Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen.
CAPÍTULO 11
Elsa se había enterado de lo ocurrido con Anna por Kristoff, le había mandado varios mensajes a lo largo de todo el día pero ninguno había sido contestado. Anna nunca la había dejado en visto y estaba muy preocupada. Hubiese ido a su casa a buscarla, pero el rubio le había dicho que Anna le había hecho prometer que no dejaría que Elsa fuese a verla. Solo esperaba que al día siguiente fuese a la universidad y pudiesen verse y hablar.
Por su parte, Anna lo último que quería era ver a la rubia, así que aquella mañana se vistió rápido, sin preocuparse demasiado por su atuendo, que acabó siendo una sudadera roja con el logo de Hogwarts (obvio que era Gryffindor, era capaz de darlo todo por los demás), unas mallas negras y unas deportivas planas blancas. Salió muy temprano de su casa para no cruzarse con ella a la entrada de las clases, por desgracia para llegar a su edificio tenía que pasar antes frente al de arquitectura. Si hubiese sido por ella no hubiese ido a clase ese día tampoco, pero no podía estar saltándoselas constantemente, resentirían sus notas demasiado.
Cuando entró por el portón de la universidad le entró la ansiedad, se sabía de memoria los horarios de Elsa y entrando a esa hora era más que imposible que se le cruzase. Pero aun así no podía evitar estar alerta. Lo que temía no era encontrarse con la muchacha y sentir tanta ira que explotase. No, lo que más miedo le daba era que aun sabiendo lo que había descubierto, se siguiese perdiendo en sus ojos cristalinos y en su suave voz.
Caminaba con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, tenía la sensación de que así pasaría desapercibida por todos, no cruzaría miradas con nadie y así nadie la miraría a ella. Solo que el viejo truco de "si no los veo, no me ven", no funciona demasiado bien. Una mano se posó en su hombro, llamando su atención y haciendo que su corazón saliese corriendo de su pecho. Al girarse no esperaba ver unos ojos de un azul más oscuro que los de Elsa, enmarcados por unas cejas pelirrojas. Sumándole la pelambrera rojiza y rizada al conjunto se encontró con que la que había parado su camino había sido Mérida, la mejor amiga de la rubia platinada.
-Hey… - nunca había hablado mucho con aquella chica, y la verdad es que su mirada y su ceño fruncido intimidaba demasiado.
-Anna, solo te lo voy a decir una vez. Como hagas daño a Elsa voy a ir tras de ti, y te juro que Hans no será nada comparado conmigo.
Estas palabras hicieron estremecer a la menor, ya no solo por la amenaza, si no que no sabía qué podría pasarle que fuese peor que Hans.
-Entiendo que tengas tus problemas, pero Elsa estuvo ayer muy preocupada por ti, y tú ni siquiera te dignaste a decirle que no te apetecía hablar, simplemente pasaste de ella – continuó Mérida -. Sea cual sea la relación que tengas con ella, le resultas importante, así que o cortas por lo sano o haces las cosas bien.
Y sin dejar que Anna respondiese a sus duras palabras se giró y se dirigió a su propio edificio. Pero el sentimiento que le provocaron no fueron de culpa, el enfado bullía en su interior e iba in crescendo. ¡Que había pasado de ella! ¿Cómo se atrevía a reclamar la atención de alguien después de haber hecho lo que le hizo a Anna? ¡Le había abandonado! ¿Cómo se podía ser tan caradura e hipócrita? Su miedo anterior empezó a desaparecer, tendría que estar loca para caer en los brazos de su propia hermana después de aquello.
Las clases comenzaron y aunque trataba de poner atención el tema siempre estaba presente, como un zumbido molesto. La profesora no dejaba de hablar de que el trabajo que tenían que entregar al día siguiente era muy importante, y Anna solo quería pegarse un tiro, al final el día anterior no había hecho nada de provecho y tendría que terminarlo esa misma tarde si no quería una nota negativa. Llegada la hora la maestra recogió sus papeles y dio por finalizada la clase. Ese día Anna solamente tenía aquella asignatura, así que podía irse a su casa y estar a salvo del riesgo de encontrarse con Elsa. Si no recordaba mal ahora mismo debía de estar en medio de una clase que no acabaría hasta un par de horas después, así que salió como alma que lleva el diablo, no pensaba arriesgarse.
Estaba saliendo por la puerta del edificio cuando se quedó paralizada bajo unos ojos azul hielo que la observaban. A pesar del atuendo simple de la chica, a Elsa le pareció que estaba preciosa. Anna estaba tiesa como un palo y no se apartó cuando Elsa se acercó con rapidez a ella y la envolvió con sus brazos, atrayéndola hacia su cuerpo. Anna pensó lo curioso que era que la chica no desprendiese el calor que un humano normal tendría, era como si su temperatura normal estuviese unos cuantos grados por debajo de la media. Se revolvió un poco en el abrazo, incómoda. Estaba frustrada, aunque se había esforzado por no encontrarse con la rubia, al final no había conseguido evitarla, debía de haber nacido bajo una mala estrella.
-Estaba preocupada por ti, Anna… – dijo sin apartarse de ella, oliendo su cabello, que tenía un aroma a fresas.
Elsa había estado esperándola antes de entrar a sus clases frente al edificio de la pelirroja. Dado que siempre llegaba justa de tiempo, no le pareció raro que cinco minutos después de que las clases de Anna hubiesen empezado no hubiese aparecido aun. Miró el móvil y vio que tenía un mensaje de Mérida que le decía que la había visto llegar a la misma hora que entraba ella, es decir, bastante temprano.
La rubia sabía que Anna no saldría hasta tres horas después, así que se fue hacia su propio edificio. Aunque a ella la salida de Anna le pillaba en medio de una clase de El Pelos, y no le hacía ni pizca de gracia que le interrumpiesen, cuando quedaban unos minutos para ello salió sigilosamente del aula, intentando que su presencia se notase lo menos posible. Tampoco le gustaba saltarse clase, era una persona bastante responsable, pero por Anna rompía sus propias normas.
Y allí se encontraba, abrazando a la chica que parecía bastante tensa bajo su contacto. Aquello le preocupó y se separó de ella. Anna no la miraba en ningún momento, si no que se miraba las manos, o sus zapatillas. Giraba la cabeza o miraba hacia ella, pero en algún punto detrás de la rubia, nunca directamente a Elsa.
-Ya… yo… tengo muchas cosas que hacer, ya nos veremos – y salió huyendo tan rápido que a Elsa no le dio tiempo a reaccionar.
¿Le había hecho algo? Anna nunca se había comportado así con ella. Quiso salir tras la pelirroja, pero simplemente se abrazó su propio torso. Los ojos le picaban, quería desaparecer. Así que salió corriendo de allí, dejando de lado el resto de clases que le quedaban en el día. Siguió corriendo hasta que llegó a una pequeña arboleda que se encontraba en una urbanización. La había encontrado por casualidad un día como aquel en el que la desesperación había podido con ella, era muy complicado encontrar este tipo de oasis de naturaleza en pleno centro de Madrid. Y los que había, como El Retiro o La Casa de Campo, siempre estaban llenos de gente. Ella necesitaba aquella soledad que le brindaba estar entre aquellos pinos y fresnos.
Justo en el centro había un gran sauce llorón, las raíces sobresalían de la tierra, creando huecos en los que cabía perfectamente una persona. Elsa atravesó la cortina formadas por las ramas de aquel gigante de la naturaleza y se acurrucó en uno de esos huecos. En ese lugar se sentía protegida, era como si fuese otra realidad fuera del mundo.
Anna llevaba las mejillas completamente rojas ya que había estado corriendo durante más tiempo del que recordaba haber corrido nunca. Lo había hecho sin sentido, sin dirección alguna, puesto que cuando alguien quiere huir sin importar el qué, el dónde acabará es poco relevante. Vio una parada de metro y decidió meterse en ella. Se encontraba dentro de un llanto descontrolado, de esos que no te dejan respirar. No esperaba que ver de nuevo a la rubia, que sentir su toque, le afectaría tan intrínsecamente. El torrente de sentimientos le había invadido tan repentinamente y a tal velocidad que su única reacción posible fue escapar lo más rápido posible.
Ahora que se había parado y podía dejar espacio a sus pensamientos y no solo al evitar que sus piernas dejasen de moverse, se vio invadida de nuevo. No lo entendía, no entendía por qué aquello se había apoderado de ella. En el momento en el que sintió el cuerpo de Elsa pegado al suyo solo quiso abrazarle, dejarse llevar como había estado haciendo durante las últimas semanas. Quiso volver a sentir los labios de la rubia sobre los suyos propios. Quiso regocijarse en el hecho de que tenía a aquella increíblemente bella mujer solo para ella.
El miedo con el que había salido de casa esa mañana se había hecho realidad, y no era eso lo que le sorprendía. Había sido la fortaleza de aquellas sensaciones, como si estuviesen ancladas con pilares a lo más profundo de su corazón, eso había sido lo que le había hecho alejarse como alma que lleva el diablo. Y no pudo evitar pensarlo. Se había enamorado de Elsa. En cuanto esa afirmación cruzó su mente, un latido más fuerte que el resto le llamó la atención. Se había enamorado de Elsa y su corazón lo sabía.
Tomó una decisión que, aunque posiblemente no lo hubiese pensado mucho, era la única que podía llevar acabo sin acabar rota. Elsa no era su hermana. Su hermana había muerto el mismo día que decidió abandonarla, podía compartir lazos de sangre con ella, pero nada más, aquello no la convertía en su hermana de verdad. Esta Elsa era otra persona. Una persona atenta que se preocupaba por ella, una persona con la que no tenía ningún lazo familiar. Y con esa determinación decidió olvidarse de los papeles que seguían guardados en algún cajón de su habitación. Con esa determinación se levantó del asiento del vagón del metro en el que estaba y se bajó del mismo en cuanto paró en la siguiente estación, dispuesta a arreglar lo que ella misma había causado.
Marcó el número de Mulán, era el único contacto que tenía guardado que tuviese algo que ver con Elsa, estaba segura que después de su comportamiento Elsa no seguiría en el campus.
-¿Anna? – respondió una voz al otro lado del auricular.
-Mulán, necesito tu ayuda, si fueses Elsa y te hubiesen hecho mucho daño ¿dónde irías?
El silencio se hizo en la línea, no sabía si estaba pensando o si es que no pensaba contestarle.
-Hay una pequeña urbanización a un par de kilómetros de la universidad, si no me equivoco se llama Mountain. Cuando está muy mal suele ir a refugiarse a una arboleda que hay en ella, seguramente la encuentres en el sauce.
-Muchas gracias.
-Anna – le dijo antes de colgar –, por favor, cuida de ella.
Anna frunció el ceño y asintió con una mirada determinada, como si Mulán fuese capaz de verla. Puso el GPS para localizar el lugar donde, esperaba, estaba Elsa. Se fijó en que si daba la vuelta en la misma línea de metro en la que estaba había una parada a muy poca distancia del lugar que la asiática le había indicado. Cuando llegó no necesitó ayuda de la aplicación, pues el cúmulo de árboles se veía perfectamente desde donde se encontraba. Se encaminó a paso rápido, cruzando los dedos para que la rubia estuviese allí y que estuviese dispuesta a perdonarle.
La arboleda no era tan grande como para perderse, tenía un par de mesas con bancos que seguramente usarían los miembros de la urbanización para compartir una comida al aire libre con su familia. También se podían ver unos columpios de madera, usados pero cuidados, pensó que no le importaría vivir en un sitio con aquel. Encontró con facilidad el árbol que le había mencionado Mulán, era imposible no hacerlo, era el único de su especie en aquella arboleda y era inmenso. Al aproximarse sus oídos captaron un sonido que hizo que su corazón se encogiese como una uva pasa. Un sollozo. Elsa estaba llorando. La inseguridad comenzó a teñir su resolución, empezaba a sentirse muy mal por su comportamiento. Pero no podía volver a irse y dejar a su rubia en ese estado.
Apartó las ramas que la separaban del espacio en el que estaba Elsa con cuidado, no quería ser brusca y asustar a la chica. Cuando la vio quiso darse un millón de golpes, ¿cómo había podido ser tan estúpida?
Elsa levantó la cabeza al escuchar unos pasos lentos que se acercaban a ella, y cuál fue su sorpresa cuando descubrió a tan solo unos metros de distancia a la causante de sus lágrimas. No sabía qué decir, lo único que se le ocurría era pregunta cómo sabía ella que estaría en ese lugar, pero no era lo primordial en aquella situación, así que decidió dejarla hablar a ella primero.
Anna se vio reflejada en esos ojos que tanto le gustaban, que la perseguían entre sueños, ahora inundados por las lágrimas, y quiso ponerse a llorar ella también. Pero no podía, no se lo merecía siendo ella la que había lastimado a Elsa. Sin cambiar su posición se decidió a hablar, estaba nerviosa, una de sus manos arreglaba detrás de su oreja compulsivamente un mechón inexistente de su cabello, y no paraba de balancearse sobre la superficie de sus pies.
-Siento… – se le cortó la voz de repente y tuvo que tragar saliva – Siento mi comportamiento de antes.
Elsa la miraba escrutadora, no dejaba a mucha gente llegar hasta donde Anna había entrado, precisamente para ahorrarse el dolor y la decepción, así que únicamente quería saber una cosa.
-¿Por qué?
Aquella pregunta le pilló a Anna de improviso, la pelirroja no había pensado en qué iba a decirle, porque obviamente Elsa iba a querer saber el motivo de su actitud. Quiso golpearse. Ni loca le iba a contar que había descubierto que era su hermana. Su cerebro funcionaba a tal velocidad que casi podían oírse los engranajes.
-Pues… Cuando vino Hans ayer di cuenta de que no lo tenía superado para nada. No quise que tú tuvieses que compartir mi carga. Lo siento, no pensaba. Cuando… – Elsa se levantó de donde estaba y se acercó a Anna lentamente y esta empezó a ponerse más nerviosa – Cuando te vi esperarme preocupada volví a tener miedo de que estar conmigo fuese demasiado difícil y cuando te dieses cuenta me fueses a dejar, porque… vaya, porque tú eres una persona increíble, solo mírate. O sea, wow, y yo solo… Por dios, solo sé hacer desastres y…
A esas alturas ella ya estaba a menos de un paso de la pelirroja, cosa que hizo que se callase de golpe, no estaba segura de qué era lo que iba a pasar ahora. Anna no había mentido, al menos no del todo, sí que había pensado todo eso en alguna ocasión.
Elsa, a medida que se había acercado solo podía mirar los movimientos espasmódicos que Anna hacía cuando se ponía nerviosa. En el momento en el que empezó a desvariar con que era una persona increíble le dieron ganas de reír de ternura, pero se mantuvo igual de seria que cuando se levantó. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para poder chocarse con ella si alguna de las dos se inclinaba hacia delante, por fin consiguió que Anna la mirase a los ojos. Le encantaba ver cómo se le cortaba la respiración con tan solo estar cerca suya, llenándola de expectación. Cómo la pelirroja se perdía en sus ojos y se iba acercando a ella de forma casi imperceptible e inconsciente, que para cuando se daba cuenta casi rozaban las puntas de sus narices. Elsa disfrutaba ver cómo parecía ser una especie de imán para Anna.
Levantó la mano derecha, colocándola en el lateral de la cara de la pelirroja, pasando su pulgar lentamente por su pómulo. Dejó que Anna dejase caer el peso de su cabeza en ella y cerrase los ojos, disfrutando de la caricia. Posó la otra mano en la cadera de la chica, en un agarre firme y seguro, dándole a entender que ella la sostendría si necesitaba de apoyo. Y despacio, como si Anna fuese un animalillo al que fuese a asustar con sus movimientos, posó sus labios sobre los de ella. Fue lento, había sido el beso que más cariño había transmitido de todos los que se habían dado. Ambas chicas siempre disfrutaban del contraste entre ellas, los labios de Elsa siempre fríos, contra los de Anna que irradiaban el calor de un sol. Elsa siempre notaba que aquel calor la derretía. Anna que aquel frío le calmaba su siempre agitado corazón.
Anna puso las manos sobre las todavía húmedas mejillas de la rubia platinada ¿Cómo pudo pensar un solo segundo en estar sin ella? Si alguien la acusaba de esto diría que había sufrido un brote de demencia transitoria. Cuando se separaron, Anna rodeó el torso de la más alta y escondió su cabeza en el hueco de su cuello, su piel era tan suave y tersa, y su olor… era tan fresco…
Elsa también pasó sus brazos alrededor de los hombros de la pelirroja y se puso a jugar con los cortos mechones de pelo que sus trenzas no llegaban a recoger en su nuca. Eso provocó que Anna se convulsionase en una pequeña risa, porque aunque le gustaba, también le hacía unas ligeras cosquillas. Elsa también ensanchó su sonrisa, la risa de Anna le resultaba demasiado gratificante.
-Solo tengo una pregunta – la voz de Elsa rompió el cómodo silencio que había estado flotando alrededor de ellas –, ¿cómo me has encontrado?
Anna no se movió de su posición para responder.
-Mulán. Me dijo… me dijo que te cuidase…
-Entiendo… Recuérdame que le debo una a Ping.
-¿Ping?
-Es la parte masculina de Mulán.
En ese momento Anna sí se movió para mirar a Elsa extrañada.
-Ella es género fluido, aunque responde siempre al nombre de Mulán por evitar liar a la gente, nosotros ya sabemos diferenciar perfectamente cuando se identifica con cada género.
-¿Por qué sabes que cuando habló conmigo era Ping? – Anna se encontraba algo confusa con la reciente información, pero hizo esfuerzos para amoldar su cerebro a aquello.
-Ping… suele ser un poco más protector que Mulán.
-Dios… parece como si tuviese doble personalidad o algo.
Elsa se rió, era normal que estuviese algo perdida.
-No es así, Mulán sigue siendo ella todo el rato, solo que su carácter tiene ligeros tintes diferentes, nada más.
-Oookay… creo que lo comprendo, pero te voy a dejar hablar a ti antes siempre que le veamos, no quiero meter la pata… más de lo normal.
Elsa asintió con una sonrisa, le gustaba que Anna aceptase a todo el mundo tal cual era.
-Vámonos anda – entrelazó sus dedos con los de la pelirroja y tiró de ella para sacarla del refugio que presentaba el sauce –. Dudo que ya llegue a alguna de mis clases, así que vayamos a otro sitio.
-Sí, siento eso también – dijo poniéndose un poco roja por la vergüenza.
-Eh, no pasa nada, está bien. Estamos bien.
Aquellas últimas dos palabras llenaron el pecho de Anna, inflando su sonrisa que se hizo radiante. Definitivamente esa chica no era su hermana, esa chica no la abandonaría.
-¿Dónde te apetece ir?
-¡Quiero un helado de chocolate! – dijo entusiasmada, volviendo a ser la Anna cálida e hiperactiva de siempre, esa que a Elsa tanto le gustaba.
Holaaaas. Parece que últimamente estoy subiendo regularmente, espero no perder esta costumbre y volver a desaparecer, je… jeje… Bueno, se hará lo que pueda.
Decidme porfi lo que os ha parecido el capítulo, no tenía muy claro por dónde tirar y bueno, salió esto. Yo siempre hago los capítulos con mucho, mucho amor.
Ahora los reviews:
Luu7: Si los raros no existiesen los cuerdos se volverían locos, siempre se necesita a alguien que juzgar, asco de sociedad… Whatever, en cuanto al fic, la verdad es que si te ves el capítulo anterior, Anna, cuando su madre le pregunta si quiere un hermano, dice que ella ya tiene una hermana, lo he ido dejando caer con alguna coseja, pero sí, quería que fuese un poco bomba jaja. Por lo que parece, Elsa todavía no se va a enterar, la pregunta es, ¿lo hará por las buenas o de una forma no del todo agradable? Dios, soy una persona horrible jajajaja. Y la verdad es que por mí, Hans se puede pudrir en el infierno, ¡dejó morir a Anna! De no ser porque decidió dar la vida por su hermana, no se hubiese salvado, snif. Hasta luego, espero que te haya gustado el capítulo :3
Azu Rush: ¿Ya has terminado de asimilarlo? Jaja la verdad es que cuando empezó allá por el 2015 tampoco tenía pensado que fuesen hermanas, peeeero en dos años cambian muchas cosas, ña.
elsii: Me alegra que te esté gustando, y espero que lo siga haciendo jajaja
Shtorm Volkov: El sufrimiento de los personajes es lo que hace una historia, si todos fuesen felices y no tuviesen problemas… probablemente sería gratificante, pero aburrido jaja y la verdad es que yo a veces me paso de abusadora, debería de relajar un poco, que se me van a quedar secas de tanto llorar, uf. En cuanto a lo del parentesco, hay gente que ha sabido leer entre líneas, otros que no, me alegro que tu hayas sido uno de los que sí. Bienvenido y espero que te siga gustando mi locura de historia.
Y esto es todo, soy muy feliz cuando me avisa el correo de un nuevo review vuestro. ¡Nos vemos!
Bisu! (^3^)~
Yomi.
