Derechos: No son mías.
Corazones Rehenes
Capitulo 19
Regina Mills había vuelto a la realidad. De nuevo encerrada entre aquellas cuatro paredes, se le hacía un mundo después de lo cómoda que se había sentido en los brazos de aquella mujer. Jamás en su vida había sentido nada parecido y muchos menos había besado a ninguna mujer, ni siquiera se le había pasado por la cabeza. A pesar de sus muchos amantes, nunca había experimentado aquello. Era como estar en casa y sentirse totalmente protegida. Se preguntaba si eso era lo que sentían las victimas de secuestro que acababan enamorándose de sus secuestradores, el famoso síndrome de Estocolmo. La idea le disgustaba realmente, porque no entraba dentro de sus planes enamorarse de ella.
Emma Swan se había marchado sin decir nada, sin atreverse a mirarla y con el gesto perturbado por aquella llamada y Regina andaba nerviosa de un lado para otro, esperando con impaciencia el momento en que ella volviera, pero eso no ocurrió hasta bien entrada la tarde. Tenía hambre y sed, y el hecho de que no apareciese la hacía sentirse dolida y furiosa. ¿Acaso pensaba dejarla morir de hambre? Recordó que ni siquiera había cenado nada la noche anterior y estaba temblorosa y famélica. Incluso golpeó la puerta en varias ocasiones, derramando toda la rabia que sentía en aquel trozo de madera.
Cuando Emma Swan, finalmente hizo acto de presencia, abriendo la puerta con la mirada gacha, obviamente sintiéndose culpable, Regina no pudo contenerse. Se abalanzó hacia ella y la golpeó en el pecho varias veces. Emma dejó caer la bolsa que llevaba en su mano al suelo para defenderse como pudo, agarrándola por la cintura en un acto reflejo. Forcejearon y Emma pudo agarrarle las muñecas para detenerla. Se miraron a escasos centímetros, con las respiraciones aceleradas por el esfuerzo y entonces fue cuando Regina Mills se abalanzó, estampando sus labios contra los de Emma. Al principio fue un beso crudo, donde Regina mordía más que besaba y Emma Swan aguantaba cada embestida sin salir de su asombro, hasta que la señora Mills se separó de ella como un resorte. En su cara había confusión y pánico a partes iguales. Emma se quedó varada, sin saber qué decir o como actuar.
- Dejame.- Dijo con frialdad Regina, dando trémulos pasos hacia atrás.- ¡Vete!.- Y Emma no se atrevió a llevarle la contraria. Ella también se sentía confusa y asustada.
- Hay comida en la bolsa y zumo.- Dijo antes de salir y cerrar la puerta.
Capitulo 20
Para Emma Swan, el día fue mucho más intenso. La llamada del señor Gold no fue agradable para ella, sobre todo porque la devolvió a la realidad con brusquedad.
- Buenos días, señorita Swan, ¿cómo se encuentra?.- Oyó preguntar a Gold, con una voz fría.
- Bien.- Estaba nerviosa y no quería que lo notas en su voz, así que prefirió ser escueta en palabras.
- ¿Qué tal está nuestra rehén?.
- No lo sé, aun no bajé a verla. Iba a llevarle el desayuno antes de que usted llamara.- Mintió con descaro.
- Comprendo.- La respuesta de Gold estaba cargada de serena incredulidad o eso le parecía a Emma.- Le llamo para darle buenas noticias. Daniel Mills ha accedido a hacer un intercambio. Le entregará a su hijo a cambio de la señora Mills.- Dijo con entusiasmo. Emma permaneció en silencio.- No parece feliz.
- Lo estoy.- Dijo extrañada consigo misma por no estarlo realmente.- Es solo que no acabo de creérmelo. Ha sido demasiado fácil. ¿Cómo un padre es capaz de deshacerse de su hijo de esa manera?.
- ¿Importa eso?.- Preguntó Gold.- Lo que importa es que se lo entregará, aunque hay un ligero cambio de planes.
- No comprendo.- Emma frunció el ceño con desconfianza.
- Necesito que nos veamos y se lo explicaré mejor.- Le dijo con tranquilidad. - Estoy en Bostón, nos encontraremos en mi barco, sobre las 13.
- Son casi las 12, tardaré al menos una hora en llegar hasta allí.- Se excusó.
- No tarde, tengo una reunión a la que no puedo faltar.- Le advirtió el hombre con firmeza.
- Está bien, salgo en seguida.
Emma no pensó que tardaría tanto, pero el señor Gold la mandó al aeropuerto. Al parecer Henry Mills estaba en Europa y ella tendría que ir allí para poder encontrarse con él. Tuvo que ir al banco a extraer parte del dinero que Gold le había pagado por adelantado y sacar un billete en dirección a Inglaterra para dentro de dos días. Gold le explicó que Regina Mills quedaría bajo custodia de su intermediario mientras ella iba en busca de Henry. No sería entregada al señor Mills hasta que ella no lo sacase del internado. Luego Gold la hizo ir al encuentro de un contacto que le facilitaría una nueva identidad, para ella y Henry. Lo que hicieran después, era cosa de Emma, pero Gold le aconsejó que se quedaran en Europa por un tiempo.
Aunque Emma hizo todo lo que se le ordenó, la idea de romper la promesa que le había hecho a la morena no dejaba de martillear su cabeza, provocándole un terrible dolor de cabeza. Si desaparecía con Henry no era posible compartir ninguna custodia y estaba segura de que Regina Mills no descansaría hasta encontrar a su hijo.
Quería estar contenta, pero no lo conseguía. No quería dejar a una madre sin su hijo, ni a un hijo sin su madre. La idea le atormentaba y no sabía como iba a enfrentar la mirada de la señora Mills sin delatarse.
Cuando al fin llegó a la casa, era bien entrada la tarde. Había hecho una parada en el camino y había comprado comida y zumos recordando que había dejado a su rehén si comida ni bebida durante más tiempo del que debería. Se sentía mal y estaba segura de que Regina Mills no estaría contenta. Pero nada la preparó para su encuentro, para los golpes que ella le propinó furiosa, ni mucho menos para el beso que vino después. Todavía palpitaba su corazón como un órgano renacido, vibrante y rebelde. Sentada en el salón, frente a la chimenea, llevó una mano temblorosa hasta sus labios, donde aun notaba el sabor metálico de la sangre.
Continuará...
