Derechos: No son mías
Corazones Rehenes
Capitulo 27
Seis día antes…
Gold se había encargado de citarse con la joven Emma Swan, que no había tardado más que un par de días en pensárselo y aceptar, claro que después de lo que Gold le había contado a la joven, no dudaba de que accedería.
- ¿Y ya está?.- Preguntó Regina Mills observando con el ceño fruncido a su abogado. Él estaba sentado frente a ella, en actitud relajada.
- En efecto.- Asintió Gold sonriente.
- No lo entiendo. ¿Lo abandona y ahora quiere recuperarlo?, supongo que lo hará por el dinero.- Dijo pensativa Regina.
- Con toda certeza.- Mintió Gold, porque él sabía que Emma había sido engañada, obligada a creer la mentira de que su hijo estaba muerto y firmar unos papeles que creyó que eran los de su defunción. Y Gold sabía también que si Regina se enteraba de aquel pequeño detalle, se echaría atrás. La morena era demasiado integra para utilizar a una joven inocente.
- ¿Crees que es peligrosa?.- Preguntó preocupada.
- No podría decírtelo con seguridad, pero tu misma la has observado.- Gold enarcó una ceja.
- Sí y observé la brutalidad con la que golpeaba a un hombre contra el volante de su propio coche.- Regina gimió recordándolo.- No quiero que en un ataque de rabia me estrangule.- Hizo una pausa dudando.- Aunque no tiene motivos para odiarme, ¿no?.
- No.- Respondió Gold con seguridad. - Además, tienes el teléfono, si en algún momento sientes que estás en peligro solo tienes que llamarme.
- Sí, eso me tranquiliza.- Regina Mills tomó un sorbo de su copa.- Debe estar abajo, esperando…
- Ella piensa que estás con un amante.- Dijo Gold sonriendo con picardía.
- Que más quisieras.- Le dijo Regina Mills brindando con él mientras reía algo nerviosa.
Cinco días antes
Regina Mills tomó el teléfono con las manos temblorosas. Había esperado un tiempo prudencial y arriba no se escuchaba nada. Supuso que después de lo ocurrido, la joven Emma Swan no bajaría hasta la hora de la cena.
- ¿Regina, qué ocurre?.- Preguntó Gold al otro lado de la línea.
- Esta mujer está loca, me odia.- Le susurró con tono alarmado.- Me ha amenazado con un cuchillo.
- Relajate, Gina. Está nerviosa, este es su primer secuestro.
- ¿Qué me relaje?. Tú no eres el que está secuestrado… es fácil decirlo.- Regina se masajeó la sien.- No me gusta estar vulnerable ante esta mujer, me resulta extraña e imprevisible.- Le dijo confusa.- Me quité el saco y le vi la cara, ¿sabes?.- Explicó pensativa.- No hay duda de que es la madre de Henry, de cerca sus ojos tienen la misma forma.
- Voy a llamarla y me aseguraré de que no sea un peligro, ¿de acuerdo?.- Oyó decir a su amigo.- Ahora cuelga o podría descubrirte.
Cuatro días antes...
Con toda la rabia que era capaz de expresar a través de un teléfono, Regina Mills llamó por segunda vez a Gold.
- ¿Qué está pasando?.- Preguntó Regina muy molesta.- Esta pobre mujer dice que la engañaron diciéndole que su hijo estaba muerto. ¿Tú sabías eso?.- Le inquirió apremiante.
- La chica pensaba que su hijo estaba muerto, en efecto.- Explicó Gold encogiéndose de hombros.
- ¿Por qué no lo desmentiste?. Es lógico que me odie como lo hace.- Dijo abrumada.
- Porque ella tiene que odiarte, Regina.- Explicó Gold.- ¿Cómo crees que la convencí para que accediera a secuestrarte?. El dinero no parecía importarle… así que tuve que motivarla, darle una razón personal que la enfrentase a ti. - Regina Mills se contrajo aterrada.
- No puedo creerme que Daniel hiciera tal cosa y no puedo creerme que tu no me lo contaras.- Murmuró consternada.- Esto cambia las cosas…
- Esto no cambia nada, Regina.- La voz de Gold se volvió amenazante.- Si la chica quería o no a su hijo es cosa pasada. - Gold rechinó sus dientes.- Si te hubiese dicho la verdad, no seguirías adelante. Ahora Henry es tu hijo, esa es la única verdad.- Gold mantuvo un corto silencio.- Eres demasiado compasiva con las personas…
Capitulo 28
¿Qué demonios le pasaba con aquella mujer?. Comenzó sintiendo repugnancia por ella, luego empatía, ternura y por último… habían dormido juntas y casi se besan. Era una locura, nada estaba saliendo como ella tenía planeado. Primero, Emma no era como ella pensaba, incluso había dudado si seguir con el secuestro y Regina perdió los nervios. Si se echaba atrás todo hubiese sido en vano. Pero ahora mismo era ella quien dudaba. Emma no merecía nada de lo que le estaba ocurriendo, no después de saber que había sido cruelmente engañada. La joven incluso estaba dispuesta a compartir la custodia de Henry…
Después de estar un rato a la espera de que Emma bajase, se dio cuenta de que en el piso superior no se oía nada y Regina aprovechó para llamar de nuevo a Gold.
- ¿Gold?.- Preguntó susurrando.
- Si, ¿qué ha pasado?.- preguntó el hombre.
- Nada, solo… quería saber qué ha dicho Daniel.
- No deberías llamarme con Emma ahí.- Le advirtió.
- Me parece que no está, llevo al menos una hora sin oir nada.
- ¿Te parece? Puede que esté dormida.- Advirtió Gold.
- ¿Vas a darme el sermón o vas a decirme que te dijo Daniel?.- Le espetó Regina irritada.
- Pues parece que ya han llegado a la conclusión de que es Emma Swan la secuestradora. Me encargué de que así fuera. Le puse las pistas delante de las narices, ya sabemos que Daniel no es muy espabilado.
- Sólo con las mujeres.- Ironizó la morena.- Entonces, ¿no sospecha nada?.- Preguntó para asegurarse.
- No, absolutamente nada.- Concluyó Gold con firmeza.
- Bien, estupendo.- Regina no sonó especialmente entusiasmada detalle que no pasó desapercibido para Gold.
- ¿Acaso te arrepientes de esto?.- Le preguntó directamente Gold. Regina guardó silencio, de alguna manera esperando que Gold explicase el por qué de aquella pregunta.- No te noto muy entusiasmada.
- Lo estoy, es solo que me pesa demasiado estar engañando a la señorita Swan, pero no lo suficiente como para arrepentirme. - Tomó aire y prosiguió.- Esto me permitirá recuperar a mi hijo.
Continuará...
