Derechos: No son mías.
Sé que he estado muy ausente, pero la inspiración ha vuelto! Gracias Nel XD. Un saludo!.
Corazones Rehenes
Capitulo 35
¿Y eso era todo? ¿La dejaban aquí, en medio de la nada y se desentendían de ella?. Durante el vuelo, le habían dado unas miseras indicaciones a las que ni siquiera había prestado demasiado interés, aunque lo había intentado y recordaba perfectamente su nuevo nombre, Roni… ¿Y qué clase de nombre era ese? ¿Quién en su sano juicio elegiría ese nombre? Algún idiota del programa de protección de testigos al que ahora pertenecía, sin duda. Sin embargo, en aquel momento, en medio de aquella espesura verde, Regina no se sentía protegida y mucho menos parte de nada. El concepto de felicidad de Regina era la familia… y ya no tenía a su única familia… Henry. Las posibilidades se acumulaban en su mente, las que podrían haber sucedido y aun se atrevía a fantasear con la principal de ellas, esa en la que Emma y ella se conocían de otra forma y en la que acababan criando a Henry juntas.
Regina se dio la vuelta al oír el sonido de un motor y miró asustada como el coche en el que había llegado, se alejaba rápidamente, con una mano que asomaba diciendo adiós. Suspiró cuando giró a su alrededor y se dio cuenta de que no había ninguna casa a la vista, ni siquiera una carretera. Regina se encogió de hombros, resignada y comenzó a andar. Supondría que en algún momento encontraría algún lugar habitado.
No llevaba más que media hora de camino, cuando tropezó de repente con un hombre de espesa barba pelirroja que guiaba un rebaño de ovejas.
- Buenas tardes, señora.- saludó quitándose la gorra presuroso.
- Buenas.- Regina sonrió desconfiada.- Perdone, ¿sabe hacia donde queda el pueblo más cercano?.- Preguntó incomoda.
El hombre se echó a reír enérgicamente y negó efusivamente mientras recuperaba la compostura. - El pueblo más cercano está a unos 10 kms de aquí, podría coger un autobús, pero solo salen dos al día y el último salió hace media hora. - El hombre se encogió dispuesto a seguir a su rebaño.
- ¿Hay algún lugar cerca donde pueda hospedarme?- Preguntó Regina un poco molesta.
El pelirrojo volvió a soltar una sonora carcajada.
- No tiene gracia, estoy perdida literalmente en medio de la nada.- se quejó Regina cruzando los brazos malhumorada.
El hombre pareció comprender que había tenido poco tacto y asintió apesadumbrado. - Disculpe, he estado irrespetuoso para con usted.- Regina prestó atención, todavía con alguna reserva. - Si sigue por ese camino llegará a la casa de la viuda Smith. Ella es una mujer mayor, pero muy amable. Si le dice usted que va de parte del viejo Will, , sin duda, le dejará dormir en la casa de invitados.- El viejo hombre se quedó pensativo con la mirada perdida mientras se acariciaba la barba rizada.- Aunque… creo recordar que tenía visita… - Al ver la cara preocupada de Regina, Will hizo un aspaviento restandole importancia a ese hecho- Bah… pero no se preocupe, esa casa tiene habitaciones de sobra.
- Pues… gracias, le estoy muy agradecida, no conozco a nadie aquí y…
- Bla bla bla… cuanto menos cuente de su vida, mejor.- Y el hombre le guiñó un ojo.- Ande y vaya.
Regina lo vio alejarse con su rebaño, todavía preguntándose a qué había venido aquello, ¿es que acaso aquel hombre sabía lo del programa de protección de testigos?.
Regina había previsto encontrarse con una casa humilde de una sola planta, blanca y con ventanas azules, por las que asomaban lirios y lavandas. Tenía el recuerdo de un cuadro que le encantaba cuando era una niña. Lo tenía su madre en su despacho y cuando iba a verla se quedaba ensimismada mirando el dibujo de aquella casa blanca con las ventanas azules…
Pero esta no era especialmente una casa… era literalmente una mansión, de hecho poseía un enorme jardín que Regina había tenido que cruzar para llegar hasta la puerta de entrada y en el que había visto un manzano muy parecido al suyo.
- Disculpe, ¿piensa decirme su nombre?.- Preguntó el mayordomo que esperaba pacientemente, con algún que otro giro de ojos, a que se dignara a hablar. Regina salió de su ensimismamiento y sonrió avergonzada.
- Roni… me llamo Roni, me manda el viejo Will.- Aclaró sonriendo.
-¿Por qué se rie? ¿Es que acaso he hecho algo gracioso?
- NO… solo estaba recordando algo.- mintió para evitar mas malos entendido con aquel raro personaje.
- Pues que sepa usted que no me gusta.- Dijo el hombre poniéndose derecho y apartándose para dejarle paso.
- ¿Y qué es lo que no le gusta, que me ria, que recuerde algo o que me ría porque he recordado algo?.- Preguntó mientras pasaba y se quedaba sorprendida al ver el enorme hall.
- No me gusta usted.- Dijo perdiendo por un instante la compostura propia de un mayordomo. Luego se recuperó y elevó la voz - Señora Smith, tiene visita… "indeseada".- Murmuró para sí mismo, alejándose por una de las puertas.
Regina esperó pacientemente, algo indignada por la actitud del mayordomo, pero aquel hombre era lo que menos le preocupaba en ese momento. Tendría que encontrar un sitio donde dormir, buscar un trabajo, comenzar una nueva vida… sola… completamente sola.
- Tranquila, no está sola.- La voz dulce y aterciopelada de una mujer la devolvió a la realidad y se giró para observar a su dueña. Una mujer rubia, de mediana edad, hermosa y esbelta y de ojos azules le sonría con tranquilidad y parecía leerle el pensamiento.
- Hola, soy Roni… .- Se presentó insegura.- Es curioso que estaba...
- Sarah Smith.- Le interrumpió la mujer. - Whale me ha comentado que la envía el viejo Will.
- Así es.- Regina asintió todavía insegura y perdida.
- ¿Le apetece tomar un té?.- Sugirió la señora Smith.
- Estaré encantada. Gracias.- A Regina le pareció rara su actitud, distante pero amable...
- No tienes que ser tan servicial.- Comentó la mujer rubia sonriendo.- Por dios, ¿Roni? ¿De verdad? ¿Quién demonios elige esos nombres?.
- Eso mismo pensé yo, sea quien sea deberían despedirlo.- Y se echó a reír, antes de darse cuenta de que había pasado por alto algo muy importante. Se giró para mirarla con una mano tapando su boca.- Usted… lo sabe.- Afirmó más que preguntó.
- En efecto, muchos estamos al tanto… pero somos personas de confianza y colaborar con los federales ha tenido sus ventajas para todo el pueblo.- La mujer hizo un gesto invitándola a sentarse.
- ¿Pueblo?.- Preguntó Regina a la par que se sentaba.
- Sí, estas tierras son parte de Partridge.- Comentó la señora Smith con una coqueta sonrisa.
- ¿Perdices? ¿En serio?.
- Es usted simpática, me gusta.- Dijo la mujer sonriéndole amable.
- Me alegro, porque necesito su ayuda.- Dijo apesadumbrada.- Necesito un lugar para dormir esta noche y el señor Will dijo que usted dispone de una casa de invitados…
- Pare… tranquila.- La mujer de mediana edad le dio palmadas en el hombro con demasiada reserva.- La casa de invitados ya está ocupada pero usted no necesita ir a ningún sitio.- Dijo con tranquilidad.- Ya está en casa. Hemos dispuesto una habitación para usted, con baño. - La mujer ladeó la cabeza esperando que estuviera complacida.
- ¿Quiere decir que viviré aquí?- Preguntó Regina sorprendida.
- Por supuesto, ¿no creerías que te iban a dejar en cualquier lugar?.- La mujer cambió su expresión a una mas seria.- Espero que comprenda que el programa de protección de testigos consiste en proteger al testigo, mantenerlo vivo y oculto. Por tanto ha de estar controlado en todo momento y en un mismo lugar, a no ser que su vida corra peligro inminente, en tal caso, las trasladaríamos.
- ¿Las? ¿Hay más chicas aquí, bajo el programa?.- Inquirió Regina curiosa.
-No… no, me refiero a las victimas, hablo generalizando, disculpe la confusión.- La señora Smith carraspeó incomoda.
- Ah, de acuerdo. ¿Y qué se supone que haré aquí encerrada?.- Preguntó Regina dejando la taza vacía en la mesa.
- No está encerrada, podrá ir al pueblo.- Al ver que la cara de Regina seguía impasible se encogió de hombros.- Menos es nada. Whale le acompañará a su habitación. Cenamos a las 8.
Capitulo 36
"Tic tac tic tac tic tac…." El sonido del reloj era casi ensordecedor en aquel incomodo silencio. Eran las dos de la mañana y no podía pegar ojo. No dejaba de dar vueltas a su situación… de repente estaba en Irlanda, precisamente el lugar a donde Emma le propuso ir… y estaba allí precisamente gracias a ella…
Flashback
¿Donde estarían Henry y Emma? Fue lo primero que se preguntó tras escuchar su nueva ubicación: Liverpool. El federal paró de hablar al ver a Regina perdida.
- Señora Mills, es importante que se centre en escucharme. - Le dijo el hombre taciturno.
- Disculpe.- Regina sonrió avergonzada. El hombre la miró comprensivo.
- ¿Si tiene alguna duda…
- Sí.- Dijo Regina con demasiada efusividad.
- Está bien.- El policía se dejó caer sobre el respaldo del sillón de primera clase.- Resolveremos esas dudas y luego prestará atención.- Regina asintió mostrándose de acuerdo.- Adelante.
- ¿Mi hijo, Henry, está a salvo?.- Era lo primero que deseaba saber.
- Sí, creemos que sí. A fin de cuentas, estará con su madre biológica, creo que, a juzgar por su expediente, usted la conocía bastante bien.
- No sé qué insinúa. Somos… amigas o enemigas….- Dijo derrumbándose en su asiento.- No lo sé, debería odiarla porque ella me delató y me arrebató a mi hijo…
- Se equivoca… gracias a ella está en el programa de Protección de testigos… de no ser así, habría terminado en la cárcel, señora Mills.
- ¿En serio?.- Regina estaba gratamente sorprendida y su mirada brillaba de felicidad.
- Veo que en el fondo, no podría usted odiarla aunque quisiera.- El hombre sonrió comprensivo.- Por mera curiosidad, ¿qué pasó?.- dijo incorporándose.- Verá, he leído el expediente, admito que un poco a la ligera, y sinceramente no he entendido ni papa.
- ¿Quiere usted la versión dramática o la ligera?.- Preguntó Regina, ahora siendo ella la que se dejaba caer en el respaldo del asiento con media sonrisa sarcástica.
- La dramática, es la única que estoy seguro que me hará comprender. - Contestó seguro.
- Allá usted… pero es la más larga.- Dijo Regina burlona, parándose a observar con más confianza el rostro del policía. - Jack, ¿No? ¿Se llama usted así?.- El hombre asintió sonriendo avergonzado, lo que a Regina le pareció adorable. Todo en él eran cualidades hermosas. Cuerpo ancho, pero fibrado, ojos verdes y pelo negro. Era justamente el prototipo masculino de Regina, pero ni siquiera se le pasó por la cabeza coquetear con él. - En resumidas cuentas, yo decido recuperar a mi hijo…
- Adoptivo.- Recuerda el hombre, un poco quisquilloso.
- Sí, pero mi hijo, yo lo crie.- El hombre asintió dándole la razón.- La adopción fue cerrada y supuestamente su madre se había desecho de él por dinero. Esa fue la versión que me dio mi marido. Ahí empezaron sus coqueteo con la mafia. Entonces yo era feliz. Tenía lo que deseaba, una familia. Henry era el colmo de mi felicidad. Todo giraba en torno a él, yo giraba en torno a él… Inevitablemente, Daniel y yo acabamos alejándonos. Él decidió buscar lo que yo no le deba en otras mujeres… supongo que en parte fue culpa mía.- Regina paró y se sorprendió al darse cuenta de que le estaba contando todo a una persona que acababa de conocer, pero le trasmitía cierta confianza y a fin de cuentas nunca lo volvería a ver. - Acabó alejando a Henry de mi, en un internado, cuya localización me fue negada a conocer durante muchos años, hasta que decidí hacer algo.
- Fingió su secuestro para recuperar a su hijo. - Regina asintió.- Y Emma Swan era la persona adecuada, la única con motivos suficientes para hacerlo. ¿No es así?.
- Sí.- Regina admitió avergonzada. - Yo la tenía por una yonki, que había vendido a su hijo por unos miles de dolares, sin remordimiento alguno. Supuse que se lo merecía.
- Supuso bastante mal.- Dijo el hombre con gesto serio.- A Emma le dijeron que hijo había nacido muerto.- La defendió malhumorado y a Regina le pareció que hablaba de ella con demasiada confianza.
- Usted la conoce, ¿no es así? ¿Sabe donde está?.- Preguntó rápidamente Regina.
- Siga con la historia, por favor. - Regina no parecía convencida.- Luego hablaremos de Emma.- Aclaró el hombre para tranquilizarla.
- Está bien. Conseguí ayuda.
- De Gold, el abogado de la familia. Leí algo de que tenía una cuenta pendiente también con su marido… una sobrina de por medio. Parece que su marido quería controlarlo todo.
- Nunca mejor dicho. Con su ayuda conseguí convencer a Emma para que nos ayudara.
- A cambio de recuperar a Henry, ¿no? Porque tengo entendido que a la señorita Swan no le interesaba el dinero, en realidad.
- En efecto, Emma solo quería a su hijo, lo que me sorprendió bastante y me tomó de sorpresa. Me daba miedo de lo que podía ser capaz, más después de seguirla y observarla durante algunos días.
- ¿Pero el plan siguió adelante sin cambios, no?.
- Sí. Emma fue instruida rápidamente por Gold y el resto fue cosa miá.
- Una gran actriz, si me permite.
- Sí, gracias supongo.- Contestó Regina con sarcasmo.- El hecho es que todo salió a pedir de boca, pero…
- Pero… algo pasó, ¿no es así?.
- ¿A qué se refiere?.
- Emma se enamoró de usted y usted de ella, ¿no es cierto?.
- ¡Está loco!. Le recuerdo que estoy casada y…
- Eso no le impide enamorarse.- Argumentó el hombre.
- No estoy en… ena… Joder, mierda! Está bien, me enamoré de ella.- Dijo tapándose la cara en actitud derrotada.
- ¿Entonces la ama de verdad?.- Preguntó el hombre como para cerciorarse.
- Amo a Emma Swan.- Soltó Regina como si aquellas palabras pesasen una tonelada, porque de repente se sentía más ligera y aliviada.
El policía se levantó presuroso y sin decir nada más se marchó por el pasillo. Regina se quedó allí quieta sorprendida, barajando mil posibilidades y ninguna le parecía la correcta, pero Jack no tardó en volver.
- ¿Qué ocurre?.- Preguntó preocupada.
- Disculpe, pero necesitaba ir al baño, dijo justificándose.- Ya sabes… problemas con la próstata.
- Oh.- Regina disimuló una pequeña sonrisa.
- Vamos.- Dijo Jack al ver su sonrisa.- A todos les pasa.- se defendió.- Por cierto, hay un cambio de ultima hora. Su ubicación.
- ¿No vamos a Liverpool?.- Preguntó Regina sorprendida.
- Nuestros contactos nos han fallado, así que la ubicación más cercana con programa de protección de testigos, está en Irlanda.
- ¿Irlanda?.- Preguntó Regina esperanzada.
- Sí, eso he dicho, ¿ocurre algo?.- Pregunto Jack con sospecha.
- No, es solo que Emma quería que huyésemos con Henry a Irlanda.
- Emma no está bajo ningún programa de testigos, así que los federales desconocen su actual ubicación. Aunque yo solo soy un policía.- Regina lo miró con sorpresa.
- ¿Quiere decir que sabe donde esta?.- Inquirió entusiasmada.
- Sí, pero fue clara cuando me pidió que jamas le revelase a usted su ubicación.
- ¿Y va a contestarme ahora de qué la conoce?.- Preguntó Regina incorporándose con los brazos en jarra.
- Regina, siéntese, por favor.- Rogó con educación.- Emma y yo somos… somos hermanos. Soy Neal Swan. Mis padres la adoptaron porque no habían podido tener hijos propios, pero poco después me concibieron a mi. Emma permaneció conmigo hasta que cumplí los 7 años. Mis padres la devolvieron al sistema siendo ya casi una adolescente. A pesar de eso, siempre hemos mantenido el contacto.
Regina se dejó caer pesadamente sobre el sillón, mientras era sorprendida por toda aquella información sobre Emma que desconocía.
Continuará...
