Ya estoy de nuevo por aquí. Sé que he tardado en actualizar, pero he estado bastante ocupada con la decoración de mi nuevo casa ^^. Espero que me perdonéis.
Disclaimer: NO son míos.
Corazones Rehenes
Capitulo 29:
Gold no había dejado de ultimar detalles. Ordenes para administrar su bufete desde la clandestinidad. No podía desatender su actividad laboral mientras tanto, pero durante el tiempo que duró la reunión no dejó de pensar en Regina y Emma Swan. Su mente imaginó una docena de posibilidades, entre ellas incluso la posibilidad de un síndrome de Estocolmo, que le provocó una risa floja, despertando la atención de los asistentes a la reunión.
Gold tenía claro que su amiga no había esperado que Emma Swan fuese una buena persona. La pregunta era ¿Por qué había sonado tan decepcionada?. Gold acabó llegando a la conclusión más lógica, su amiga se compadecía de Emma Swan.
Pero Regina Mills no sentía solo compasión. Otras emociones desconocidas le provocaban gran confusión. Por un lado quería odiar a Emma Swan pero por otro no olvidaba que todo aquello era una estratagema suya y Emma era solo su víctima, y además la mayor parte del tiempo era una víctima encantadora. Quería mostrarse fría y distante, pero había un hilo que tiraba a la una de la otra y no se trataba de Henry. Pero sí que podía enfadarse por marcharse así, dejándola sin agua ni comida casi todo el día. No podía tratarla así, no después de dormir la una en brazos de la otra y casi besarse. Solo de recordarlo, el corazón de Regina se encabritó. Todavía le acompañaba el perfume con olor a canela de Emma Swan y por un momento deseó arrancarse la ropa y dejar de sentirla como si estuviera allí, abrazándola.
Era casi mediodia y Emma aun no daba señales de vida. De hecho la casa estaba sumida en un profundo silencio, solo interrumpido por el choque del viento contra las paredes de la casa. Desesperada y extrañada, Regina tomó el móvil y volvió a llamar a Gold.
- ¿Que está pasando, Gold?.- Preguntó nerviosa.
- He quedado con ella en breve. Daniel ha aceptado el trato y todo está saliendo a pedir de boca.- Le dijo con emoción.
- ¿Qué va a pasar con Emma?.- Preguntó Regina.
- Ya sabes lo que va a pasar. Obtendrá el dinero y la mandaré lejos. No supondrá ningún problema. - Aclaró con satisfacción
- Pero… estará bien, ¿verdad?.- Preguntó con cierta preocupación que a Gold no le pasó desapercibida.
- Todo lo bien que puede estar una persona que ha sido utilizada.
- No se lo merece.
- ¿Acaso te importa ella?.- Gold sonó sarcástico.- No es más que un peón, Regina… la idea no era que te encariñases.
- ¡No me he encariñado!.- Se quejó irritada.- Solo digo que no es justo…
- No fue culpa tuya…- Dijo con firmeza.- Escucha, Emma estará aquí en breve, así que no puedo demorarme mucho. En dos días, pasaré a recogerte cuando Swan se marche al aeropuerto. Daniel facilitará el paradero de Henry y mandaremos a alguien para que vaya a buscarlos, y una vez que estén con nosotros, podremos desaparecer.
- ¿Crees que Emma aceptará?.- Murmuró.
- Claro que aceptará… no tiene por qué negarse.
- Llamame en cuanto se haya marchado, por favor.- Solicitó Regina.
- De acuerdo.- Oyó como el hombre se incorporaba.- Tengo que dejarte, ya está aquí.
A media tarde el mal humor de Regina seguía creciendo. No podía enfadarse con Emma porque hubiese aceptado el trato, la joven mujer tenía las manos atadas, pero eso no significaba que pudiese dejarla allí sin alimento ni bebida durante casi todo el día. Por eso cuando Emma apareció por la puerta, con la mirada cabizbaja y expresión culpable, Regina no pudo contenerse y la golpeó una y otra vez, llena de rabia. Forcejearon y cuando sus rostros quedaron a escasos centímetros, Regina solo tenía un deseo, besarla y así lo hizo, y ese simple gesto lo cambió todo.
Capitulo 30
Presente
Regina Mills estaba dolida y triste. Jamás pensó que algo así pudiese ocurrirle a ella, pero ya era tarde y lo sabía, se había enamorado. Y ahora que era consciente de sus sentimientos, descubría que no eran correspondidos. Emma Swan solo se había acostado con ella por deseo, había dejado claro que nada de lo que había ocurrido cambiaba su plan. Eso provocaba que Regina se enfadase aun más consigo misma porque ella sí que se había planteado cambiar el plan original.
Por su parte, Emma Swan se sentía fatal y no solo emocionalmente. El dolor de cabeza había vuelto y los escalofríos iban y venían, haciéndola temblar. Estaba barruntando algo, posiblemente se tratase de una gripe, pero la situación no era la más adecuada para enfermar, con una rehén en el sótano. Resopló y se incorporó del sofá dispuesta a preparar el almuerzo, pero nada más ponerse en pie, su cuerpo se inclinó hacia un lado a causa del mareo y la debilidad.
Regina Mills se sorprendió al ver a Emma en el umbral de la puerta. Tenía mal aspecto, ojos vidriosos y nariz roja, y cuando la oyó estornudar dos veces seguidas no le cupo la menor duda de que estaba enferma.
- ¿Emma?.- Preguntó Regina con el ceño fruncido.- ¿Estas bien?.- A pesar de lo enfadada que estaba, no pudo evitar que la preocupación fuera mayor.
Emma negó con la cabeza, dio unos pasos y se tambaleó peligrosamente. Regina se apresuró a sostenerla, agarrándola por la cintura sin pensárselo. Quizás en el momento de pasión no se había dado cuenta, pero ahora, con la fina cintura atada a su brazo, fue consciente de lo delgada que estaba la rubia.
- No me encuentro muy bien.- Murmuró Emma llevándose una mano a la cabeza, justo allí donde Regina tenía la suya.
- Estás ardiendo.- Anunció Regina disimulando lo perturbada que le hacía sentir aquel simple roce. Retiró la mano y carraspeó.- Te llevaré arriba y te prepararé una sopa.
Emma no se opuso, más que nada porque no tenía fuerzas para discutir. Dejó que Regina la guiara hasta su cama y le ayudara a meterse en ella.
- No tienes por qué hacer esto… no me he portado nada bien contigo.- Murmuró con la voz lánguida y cansada.
- Callate, por favor.- Suplicó Regina saliendo del baño con una pequeña toalla humedecida que colocó sobre la frente de la rubia.
- No, de verdad. Deberías irte, soy una mala persona...- Murmuró adormilada.
- Descansa Emma.- Dijo Regina observándola con gesto preocupado. Cuando observó que la joven dormía, se incorporó y se dirigió a la puerta, pero antes de salir por ella le dedicó una última mirada.- Ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos.- Murmuró para sí misma, sin poder borrar la mirada de culpabilidad.
Continuará
