Derechos: No son míos.

Corazones rehenes.

Capitulo 25

7 años antes...

Regina agarró su pequeña manita como si le fuera la vida en ello. Sus ojos estaban llenos de pánico y lloraba y pataleaba, intentando zafarse de los brazos de su marido.

- ¡Henry, te encontraré, juro que estaremos juntos muy pronto!.- Le gritó mientras un hombre tiraba del chico hacia el coche que les esperaba.

- ¡Mamá!.- Henry Mills tiraba hacia su madre con toda la fuerza de un niño de 8 años.- No quiero marcharme, quiero estar contigo.- Dijo suplicante.

- Lo sé, cariño.

Sus manos se soltaron finalmente y el chico fue subido a la fuerza en el coche.

- ¡Henry, te quiero!.- Regina Mills cerró los ojos resignada. Henry la miraba desde dentro del coche, todavía esperando que lo sacara de allí y todo fuera una cruel broma, pero el coche finalmente arrancó y cuando hubo desaparecido en la distancia, Regina se separó de Daniel, quien la soltó con brusquedad, y con los ojos llenos de odio, lo miró.

- No tienes ni idea de lo que acabas de hacer.- Le escupió a la cara.

- Es lo mejor, querida, ese niño necesita mano dura.- Le contestó con una sonrisa malévola.

- ¿Dónde lo llevas?.- Le preguntó Regina agarrándolo de la chaqueta airada.

- Es mejor que no lo sepas, por ahora.- Contestó fríamente, zafándose del agarre de su esposa.

- Es mi hijo, no tienes ningún derecho…

- Tengo todo el derecho que quiero.- Masculló el hombre entre dientes amenazante, interrumpiéndola.- También es mi hijo.

- Ja, ¿tu hijo?. No me hagas reír.- Le contestó la morena con sarcasmo.- Nunca lo has querido y si esperas que esto mejore lo nuestro, estás muy equivocado.

- Ya lo veremos.- Contestó Daniel con una sonrisa autosuficiente.- Eres mía. Ambos sois míos.

- De eso nada, quiero el divorcio y pediré la custodia de Henry.- La morena le miró con firmeza.

- ¿En serio? ¿Y cómo lo vas a criar, con qué dinero?. Además, si me dejas, querida, jamás volverás a verlo.- Le dijo encarándola. Regina Mills dio unos pasos hacia atrás, alejándose de aquel demonio que tenía por esposo.

- Estás loco.- Le dijo asustada por el cambio que en años había dado su marido y por el momento al que habían llegado.- ¿Qué te ha pasado? No te reconozco.

- Tu no tienes ni idea de quien soy.- Le contestó Daniel furioso.

- Y tu no tienes ni idea de lo que soy capaz de hacer.- Dijo Regina Mills, mirándolo con una seguridad que desestabilizó a Daniel. - ¡Lo encontraré y jamás volverás a verme ni a mi ni a Henry!.- Le gritó Regina cuando el hombre comenzó a andar, ignorándola, hacia el interior de la casa.

Capitulo 26

Dos semanas antes

El señor Gold odiaba a Daniel Mills tanto como lo hacía su esposa. Ese hecho los había unido hasta el punto de incluso, tener un pequeño affaire con ella. Fue un momento en el que ambos se sentían solos y en el que la bebida ayudó bastante. Hoy solo eran amigos y cómplices en un macabro plan del que ni el propio Daniel Mills podría sospechar. Un plan que les había llevado casi 4 años de búsqueda.

Regina Mills había tenido el tiempo suficiente para procurarse un futuro a expensas de su marido y Gold había seguido los pasos de su querida Belle y de Henry, sin éxito. Belle era sobrina de Daniel, una joven muy hermosa, dulce y apasionada de la lectura que llegó a la mansión Mills un par de años atrás. Nada más verla, el frío e impasible señor Gold, un hombre que jamás había amado con anterioridad, cayó rendido a sus pies. A pesar de la diferencia de edad, ella se enamoró de su inteligencia y ocultaron su romance hasta que Daniel Mills los descubrió. El señor Mills, que antes había sido uno de sus mejores amigos, era ahora un hombre sin escrúpulos, que tenía su propia consulta donde trataba a mafiosos que le pagaban bastante bien. Igual que hiciera con Henry años atrás, mandó a Belle lejos de allí y le juro a Gold que jamás volverían a verse.

Así que mientras Regina Mills soñaba con abrazar a su hijo de nuevo, su abogado añoraba besar los labios de Belle otra vez. Su acercamiento y sus posteriores confesiones, les llevaron a planificar aquel plan. Gold buscó a una víctima, pero ninguno de los candidatos convencía a la joven morena.

Para Regina Mills leer el nombre de Emma Swan en el expediente de adopción de su hijo fue una revelación. Pidió a Gold que investigara a aquella mujer, ella misma la siguió durante algunas semanas antes de decidir que era la adecuada. Emma Swan era una mujer solitaria, vulnerable, cuya vida estaba vacía. Necesitaba el dinero y era la persona adecuada porque no resultaría sospechoso que quisiera a Henry.

Regina Mills planeaba su propio secuestro desde hacía años, pues todos sus intentos por dar con Henry habían fracasado. Daniel Mills se vería obligado a revelar el paradero de Henry a aquella mujer, Emma Swan, a cambio de la vida de su esposa (con ello revelaría también el paradero de Belle, puesto que sabían que ambos estaban juntos, gracias a una postal sin remite que Henry le hizo llegar a Regina dos años atrás). Daniel Mills aceptaría, era demasiado orgulloso para perder sus posesiones y su mujer era una de las mas queridas.

Lo prepararon todo. La casa, la habitación donde permanecería encerrada, la manera de comunicarse, que sería mediante un móvil escondido estratégicamente en una de las maderas del suelo. Todo estaba estudiado al más mínimo centímetro. Cuando Daniel revelara el paradero de Henry, Emma Swan sería destinada a otro lugar, lejos del verdadero paradero de su hijo y ella sería quien iría en su búsqueda. Daniel Mills, por su parte, correría en dirección a aquella casa en el bosque, avisado por la voz nerviosa y temblorosa de Regina Mills, pero cuando llegase ya sería demasiado tarde. Regina Mills tendría a su hijo, identidades nuevas y una hermosa vida por delante sin la pesadilla que suponía tener que soportar el yugo de su esposo.

Solo quedaba que Emma Swan picara el anzuelo… y lo hizo.

Continuará...