WAAAAAAAA! ¿Qué tal gentecilla? Ya sé, ya sé, tarde muchisisisisisisisisisimo en actualizar, pero es que tuve un brote de falta de inspiración y eso fue mortal para mis historias. PERO BUENO, ahora estoy aquí y os traigo este capítulo después de tropecientosmil siglos. ¡Disfrutad!
Disclaimer: los personajes del fic no me pertenecen, sino a Disney y a sus creadores.
Capítulo 3
Anna abrió los ojos cuando la luz del sol fue tan intensa que le molestaba demasiado como para seguir durmiendo. Se giró en las sábanas con un gruñido y cuando intentó incorporarse una punzada de dolor en la sien la tumbó de nuevo.
-"Mierda, puta resaca." – Pensó mientras cerraba los ojos intentando mitigar el dolor.
Al abrirlos de nuevo se fijó que en su mesilla de noche había un vaso de agua con una pastilla al lado para el dolor de cabeza. Kristoff debía haberlo traído mientras dormía.
-Dios, Kristoff, cómo te quiero – murmuró mientras agarraba ambas cosas.
Se metió la pastilla en la boca y se tragó todo el contenido del vaso en un instante. Pasados unos minutos se sintió lo suficientemente entera como para levantarse a desayunar. Miró el reloj que marcaba las dos menos veinte.
-Más bien creo que ya voy a comer directamente.
Al abrir la puerta de su habitación un olor a sopa de pollo le llegó. Adoraba la sopa de pollo, sobre todo cuando había bebido el día anterior y tenía el estómago delicado.
-¡De verdad eres el mejor del mundo! – dijo cuando entró en la cocina en la que Kristoff se encontraba dándole vueltas al contenido de un cazo, donde obviamente estaba la comida que desprendía ese olor tan delicioso.
-Buenos días bella durmiente – Kristoff soltó la cuchara de madera y se acercó a la chica pelirroja, dándole un beso en la cabeza. – Y no te preocupes por la sopa, sé cómo despiertas después de salir de fiesta pequeñaja. – Le revolvió el pelo, si es que era posible revolverlo más de lo que ya estaba.
-Gracias por cuidarme tanto, eres el mejor hermano mayor que alguien podría tener. – Anna le regaló su mejor sonrisa.
La mirada de Kristoff se ensombreció por unos segundos y pareció muy triste, pero enseguida le devolvió la sonrisa a la muchacha.
Los pensamientos del chico rubio decían que no era justo, no se merecía todo lo malo que le estaba pasando, así que se dedicaba a hacerle la vida más fácil a su hermana en todos los aspectos que él fuese capaz.
Anna se terminó la comida, completamente satisfecha, y se despidió de Kristoff diciendo que tenía trabajo que hacer, puesto que ayer no había tocado un libro.
No le había dado tiempo de leer la primera línea de sus apuntes cuando el timbre sonó. Fue su hermano el que abrió la puerta, Anna no oía lo que la persona de fuera quería, pero supo que preguntaba por ella cuando él le respondió que estaba estudiando. Solo se escuchó un gruñido de Kristoff y momentos después unos pasos que subían al piso de arriba.
Un chico apuesto de pelo castaño entró por la puerta de la habitación de Anna sin siquiera llamar y la chica al alzar la vista y encontrarse con sus ojos sonrió. Pero no era una sonrisa como la que le había dedicado a su hermano, esta era rígida y nerviosa.
-Hola Hans, ¿qué haces aquí? ¿No te habías ido el fin de semana con tus padres a un camping? – Su voz denotaba el nerviosismo que sufre una persona a la que han pillado haciendo algo que no deben.
-Sí, pero hemos vuelto pronto, el camping dejaba mucho que desear, no me puedo creer que mis padres me hayan obligado a ir a ese sitio inmundo. – Dijo indignado.
Hans hablaba de ello como si fuese un vertedero, aunque en realidad se había ido a un camping para ricos, con spa y bungalows, canchas de paddle y campos de golf.
-Muchas gracias por pasarte a verme, pero tengo mucho que estudiar. – Señaló los apuntes que tenía encima de la mesa.
Hans entrecerró los ojos.
-Estás insinuando que soy una molestia. – Sus ojos empezaban a irradiar ira.
-¿Eh? ¡Qué va! Solo es que tengo un examen mañana. – Dijo Anna encogida sin atreverse a mirar al chico directamente.
-Pues es una pena, - dijo con tono amenazante – porque yo había venido con ganas de divertirme un rato, después de lo este horrible fin de semana.
Agarró la barbilla de Anna fuerte e hizo que esta le mirase. El temor en sus ojos demostraba que sabía lo que iba a pasar a continuación.
-Ha-Hans… de verdad, no me apetece, me duele la cabeza y tengo que est…
-¡Haber estudiado ayer maldita perra! ¡Eres mi novia y tienes que complacerme! – El chico le agarró de la muñeca y levantándola de la silla la tiró sobre la cama.
Cuando Anna levantó la cabeza para mirar a su novio, este ya se había bajado los pantalones y se acercaba a ella con una erección mientras se ponía un condón.
-N-no… por favor… - Murmuró Anna, sabiendo que no podía hacer nada.
Hans se subió encima de ella, que se debatía manteniendo juntas sus piernas con toda la fuerza que era capaz. Pero Hans era más fuerte y en cuanto consiguió separar sus piernas le arrancó el pantalón del pijama junto con su ropa interior.
Un intenso dolor llegó a la vez que la embestida, puesto que no estaba para nada preparada y las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos se agolpaban para salir. Hans, aun conocedor de esto, no paró en ningún momento. Anna dejó de intentar resistirse y simplemente se dejó hacer, no era la primera vez ni tampoco sería la última.
Cuando el muchacho terminó simplemente se separó de ella, se quitó el preservativo anudándolo para que su contenido no se saliese, lo tiró y se vistió.
-Gracias por la diversión. Hasta luego preciosa. – Salió de la habitación dejando a Anna tirada en la cama, completamente vacía.
Kristoff cortó el paso a Hans cuando este se dirigía hacia la puerta principal.
-Algún día me pagarás todo esto. – Dijo con la mirada llena de odio y de ira inmesurable.
-¿Pagarte por qué grandullón? Son asuntos nuestros, no te metas, ¿o acaso prefieres que ella sufra? – Puso una sonrisa macabra y salió de la casa, dejando a un Kristoff impotente.
Unos golpes sonaron en la puerta de la habitación de Anna. Kristoff al no escuchar contestación de la chica asomó la cabeza por la puerta entreabierta.
Anna estaba sentada en el escritorio mirando sus apuntes, pero él sabía que no estaba estudiando.
-Anna, te he traído un chocolate caliente. – Le colocó la taza en un hueco libre de hojas encima de su mesa. Ella lo miró, tenía los ojos completamente rojos e hinchados. Le dio las gracias, pero su mirada no tenía una pizca de brillo, ni tampoco de vida, estaba simplemente vacía. Kristoff apretó los puños y tensó la mandíbula.
Sí, definitivamente estaba seguro que algún día se lo haría pagar.
¡HANS HIJO DE TU MAMÁ!
Pues nada, hasta aquí el capítulo de hoy, ya tengo a medio escribir el capítulo cuatro así que no creo que se demore demasiado.
Y ahora… HORA DE REVIEWS:
XL:
Hai, Hai, gomenasai, aquí tuviste el siguiente cap ^^"
Y eso es todo amigos. Nos vemos el próximo capítulo.
Bisus. (^3^)
Yomi.
