CAPÍTULO 8
Anna estaba fregando los platos de la comida cuando el timbre empezó a sonar insistentemente, el primer pensamiento que se le vino a la cabeza fue que podría ser Hans y eso la asustó de sobremanera ya que estaba sola, pero algo entre el pánico de su cabeza le dijo que no era posible, el juego de Hans no era ese, solía tardar algo más en regresar después de estos ataques para darle falsa seguridad a la chica y luego volver a hundirla. Así que se acercó a la entrada y abrió la puerta, dejando ver a quien estaba al otro lado.
Elsa vio la sorpresa en los ojos de la pelirroja, obviamente no se esperaba que fuese a ir hoy a su casa. Había pensado en llamarla, pero seguramente que si hacía eso la chica se rehusaría a verla y no podría poner en marcha lo que había planeado.
-Hola – dijo simplemente sonriéndole.
-Ho-hola… ¿qué haces aquí? – preguntó confusa.
No pudo evitar mirarla de arriba abajo, llevaba un abrigo abierto dejando ver una blusa verde oscuro, del color de los pinos, que resaltaba sus ojos y unos vaqueros de un azul claro, casi desvaído. Su atuendo finalizaba con unas converses blancas impecables, no entendía cómo podía mantener limpios esas zapatillas.
-He venido a llevarte al cine.
-Elsa… No me apetece salir…
La rubia esperaba estas palabras, era completamente normal que Anna quisiese estar encerrada, pero ella no lo iba a permitir, hacía unas noches, mientras hablaba con Mérida se había propuesto que se olvidase del malnacido de Hans, ese hombre no se merecía la ayuda que pudiese ofrecerle Anna, Elsa solo quería verlo entre rejas. Pero respetando el deseo de la chica, al igual que su hermano, prefirió no decir nada, aunque eso no significaba que iba a estar pegada a los zapatos de Anna para que "eso" no se le volviese a acercar. Su mejor amiga le dijo que se estaba metiendo donde no la llamaban, pero conocía a Elsa y aunque esto acabase autodestruyéndola no daría marcha atrás.
-Venga, ¡por favor! Te dejo elegir la película que quieras, ¡y compraré palomitas! – siguió intentando sin rendirse, sabía que sería complicado.
-Hmmm… ¿y chocolate? – dijo con un pequeño brillo en su mirada, pero sin estar completamente convencida aún.
-Todo el que quieras – le respondió sabiendo ganada la batalla y riendo de la sonrisa que había aparecido en la cara de Anna ante su promesa –. ¿Me invitas a entrar mientras te arreglas?
-¡Oh!, sí, por supuesto, perdona – dijo sonriendo y abriendo rápidamente la puerta mientras se intentaba colocar la maraña de pelo aplastándolo con las manos –. ¿Qui-quieres un vaso de agua? – le ofreció sin saber muy bien a dónde mirar.
-Me encantaría – Elsa sonreía con la actitud tierna de la chica, a veces parecía una niña pequeña.
Tras darle el vaso de agua y dejarla en la cocina salió corriendo a su cuarto para cambiarse rápidamente e intentar arreglarse el pelo. Como no le daba tiempo a ducharse acabó enrollándolo en un moño del que no quedó del todo satisfecha, pero al menos no parecía que había metido los dedos en un enchufe.
Elsa al escuchar a Anna bajar las escaleras terminó la conversación que estaba teniendo con Mérida por whatsapp y bloqueó el móvil a tiempo para levantar la vista y ver entrar a la pelirroja vestida con un vestido por encima de las rodillas, tenía un escote recto que dejaba sus hombros al aire y la manga era francesa, cortando justo por debajo de sus hombros. Era rojo granate. Como hacía frío en la calle se había puesto unas medias negras con unos botines planos y en la mano llevaba un abrigo largo, el cual seguramente le llegase por las rodillas.
-¿Nos vamos? – tuvo que preguntar mientras se ponía un fino pañuelo negro al cuello, Elsa se había quedado mirándola y se le había olvidado levantarse.
-Eh… sí, ya voy –dijo pestañeando un par de veces para volver a la realidad y se levantó rápidamente dirigiéndose a la puerta.
Sin ponerse el abrigo salió a la calle para abrirle la puerta de su coche a Anna la cual al verlo también pasó de ponerse el abrigo y directamente con un gracias se sentó en el asiento del copiloto. Con paso ligero Elsa dio la vuelta al coche para entrar al sitio del conductor y puso rumbo al centro comercial más cercano. Con la radio de fondo tenían una conversación amena sobre cosa triviales, la clase de charla que en esos momentos Anna necesitaba, en un momento le dijo a Elsa que iba a llamar a Kristoff para decirle que había salido y que no se asustase por no verla en casa.
El viaje se hizo corto, la chica pelirroja tenía que admitir que estar con Elsa era como una especie de bálsamo, estaba segura de que si hubiese sido cualquier otro el que le hubiese propuesto ir al cine se hubiese negado con más vehemencia. No sabía exactamente qué había en cartelera, así que después de dejar el coche en el parking del centro comercial subieron a la zona de cine, en la que Anna se quedó mirando un rato los carteles de las películas sin saber muy bien qué elegir. Al final optó por una que se llamaba Baby Driver, para sorpresa de Elsa.
-¿Sabes que es de coches y robos y esas cosas no? – le dijo cuando se pusieron a la cola para comprar las entradas.
-Sí, ¿por?
-Uh… no sé, pensaba que erías más de moñadas o comedias románticas – dijo con media sonrisa, pero poniendo una expresión culpable.
Anna se rio con ganas ante el comentario de la otra, mientras que Elsa se sentía avergonzada por haber juzgado sin saber.
-No te preocupes, es normal, lo parece ¿verdad? Pero no, hace mucho que dejé esa etapa atrás, no voy a negar que hace unos años que tragaba todas esas películas, pero ahora me parecen más de sobremesa que cosas que ir a ver al cine – dijo, y aunque había querido disimularlo un haz de tristeza había oscurecido por un momento su mirada –. Aparte, según creo esta película tiene bastante buen sonido, había que verla aquí – añadió.
Después de comprar las entradas fueron a la zona de comida, Elsa normalmente no pillaba comida del cine, no podía perder más riñones de los que tenía, pero supuso que en esta ocasión no pasaba nada por dejar que le exprimiesen el bolsillo. Así que aparte de un cubo grande de palomitas y dos refrescos, compró un par de barritas de chocolate con oreo, cumpliendo la promesa que le había hecho Anna.
Al dirigirse a las salas un chico con uniforme y gorra les pidió las entradas, rompiéndolas por la mitad y dándoles paso señalando la sala en la que se proyectaba la película.
Dos horas después las luces de la sala se encendieron mientras los créditos seguían subiendo por la pantalla, Elsa tenía que reconocer que había merecido mucho la pena dejar elegir a Anna, la película había sido espectacular y tenía razón, en el ordenador de casa no hubiese disfrutado ni la mitad del sonido.
Iban comentando la película mientras salían de allí cuando Elsa al mirarla se topó con sus hombros y cuello al descubierto y las miles de pequitas que los surcaban, le pareció que tenía la vía láctea tatuada en su piel y quiso trazar un mapa entre las estrellas.
-¡Elsa!
Ya era la segunda vez que la rubia se quedaba en su mundo esa tarde, y toda la culpa la tenía la muchacha frente a ella, que se encontraba a un par de pasos de distancia. Anna sonreía, sabía perfectamente el efecto que tenía sobre Elsa y eso le encantaba.
-¿Has visto algo que te guste? – dijo dando una vuelta sobre sí misma, como mostrándose ante ella para que la observase bien.
-¿De ti? – le preguntó casi con la boca seca –. Sería más rápido que te dijese si hay algo que no me gusta.
Elsa se acercó a Anna lentamente, pero quemándola con la mirada de esa manera que solo el hielo puede hacer. La pelirroja no retrocedió y tampoco dio señales de querer pararla, así que posó sus manos a ambos lados de su cintura y se acercó a ella, quedando sus cuerpos a tan poca distancia que ambas podían sentir el calor que irradiaba la otra. Elsa empezó a acercar su rostro al de Anna, con los labios entreabiertos, por lo que la chica podía sentir su aliento fresco en la piel. Notando que Elsa dudaba, la pelirroja eliminó lo poco que quedaba para que sus labios se juntasen y pasó sus brazos alrededor del cuello de la rubia, pegándose más a ella.
No era un beso necesitado, tampoco fue delicado, ni rudo, solo era el beso perfecto para ese momento. Anna no pensaba en Hans al besar a Elsa, era algo completamente diferente, ni siquiera se parecían a los del chico cuando empezaron la relación, con él siempre sentía que debía de estar debajo de él, a su merced, eran posesivos y parecían solo pensar en su propia satisfacción. Pero con Elsa… con la rubia no se veía obligada a hacer nada que no quisiese, el ritmo lo marcaba ella y había algo que con Hans jamás tuvo, respeto.
Fue Elsa la que se separó primero, puesto que conocía perfectamente la situación de la pelirroja, aparte ella desde el beso que le había dado el día de la fiesta antes del nefasto acontecimiento, lo que quería era algo más que besos, cosa que sabía que Anna no estaba preparada para afrontar. La chica le gustaba, no quería joderla por sus ansias primitivas. Subió las manos por los costados de la chica y las dejó puestas sobre sus hombros, acariciándolos, deleitándose por la suavidad de su piel.
Pero el sistema de avisos del centro comercial rompió el momento, diciendo por megafonía que el centro comercial estaba a punto de cerrar sus puertas, así que sonriéndose con complicidad ambas chicas se dirigieron al parking para acabar lo que había sido una de las mejores tardes que había pasado Anna desde hacía mucho tiempo.
Y hasta aquí lo de hoy, aunque he resubido el capítulo uno, para disculparme por ser tan despistada he querido subir este también, espero que os haya gustado, Elsa y Anna avanzan, a Elsa le gusta Anna y viceversa pero aún no se puede hablar de amor. Veamos cómo sigue esto porque mi cabeza me puede llevar por caminos inesperados hasta para mí jaja.
¡Y hoy sí que hay Hora de Reviews!
mblaqplus02: me alegro de que la sigas tan fielmente, yo también soy de las que siguen historias y esperan, aunque el autor lleve siglos sin subir, en el fondo los entiendo ajajaja. Lo que no me gusta es cuando definitivamente la dejan a medias y bueno, es que duele en el kokoro, dejar las cosas a medias nunca es bueno (if you know what I mean ewe)
