Derechos: No son mías.
Corazones Rehenes
Capitulo 17
Le faltaba valor y sin duda el señor Gold se reiría de ella si supiera en la situación en la que estaba. Era ternura lo que sentía por aquella mujer y eso era algo que Emma Swan no podía permitirse. Era un sentimiento nuevo que la destinaba al fracaso. Verla pálida y ojerosa, asustada y encogida sobre la cama acrecentaba ese sentimiento.
- No quiero esposarla al cabecero, sería demasiado incomodo para usted.- Le dijo de pie mientras la observaba.
- Pues no lo haga.- murmuró Regina Mills angustiada.- No voy a escapar.
- Comprenderá que no puedo confiar en usted.- Le dijo Emma resignada.- Solo será un momento, mientras me cambio y me aseo.
- Como usted quiera.
Evitando mirarla, la esposó al cabecero y mientras lo hacía regresó ese calor a su estomago y el sonrojo involuntario.
Regina Mills escudriñaba la oscuridad, tratando de distinguir su cara, mientras los latidos de su corazón se aceleraban. También ella se había sonrojado y respiraba tan fuerte que temió por un instante que delatara lo nerviosa que estaba, no solo por compartir cama con aquella desconocida que era la madre de su hijo y la persona que la mantenía presa en aquella casa, sino porque Emma Swan la llenaba de un sentimiento desconocido.
- Listo, vuelvo en cinco minutos.- Le dijo Emma y casi estuvo a punto de acariciar su pelo con delicadeza, pero tuvo la suficiente cordura para no hacerlo. La mujer morena no dijo nada, permaneció echada, inmóvil y con el corazón desbocado.
Cuando Emma regresó, encendió la lampara de la mesilla y la señora Mills estaba con los ojos abiertos, temblorosa y asustada. Su respiración se detuvo al ver a Emma tan solo con aquella fina camiseta de tirantes, que dejaba entrever sus pechos. No sabía por qué se sentía así, pero el ardor que invadió su cuerpo barrió por completo cualquier atisbo de frio.
- ¿Piensa dormir así?.- Le preguntó incomoda.
- Siempre duermo así.- Respondió Emma.- ¿Le molesta?.-Regina Mills bufó, como quitándole importancia.
- ¿Por qué me iba a molestar?.- Dijo con una sonrisa nerviosa y Emma Swan supo que estaba mintiendo. - Solo lo digo porque hace mucho frío.
- Claro.- Emma carraspeó.- No se preocupe por mi, soy una persona caliente...- Se puso rígida al entender el doble sentido de sus palabras.- Quiero decir…
- Sé lo que quiere decir.- Le dijo Regina sonriendo, pero sin poder ignorar como su pulso se había acelerado. Carraspeó para disolver la tensión del momento.
Emma quitó la esposa que había atado al cabecero y la puso en su propia muñeca, ante la sorpresa de la morena.
- Así estaré segura de que no escapará y no será tan incomodo para usted.- Explicó humedeciéndose los labios. Luego se metió bajo el nórdico, notando como su manos se rozaban inevitablemente. El roce hizo que Regina pegara un pequeño bote.- Lo siento.- se disculpó. Se volvió para apagar la luz y evitar así que viera su sonrojo.
- No pasa nada.- Murmuró Regina. Sus palabras sonaron demasiado cerca y Emma notó como su aliento golpeaba en alguna parte de su cuello.
- Sabe, soy yo quien lo siente.- Dijo la señora Mills en un tono cargado de tristeza.
- ¿Usted, por qué?.- Emma preguntó confusa.
- Por haber destrozado su vida, por haberla separado de Henry, por obligarle a vivir esta situación… por todo.- Inhaló profundamente.
- Usted no tuvo la culpa.- Le dijo Emma, lacónica.- La engañaron, igual que a mi.
Regina Mills no contestó. Guardó un misterioso silencio durante demasiado tiempo, acompañado solo de su respiración acelerada, hasta que pareció quedarse dormida.
A Emma, sin embargo le costó horrores pegar ojo. Estaba arrepentida, más después de saber que aquella mujer era una víctima del destino, al igual que ella. Pero a pesar de ese sentimiento que crecía en su interior, no era suficientemente fuerte como para dejarla ir. Si lo hacía, lo perdería todo, puede que incluso su libertad y solo pensar en ir de nuevo a la cárcel era suficiente para agarrarse a la esperanza. Si la dejaba ir, estaba segura de que podía olvidarse de contar con la ayuda de Gold.
Capitulo 18
A la mañana siguiente, Emma despertó con los primeros rayos de sol. Quiso moverse, pero el peso en su pecho hizo que abriera los ojos sorprendida. Regina Mills descansaba sobre ella. Su rostro estaba relajado y sus mejillas arreboladas. Volvió a ruborizarse al notar que su mano libre estaba apoyada sobre su pecho, ahora erecto. Desvió la mirada, nerviosa y rígida, y la otra mujer pareció notarlo, porque en seguida se removió.
Regina Mills abrió los ojos. Había dormido tan bien, que fue incapaz de orientarse por un instante. Pestañeó como para recordar que se encontraba en una cama que no era la suya, con una persona que no conocía. Se amedrentó al fijar sus ojos en los de Emma y comprender por fin que estaba sobre su cuerpo, abrazada a ella. Luego torció el gesto, separándose ligeramente.
- Perdone.- Dijo incomoda.
- No se preocupe, no me molesta.- Emma sonrió con ternura.
- ¿Seguro?.- Preguntó azorada.
Y como única respuesta, Emma Swan la acercó de nuevo, invitándola a echarse de nuevo sobre ella. En silencio, ambas permanecieron en aquella posición, despiertas pero disfrutando de aquel contacto que costaba demonios romper.
- Esto es raro.- Dijo Regina, haciendo que su aliento golpeara sobre el pecho de Emma.
- Lo es.- Respondió Emma, mientras de una manera inconsciente acariciaba su pelo.- Pero me gusta.
- A mi también.- Contestó Regina atreviéndose a mirarla.
Fue entonces cuando ninguna pudo apartar la mirada, cuando los ojos de Emma bajaron hasta los labios de Regina y se humedeció los suyos propios. La distancia entre ambas fue haciéndose más pequeña. El corazón de Regina parecía a punto de echar a correr, pero ella no tenía ningunas ganas de moverse de allí. Los ojos de Emma se oscurecieron de deseo, podía notar el aliento de Regina sobre sus labios, tan cerca… y cuando estaban a punto de besarse, el sonido de un teléfono fue más perceptible de lo que les gustaría. Emma se separó rígida y ambas volvieron a la realidad con demasiada brusquedad.
Continuará...
