Derechos: No son mías.
Corazones Rehenes
Capitulo 21
Cuando Emma era una adolescente, hubo un tiempo en que experimentó con las drogas, solo marihuana y alcohol. Con Regina Mills entre sus brazos, la sensación era la misma. Euforia, hormonas descontroladas y unas ganas de reír imparables. Emma solo había estado con dos personas, y si hablamos de intimidad, solo la había tenido con el padre de su hijo y en aquel entonces era una niña que no sabía distinguir entre amar y la necesidad de hacerlo. Pero lo que le hacía sentir la señora Mills era diferente totalmente. Era una sensación de ingravidez que no sabía como interpretar. Estaba segura de que no era amor, pero le gustaba mucho, más de lo que quería admitir.
- No sé a donde nos lleva esto.- Murmuró Regina Mills.
Emma bajó la mirada y la observó, comprendiendo por donde iban los derroteros. El último residuo de buen sentido que le quedaba le hizo decir:
- Yo tampoco, solo sé que se siente bien.
- No me gustan las mujeres.- Dijo de repente Regina, con el mismo ímpetu con el que soltarías una bomba.- Solo me siento desprotegida, en medio de la nada y lejos de mi vida… y solo la tengo a usted.-
Emma se removió incomoda, incluso estuvo a punto de soltar a la menuda mujer y alejarse, pero apeló a su orgullo.
- No sé por qué me dice esto, no he sido yo quien la ha besado, señora Mills.- Regina, con la cabeza recostada en la curva del brazo de Emma, se incorporó levemente para mirarla con prepotencia.- Además… le recuerdo que lo que siento por usted dista mucho de ser atracción … pero tengo la suficiente compasión como para no dejarla morir de miedo.- Remató la frase con una mueca de autosuficiencia, a la que Regina respondió separándose con gesto herido y dejándose caer en el respaldo del sofá, abrazada a uno de los cojines, pero sin poner demasiado distancia entre ambas.
No hablaron durante unos minutos, que parecieron tensas horas. Regina Mills no contestó a las provocaciones de la rubia. Estaba tocada y hundida. No sabía qué decir y sus ideas estaban tan confusas que tampoco podía centrarse y pensar. Lo único que tenía claro, es que por primera vez desde hacía muchísimo tiempo, en los brazo de Emma Swan se sentía en paz y eso mismo era lo que la atraía de ella. Lanzó un profundo suspiro, fruto de toda la confusión y tomó el resto de la sidra de un solo trago.
- No tiene por qué soportarme, a fin de cuenta esto es un rapto.- Escupió con desdén.- No necesito su maldita compasión.- Pero se tragó sus palabras cuando un nuevo trueno la hizo saltar estrujando con nerviosismo el cojín. Emma extendió un brazo por encima de sus hombros y la atrajo de nuevo hacia ella.
- ¿Por qué lo hizo entonces?.- Preguntó Emma. Regina le devolvió una mirada confusa.- Besarme.- Recalcó.
- No lo sé.- Respondió encogiéndose de hombros.
- ¿Por qué no deja de fingir?.- Le increpó Emma con cierta resignación.
- No estoy fingiendo, solo estoy… asustada.- Murmuró Regina.
- ¿Por los truenos?.
- No sea tonta, usted me asusta, yo nunca he sentido nada por otra mujer.- Explicó reacia.
- Entonces… ¿le gusto?.- Emma enarcó una ceja.
- Supongo que es algo así y es una locura, debo estar sufriendo el estúpido síndrome de Estocolmo.
- Yo no la odio.- Confesó Emma.- Es más, me gusta estar así con usted y tampoco he sentido nada por otra mujer con anterioridad, aunque no puedo decir que mi vida amorosa haya estado repleta de amantes.- Regina enarcó una ceja con curiosidad.
- ¿Y el padre de Henry?.
- El fue alguien de quien creí estar enamorada… pero solo era un adolescente fácilmente impresionable.
- Comprendo.- Contestó Regina. - El primer hombre del que me enamoré fue Daniel. Entonces yo tenía 22 años y pensé que era el amor de mi vida.
- ¿Ya no lo piensa?.- Preguntó Emma.
- Estuve enamorada, como le he dicho… pero con el tiempo él cambió y el amor se acabó, después he tenido muchos amantes, pero no me he vuelto a enamorar.- No sabía por qué le estaba contando aquello.
Emma le puso suavemente una mano en su estomago, alentada por la confesión de la morena. Regina se tensó pero la lenta caricia de la otra mujer consiguió relajarla enseguida.
- ¿Le incomodo?.- Preguntó Emma insegura. Regina negó rotunda, con media sonrisa, pero no le salía la voz, estaba segura de que si hablaba, delataría lo nerviosa que se encontraba. - Puedo notar su corazón.- Continuó Emma con la mano temblorosa, subiéndola por encima de las costillas hasta posarse en uno de sus pechos.- Late cada vez más rápido.- Regina soltó aire y un velado gemido. Emma contuvo el aliento y continuó subiendo hasta acariciar su cuello y detenerse en su nuca. Regina levantó el rostro y la rubia la atrajo hacia ella posando sus labios dócilmente sobre los de la morena. Emma estuvo a punto de separarse, temiendo ir demasiado rápido… pero Regina se incorporó y la tomó por el hombro para acercarla más. A Emma le pareció que su boca era firme y sensual y sabia a manzana. Le temblaba todo el cuerpo y se agarró más fuerte, apretándola más contra ella para no desfallecer. Cuando finalmente Regina acarició su lengua con la suya, se sintió aturdida y se forzó a separarse para hablar.
- Si seguimos, puede que no consiga detenerme.- Le dijo observándola y esperando su reacción con miedo.
Capitulo 22
Regina sabía que había miles de razones para detener aquella locura, pero en ese momento ninguna le parecía suficiente. Deseaba que la besara, que la tocara y le hiciera el amor. Si todo aquello estaba mal, no entendía por qué le hacía sentirse tan bien.
- Bésame.- Susurró cegada por el deseo.
Emma no tardó en hacerle caso y esta vez el beso no fue cálido ni dulce. Fue visceral, lleno de saliva y pasión. Posó sus manos en su espalda y una de ella descendió hasta su trasero, apretándolo fuertemente y ahogando un gemido mientras enterraba su cabeza en su cuello.
- Lleva demasiada ropa.- Le dijo con la voz ronca al notar la mullida sudadera que Emma le había prestando interponiéndose en sus caricias. Regina se quitó casi a tirones la sudadera y dejó al descubierto su torso completamente desnudo. Emma se quedó contemplándola y Regina se sintió de repente insegura, pero Emma no pareció notarlo porque sin decir palabra, bajó la cabeza y sujetándole la espalda desnuda, tomó uno de sus pecho con su boca. Regina se arqueó, cerrando los ojos con placer. Lo que Emma hacía encendía un fuego en sus entrañas que iba extendiéndose hasta estallar en su entrepierna. Jamás ninguno de sus amantes había conseguido darle tal nivel de placer con aquel gesto. Emma la fue empujando delicadamente sobre el sofá y aprovechó la distancia para quitarse el jerséis y el sujetador. Aunque la luz era tenue, Regina fue capaz de ver lo hermosa que era. Tenía un pecho pequeño, pero firme y suave, sin vello oscuro como el de un hombre… Sus brazos eran musculosos y su vientre plano. No pudo recrearse demasiado tiempo, porque Emma ya estaba sobre ella de nuevo y se quedó sin respiración al sentir la suavidad de aquel cuerpo en contacto con el suyo. Se besaron de nuevo, mientras las manos de Emma luchaban por bajar su pantalón de chándal afelpado.
Ninguna había hecho esto con anterioridad, pero nada resultaba forzado. Cuando Emma se quedó completamente desnuda, introdujo una de sus manos en el interior del pantalón de Regina, que pegó un grito sorprendida. Emma se separó asustada. Todavía tenía sus dedos encima de su humedad.
- Continua.- Le alentó Regina.- No pares.
Emma así lo hizo, le acarició lento y sinuoso, hasta notar que la humedad empapaba su mano temblorosa. Las caricias se hicieron más profundas al igual que los besos. Con un gesto profesional y rápido, le quitó el pantalón a la morena, dejando a la vista un hermoso monte de venus con escaso vello ensortijado. Nunca se había sentido tan llena, tan ardiente ni tan excitada. La penetró de golpe y al hacerlo sintió una explosión de placer en su interior. Emma estaba tan húmeda que notaba sus muslos resbalar entre ellos. Regina no podía pensar con claridad, cada embestida hacía que su cuerpo fuera invadido por oleadas de placer. Escuchaba el sonido gutural que provocaban los dedos de Emma al entrar y salir y eso la excitaba aun más. El orgasmo no tardó en llegar y su respiración se volvió entrecortada. Recuperar la conciencia le hizo caer en la cuenta de algo peculiar. No era una mujer frígida, pero siempre había tenido dificultad para alcanzar los orgasmos. Con Emma, curiosamente, eso no había sido ningún problema. Emma presionó una vez más, haciendo que Regina tuviera un suave espasmo, pero cuando iba a salir, Regina cerró las piernas.
- Espera.
Todavía le recorría el placer en algún punto demasiado sensible y no deseaba que terminara. Emma la besó, mordió sus labios con sensualidad y su lengua tiró de su labio superior, haciendo que Regina suspirase anhelante. Finalmente retiró su mano y en ese momento, la morena se dio cuenta de la humedad que empapaba uno de sus muslos.
- Lo siento.- Se disculpó, enterrando su mano en la entrepierna de la rubia, quien se vio gratamente sorprendida y al mismo tiempo se sintió avergonzada.- Me encanta… es tan diferente.- Musitó Regina con voz sensual. Emma suspiró aliviada.
- Estoy muy húmeda… me ha puesto muy caliente.- Dijo más segura.
Como única respuesta, Regina la penetró y lo hizo sin tregua, hasta que notó como sus dedos quedaban atrapados. Emma soltó un largo gemido gutural mientras arqueaba y tensaba todo su cuerpo, que finalizó en una explosión de aire y la posterior relajación.
Después de experimentar tan intenso placer, Emma se quedó a un lado, dejando medio cuerpo sobre el de Regina Mills. La miró con sus ojos oscurecidos y le sonrió.
Continuará...
