Capítulo 8: Reclutas en mi contra

Ágilmente Marcos, Damián y Perla empuñaron la espada amenazando a Jazmín.

–¿Qué creen que hacen?

–Deja a nuestro líder.

–¿Líder? ¡Es un traidor! ¡A los reclutas, a la Princesa, a toda Hyrule, a las Diosas!

–Calma Jazmín.

–No pidas calmarme, traidor. Muy bien, si ustedes dejaran de proteger Hyrule para estar con un criminal, sólo déjenme fuera de esto.

Dicho eso, saltó de la balsa y pasó la madrugada caminando al castillo.

Los demás reclutas se mantuvieron callados, salimos de la balsa y fuimos a dormir.

A la mañana, esperé a que despertaran (no daría una orden hasta saber que seguían siendo mi equipo). Marcos despertó primero, me saludó agitando la mano y se puso a mirar hacia el lago hasta que Perla y Damián despertaron. Entonces hablaron entre ellos y al terminar se acercaron a mí y a Saria.

–Oye, Chain –Marcos se animó a hablar.

–Te escucho, Marcos.

–Hablamos y decidimos seguir todas tus órdenes, jefe –sonrió.

–Me alegra conseguir buenos amigos –sonreí.

–Ah, una cosa más –tomó la palabra Damián–. ¿El comandante en serio es Gannondorf?

–Bueno, ¿ustedes qué creen?

–Nos enseñaste a pensar, Chain, te creo.

–También nosotros.

–Muy bien, porque tendremos a todos los reclutas restantes en nuestra contra, y con Jazmín de su lado, logrará encontrar algún equipo que logre pensar como yo les enseñé a ustedes.

Ya establecido un nuevo equipo, acordamos nombrar al equipo: "el equipo Cadena", después les enseñé a tocar la ocarina y cada canción que sabía, luego compusimos algunas nosotros. Tomamos como base central al petrificado árbol Deku, que había muerto unos años atrás.

Los días siguientes conseguimos nuevos uniformes y una alianza con el reino de los soras. El equipo iba muy bien, unos días trabajamos en la taberna de la ciudadela, usando identidades secretas. También vendimos esculturas de madera que yo hacía para juntar rupias.

Ya pasado medio otoño, en toda Hyrule corrían relatos sobre el equipo de Dark Link, nos encargamos de aclarar que éramos el equipo cadena. La sospecha de que el comandante era Gannondorf quedó confirmada un día que investigamos en la biblioteca: en ésta estaban algunas fotografías tomadas por un anónimo que mostraban a Gannondorf; su postura, ojos, altura e inusual nariz lo delató. Pintarse el cabello y vestir diferente no logró engañar a todos, pero ayudó el no haberse aparecido en un buen rato.

Un día mientras comíamos en paz entró Saria a contarnos que el comandante llamó a Link para capturarnos…

–¿Link, está de su lado? –Pronunció alterada Perla– ¡Oh, por las Diosas! ¡El Héroe del Tiempo nos persigue!

–No podremos contra él y los demás reclutas.

–Calma, Banda –exclamé–. Tenemos algunos factores a nuestro favor: los soras, las técnicas con la espada, el secreto…

–¡Sí! Podemos con ellos.

–Ahora, hay que planear un encuentro con mi hermano.

–Sí, mi Lord.

Comenzamos a planear un encuentro con Link, evitamos una batalla a muerte. Nosotros sabíamos que para limpiar nuestros nombres tendríamos que calmarlos primero (algo parecido a con los soras). Con respecto al plan. Mandamos un mensaje hacia el castillo anunciando que en tres días –contando cuándo fuera entregada la carta– estaríamos en el campo de Hyrule al mediodía, listos para pelear.

Bien, teníamos dos días y una mañana para entrenar. Conseguimos suficientes rupias para comprar mejores espadas, pero yo seguiría usando la mía de madera. Después dejamos la base Deku para resguardarnos con los soras (esto pasó la mañana del primer día). Durante la tarde del primer día entrenamos intensamente junto con otros soras.

Esa noche, se apoderó de mí una fuerte depresión y salí a dar un paseo para distraerme. Simplemente caminé sin mucho ánimo y con la mirada baja hasta llegar a los límites del territorio de las amazonas, donde seguían odiándome. Me emboscaron pero no me resistí y me encerraron en una celda.

Después avisaron al rey que Dark Link había sido capturado, lo que nadie creyó. Decidí irme de ahí, fue sencillo.

Atardecía y llegué a casa de Saria…

–Hola, Chain, ¿estás bien? Te ves muy serio.

–Me siento mal, Amor… –logré pronunciar luego caí inconsciente, creo que caí sobre la mesa.

Volví en mí y vi a Saria un poco borrosa hasta que la vi bien.

–Chain, ¿qué pasó?

–No estoy seguro.

–¿Estás enfermo?

–No lo creo; sólo debe ser cansancio.

–Descansa…

Estábamos sentados en el sillón abrazados uno al otro, hablando. Le dije que siempre la amaría y ella me dijo lo mismo. Lo que pasaba por nuestras mentes nos llenaba de preocupación: estaba grave, ambos lo sabíamos. Esa última noche, antes de enfrentar a mi hermano, fue cuando mi amada Saria y yo decidimos nuestro futuro: comenzaríamos a vivir juntos, agrandaría la casa, tendríamos quizá dos hijos, crecerían para disfrutar sus vidas y ella y yo pasaríamos lo juntos que queda de nuestras vidas, tocando la ocarina.

Amanecía, Saria despertó antes que yo.

–Amor –me dijo moviendo mi hombro–, despierta.

–¿Ah? ¿Qué pasa?

–¿Quieres desayunar? –preguntó tallándose los ojos.

–Sí.

Desayunamos y después fui por el equipo. En unas horas enfrentaríamos a mi hermano y a los reclutas.

–Banda, podría ser la más grande batalla que enfrentaremos, pero espero sea la última, después viviremos en paz.

–¿Cómo será la batalla, Jefe? –cuestionó Marcos.

–Nosotros contra unos 50 reclutas, mi hermano y contra el comandante, tal vez mi hermano utilice sus máscaras y con suerte la princesa no estará con ellos.

–¡¿Qué?

–Calma, he afilado sus espadas y les enseñaré tres técnicas para dejar al enemigo inconsciente.

Les mostré las técnicas y les enseñé su correcta ejecución. Acercándose el mediodía salimos del reino sora con rumbo al campo de Hyrule. No había ningún recluta en el campo, la presión por una posible emboscada atenazaba al equipo.

En eso interpreté una melodía distinta a las que acostumbraba tocar, ésta logró calmarlos. Luego les enseñé a interpretar dicha canción, la ensayamos una vez y logré distraerlos de la presión que la batalla les había causado.

–Oye, Jefe –llamó mi atención Marcos–, ¿para qué nos enseñaste esta canción?

–¿Crees que existe algún motivo además de relajarlos un rato?

–Bueno, sí. Cada cosa que nos has enseñado tiene varios propósitos.

–Mira, esta canción se llama "dulce recuerdo", Saria me ayudó a componerla…

–¿dulce recuerdo?

Se quedaron pensando un rato en el título de la melodía, analizaron los tonos poco alegres que denotaban paz y dulzura, el ritmo pasivo y armonía penetrante.

En eso se vio desde la ciudadela marchar a todos los reclutas y al frente de ellos estaba mi hermano montando su yegua y empuñando espada, noté que traía sus máscaras más útiles: la de deku, sora, goron y la de la fiera de la deidad. También portaba su arco, sus brazaletes de fuerza y claro, su mejor espada; también llevaba un escudo que representaba la trifuerza.

En cuanto a mí: portaba mi ropa negra sin ninguna habilidad en especial, mi espada de madera, mi ocarina, unas botas de hierro y la parte de una armadura que correspondía del codo a la mano izquierdos (por defensa).