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N/A 1: Imaginen a los personajes con los rostros y anatomías del "K.O.F. All Star"
N/A 2: K.O.F. y sus personajes son propiedad de SNK.
N/A 3: La canción en la cual está inspirado este Fanfic le pertenece al grupo musical: PXNDX. - Estrofa III, verso III y IV. Estrofa IV, verso I y II.
Amanecía. Pudo sentir su cuerpo debilitado yaciendo sobre el piso, aún esposado a sus muñecas. Con un dolor insoportable, abrió sus ojos lentamente; hubiera deseado no hacerlo. Desearía finalmente haber muerto por la maldición que corría a través de su sangre. Que injusta era la suerte.
—Hmp. —gimió, escupiendo a un lado tras levantar su torso del suelo.
Miró a sus alrededores; todo parecía estar en orden gracias a las medidas drásticas que había tomado la noche anterior.
Con una fuerza casi sobrehumana, el Yagami se fue colocando de pie, tambaleándose un par de veces al quedar erguido. El dolor por el cual pasaba cada vez que sufría el Riot Blood se iba agravando más y más. Iori estaba consciente de que su muerte sería tortuosa. Esperaba ese día con tantas ansias, ya que al menos algo bueno saldría de eso. Sí; las cosas estaban poniéndose peor.
Al liberar sus manos [con la ayuda de la llave], tomó una ducha. Una vez cambiado de diferente manera, no supo que hacer. No tenía fuerzas para ir en busca de Kyo, no tenía con quien ir aparte de Chizuru, no tenía ánimos para ensayar con su grupo; realmente no tenía ganas de nada. Todo era tan confuso, molesto, aburrido.
—… … … No puedo. —se decía a sí mismo mientras se sentaba en el borde de la cama. —¡No puedo! —gritó, tomándose del cabello con furia. —¡No puedo encontrar una maldita forma de hablar contigo! —aventó el control de su pantalla plana. El artefacto rompió el espejo que estaba en el cuarto.
Se levantó con desesperación. Había roto su promesa de protegerla de cualquier cosa, no había estado ahí para ella. El peso recaía sobre él otra vez, aunque ciertamente, no fuese el culpable de nada.
Se sentía carente de identidad, sus pensamientos y dolor interno lo estaban llevando a la locura sin darse cuenta. No había muchas opciones de desahogo, pero tampoco podía permitirse llorar ante ninguna situación.
—Solo lloran los débiles. Y yo… yo soy un Yagami, maldición. —musitó seriamente frunciendo el ceño.
Era ir en contra de su sufrimiento, ir en contra de su sentir. Necesitaba sentirse vivo. Quería huir a donde lo llevara el viento; el destino no importaba. Sin embargo, nadie podía escapar de sus propios pies.
—IoKi. —dijo sin expresión alguna.
Tan rápido como recordó, tomó las llaves de su motocicleta y su casco, saliendo de su departamento a gran velocidad, dirección al único lugar que lo podía tranquilizar, aunque fuera por un momento.
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Ahí estaba. Los minutos se consumían, pero él parecía ajeno a todo. Se mantenía de pie, en la orilla del acantilado, dirección al mar. El cielo nublado y el aire que pegaba en su rostro lo hacían sentir bien de alguna manera. Tantos recuerdos invadieron su mente.
A su derecha, no tan alejado de él, se encontraba un extenso bosque. Detrás, su motocicleta y el camino liso que conducía a tierra de nadie. Las enormes piedras desgastadas sobre las cuales estaba parado se sentían firmes. Iori mantuvo su vista hacia la nada, escuchando el sonido de las olas golpear contra las rocas; la altura era considerable.
Tras unos segundos de profunda meditación, miró su mano derecha; en ella, un anillo de plata se ajustaba a su dedo medio. Recordó el momento de su entrega…
Ambos se encontraban en aquel mismo lugar, distrayéndose a solas como de costumbre. Era una hermosa tarde soleada; ya para esos tiempos, ambos vestían de forma diferente a como solían hacerlo. Les gustaba variar.
—Es bellísimo. Y si quieres, podemos llamar a este lugar combinando nuestros nombres, se me ocurre algo como… IoKi. —propuso la joven Yata sonriendo de manera pacífica.
—Tsk, ¿Cómo puedes decir una tontería como esa siendo tan inteligente? —dijo Iori sin verla a la cara. Maki volvió a sonreír ante lo escuchado.
—Ho, es verdad. Tengo algo para ti. —dijo siendo observada por el pelirrojo. La mujer estiró su mano derecha, sosteniendo en su palma un anillo de plata. —No es lo que realmente parece. —habló algo sonrojada por el posible malentendido. —Es para que me recuerdes siempre. En donde quiera que estés.
—¿Para que te recuerde? —cuestionó seriamente sin entender.
—Es mío. Bueno, creo que lo era. Me gustaría que lo conservaras. —decía, agravando su sonrojo.
¿Acaso le había dicho ya lo hermosa y adorable que se veía con sus mejillas sonrojadas? Claro que no; ni en su más ridícula oportunidad lo haría. Y es que, no era nada común un sonrojo en alguien como Maki, pero menos una palabra amable por parte del Yagami.
El varón sostuvo el anillo y se lo colocó tranquilamente, mirando a la hermosa mujer que tenía en frente; ese había sido el momento más grato de su vida.
Al terminar de recordar, zafó el anillo de su dedo y lo miró detenidamente. Quiso maldecir, pero un nudo en la garganta se lo impidió. ¿Y si en realidad no existía la forma de hablar con ella? Al menos, quería librarse de una vez por todas de ese horrible sentimiento. Apretó el pequeño artefacto y tomando impulso suficiente, lo aventó hacia el mar.
—No pienso estar encadenado al pasado ahora que la esperanza me ha abandonado. —pronunció con furia. —Y ahora… —se acercó al límite del acantilado. En esos momentos, dio un paso hacia adelante provocando que cayera.
Su cuerpo chocó contra el agua fría; ni siquiera el doloroso impacto hizo que sintiera dolor físico.
Cada vez se iba hundiendo más; su figura caía boca arriba, manteniendo sus ojos cerrados. En un impulso de necesidad, los abrió. Observó cuidadosamente la combinación de colores en el agua; verde, amarillo, azul claro y negro en lo profundo. Contempló su entorno; no sabía si lo que estaba viendo era una ilusión que su cabeza había creado, pero a sus alrededores, apreció a varias personas que también se iban hundiendo lentamente. Hombres y mujeres; pero sobre todo, mujeres.
—"¿Entonces así se siente?" —pensó con asco, volviendo a cerrar sus ojos con alivio mientras los cuerpos se disolvían en el agua como si fuesen cacao en polvo.
Se fue quedando sin oxígeno en sus pulmones; pudo sentir claramente cómo se iba quedando inconsciente a medida que su cuerpo descendía. Sin embargo, en esos momentos, una mano lo tomó de su muñeca jalándolo con fuerza hacia la superficie.
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Después de haberle practicado respiración de boca a boca por varios minutos, la figura femenina se alejó del cuerpo notando la positiva reacción. Iori abrió lentamente sus ojos. Se encontraba en la orilla de la playa totalmente empapado junto a una mujer arrodillada a un lado suyo.
—Chizuru [?] —cuestionó reconociéndola mientras se quitaba con una mano la arena que tenía en la cara.
—No. —negó la hermosa mujer respirando agitadamente por la boca a causa del trabajo que había realizado.
—… … … Maki [!?] —volvió a preguntar castañeteando un poco.
La joven no contestó a la pregunta, Iori lo entendió a la manera "Quien calla, otorga". Ambos se miraron el uno al otro con asombro, sin decirse ni una sola palabra.
