CAPÍTULO 7
-¡Anna! – iba gritando Kristoff mientras subía por las escaleras –, ¡Anna!
Una Mulán seria se encontraba frente a la puerta cerrada de la habitación de su hermana como si de un guardia se tratase. Estiró la mano para alcanzar el pomo, pero ella lo agarró suavemente de la muñeca y negó con la cabeza.
-Creo que no es el momento, sé que es tu hermana, pero deja que Elsa le ayude.
El rubio se debatió internamente, sabía que la presencia de la otra chica probablemente le hiciese bien, pero no podía evitar sentir un nudo en el estómago.
Dentro de la habitación la situación que Elsa estaba viviendo era surrealista, no entendía el comportamiento de Anna.
-¿Pero tú estás chiflada? ¡Te acaba de violar!
La chica pelirroja daba vueltas alrededor de la habitación teniendo una lucha en su cabeza. Sí, era plenamente consciente de que algo no funcionaba bien con ella.
-Tú no entiendes nada, no es culpa suya, no lo es… – repetía como si fuese un mantra.
-¡Claro que no! No fue culpa suya pegarte hasta destrozarte la cara, y tampoco era su intención obligarte a… a… ¡Ugh! Asqueroso hijo de puta – Elsa se estaba cabreando muchísimo por la actitud de Anna –. ¡Claro que no lo fue! – su voz estaba cargada de sarcasmo.
Cuando Anna se paró para mirarle sus mejillas estaban empapadas de lágrimas y sus preciosos ojos aguamarina estaban completamente por el color rojo de tanto llorar.
-Elsa, no sabes cuánto te agradezco lo que has hecho por mí, de no haber llegado no sé qué habría pasado hoy conmigo – con esta frase Elsa se relajó un poco y dio un paso para acercarse a ella, pero la chica se apartó dejando claro que no quería que lo hiciese –. Pero sencillamente esto es demasiado grande para que lo comprendas, lo siento.
Con esas palabras Elsa supo que no era bienvenida en esa habitación por el momento, así que con una última mirada salió de allí. Al salir al pasillo no vio a nadie, así que bajó por las escaleras al piso de abajo y luego se guió por la única luz encendida que salía de una perta. Al llegar se encontró con Mulán, Kristoff y Shang sentados en la mesa de la cocina con una taza entre sus manos. Al verme el hermano de Anna se levantó de golpe de la silla y me miró angustiado. Sus ojos me interrogaban, me preguntaban por el estado de Anna. Yo suspiré y negué con la cabeza, sentándome con ellos.
-No está bien… y no la entiendo…
-Yo… algo entiendo, no es la primera vez que pasa… sabía que iba a acabar mal, que no podría…
-¿Qué no es la primera vez? – preguntó alterada Elsa – ¿Qué cojones os pasa? ¿Ese gilipollas fuerza a tu hermana y no haces nada? – su voz era fría como el hielo, pero cortaba como un cuchillo.
-¡Ya lo sé ¿vale?! Pero ella estaba empeñada en salvarlo – los puños de Kristoff estaban cerrados con tanta fuerza que le temblaban.
-¿Salvarlo? ¿Qué quieres decir? – preguntó Mulán algo más calmada que Elsa, pero queriendo comprender la situación.
Kristoff cerró los ojos con fuerza e inspiró hondo, al volverlos a abrir comenzó a hablar.
-Hans fue la razón por la que Anna decidió estudiar psicología – en su voz se notaba que hablar sobre esto le dolía –. Cuando comenzaron a salir apenas se conocían, a ella le gustó su galantería, su labia… se enamoró de la idea del amor, pero después de unos meses la verdadera personalidad de Hans salió a la luz. Todo empezó al poco tiempo, él siempre le reclamaba que saliese con sus amigas en vez de con él, al principio como si estuviese dolido, más tarde como si ella lo estuviese traicionando. Hizo creer a Anna que de verdad lo estaba dejando de lado, así que cada vez se veía con menos gente. Sus amigos dejaron de llamarla hartos de que ni siquiera les cogiese el teléfono – hizo una pausa con el rostro compungido por la tristeza –. A los seis meses ya estaba completamente sola con el monstruo de Hans. Un tiempo más tarde empezó a ver en mí una amenaza, al no ser hermanos de sangre decía que no le parecía bien que Anna y yo viviésemos en la misma casa – ante esto último las dos chicas lo miraron con extrañeza.
-Kristoff es adoptado – se apresuró a aclarar Shang sin dejar de mirar la taza.
Ya conocía la historia y el dolor que esta provocaba a su amigo. El rubio asintió con la cabeza y siguió hablando.
-Cuando él se lo echó en cara a Anna ella no pudo tolerar esas insinuaciones que no eran más que una sarta de mentiras y la dijo que solo se estaba montando una paranoia, aquí comenzó la siguiente fase de lo que llevó a Anna a ser una mujer maltratada. Cuando escuchó esto le pegó. Solo fue un golpe, pero suficiente como para que Anna se diese cuenta de todo lo que estaba haciendo. Pero seguía pensando que estaba enamorada, así que decidió que lo ayudaría a cambiar. El tiempo pasó y Hans solo se volvía más violento y posesivo, tanto que Anna no podía air a ningún sitio sin él aparte de a clase, solo en fechas señaladas en las que Hans se va con su familia durante varios días Anna se atreve a salir, por ejemplo, cuando nos conocimos – su vista se volvió a enfocar en nos otros chicos que compartían la mesa con él, saliendo de su trance –. Ahora… ahora dice que ya no le quiere, que no está enamorada de él, pero aun así sigue queriendo ayudarle y yo lo único que quiero hacer cada vez que le veo es pegarle una paliza de la que no salga vivo, pero yo no soy así, ya no… - se calló dando por finalizada la historia.
Las dos chicas quisieron saber a qué se refería con la última frase, pero consideraron que ya había sido suficiente por esa noche.
Kristoff se despidió de ellos en la puerta, Anna no había salido de su habitación y dudaban de que lo hiciese antes del día siguiente. Ninguno habló a la vuelta a casa, cada uno estaba sumido en sus propias cavilaciones, y aunque Elsa ahora sabía por qué Anna se comportaba como lo hacía, seguía sin comprenderlo. Sí, Hans tenía un serio problema mental, pero no era de esos de los que se curan con un par de visitas al psicólogo, es algo por lo que la gente como él recibía condenas y un psiquiatra en la cárcel les intentaba reformar.
Al llegar a su piso se tiró en la cama y algo se clavó en su muslo, era su móvil. Lo intentó desbloquear, pero se le había acabado la batería así que lo enchufó a la corriente. Al encenderlo empezó a vibrar y no paró de hacerlo hasta después de casi un minuto, le asaltaban notificaciones tanto de llamadas perdidas, como de whatsapp, como de SMS. Sus amigos habían intentado todos los medios para contactar con ella.
Abrió el whatsapp con miedo de lo que podía encontrarse, los primeros mensajes que habían mandado había sido por un grupo, solo había unos pocos, preguntando tanto por ella como por Mulán. El resto de chats ya era otra cosa, Jack y Olaf le habían intentado localizar y cada uno le había mandado una cifra superior a los cincuenta mensajes, pero la que se había llevado la palma era Mérida, ciento cincuenta mensajes, decena arriba decena abajo. Los mensajes iban pasando por diferentes estados, al principio solo preguntaban por curiosidad ya que llevaban un rato son vernos, luego pasaban a denotar preocupación y a la vez empezaba a haber llamadas perdidas, de las cuales también había un porrón. Los chicos se quedaron ahí, pero no, Mérida llegado cierto punto se había empezado a cabrear, hasta llegar al punto de decirle que la olvidase, que después de eso no quería volver a ser su amiga, solo para, apenas diez mensajes después le dijese que no, pero que estaba muy preocupada por ella. El último mensaje que tenía lo acababa de recibir y era de Mulán.
Mulán: A ti también te han petado el móvil hasta casi hacerlo explotar verdad?
Elsa: Sep, Mérida me va a cortar en pedacitos
Elsa: Voy a llamarla, pon tú un mensaje por el grupo de que estamos vivas por favor, gracias
Salió de la aplicación y se metió en sus contactos para llamar a Mérida, esperaba que todavía siguiese despierta y del suficiente buen humor para no pasar de contestar a su llamada. Justo cuando pulsó sobre su nombre el timbre de la puerta sonó y al abrir se encontró con una Mérida con el maquillaje corrido que se abalanzó sobre ella mientras su móvil sonaba con el tono provocado por la llamada de Elsa. Esta última le devolvió el abrazo a su mejor amiga sin preocuparse de colgar, dejando que sonase el contestador automático.
-¿Dónde mierdas te habías metido? ¡Estúpida! – le recriminó sin soltar el abrazo –. He tenido que coger dos autobuses nocturnos para llegar hasta aquí para comprobar que estabas bien porque lo siguiente que se me ocurría era ya ir a la policía.
-Lo siento mucho Mérida… ven, siéntate, tengo que contarte muchas cosas – al final se separaron y Elsa cerró la puerta para que por segunda vez en esa madrugada la misma historia fuese contada.
Hola. No tengo perdón. Probablemente los que me siguen ni siquiera recuerden de qué carajo va la historia por el tiempo que tardé en actualizar. Y después de tirarme más de medio año sin dar señales de vida por este fic ni siquiera os ofrezco uno de la mejor calidad. Solo quiero decir que lo lamento mucho y que no tengo excusa aparte de que mi imaginación quedó tan ausente que lo último que estoy subiendo es una adaptación de un libro a la pareja Korrasami (si os gusta la pareja pasaos, ese no me tardo tanto en subirlo, total ya está escrito, yo solo lo edito :") )
Para los que continúan siguiendo esta historia, solo daros las gracias por aguantarme tanto. Os quiero gentecilla mía. En este cap no hay hora de reviews porque… bueno, porque no hay ninguno para contestarlos jajaj. Espero leernos pronto y no de más de medio año en más de medio año.
Bisu! (^3^)
Yomi.
