Capítulo 17

Peeta

No sé lo que hay con esta chica. Es vulnerable y fuerte al mismo tiempo. Me dan ganas de protegerla, y al mismo tiempo echar abajo el muro que se crea alrededor.

―Déjame sostenerte ―vuelvo a decir.

Ella niega con la cabeza.

―No.

Me inclino lejos de ella. Ella me está dejando fuera.

―¿Es a causa de Hunter, o algún otro tío?

―No. Es porque no quiero tomar en serio a ningún tipo.

Me encojo de hombros.

―Entonces no seamos serios. Vamos a divertirnos con los demás y ver a dónde vamos. No voy a presionarte o darte problemas. Sólo el verdadero yo.

Sé que está pensando en ello. Por lo menos no me echa de inmediato.

―Ha sido una carrera, ¿no? ―grita Tresh después de que echa las anclas del barco. Arroja una balsa en el agua, entonces hace una voltereta hacia atrás por el lateral.

Rue es la siguiente que salta.

―¡Vamos, muchachos! ―grita desde el agua.

Katniss se despoja de sus pantalones cortos y camiseta, revelando un bikini rojo con negro de corte. Veo que se pone de pie en el borde de la embarcación con la punta de los dedos de los pies colgando a un lado. Estoy fascinado, pero tratando de no demostrarlo.

―Así que... ¿Peeta? ―Ella me mira sin su animosidad habitual. Me he dado cuenta que hay un desafío entrelazado en su voz―. Has dicho que debemos divertirnos. ¿Te atreves a dar el paso?

Katniss

Yo sólo le pregunté si quería dar el paso en un momento de debilidad pura.

No tengo mucho tiempo para analizar su físico cuando se para sobre un lado del barco, extiende sus brazos musculosos sobre su cabeza, y se sumerge en el agua como un nadador olímpico. Me asomo por la borda de la embarcación, esperando a que salga del agua. Cuando no lo hace, me enloquezco.

―¿Dónde está? ―pregunto en tono de pánico.

―¿Me estás buscando? ―pregunta. Su voz resuena desde el lado opuesto del barco. Instintivamente, mi mano vuela a mi pecho.

―No hagas eso de nuevo, Peeta. Me asustaste casi hasta la muerte. Pensé que te habías ahogado.

―Teniendo en cuenta que es un campeón de natación estatal ―dice Tresh mientras nada con Rue―. Yo no creo que haya que preocuparse por eso.

Arqueo una ceja. Peeta, ¿un campeón de natación estatal? Salto al agua, los pies por delante. No es gracioso, pero yo no soy una campeona estatal de natación ni mucho menos. De echo el deporte no es para mi.

―Vamos a ver lo rápido que eres, Mellark. ¿Qué tal una carrera? ―Tresh apunta a su izquierda―. Hasta la boya de allá de ida y vuelta. Las chicas obtienen una ventaja. Rue de inmediato empieza a nadar hacia la boya. Los chicos esperan, pero no por mucho tiempo. No es una carrera justa, porque Peeta y Tresh nos pasan en menos de cinco segundos.

Tresh está en el equipo de natación en Panem High y definitivamente puede pasarnos. Peeta le pasa con facilidad, sin embargo, mucho antes de llegar a la boya. Tresh y Peeta paran en la boya y esperan a que Rue se ponga al día.

―¿Cuál es la demora? ―le dice Tresh. Rue intenta salpicar a Tresh, pero está demasiado lejos.

―Sois tan fanfarrones- dice con un todo de molestia que pierde al instante al reírse.

―Es la testosterona.―dice Peeta, flotando en el agua aparentemente sin esfuerzo.

Nado más rápido, pero muy rápidamente me he quedado sin aliento y necesito un segundo para descansar.

―Vosotras chicas no tenéis resistencia ―dice Tresh.

―Te mostraré resistencia ―dice Rue, haciendo un movimiento de pecho bastante bueno de regreso al barco. Tresh va detrás de ella, mientras que Peeta nada más cerca de mí.

―¿Estás bien?

El agua gotea de sus labios, el mentón y el cabello. Parece más joven ahora mismo, un poco como estaba cuando lo conocí.

―Ya he terminado la carrera, si eso es lo que quieres decir ―le digo. Floto sobre mi espalda para darle a mi cuerpo un descanso.

Peeta flota a mi lado, pero agarra la balsa abandonada de Tresh que ha flotado cerca de nosotros y ambos nos aferramos a ella. Nos quedamos en silencio por un rato, viendo las estelas de los barcos rozando sobre el agua mientras miro hacia el cielo. Señala una de las nubes.

―Parece un perro, ¿no? mira las orejas y la cola larga.

―Parece como una serpiente para mí. No puede ser un perro, ya que no tiene patas.

Se ríe.

―Nadie es perfecto.

―No, no lo es. Lo he aprendido de la manera más dura. ―Lo dejo escapar, y luego apunto a otra nube para que no analice mi comentario―. Ese tiene la forma de un arco iris.

―No, eso es una tortuga ―dice―. ¿Ves su cabeza husmeando afuera?

―Estás equivocado. Eso no es una cabeza. Es la olla de oro al final del arco iris. ―digo con un acento irlandés, apuntando al cielo y dibujando el arco iris y la olla de oro con la punta de mi dedo.

―¿Estás segura? ―pregunta.

Por supuesto. Soy una experta en la formación de nubes.

―¿Alguna vez pensaste cómo se vería la Tierra desde el espacio?

Nunca me he preguntado al respecto.

―He visto fotos y video. Se ve como una canica grande.

―Me refiero a la experiencia al igual que estar ahí arriba mirando hacia abajo a la tierra. ¿Irías si tuvieras la oportunidad? ―Él suelta la balsa y pone sus brazos detrás de la cabeza, flotando sobre su espalda y mirando hacia el cielo―. Hombre, me gustaría hacer algo para ir allí.

―Se puede morir en el camino... o hacia abajo.

―No me importa. Vale la pena el riesgo de la aventura final. La alegría de estar tan cerca de la luna y las estrellas... sabiendo "el universo es infinito".

―Estás soñando, Peeta. Regresa a la tierra. ―Yo le toco.

Ladea la cabeza hacia un lado y dice con valentía

―Para que lo sepas, yo tomo represalias.

Yo le toco otra vez.

―Te estoy advirtiendo que...

Cuando le toco por tercera vez y digo "la llevas" se mete debajo del agua. Chapoteo mis pies,sin saber qué hará.

―Peeta, si me asustas o me empujas hacia abajo, te mato. Te lo juro. Yo estaba bromeando cuando dije "la llevas".

Sigo pataleando. No hay señales de Peeta, ni siquiera una onda en el agua indica que está cerca de mí. El suspenso me está volviendo loca. Espero, doy patadas. Sé que está por aquí cerca, a menos que él realmente sea un pez y respire bajo el agua en algún mágico mundo subterráneo.

Él llegará, pero, ¿cuándo?

Sale del agua a mi lado, haciendo un chapoteo grande con todo su cuerpo. Se me escapa un grito muy geek, lo que le hace reír.

Se quita el agua de la cara con su mano.

―No eres tan valiente como crees que eres, mi chava.

―Soy valiente cuando los chicos no están acercándoseme sigilosamente.

―No hago eso.

―¿Acechas?

―No hago eso, tampoco. Cuando me gusta una chica, no soy sutil. En tercer grado le puse una carta de amor en el escritorio a Selena Ibarra.

―¿Qué pasó? ¿Ella la leyó?

―Sí. Ella se rio. Y luego se la mostró a todos en el patio de recreo. Se burlaron de mí hasta que mi hermano Finnick amenazó con patear el culo de cualquiera que me dijera una mierda. Nadie me molestó realmente y después de eso... Finnick es intimidante cuando él quiere serlo.

―¿Crees que él me pateará el culo si te molesto?

―Está en el ejército, destinado en el extranjero. Creo que estás a salvo.

―Bueno…―le digo―. Entonces no le importará si yo hago esto. ―Cuando me acerco a mojarlo, él se hunde con facilidad. Cuando aparece de nuevo, estamos cara a cara.

Mi respiración se vuelve más y más rápida. No sé si es porque he estado en el lago durante demasiado tiempo, o porque me recuerda mucho a Cato.

De repente no puedo ver con claridad y mi cabeza da vueltas.

―Vaya… ―le digo.

―¿Qué pasa?

―De repente estoy mareada… ―Extiende la mano y frenéticamente agarro su brazo para apoyarme.

―¿Estás bien? ―pregunta con preocupación en su voz. Su brazo se dobla alrededor de mi cintura y me mantiene en un firme control, de protección... como un héroe. Nuestras piernas se tocan en el agua y me siento en una escena íntima a pesar de que no lo es.

Rápidamente quito mi mano de su brazo.

―Lo siento. Yo sólo... me mareé por un segundo. Estoy bien.

Pensé que Cato era mi héroe, pero no lo es. Los héroes son personajes que se encuentran confeccionados para los cuentos de hadas. No existen. Al menos en mi universo, no existen. Peeta está cerca de ser uno hoy, sin embargo. No puedo imaginar eso no de nuevo.

Me lleva de regreso al barco, permanece a mi lado todo el tiempo y pregunta a cada rato si estoy bien. Antes de volver a subir, agarra mi brazo.

―¿Kat?

―Sí.

―Para que lo sepas, estoy teniendo un buen momento.

Asiento y le doy una sonrisa pequeña.

―Yo, también. Es una buena cosa que estableciéramos que esto no era una cita.

―Debo advertirte que planeo pasarme el resto del día tratando de hacerte cambiar de parecer―dice con una gran sonrisa en su rostro.