HOLAAAAAA GENTECILLA MÍA. Como podéis comprobar lo prometido es deuda, aquí tenéis el capítulo 4. Disfrutadlo, nos vemos en el final de capítulo. :D

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, bla bla bla. No seais mala gente y no denunciéis.

CAPÍTULO 4

-Mierda, mierda, mierda, llego tarde. - pensaba Elsa mientras corría camino de la universidad con un tubo negro enorme a la espalda y un maletín.

Al llegar a la puerta de su clase su amiga Mérida la estaba esperando con la espalda apoyada en la pared y cruzada de brazos.

-Tarde, como siempre. - Suspiró. - Has tenido suerte de que el Pelos no haya venido hoy, sabes que no soporta la impuntualidad y tú vas surtida ya.

-Lo sé, lo sé. Dios, es que me quedé hasta tarde haciendo el maldito trabajo de Estructuras y me quedé dormida.

-Eso te pasa por dejarlo todo para el último momento. - Mérida seguía cruzada de brazos.

-Déjame en paz, no eres mi madre. Aparte, ¿qué haces en mi clase? Vete a dar vueltas a tu pista de atletismo.

La aludida se encogió de hombros.

-Tengo hora libre y quería pasarme a saludar a mi mejor amiga, ya no puede una ni tener un detalle chica.

-Vale, perdón. - refunfuñó. - Dejemos ya el sarcasmo, por favor.

Mérida todavía la miraba con reproche en la mirada, pero enseguida sonrió y le dio un abrazo a Elsa, la verdad, nunca conseguía estar mucho tiempo molesta con ella.

-Y aparte de querer verte, hay otra cosita... -la mirada de Mérida se tiñó de picardía.

Elsa la miró sospechosamente, ya que no tenía ni idea de qué podría ser esa "cosita" de la que su amiga hablaba. Se quedó callada esperando esa noticia que tanto divertía a Mérida, pero de su boca no salía una palabra.

-¡Oh! ¡Venga ya! Suéltalo. - Dijo impaciente.

Mérida se rio haciendo que sus rizos pelirrojos danzaran.

-Bien, resulta que yendo hacia mi edificio ya sabes que hay que pasar por delante de la facultad de los loqueros, ¿no? - Dijo refiriéndose a los estudiantes de psicología. - Pues cierta cabeza pelirroja y llena de pecas me ha llamado la atención.

Elsa casi se golpea la mandíbula contra el suelo.

-No puede ser, ¡¿Anna estudia psicología en esta universidad?!

Hacía unos días que aquella chica y Elsa se habían conocido por segunda vez, (sí, por segunda vez, ya que de la primera vez que se encontraron la chica de pelo platino no recordaba nada). Los ojos de esa muchacha le volvían loca y Mérida lo sabía perfectamente, porque su sonrisa demostraba que se lo estaba pasando pipa con la cara de su amiga.

Esta última salió disparada hacia la facultad de psicología mientras Mérida se reía de ella. Obviamente no la iba a encontrar, probablemente estaría en clase, y eran muchos los que querían estudiar esa carrera, sería un milagro si era capaz de hacerlo. Y, menuda casualidad, sus plegarias fueron escuchadas.

-Kristoff, que sí me ha salido bien. [...] No, no te preocupes, ¿vale? Probablemente me quede a comer en el campus, tengo trabajos que hacer. [...] Vale, cuídate, te quiero. - Una chica de ojos aguamarina miró el teléfono con una sonrisa y luego lo guardó.

Se disponía a entrar en el edificio cuando en su oído sonó una voz cálida.

-Es cierto que las brujas eran pelirrojas, porque tú me tienes completamente hechizada.

Justo en ese momento Anna supo perfectamente de quién se trataba sin necesidad de darse la vuelta.

-¡Elsa! - Se giró mientras se reía de la frasecita de la chica - ¿Estudias aquí? Nunca te había visto.

-Normal, estudio en la facultad de arquitectura y no tengo ningún amigo loquer... Quiero decir, psicólogo. - La peliblanca sonrió a la más bajita sin saber muy bien qué más decir.

-¡Yo! ¡Elsa! Sin palabras, no me lo puedo creer, ¿qué me han hecho y dónde está mi yo normal? - Se decía en su cabeza.

-Bueeeno... tengo que... irme a clase y eso. - Le dijo Anna un poco incómoda.

-¡Oh! Sí, yo también. Ah, una última cosa, ten mi número - Elsa lo escribió rápidamente en un tiquet que tenía en el bolsillo de su cazadora. - Háblame por favor, y a ver si quedamos un día.

Elsa le guiñó un ojo y tras la promesa de Anna de que le hablaría se marchó igual que vino.

La pecosa miró el papel que contenía los seis números que serían su contacto con Elsa. Le dio la vuelta y vio que era un tiquet que contenía material, un par de lápices, reglas, rotuladores, etc. Solo esperaba que no tuviese que devolver nada a la tienda. Se lo metió en el bolsillo sonriendo y entró en su edificio.

Elsa miraba el móvil cada cinco minutos esperando el mensaje de la chica con pecas, esas pecas que pintaban su rostro, que enmarcaban sus ojos, esos ojos entre verdes y azules, que parecía que la observaban desde sus recuerdos... Elsa sacudió su cabeza intentando echar esos pensamientos.

-Tengo que hablar con Mérida. - Pensó.

-¡Señorita Elsa!

-¡Sí!

Elsa pegó un salto y se puso de pie por culpa del grito. Su profesora de cálculo la miraba ceñuda y cruzada de brazos. Las miradas del resto de sus compañeros también estaban puestas en ella.

-Estaba preguntando a sus compañeros cuál era al siguiente paso de esta operación, y ya que ninguno ha sabido responder esperaba que la alumna estrella pudiese hacerlo, si es que no interrumpo nada importante.

-Mierda - maldijo mientras se mordía el labio.

Se había evadido tanto de la clase que ahora la enorme pizarra estaba llena de números y símbolos. La chica de pelo platino pasó sus ojos por cada uno de ellos a una velocidad de vértigo mientras los procesaba.

La profesora movía el pie con impaciencia esperando su respuesta y rezando porque se equivocase y así poder henchirse de orgullo. Elsa no era apreciada por algunos de sus profesores, porque la muchacha no parecía tener dificultad alguna con sus asignaturas, y eran de esos profesores que les gusta ver sufrir a sus alumnos.

-¿Y bien?

-Pues... La verdad es que el último paso es incorrecto, debería de ser veinticuatro, no treinta y siete pi, como está ahí. - Dijo con voz altiva.

A Elsa tampoco le caía bien su profesora de cálculo, le había estado haciendo la vida imposible desde que había entrado en la carrera, así que le hacía quedar mal siempre que podía.

-Por lo tanto - continuó con una sonrisa ante la cara de incredulidad de la mujer - el siguiente paso debería de ser la raíz cuadrada de veinticuatro pi por siete con ochenta y tres, todo dividido por cero con trescientos setenta y ocho, señorita.

Tras un corto silencio y después de comprobar que Elsa no se equivocaba, la profesora la miró con una sonrisa falsa.

-Muchas gracias por darse cuenta, tan excelente como siempre, ya se puede sentar. - Masculló entre dientes y con un profundo desdén.

La chica, triunfante, tomó asiento de nuevo bajo las miradas llenas de diversión de sus compañeros. Todos adoraban este tipo de situaciones, puesto que todos odiaban profundamente a esa mujer.

Al llegar la hora de salir de clase Mérida y Mulán ya estaban esperándola fuera. Muchos de los compañeros de Elsa se le acercaban y le decían cosas como "Bien hecho" o le daban palmadas en la espalda. Es cierto que muchos de los que se acercaban otras veces le habían dirigido a Elsa miradas envidiosas, pero la respetaban, porque nadie era capaz de ridiculizar a los profesores como ella y les caían igual de mal que a la chica.

-¿Qué has hecho ahora niña genio? - Le preguntó Mérida a la vez que Mulán arqueaba una ceja.

-La bruja ha querido joderme y yo la he jodido a ella. - Se encogió de hombros y se dirigió hacia la biblioteca de la universidad seguida de las otras dos.

Más tarde, haciendo un descanso en la cafetería de la biblioteca, Elsa se tomaba su café con hielo, aun estando en febrero, junto con Mérida y Mulán.

-¿Sabéis? - Dijo mirando los hielos bailar sobre la superficie del café. - No soy capaz de sacarme a Anna de la cabeza.

En ese instante sus dos amigas se miraron con el ceño fruncido, cuando volvieron la vista hacia delante Mérida puso los ojos en blanco y Mulán suspiró.

-¿Qué? - Dijo Elsa con tono molesto.

-Elsa, a ver cómo te lo digo...

-Que siempre haces lo mismo, eso es lo que te pasa. - Interrumpió Mérida a Mulán mientras le daba un mordisco a un trozo de bizcocho.

La cara de no saber de qué hablaban de la peliblanca hizo que su mejor amiga pusiese los ojos de nuevo en blanco.

-¿De verdad no tedas cuenta? Cada vez que conoces a una chica que entra dentro de tu tipo te dedicas a seducirla, cosa que no te suele costar mucho, aunque sea lo que más te gusta, y después durante un par de semanas es la niña de tus ojos, la mimas y le das todo lo que pide. Luego pueden pasar varias cosas, una de ellas es que te aburras, lo que termina la relación. Otra es que la otra persona empiece a tener sentimientos por ti, lo que acaba con un corazón roto por parte de la chica, ya que nunca vuelve a saber de ti. Eres demasiado Casanova. - Le explicó Mulán.

-Y esto lo haces siempre, vamos, el 99'999... por ciento de las veces. No eres capaz de volver a enamorarte y hasta que no salgas de ese patrón jamás lo serás.

Mérida siempre era algo dura cuando se trataba de decir verdades como casas, ya que pensaba que una buena dosis de cruda realidad era lo mejor para abrirle los ojos a alguien, y aunque doliese Elsa tenía que admitir que sus amigas tenían razón y se preocupaban por ella.

Pero no sentía que lo que le pasaba con Anna le hubiese pasado antes, es como si la conociese de hacía mucho tiempo.

¿Qué pasará? ¿Le hablará Anna, no le hablará? (Si no le habla fijo que Elsa se recorre toda la facultad de psicología en su búsqueda, asinque)

HORA DE REVIEWS (Que sepáis que me hace siempre mucha ilu recibir reviews :/3)

Zucukaka:

La verdad es que Hans es un verdadero capullo, y temo advertir que no será fácil para Anna deshacerse de él. Pero bueno, eso lo dejamos para otro cap. Hasta pronto :3

And that's all folks, nos vemos con el próximo cap de este fic que solo espero que no se me vaya de las manos y acabe durando 12328612 capítulos xD

Bisuuuus. (^3^)~

Yomi.