Derechos: No son míos.
Corazones Rehenes
Capitulo 19
Esperó. Regina Mills oyó los pasos que recorrían la habitación encima del sotano, oyó el ruido de los tablones al caer pesadamente en la chimenea y el chirrido de las persianas al ser bajadas. Dejó la botella de zumo en el suelo y se dejó caer boca arriba en la cama. Debían ser de noche y notaba como el viento había cambiado de dirección, anticipando una nueva noche de tormentas. Suspiró, sorprendida por sentir remordimientos y haber golpeado a Emma Swan. Odiaba perder el control de sí misma y odiaba no entender por qué le había besado, pero cada vez que lo revivía un calor bajaba desde su garganta hasta alojarse en su estomago. Recordaba muy bien la oleada de placer que la había invadido mientras se besaban y lo sorprendida y aterrada que se sintió por ello. Sabía que quizás, la señorita Swan no volviese a aparecer más hasta la mañana siguiente, más después de haberle hablado así, pero Emma Swan no actuaba como ella esperaba. Cuando escuchó los pasos en la escalera del sótano, se irguió en la cama y se mantuvo en aquella postura, fingiendo estar despreocupada.
Emma entró en silencio, cerró la puerta y se sentó en el suelo. Regina no se dignó a volverse para mirarla, simplemente se quedó con la mirada fija en la pared.
- ¿No va a decir nada?.- Le preguntó Emma nerviosa. - Lo que sea.- Continuó ante el silencio de la morena.- Insúlteme, pégueme, pero diga algo.- Dijo perdiendo la paciencia. - ¿Acaso quiere volverme loca?.- Preguntó resoplando.- Lo siento, no quería dejarla sola tanto tiempo, no era mi intención. - Se disculpó, pero Regina siguió en la misma actitud.- ¡Maldita sea, es usted muy orgullosa!.- Dijo crispada. Se dio la vuelta, con intención de marcharse.
- Espere.- La voz de Regina, temblorosa, la hizo detenerse. - No me deje sola, esta noche habrá tormenta, lo sé.- explicó cuando los ojos de Emma la exploraron confundida. La rubia tenía la tez pálida, pero las mejillas encendidas y el pelo rubio húmedo y revuelto.
Emma sintió más afecto por aquella mujer del que había sentido por nadie en toda su vida. La persona que días antes le había parecido fría, engreída e insensible, se le antojaba ahora una persona dulce, frágil y llena de misterios.
- He preparado algo muy bueno para cenar y he salido a por leña para encender la chimenea. - Explicó con una leve sonrisa.- Venía a invitarla a compartir la cenar conmigo, es una manera de disculparme por lo de hoy.
- Sus disculpas me dan igual.- le dijo huraña.- Pero aceptaré su invitación con tal de no pasar la tormenta aquí abajo sola.- Fingió estar molesta y continuó intentando hacerle daño con sus palabras.- Ni siquiera tengo hambre, he almorzado bastante tarde gracias a usted.- le recordó.
- Lo sé y le pido disculpas de nuevo.- Emma agachó la cabeza, perdiendo todo el entusiasmo.
- Ya le he dicho que puede guardarse sus disculpas, señorita Swan.- le dijo con hastío.
- No solo es orgullosa, también es irritante.- Murmuró Emma resignada, subiendo las escaleras y dejando la puerta abierta para que Regina Mills la siguiera.
Capitulo 20
Comieron en silencio, alternando miradas entre bocado y bocado, aunque Regina Mills apenas había comido y se dedicaba a remover la comida de su plato con aburrimiento. La pasta era una de sus comidas favoritas, pero no tenía apetito.
Se notaba que Emma había brindado bastante tiempo a preparar una atmósfera acogedora. La mesa estaba puesta con esmero y había un par de velas encendidas. El fuego de la chimenea calentaba la estancia y la hacía todavía mas tentadora.
- No soy muy buena cocinando.- Le dijo Emma Swan con la mirada angustiada.
- No tengo hambre.- Se excusó la morena con el mismo mal humor, pero de repente recordó algo.- Si va a criar a un niño, deberá a aprender a cocinar.- Le dijo inclinándose hacia adelante y mirándola de forma acusatoria.- Cuando era más pequeño, a Henry le encantaba ayudarme en la cocina.- Emma abandonó su cubierto y le prestó total atención. - Es bastante especial con las comidas, no es que sea delicado, pero acostumbré su paladar a platos demasiado exquisitos.- dijo con prepotencia.
- ¿Me está diciendo que no le gustan mis espaguetis?.- Dijo Emma fingiendo indignación.
- No están mal, pero Henry no está acostumbrado a platos tan mundanos.- Contestó con suficiencia.
- Lo que quiere decir es que mi hijo es un snob.- dijo Emma mordaz.
- Mi hijo…- dijo recalcando las palabras.- … no es ningún snob, señorita Swan.
- No voy a discutir con usted, si es lo que pretende.- Dijo levantándose de la mesa y retirando los platos con brusquedad.
Después de la cena, Emma preparó dos copas de sidra y las dejó sobre la mesa baja. Desde la calidez del afelpado sofá de terciopelo, Regina Mills observó el cabello rubio, los ojos verdes y la pequeña nariz de su captora, decidiendo que se pareciera a quien se pareciera, era realmente hermosa. Escuchó el rumor del viento con la cabeza inclinada, mientras Emma tomaba asiento, esta vez a su lado. Ninguna de las dos se estaba mostrando expresiva y la atmósfera era incomoda. La sombra de aquel beso planeaba sobre ambas, pero ninguna se atrevía a nombrar lo sucedido.
De alguna manera, Emma deseaba acercarse a ella, tan solo reposar su espalda y tomarla en sus brazos, pero no se atrevía, no quería correr el riesgo de que la rechazara. No podía olvidar que eran enemigas, que ambas querían lo mismo y que llegar a un acuerdo no iba a ser posible.
- Hábleme de su marido.- Dijo de repente. Regina Mills enarcó una ceja sorprendida.
- ¿Daniel?.- Escudriñó el rostro de la rubia con el ceño fruncido.- ¿quiere hablar de él?.- Le dijo confundida. Emma solo asintió. Regina negó resignada.- Mi marido es neurocirujano, gana el suelo más elevado del hospital y aumenta sus ingresos con su consulta particular.
- ¿Él cubre sus necesidades o trabaja usted en algo?.- Preguntó Emma.
- Estudié arquitectura, no soy ninguna mantenida.- Dijo ofendida.- Antes de que naciera Henry, tenía mi propio estudio, pero Daniel prefirió que dedicase mi tiempo a cuidar de Henry. Aun así, soy socia de una empresa europea y realizo inversiones en algunos proyectos. He ido apilando una gran fortuna a expensas de mi marido.- Continuó explicando orgullosa.
- Y si es independiente económicamente, no entiendo por qué continúa casada con él.- Dijo Emma con el ceño fruncido.- ¿Lo ama?.- Preguntó a continuación. Para ella ese podía ser el único motivo por el que Regina Mills continuase casada. La señora Mills soltó una sonora carcajada, pero después se quedó pensativa.
- No creo que eso le importe.- Contestó removiéndose con incomodidad. Había ciertos puntos que prefería no tocar delante de Emma Swan.
- No me importa, solo era curiosidad.- Dijo Emma fingiendo indiferencia y tomando un sorbo de su copa.
Mantuvieron un silencio incomodo hasta que un trueno hizo que Regina se agitara en su asiento. Emma sonrió divertida.
- ¿Tiene algún trauma con los truenos?.- Le preguntó mordaz.
- Simplemente me dan miedo.- Dijo negándose a dar mayores explicaciones.
Emma Swan creyó que aquel era el momento indicado para intentar un acercamiento.
- Si necesita un abrazo...- Dijo recostándose en el respaldo del sofá y arqueando una ceja.
- No estoy tan desesperada ni tengo tanto miedo.- Dijo con orgullo y prepotencia, justo cuando un nuevo trueno reverberó con mayor fuerza que el anterior, haciendo que se encogiera sobre si misma.
- Usted se lo pierde.
El tercer trueno sonó con mayor potencia que los anteriores, revelando lo cerca que estaba la tormenta y provocando que Regina Mills cayera en los brazos de Emma Swan, temblando como una niña pequeña.
Continuará
