Notas de autor: Saludos, lectores. Me di cuenta que hay algunas cosas que debo explicar sobre este fic.
Primero, una chica me preguntó "¿Link es menor que Chain?"
Se supone que deberían tener más o menos la misma edad, pues el padre de Chain lo encontró algunos meses después del nacimiento de Chain. Sí, Chain suena más maduro que Link, pero bueno, hay personas que maduran más pronto que otras.
Que si Chain es el antagonista.
considerando que escribo este fic desde su perspectiva, Chain es el protagonista,
La familia de Saria
en esta historia, Saria tiene padres y una hermana pequeña. Podría decirse que ella es una Hylian en este fic.
El collar de Chain
es un objeto muy importante en esta leyenda, después explicó cómo fue creado y otros detalles.
Por ahora eso es todo; quien tenga dudas, las responderé.
Capítulo 3: Detesto las despedidas
Era una mañana fresca y nublada, ya había salido el sol pero no resplandecía mucho; mi hermano y yo nos preparábamos para llevar a Deku al bosque.
–Que les valla bien –decía mi padre mientras salíamos de casa–. Vuelvan antes de que anochezca.
–Sí, papá.
Salimos de ahí con rumbo al bosque de Kokiri. Íbamos caminando cuando en pequeño Deku se comportó extraño y caminó hacia una cueva.
–Deku, ¿Qué pasa? –preguntó mi hermano pero el deku no reaccionó. Parecía estar como en trance.
–Sigámoslo.
–Sí.
Caminamos apresurados por la cueva, la luz escaseaba mientras nos adentrábamos más. Dejó de entrar luz y mi hermano se detuvo, pero yo sentí algo más delante… continué corriendo guiado por el impulso hasta ver la misma pared de aquel sueño.
Me distraje unos minutos viendo el mismo medallón de antes. Pensaba qué hacer con esa cosa, en qué pasará… lo de la otra noche fue un sueño (alarmante pero sólo un sueño). Decidí tomarlo.
Al salir de la cueva estaba mi hermano.
–Chain, ¿están bien? ¿Qué pasó ahí dentro?
–Estoy bien, y no pasó nada, creo que Deku reconoció la cueva y por eso entró, pero no creo que sea su hogar.
–Entiendo, busquemos otro lugar dónde dejarlo.
Asentí y evite decirle lo del medallón.
Caminamos hasta el lugar donde conocimos al pequeño deku, nos pareció buen lugar.
–Bueno, Deku… esto es el adiós –dijo triste mi hermano.
–Espero vernos después –dije y lo abrazamos.
–Adiós, amigo.
Volvimos a casa, fue un viaje callado y, siendo la tristeza la emoción que dominaba, algunas lágrimas quedaron en el camino. Al entrar mi padre nos recibió con el almuerzo ya servido.
–¡Comida! –Gritó mi hermano y corrió a sentarse; vaya recuperación.
–Vamos, Chain, también deberías comer.
–No tengo hambre, esperaré hasta la comida.
–¿Seguro?
–Sí –respondí y salí al patio al ver la espada. A veces me preguntaba porqué la dejaba afuera, alguien puede robarla. Pero bueno, ahí la dejaba.
Ejecuté algunas técnicas con la espada para distraerme. Por algún motivo cada técnica fue perfecta, nunca había usado tan bien la espada, incluso realicé movimientos que no sabía. Estaba tan asombrado al realizarlas que olvidé lo de Deku, en eso cayó el medallón de mi cuello que también había olvidado que traía. Lo levanté y lo observé con atención, era un objeto simple: un círculo de algún metal con un símbolo y una marca al otro lado. Pero, ¿qué era?, ¿por qué lo tenía?, ¿qué haría con éste? Cada que pasaba una de esas preguntas por mi mente, se respondían.
Pasando algunos segundos me colgué el medallón y lo oculté bajo mi ropa porque sentí que alguien se acercaba. Noté su intención: una buena intención para alegrarme, era mi padre. Volteé tras de mí y lo vi acercándose con dos cajas de herramientas.
–Vamos, Chain, hoy tenemos trabajo que hacer –pronunció alegre, y noté que algo en ese "trabajo" me animaría.
Tomé una caja y fuimos caminando. A la mitad del camino pasó por mi mente la idea de ir a casa de Saria, a trabajar claro.
Llegamos al lugar que, por simple juego de las Diosas o algo parecido, era la casa de Saria.
–¿Ves esa pared? –Me preguntó y apuntó a una pared de madera casi cayéndose– Debemos repararla. No hay nadie en casa hoy así que volveremos mañana por el pago. ¿Comenzamos?
–Sí.
Pasamos toda la tarde ahí, el cielo se despejó, volvieron algunas nubes, no hacía mucho calor. Creo que era primavera, recuerdo bonitas flores y que las aves cantaban cerca de ahí. Así pasó la tarde: muy tranquila. Luego anocheció cuando acabábamos y volvimos a casa.
Al día siguiente fuimos por nuestro pago, mi padre entró a la casa con el dueño y yo esperé afuera. Mientras esperaba, escuché una linda melodía interpretada con una ocarina.
–Es mi canción –dijo Saria, no me había dado cuenta que estaba enfrente de mí–. ¿Te gusta?
–¿Eh? Sí –dije sonriendo.
–Consigue una ocarina y te enseño a tocarla.
Asentí con la cabeza y me sonrió.
–Chain, debemos irnos a casa –me dijo mi padre.
–Sí ya voy…Adiós, Saria.
–Hasta luego, Chain.
Los siguientes días estuvieron muy calmados: esculpí una ocarina y visité a Saria cada día que quedaba de la primavera y todo el verano para practicar (y para pasar un rato con ella), yo y mi hermano continuábamos entrenando, vendimos muchas cosas en la ciudadela de Hyrule, mi talento para esculpir madera aumentaba; en resumen: mi vida era casi perfecta.
Empezando el otoño fuimos a casa de Saria mi hermano y yo.
–¡Hola, Saria! –saludó mi hermano.
–Hola, Link. Hola Chain.
–Hola, Saria –dije sonriendo y nos pusimos a practicar. Mi hermano sólo nos veía, le encantaba escuchar los duetos que hacíamos Saria y yo (dos ocarinas suenan tan lindo juntas mientras sus melodía viajan por el viento).
Acabando tomamos un descanso para merendar: comimos algo de pan y tomamos leche del rancho Lon Lon.
–Hermano, ¿crees que tengan caballos en el rancho Lon lon?
–No estoy seguro, ¿por qué?
–Dijiste que tendría un caballo –al oír decir eso me invadió un impulso por hablar.
–Corrijo hermano: en el rancho Lon Lon hay una yegua que porta el nombre de "Epona" y será tuya cuando vayas allá.
–¿De veras? –su cara se lleno de emoción y yo volví a la realidad.
–Eh, sí.
No entendía por qué había dicho eso pero era verdad.
–Chain –susurró Saria–, ¿de verdad existe Epona?
–Eso… creo.
–¿Ah? –me miró confundida.
Intenté explicarle pero no lo conseguí.
Fuimos a casa antes que cayera la noche, Saria nos acompañaba porque compraría algunas cosas en el mercado. De vuelta del mercado iba a acompañar a Saria a su casa, pasamos a casa para dejar a mi hermano.
Al dejar a mi hermano, sentí una presencia detrás de la casa, donde estaba la espada y corrí hacia allá. Estaba un sujeto con una enorme mochila con máscaras amarradas a ella, arrastraba mi espada, era un ladrón.
–¡Oye, tú! –Grité furioso– Te arrepentirás de haber intentado robarme.
–¿Yo? –preguntó asustado y lo ataqué sin armas.
Mi hermano y Saria oyeron ruido y fueron a donde yo estaba.
–Hermano.., ¿pero qué? –preguntó asustado.
–Este sujeto intentó robarme, hermano. No habrá piedad con él.
–Pero, Chain, casi… lo matas –apenas pronunció Saria.
–Si el precio por el mal es la vida; ¡que así sea! –reí maléficamente.
–¿Qué… te sucede, hermano?
–Poder, querido hermano, ¡Poder! –comencé a hablar con un tono frío e imponente– Y con este poder, Hyrule estará bajo mi dominio.
–¡Chain!
–Saria, amada mía –dije acercándome a ella.
–Tú… –no pudo decir mucho, estaba aterrada.
No digas nada, preciosa, arruinas el momento –le dije, luego la tomé por la cintura y la besé profundamente.
–¿Hermano? –dijo y me separé de Saria para golpearlo.
–Bueno, debo irme –tome la espada–. Me despido, nos veremos dentro de diez otoños.
Entonces me fui con rumbo al Lago Hylia para empezar mi misión. No conocía nada de Hyrule fuera de mi pueblo y del mercado, pero no se me dificultó llegar.
