Derechos: No son mías.
Sé que he estado muy ausente, pero mi portátil murió entre terribles sufrimientos. Me estoy poniendo al día, paciencia. Un saludo!.
Corazones Rehenes
Capitulo 33
Emma estaba dormida y Regina solo podía observarla mientras la culpabilidad le destrozaba por dentro. No podía simplemente marcharse y dejarla allí. Emma nunca se lo perdonaría, pero por encima de todo, ella no se lo perdonaría. Pero por más vueltas que le daba no daba con una solución. Si huían ahora, no recuperarían a Henry… y si seguían con el plan original también lo perdería para siempre. Estaba cansada y el sueño pudo finalmente con ella.
Cuando despertó, no sabía cuantas horas había estado dormida… pero se sorprendió de no ver a Emma en la cama. Por el contrario, la cama estaba pulcramente hecha y había una nota sobre la almohada. "He salido a dar un paseo" era lo único que había escrito la otra mujer.
Regina se incorporó suspirando. Solo le quedaba esperar y confiar en que Emma regresaría. Estuvo leyendo durante un rato, sin dejar de echar vistazos a la puerta, a veces incluso se asomaba a la ventana y esperaba impaciente… pero Emma no regresó y las horas del día pasaron como una exhalación. Regina Mills comenzó a temer que algo le había pasado, incluso llegó a pensar que Emma había huido… pero bien entrada la noche, un ruido junto a la puerta, le puso alerta. Corrió a abrir, segura de que era Emma…
- ¿Regina Mills?.- Dos policias estaban parados frente a ella y Regina parpadeó varias veces sin salir de su sorpresa. Detrás de ellos, con el rostro impasible, estaba Daniel Mills.
- Sí.- Dijo insegura.
- Queda detenida por simular su propio secuestro y por extorsión a su marido, Daniel Mills.- Le anunció uno de los policías tomándola por sorpresa y esposándola.
Regina no opuso resistencia. Finalmente, Emma la había delatado y no la culpaba, aunque dolía, dolía tanto que no pudo contener las lagrimas.
- ¿Quiere que le lea sus derechos?.- Le dijo uno de los policías con cara de pocos amigos.
- No será necesario.- Dijo secamente mirando con odio a Daniel.
- ¿Podría hablar a solas con ella, chicos?.- Pidió Daniel confiado, mientras sobornaba a los policías con un buen fajo de billetes.
- Está bien, esperaremos allí.- Dijo el más joven señalando junto al coche patrulla.- Pero no haga ninguna tontería, estaremos atentos.- Daniel Mills asintió con una sonrisa falsa.
Mientras los policías se alejaban, Regina Mills miró a su marido sin el menor atisbo de arrepentimiento.
- No entiendo como has podido llegar a esto.- Dijo Daniel masajeandose la frente.- ¿Tienes idea de lo que me costará tu libertad? Y por supuesto ya puedes ir olvidándote de volver a ver a Henry.- Le dijo con rabia.
- No quiero nada de ti, excepto el divorcio.- Dijo Regina orgullosa.- Si no voy a tener a Henry, nada me retiene ya a tu lado.
- No durarás ni un mes en la cárcel y no tienes a nadie que te pueda echar un cable.- Se burló.
- Gold hará todo lo posible por sacarme de allí.- Daniel se echó a reír, llamando la atención de los dos policías.
- ¿Tu abogado? Parece haber desaparecido misteriosamente.- Le informó Daniel.
- No me importa.- Respondió Regina resignada.- Solo quiero saber una cosa, ¿fue Emma?.- Preguntó con la voz rota.
- Sí. Acudió a mi y me lo contó todo.
- ¿Todo?.- Sus ojos se abrieron llenos de pánico.
- Sí, cómo la engañaste y la utilizaste. Pobre mujer…
- Tu jamás has sentido pena por nadie, Daniel.- Le dijo Regina con sarcasmo.
- Tienes razón.- Dijo sonriendo.- Me conoces demasiado. Hicimos un trato.- Le informó.- Un trato que nunca sabrás.
- Ella solo aceptaría una cosa de ti.- Le dijo Regina rota de dolor.- Henry.
- O sí...- Rió a carcajadas y eso bastó para que los dos policías llegaran a su altura y decidieran poner fin a la conversación.
Capitulo 34
La nieve dejo paso a la espesura de un bosque verde y frondoso. Regina se encogía en la parte trasera de un coche de policías sin la menor esperanza de volver a ver a su hijo. Parecía seguir el paisaje con su vista, pero solo era una pose orgullosa ante los dos policías, que hablaban en aquel momento sobre como gastar el dinero del soborno.
Le quedaba la tranquilidad de saber que al menos Henry estaría con Emma y no con Daniel. Emma lo amaba sin haberlo conocido y a Regina no le cabía la menor duda de que su hijo seria feliz con ella. Suspiró al recordar que su futuro era la cárcel, pero prefirió no pensar en ello y su mente divagó recordando algunos de los momentos que había vivido con Emma… Su corazón se acelero cuando las imágenes intimas entre ambas se sucedieron en su cabeza…
Regina salió de sus pensamientos, volviendo a la realidad, al darse cuenta de que el coche empezaba a detenerse. Un todo terreno negro se había cruzado en la carretera y dos federales no tardaron en bajarse de él.
Uno de los policías, el que parecía mas mayor, bajó del coche sorprendido y molesto. Regina observó curiosa la conversación entre ellos.
- Debes haber hecho algo muy malo.- Le dijo de repente el otro policía.
- ¿Qué quiere decir?.- Preguntó Regina.
- Esos vienen por usted.- Explicó el policía más joven.
Uno de los federales, una mujer de cabello rubio de mediana edad, abrió la puerta.
- ¿Regina Mills?.- Regina con los ojos muy abiertos, asintió.- A partir de este momento queda usted bajo la jurisdicción de la Oficina Federal.- Sonrió con amabilidad.- Acompáñeme por favor.- Le dijo ayudándole a salir. El policía más mayor le retiró las esposas y le miró con cierta incredulidad.
- Suerte, aunque no la necesite.- Dijo el policía encogiéndose de hombros.
- ¿Que significa esto?.- Preguntó Regina antes de subir al todo terreno. La mujer no contestó, pero con la misma amabilidad de antes, invitó a Regina a sentarse.
Cuando el coche arrancó y se hubo puesto en marcha, la mujer rubia se volvió para mirar a Regina.
- Está en un programa de protección de testigos, señora Mills.
Continuará...
