Saludos, lectores, lectoras, amantes de Zelink, seguidores de Dark Link... y los que les dio curiosidad mi historia.

Hoy decidí publicar el capítulo más temprano pues me iré de casa tres días (me gustaría que pudiese programar el cuando se publiquen mis capítulos), con suerte podré subir el quinto y el sexto por la tarde del lunes, o el martes en la madrugada.

Aclaraciones para este capítulo: pues, inventé una panadería en Kokiri, un Hylian quizo ganar algo de dinero y supo que a los Kokiri les encanta el pan dulce.

La apariencia de Lía es como una Saria en pequeñita.

Personalmente éste es mi capítulo favorito, cuando comencé a escribir este fic no tenía ni idea de relacionar a Chain con Saria -no me odien mucho, yo creo que hacen buena pareja.


Capítulo 4: Un sentimiento se mantuvo.

En unos días habrá pasado diez otoños desde que huí de casa, desde que este trozo de metal entró en mi vida y desde que dejé una vida perfecta para emprender la búsqueda de cierto poder. He estado viviendo por toda Hyrule, escuché muchos relatos sobre que mi hermano había salvado a la princesa Zelda y derrotado a Gannondorf. Además de que lo conocían como "El Héroe del Tiempo".

También supuse que me había olvidado, que mi padre había sido "reclutado", que el sujeto al que ataque sobrevivió; que se encontraron Deku y mi hermano, y ahora poseía una máscara que le daba la habilidad de transformarse en un deku y otras máscaras más que aún conservaba.

Y yo, bueno, todavía llevo conmigo mi vieja espada de madera, porto ropa color negra y mi hermano y yo seguimos teniendo una apariencia muy similar. También logré algunas hazañas que se dispersaron por toda Hyrule, de las que la mayoría me considera "Dark Link" pues he logrado mucha destrucción.

Hoy iré al bosque Kokiri revisar algunos asuntos, tengo un buen disfraz para hacerme pasar por un simple escultor de madera.

Entrando al pueblo, una pequeña de cabello verde se acercó hacia mí al notar que traía varios objetos hechos de madera.

–Señor, ¿tendrá una ocarina entre sus objetos? –me preguntó esperando que se la vendiera.

–Sí –saqué una ocarina–, tengo ésta que esculpí hace poco.

–Vaya, es muy bonita.

–¿Sabes? Te la obsequio –dije y sonreí al dársela.

–¿Enserio? Gracias señor –me agradeció luego notó que había recorrido mucho hasta ahí–. Señor, ¿tiene dónde quedarse?

–Pues, no. Ningún lugar por aquí.

–Me cae bien, así que lo invitaré a pasar la noche en mi casa.

–Me parece muy bien, pero debo hacer unas compras primero.

–Entiendo. Bueno, mi casa queda por aquel camino es la única casa por allá.

–Entonces nos veremos en un rato.

–Adiós.

Después de mi encuentro con la pequeña Lía –supe su nombre porque lo tenía grabado en un brazalete–, fui a comprar pan. La panadería había cambiado mucho, pero vendían el pan que solía comprar.

Pagué por el pan y fui por leche. Antes de llegar a la tienda vi salir de ahí a una joven de cabello verde y largo, mirada dulce y muy bonita: era Saria.

Ya con mis compras hechas, me dirigí a la casa de la pequeña Lía. Toqué la puerta y Saria me abrió.

–Hola –saludé sonriendo.

–Cha…Chain... ¿Pero cómo? –Se cuestionaba perdiendo el aliento y sonrojándose un poco–. ¿Qué haces aquí?

–Lía me ofreció quedarme –en eso se acerca Lía.

–Señor, hola –me saludó con una sonrisa.

–Dime "Chain", pequeña.

–Está bien. Ven, Chain –me llevó a la sala.

La sala no había cambiado desde los días que Saria y yo ensayábamos juntos y pasábamos las tardes.

–Vaya viejos tiempos –exclamé con la intención de que Saria me oyera.

–¿Qué? Ah, sí, viejos tiempos –aun algo confundida bajo la mirada en señal de tristeza.

–¿Recuerdas cuando Link golpeó la mesa?

–¿Ah¿ Sí.

–Que la golpeó porque nos reímos de él porque creía que los dekus salían de huevos –Saria soltó una risita y sólo asintió–. O cuando me caí al pisar un charco de leche.

–¡Sí! Te ensuciaste toda la ropa– dijo ya con confianza–. ¿Y tú recuerdas la vez en que…?

Continuábamos recordando mientras comíamos. Saria me contó que sus padres habían sido reclutados y que la dejaron sola a cuidar a Lía.

–¿Así que ella es Lía? Recuerdo haberla visto en brazos de tu mamá.

–Sí, ha pasado mucho desde que te fuiste Chain… –dijo bajando la mirada.

–Y… ¿Lía se porta bien? –Cambié el tema– ¿No te da problemas?

–¿Eh? Ah, no. Es muy obediente y tranquila.

–¿Sí? Tú ya eras algo inquieta a esa edad –bromeé.

Claro que no, Chain.

–Pues yo te vi muy coqueta con el hijo del panadero –continué jugando con ella.

–Pero él me quería a mí; no yo a él.

Luego Saria volteó a otro lado y susurró: "yo te quería a ti".

En eso saqué mi ocarina y toqué su canción. Rápidamente volteó pensando que no la había olvidado.

–Qué bonita melodía –exclamó Lía.

–Bueno, es la canción de Saria.

–¿Sí? ¿Por qué mi hermana no la toca?

Aparentemente, Saria dejó de tocar su canción el día que se dio cuenta que yo le hacía falta. Decidí animarla.

–Vamos, Saria. Un dueto como antes.

–¿Eh? No estoy segura…

–Si, hermana, toca.

Lía convenció a Saria de tocar y ella se alegró. Saria resplandecía de nuevo; el brillo de sus ojos aumentaba y yo recordé cuánto me gustaba. Recuperé toda su confianza en esa tarde. Ese vínculo que nos unía volvió a ser tan fuerte como antes.

Esa noche, Lía dormía y Saria y yo mirábamos las estrellas desde el techo de la casa.

–Dicen que el cielo desde Kokiri es diferente a toda Hyrule –pronunció Saria y se recostó a mi lado.

–Sí, en todo lugar que visité el cielo no se ve tan bello. Es de lo que más extraño de aquí.

–¿Sí? ¿Y qué más extrañas?

Hm… el pan de aquí –reí.

–Sí, muy rico.

–La leche la consigo en muchos lugares –dije, luego quedamos frente a frente– ¿Sabes? Visité el rancho Lon lon

–¿Ah sí? ¿Qué tal?

–Es bonito. Jugué una carrera con los dueños, y gané pese a que yo iba corriendo y ellos en caballo –presumí.

–Vaya, ¿enserio?

–No, en realidad una chica pelirroja me prestó un caballo para competir. Pero sí gané.

Continué contándole mis hazañas y ella los cambios en el pueblo. También me habló de su sospecha sobre los reclutadores y que mi hermano no ha vuelto a pasar por Kokiri.

–Bueno, tú sigues aquí –sonreí.

–Sí... –se sonrojó y miró mis labios.

–¿Me dejas besarte? –pronuncié como si leyera sus pensamientos.

...

Simplemente acarició mi mejilla y nos besamos. Esa escena la guardaré siempre en mi memoria y en mi corazón: dos adolescentes que se aman contemplando el cielo repleto de estrellas, unidos en un beso eterno que nadie jamás habría de separar.

Por un momento recordé el besó que le había robado a Saria siendo pequeños; yo le había arrebatado su primer beso. Personalmente creo que un beso es la mayor expresión de cariño que puede darse a alguna persona. En esa noche decidí que Saria sería la única que probaría mis labios. La quería tanto que no me disponía querer tanto a nadie más.

Después del beso hubo algunos segundos de silencio.

–Saria, perdón por haberme ido. Tenía que arreglar algo…

–Chain –me interrumpió–, no importa. Yo te amo y sabía que volverías a mí.

Eso sí me tomó desprevenido: diez veranos mirando por la ventana esperando que yo volviera. Tanto tiempo y tanta esperanza era algo para admirar en ella.

–Yo también te amo, Saria. Siempre quise volver antes para decírtelo.

Un rato después fuimos a dormir. Muchas ideas pasaron por mi mente: el medallón, mi relación con Saria, los reclutados y muchas otras cosas más.

Al día siguiente me levanté tarde, tomé un baño y los tres comimos alegremente. Acabando tuve que irme.

–No tienes que irte, Chain.

–Pero debo continuar con mi camino.

–¿Volverás?

–Sí, pronto –dicho esto abracé a ambas y salí de ahí.

Tomé rumbo hacía la ciudadela de Hyrule, debía averiguar sobre los reclutas y sus planes. Se reunían en algún sitio de la ciudadela, no tardaría mucho en encontrarme con ellos e infiltrarme para enterarme de sus planes.