Derechos: No son mías.
Corazones Rehenes
Capitulo 7
Se sentía fatal. Emma no era así, pero no podía imponer su dominio por medio solo de la amenaza verbal. Tenía que demostrar su poder mediante la fuerza. Se sentía amenazada, a pesar de que era la morena la que estaba encerrada entre cuatro paredes. Regina Mills era tan altanera, tan prepotente y tan fría como había presupuesto ya, pero tras haberla acorralado, la había mirado con verdadero terror y en vez de sentir placer por ello, Emma se sentía asqueada y esa fue la razón por la que se dedicó a beber una copa de whisky tras otra. Nunca había tenido problemas con la bebida, pero saber que su hijo estaba vivo en algún lugar, la había llevado hasta el límite. Era consciente de que estaba ebria y en aquella situación, intentaba recordar qué era lo que el señor Gold le había dicho en su última conversación.
- ¿Señorita Swan, como ha ido la operación?.- Escuchó preguntar al otro lado de la linea.
- Está en el salón.- respondió tensa.
- No habrá dejado que la vea, ¿cierto?.- Se le notaba preocupado por esa cuestión.
- No.- Mintió nerviosa.
- Bien, bájela al sótano y déjela allí encerrada. Procure que coma y beba, pero no demasiado. Tiene que tener miedo… ¿entiende?.- Explicó impasible.- Si se ve en la necesidad de hacerlo, puede golpearla, pero sin que peligre su vida.
- No voy a hacer tal cosa, ese no era el trato.- Se quejó molesta.
- Solo he dicho si se ve en la necesidad, si intenta escapar, por ejemplo.- La voz de Gold se volvió amenazante.- Recuerde que si no tenemos éxito puede olvidarse de ver a su hijo.
- ¿Es una amenaza?.- Pregunto Emma a la defensiva.
- En absoluto.- Dijo Gold riéndose al otro lado de la línea.- Es una realidad.- Respiró pesadamente.- Dejaremos un día a la señora Mills en el sótano, antes de ponernos en contacto con Daniel Mills.
- Entendido.- Asintió Emma. Luego hubo un mutismo tenso.- ¿Puedo preguntarle qué es lo que quiere usted del señor Mills?
- No debe preocuparse por eso.- Le dijo anodino.
- Está bien.
- Pero por favor, nunca diga mi nombre ante ella.
- ¿Ella le conoce?.- Inquirió Emma embargada por la curiosidad.
- En efecto. Soy el abogado de la familia.- Dijo tranquilamente, como si aquella confesión no cambiara nada.
- Es…- Se paró de golpe, pensativa.- Vaya, ahora entiendo por qué conoce tan bien a la familia.- Emma sonrió para sí misma, sorprendida.
- Tampoco le hable de Henry.- Le advirtió seguidamente.- No debe saber cuales son sus motivaciones, todavía. Ahora volvamos a repasar el plan…
Estaba claro que Emma Swan no tenía especial talento para aquella empresa. Todo se estaba desarrollando con demasiada rapidez y había algo que se le escapaba… a decir verdad, todo se le escapaba de las manos.
Capitulo 8
Regina Mills estaba sentada en el suelo, abrazada a sus piernas encogidas. Pensaba que todo aquello se escapaba de su control y para la señora Mills todo tenía que estar bajo su absoluto mando. Sentirse a merced de las emociones de la mujer rubia solo le provocaba desasosiego. Se había sentido así durante muchos años, primero bajo el yugo de su madre, y cuando se independizó, bajo el de su marido. Siempre se había sentido como una mujer florero, incapacitada para tomar decisiones y actuar… pero eso ya había llegado a su fin.
Se tensó al oír el pestillo de la puerta y la figura de la mujer rubia apareció ojerosa ante ella. Se detuvo sin llegar a entrar. Tenía un vaso de whisky en sus manos.
- ¿Quiere?.- Balbuceó a duras penas ofreciéndole el vaso. Era obvio que estaba achispada, pero Regina Mills la miró expectante, muda de terror. La mujer rubia se tensó y apretó la mandíbula con rabia, tomándose la copa de un solo trago.- De todas formas no le habría dado.- Dijo despectiva.
- Esto es increíble.- Murmuró la señora Mills para sí misma.- ¿Está borracha?.- Preguntó indignada.
Emma Swan no contestó, sino que siguió mirándola con intensidad. Regina Mills sabía que la mujer rubia era no solo imprudente sino también muy impulsiva, y no saber qué era lo que vendría a continuación, la obligó a buscar una salida. La puerta estaba abierta y pensó que aquel era el momento oportuno para escapar. Ebria como estaba, la otra mujer era más débil y más torpe. Sabía defensa personal y no dudó en levantarse con ligereza y correr en su dirección, dispuesta a atacarla, pero no contaba con el hecho de que Emma Swan también sabía defenderse. Chocó contra la mujer morena, sintiendo como golpeaba su estomago con la cabeza y ambas cayeron al suelo, forcejeando. Emma Swan logro ventaja sobre ella y colocándose a horcajadas la golpeó en la cara solo una vez, suficiente para hacerle sangre en el labio. Regina Mills la miró sorprendida y molesta. A Emma no le importó, sino que sostuvo sus manos sobre su cabeza y la miró con rabia.
- Deje de hacer eso.- Le dijo Emma respirando con violencia muy cerca de su cara.- No quiero hacerle daño… bueno, sí que quiero, pero no así. - Le aclaró amenazadora.
Regina Mills respiraba aceleradamente, asustada y sintiéndose débil, y no le gustaba sentirse así. Emma Swan se quedó allí, sobre ella. La odiaba, pero sentirla tan frágil y a su merced le gustaba. Entonces observó con placer su cuello, ahora tenso y rígido, con la yugular palpitante, y siguió bajando hasta perderse en su escote, tan suave… su corazón comenzó a latir todavía más rápido... Abrió los ojos mucho, disgustada consigo misma por estar ebria y sentir aquel placer perverso… se despegó rápidamente y se incorporó toscamente, evitando volver a mirar a Regina Mills. Luego, ante el asombro de la morena, salió dando un portazo.
Continuará...
