Capítulo 9: Chain contra Link

Di la señal de ataque, mi equipo hizo caer inconscientes a muchos reclutas, yo me dirigí contra mi hermano. Lanzamos ataques sencillos con nuestras espadas por varios minutos…

Ya habían caído casi todos los reclutas cuando un grito llamó mi atención:

–¡Chain! –fue un grito de Perla, Jazmín le había atravesado un brazo con la espada.

–Yo me encargo, Jefe –anunció Marcos, pero Jazmín le clavó una navaja.

–¡Marcos, Perla! –sólo grité desde mi lugar.

–Esto les pasa por seguir el camino de un criminal. Ahora deberán pagar con sus… –antes de pronunciar lo último Damián la noqueó por la espalda.

Damián vendó el brazo de Perla y entre los dos se llevaron a Marcos hacia la ciudadela. Pero los emboscaron y encerraron.

Me alejé de mi hermano y comencé a inmovilizar a los reclutas que faltaban.

–Chain, entrégate.

Esa voz era de…

–¿Padre?

–Acepta la derrota.

–No… no… ¡no!

Vaya forma de recibirme. Al pensar en el motivo por el cual mi padre fuese un recluta llegó a mí muy rápido. Todo buen padre pensaría como él: por el bien de sus hijos; sin embargo, yo estaba muy bien (había tenido que solucionar mis problemas solo, pero lo hice después de todo). Me pregunto si existen padres que no conozcan lo mejor para sus hijos. Y claro, el orgullo es mi único motivo para revelarme.

Cayeron inconscientes los reclutas restantes, incluyendo a mi padre.

Ya caídos todos los reclutas, yo quedé tirado en el campo mirando las nubes.

–Hasta aquí llegaste, Dark Link –escuché a mi hermano mientras se acercaba. Lo miré con atención y le dije:

–Fui fuerte ¿no? –sonreí.

–Sí, pero ha llegado el momento de que cumplas con tu castigo. Ahora, ¡en guardia!

–Espera unos segundos, quiero ver el cielo mientras pueda.

–¡Calla, levántate, toma tu espada!

Me obligó a levantarme y continuamos la batalla con nuestras espadas, una batalla más fuerte ahora. Ninguno logró tocar al otro con la espada. Su espada quedó clavada en la mía y tuvimos que usar otras armas.

Mi hermano se puso su máscara de goron y tomó vuelo para embestirme, yo alcancé a entonar la canción de las tormentas y el agua lo debilitó como a cualquier otro de esa especie. Me encargué de quitarle esa máscara, la de deku y la de sora, incitándolo a una batalla sin armas. Cada golpe que yo lanzaba lo absorbía con su escudo, y yo evitaba los suyos con mi guante izquierdo hasta que ambos quedaron inservibles.

Mi hermano, lejos de sus máscaras, con el escudo inutilizable y sin poder usar su espada, tomó su distancia, apuntó con su arco y tiró una flecha con gran velocidad. Ésta topó contra mi estomago con suficiente fuerza para matarme, pero esa flecha se encajó en mi ocarina (también quedó inútil) y se la arrojé, acerté en su brazo haciéndolo tirar el arco que después fui a quebrar.

Bien, no más armas ni escudos, la habilidad que teníamos en combate sería el factor determinante que designaría un vencedor. Vaya batalla, hubo golpes y patadas tan poderosas, era como una exhibición de combate con espadas sin filo.

Nuestras técnicas fueron ejecutadas con tal gracia que mostraba un gran espectáculo.

–Has mejorado, querido hermano –pronuncié sin dejar de atacar.

–Calla, sólo pelea.

–Calma, no es igual de divertido si imprimes tanta rabia al moverte.

–¿Qué?

–Durante un festival goron –comencé a explicar sin dejar se pelear–, cuatro de ellos, los mejores combatientes dan una demostración festejando la paz en su reino…

–Olvida los gorons, sólo pelea.

–Oye, ¿sabes que el comandante es Gannondorf?

–Eso es mentira, yo acabé con él hace mucho.

–¿Estás seguro de ello?

Se cuestionó y acerté un golpe en su rostro.

–¡Lo dijiste para distraerme! –se detuvo.

–¡Claro que no! Tú te distrajiste por torpe.

–¡¿Cómo que torpe?

–Eres un torpe que no puede mantener la gracia de una batalla.

–¿Que qué?

–Que res un torpe.

–¡Ven para acá! Vas a ver ahora…

Ésta fue la parte donde, como muchos hermanos, peleamos sin razón.

–¡Tú rompiste la silla!

–¡Tú te hacías en tu cama!

–¡Derramaba leche apropósito!

–¿Leche amarilla?

–Eres un pesado.

–Tú eres un bebé, un bebé torpe "derramador de leche amarilla".

–Vas a ver…

–¡Cállense! –gritó fastidiada Jazmín ya consciente– Ambos son unos inmaduros.

–¡Yo no soy inmaduro! –ambos gritamos y mi hermano la golpeó.

–¡Maldito Link! –gritó furiosa– ¿Qué crees que haces?

–Nadie me llama "inmaduro" –explicó y la noqueó.

Me acerqué a ella mirándola hacia abajo.

–¿Y yo le gustaba? –dije en tono de burla y ambos reímos.

–Tienes una rara suerte, hermano.

–Bueno, al menos es de mi especia, supe que tú le atraías a una sora.

–Sí, vaya experiencia. Pero yo amo a Zelda.

–Y Saria es la dueña de mi corazón.

–¿Sí? Me contó cuánto te extrañaba. ¿Ya fuiste a verla?

–Sí, desde finales del verano…

Continuamos hablando y nos tiramos en el campo mirando pasar las nubes –vaya cambio de contexto–, pasaban delicadamente cruzando el cielo de Hyrule que despedía el sol para dar paso a la noche.

–¿Sabes? No ha habido muchos con quien pelear.

–¿Y los que has enfrentado?

–Logré vencerlos ¿no?–reímos.

–Oye, hermano –dijo levantándose–, vamos por algo de leche.

–Sí, vamos.

Apenas nos dirigíamos a la ciudadela los reclutas se levantaron también. Pero se movían de forma muy inusual y sus ojos se tornaban morados. El cielo que mostraba una bella puesta de sol se nubló, era el mismo cielo de aquella tan lejana noche en que mi medallón tocó tierra mortal.

Un resplandor rojo cubrió a los reclutas, era magia antigua que ya no se practicaba de este lado de Hyrule.

Esta mezcla (realmente me dio asco), tomó la forma de una bestia tipo cerdo tan grande como la entrada a la ciudadela con enormes colmillos, piel aún más dura que mi espada e intenciones de matarnos.

–¿Listo, hermano?

–Ah.. he..hermano.. –dijo entrecortado –e..es…

–¿Qué pasa? ¿Quién es?

Cualquiera se hubiera traumatizado a estar tan cerca de un ser con un aura tan oscura y sofocante, mi hermano ya lo había enfrentado pero no era tan poderoso. Sólo pude deducir su identidad al ver en éste un pedazo de uniforme de recluta color negro y dorado en su colmillo derecho.

Toda sospecha acabo, esa criatura era Ganon. También mi antiguo comandante, que mediante algún tipo de magia negra, tomó los cuerpos de los reclutas (sigue sonándome repugnante) y sus habilidades, incluyendo a Jazmín y lo que le había entregado.

Saliendo del tema: en ese momento supe cómo fue creado mi medallón: los Sheikans, raza extinta de guerreros de Hyrule, fueron sacrificados para enfocar sus habilidades para formarlo. Y ahora Gannondorf hacía lo mismo con los reclutas.

En resumen: las vidas de los reclutas y el futuro de Hyrule estaban en juego. Un juego que teníamos que ganar yo y mi hermano; a mano limpia con sangre, sin protección, y sin poder utilizar magia…