Derechos: No son mías

Corazones Rehenes

Capitulo 11

Emma estaba nerviosa, demasiado. Había recorrido toda la casa sin saber a qué dedicar el tiempo libre. Lo único que hacía era pensar en su hijo, en la señora Mills y en su fracaso como secuestradora. Sabía que todo lo estaba haciendo mal. La mujer del doctor había visto su rostro y sabía quién era. Precisamente, Gold le había advertido que debía evitar ambas cosas, pero tenía demasiadas emociones contenidas en su interior y era imposible controlarlas con toda la información confusa que estaba recibiendo.

Por otro lado, Regina Mills, era todo lo que ella no era ni sería jamás. Una mujer inteligente, segura, delicada, refinada y elegante. Tenía un halo que imponía respeto, a pesar de que Emma parecía tener el control de la situación. Parecía, porque obviamente no lo tenía. Para empezar, debería odiarla, pero tenía una curiosidad insana por la mujer morena. Se estaba volviendo loca encerrada en aquella casa, sabiendo que la madre adoptiva de su hijo estaba allí mismo. Quería preguntarle mil cosas acerca de Henry. Regina Mills era el único vinculo que tenía en aquel momento con su hijo, del que no sabía casi nada.

En segundo lugar, Emma tenía un don, sabía cuando alguien mentía y Regina Mills no lo había hecho cuando dijo que amaba al chico más que a nadie. Tenía celos de ella, de la posible relación que tuviera con su hijo y del hecho de que lo hubiese sostenido cuando era un bebe. Ella le habría visto dar sus primeros paso, habría celebrado su primer cumpleaños, le habría oído decir su primera palabra... Si pensaba en ello, acrecentaba su rabia y era lo que tenía que hacer… odiarla… pero por alguna razón no podía hacerlo.

En tercer lugar, Gold ya había contactado con el señor Mills. Al parecer solo le había avisado de que tenía a su mujer rehén. Le había advertido de que no avisara a la policía y luego le dijo que se pondría en contacto más adelante para negociar. Por supuesto, todo lo había hecho a través de un intermediario.

- Estaba bastante nervioso y preocupado.- Dijo Gold a través del teléfono.- Cederá a la primera.- Prosiguió convencido.

- ¿Está seguro de que no avisará a la policía?.- Preguntó Emma preocupada.

- No, sabe que si lo hace no volverá a ver a su mujer.- Sentenció su cliente.

- ¿Eso que quiere decir?.- Inquirió Emma.- Me dijo que ella no correría peligro.

- Pero eso él no lo sabe.- Le aclaró Gold.- ¿No se estará encariñando con ella?. Recuerde de quien se trata.- El tono de voz de Gold sonaba, en este punto, bastante preocupado, como si temiera algo que Emma no alcanzaba a entender.

- Por supuesto que sé quien es.- Aclaró Emma con demasiada seguridad.

- Está bien… ¿ha tenido algún problema con ella?.

- No.- Mintió Emma.- Está colaborando.

- Es extraño, Regina Mills no es precisamente una mujer sumisa.- Murmuró con desconfianza Gold.

- Deje de preocuparse, lo tengo todo bajo control.

- No me cabe la menor duda.- Contestó Gold, pero su respuesta tenía un tono sarcástico que dejó intranquila a Emma durante el resto del día.

Porque ella sabía que era una gran mentira. No tenía nada bajo control, ni siquiera podía controlar sus propias emociones.

Capitulo 12

Cuando Emma Swan abrió la puerta para traer la cena, Regina Mills ya tenía preparado un discurso. La mujer rubia no parecía querer hablar, estaba reacia y fría y se dispuso a cerrar la puerta y marcharse sin decir nada, pero la voz de Regina la detuvo.

- Admito mi culpa en este asunto.- Sentenció. - Fui una egoísta.- Se disculpó mirando a Emma con una intensidad que desestabilizó a la rubia.- Hace 15 años, mi marido, Daniel, puso un bebé en mis brazos. Era tan hermoso, que me enamoré de él irremediablemente.- Emma se apoyó en la pared, dispuesta a escucharla. Regina prosiguió.- Llevábamos intentado tener un hijo un par de años, pero finalmente, resultó que yo era estéril.- Admitió avergonzada.- Mi matrimonio hacia aguas, Señorita Swan, y yo solo quería ser feliz. Creí que un bebe sería la solución a todos nuestros problemas.

- Si pretende convertirse en la víctima…

- Déjeme terminar, ¿quiere?.- La interrumpió Regina con el ceño fruncido. Emma Swan estuvo tentada de sonreír. - No me siento como una victima, solo intento que entienda por qué lo hice… Henry se convirtió en toda mi vida y fue, al mismo tiempo, el motivo de que mi matrimonio acabara.

- Pero continúan casados.- Corroboró Emma extrañada.

- Es algo meramente formal.- Aclaró Regina incomoda.- Me volqué tanto en Henry, que dejé desatendido a mi esposo y él busco en otras mujeres esas atenciones.- Explicó con tranquilidad.- No ponga esa cara, no quiero su compasión…

- No me da pena, ya sabe que la odio.- Aclaró Emma rápidamente.- Además, me consta que usted también tiene sus distracciones, señora Mills, soy consciente de que no está usted libre de pecado.

Por toda respuesta, Regina Mills solo abrió la boca y alzo una ceja sorprendida.

- Veo que usted ha hecho bien sus deberes.- Carraspeó incomoda. - Mi marido internó a Henry, con la excusa de querer darle la mejor educación… solo fue una artimaña para alejarlo de mi, su último intento para salvar nuestro matrimonio, pero lo que hizo solo consiguió distanciarnos más. - Explicó con cierta tristeza.- Y yo busqué cariño en otra persona.

- Entiendo.- dijo Emma.- Pero todo eso no la exime de su culpa y no hace que la odie menos.

- No me importa que me odie… solo quiero saber qué pretende con todo esto.

- Quiero lo que es mio.- Sentenció Emma con seguridad, cruzándose de brazos.

Continuará