventanas ni la puerta cedió cuando empujó varias veces frustrada. Después de intentarlo todo, se dejó caer poco a poco, arrastrando su espalda por la pared, hasta quedar sentada en el suelo.
Continuara...
