Y llegamos al final de esta leyenda. Quiero aclarar que fue muy complicado escribir este capítulo.
últimas aclaraciones
¿Cómo se me ocurrió este final?
Me pareció muy adecuado al tipo de vida que llevaba Chain (quizás no le agrade a todos).
¿Qué pasó con Link?
Ya no lo había mencionado porque contaba con que se encontraran y pudieran resolver sus diferencias.
Sobre la relación de Saria y Chain...
Fue un buen noviazgo. Sí, besos, abrazos... aunque durmieran juntos no se "portaban mal".
Agradecimientos: Al creador de The Leyend of Zelda Ocarina of time y Majoras Mask, a mi "equipo", a Saria, y un agradecimiento especial a mis primeros lectores Princess Aaramath y The Withe Demon.
Saludos.
Capítulo 10: No durará por siempre
No había hacia dónde escapar en ese momento, mi hermano y yo seguíamos débiles y adoloridos por la batalla anterior. Mi equipo había sido arrestado (de cualquier forma no estaban listos para una batalla así).
Volviendo al momento, esa bestia de repugnante olor quería mi medallón y yo no dejaría que lo consiguiera. Tomé aire y grité desenfrenadamente:
–¡Que empiece el juego!
Después abofeteé a mi hermano para que volviera en sí mismo.
–¡Link, atácalo! –exclamé.
–¿Ah? Ah, sí.
Sinceramente me causó risa ver cómo mi hermano atacaba: algo entorpecido por el dolor pero decidido a vencer; era ése mismo espíritu que invocó en hazañas dónde él defendió con su vida a su princesa. Aunque su princesa estaba a salvo en su castillo, y se podía cuidar muy bien sola.
–"Basta de pensar –pensé (redundante)–. Una idea no hará caer a esa bestia".
Con notable dificultad usé el brazo derecho como espada y ataqué a sus patas. Viendo más cerca vi que del cuello de Ganon colgaba un medallón con un signo como el del mío.
–¿Ya te diste cuenta? –me cuestionó una voz gruesa y atemorizante que provenía de la bestia.
–No debería extrañarme –respondí, tranquilo–. Este día me trae recuerdos.
–Así es, yo realicé el ritual para sacrificar a los Sheikans y encausar sus habilidades, poder y esencia dentro del medallón. Pero éste cayó lejos de mí, por derecho me pertenece.
–A ti sólo te pertenece una repugnante apariencia y un destino miserable, mi Lord.
–El poder de ése objeto es demasiado para un joven tan… simple; campesino talla madera de familia de insignificante linaje.
–Tú apariencia muestra el lugar de donde deberías estar; ¿tu nariz es de adorno o te gusta el olor a basura?
–Insolente –me tomó con su garra.
–Tu medallón falla: no es capaz de ignorar un comentario como ese.
–Los reclutas no se comparan con los Sheikas, aunque lo que le enseñaste a tu amiga Jazmín es útil. Y cuando tenga tu medallón seré invencible.
Ganon intentó quitarme el medallón con su otra garra, lo que se le dificultó mucho. Cuando logró sujetar la cadena, mi hermano, quién recuperó su espada, clavó ésta en la pata de la bestia, haciéndolo soltarme.
Al caer corté la cuerda que sujetaba el "medallón" de Gannondorf. Me golpeé contra el suelo y él recuperó su forma original (también volvieron a ser ellos mismos los reclutas).
El cielo seguía mal, mi hermano estaba tirado forzándose para respirar y lo peor: Gannondorf me había quitado mi medallón y ahora lo portaba.
–¡Es mío ahora! –anunció. Sentí que caería en ese momento, quedé en silencio.
–¡Suéltalo, maldito! –Gritó mi hermano, intentando quitarle el medallón. Fue golpeado e imposibilitado para continuar.
El poder de Gannondorf aumentaba a cada momento, además de los Sheikans, ese artefacto tenía mi esencia, cientos de técnicas, conocimientos y experiencia. Sentía cómo la vida escapaba por mis dedos y mi vista se nublaba.
–¿Es demasiado para ti, Chain? –pronunció sonriendo maléficamente.
–Claro.. q..que no..
–Sólo escúchate, apenas puedes hablar.
Realmente había sido despojado de mi poder, y aún más: mi vida estaba en pedazo de metal; mi espíritu, mi mente, mis sentimientos, mi alma estaban ahí…
–Y ahora estás vacío, pequeño –me interrumpió, él sabía bien lo que pasaba por mi mente– dependes de este objeto común…
Esa forma y tono al hablar fue impregnada por mí. Tanto dije de ese modo trastornando a quien se interpusiera en mi camino…
–Ellos sufrieron más que tú…
–¡Calla! –Lo interrumpí– Fueron simples palabras; lo que les dolió estaba dentro de ellos.
–Decírselos de manera más cruda no aligera la carga que deben llevar por ser así.
Ése comentario era… diferente.
–Mírate, ¿acaso te estás suavizando?
–No ¿Qué? –Se cuestionó– ¿Qué has hecho? No debería haber bondad en este artefacto.
–No es tan caótico después de todo.
Una bondad invadió su maligno ser. La clara lucha en su interior lo hizo entrar en pánico.
–¡La leyenda era falsa…! No, era correcta pero la interpreté mal… Esto no puede estar pasando… Necesito algo de leche. ¡¿Qué acabo de decir?
Desesperadamente se quitó el medallón y lo arrojó a mí.
–Tú, lo has contaminado. Ya no me sirve –lo arrojó hacia mí.
–No sabes usarlo.
–¡Esto es tu culpa! –Gritó furioso preparando un golpe–. Me la pagarás.
Un resplandor morado surgió en su puño, usé el medallón para atrapar su ataque. Éste se destruyó y la mano de Gannondorf comenzó a sangrar.
–Maldició… –no pudo acabar de maldecir, cayó muerto.
–Simplemente existen cosas que deben permanecer a sus dueños. No durarán por siempre, pero cuando una perece otra tomará su camino… –sentencié.
En eso se acercaron los reclutas a recoger el cadáver de su comandante y a asegurarse de que estaba bien. Un fuerte dolor me invadió el pecho…
Dicen que antes de morir, puedes ver tu vida pasar delante de tus ojos, o al menos lo importante.
Puedo percibir muy bien una melodía. Es la que les enseñé a mi equipo. Denota un tono nostálgico como cuando la compuse junto con mi amada Saria. Ella está con ellos, soltando lágrimas de profunda tristeza. Ella sabe que la amo y que siempre será así, pero quisiera poder decírselo una vez más y; a mi equipo, que los aprecio.
Mi hermano le ha dicho a mi padre lo que sucedió y llevan mi cuerpo a sepultar, son escoltados por los reclutas hacia el lugar donde mi cuerpo volverá a la tierra.
Hay muchos soras aquí, a cada uno ayudé y gané su confianza y respeto.
Percibo un aroma a flores: son las que solía llevar a mi amada: alcatraces; y que hoy me devuelve en un ramo.
Alguien llevó mi espada de madera y mi ocarina destrozada al museo de la ciudadela, para que las futuras generaciones recuerden el arte de crear. Mi uniforme de recluta también será exhibido ahí, como signo de disciplina y lealtad a Hyrule.
Sigo oyendo llanto. Dulce ironía: la mayoría quiso matarme. Claro, a ellos no les di motivos para hacer lo contrario.
Siento que me cubren con tierra, ya he quedado fuera del juego.
Espero que mi equipo recuerde la última orden que les di: cuando muera, hagan la fiesta más grande en toda la historia de Hyrule.
Pero antes de que mi alma descanse con la esperanza de volver a ver a mi hermano, a mi padre y sobre todos, a mi amada Saria, concluyo:
"La vida puede ser como un vaso con leche: deliciosa o agria. Hay que entender que todo tiene su tiempo." –palabras grabadas en la lápida que ahora poseo–.
