Buenas! Hoy es viernes, por lo tanto toca actualización! (en realidad solo hace media hora que es viernes, pero eso que tengo adelantado.) Bueno, en el anterior capitulo no apareció mucho Loki, pero era necesario para poder desarrollar la historia como toca. En este capitulo aparece al fin y se consolida como personaje. Espero que os guste y espero reviews, follows, favs, tomates, criticas y toda la pesca. Y si no, pues bueno, me divierto escribiendo.
Y como siempre. los personajes de Marvel no me pertenecen a mi, si no que son creación de Stan Lee.
"Despertares agitados".
Oscuridad. Eso era todo lo que podía ver. Rabia, ira, desesperación. Eso era todo lo que podía sentir. Una sensación de adrenalina recorrió todo mi cuerpo, de arriba a abajo y de abajo arriba, tenía que acabar con esto, pero... ¿con qué? ¿con qué tenia que acabar? ¿por qué estaba así? No lo sabía, no recordaba nada.
Un destello verde me deslumbraba, parecía que estaba al alcance de mi mano, pero no era así, estaba mucho más lejos. Sin saber como, el destello se rompió en mil pedazos, los cuales se acercaron a mi, danzantes, hasta que atravesaron mi cuerpo. Entonces lo vi, recordé aquella noche: el cumpleaños de Amy, a aquellos dos hombres molestos, como me acorralaron en el callejón, la persecución, mi muerte... un momento ¿mi muerte? ¿estaba muerta? -no- resonó en mi mente.
Esa repentina voz no era mía, empezaba a sentirme extraña, me dolía la cabeza, quería gritar. Apreté los ojos con fuerza y me arañé la piel. Poco a poco, el dolor se fue disipado, la calma volvía a mi corazón y algo me molestaba en los ojos. Los abrí.
Al abrirlos, descubrí un techo blanco y una lámpara de neón que me resultaba familiar. Estaba en mi piso, en mi habitación. Todo parecía haber sido un mal sueño, una pesadilla, pero cambié de opinión cuando me palpé la cara: estaba toda sucia de barro seco.
Intenté levantarme, no entendía como había llegado hasta ahí, lo último que recordaba era a un tal Mike, uno de los dos agresores, a punto de asestarme con su navaja. Por lo tanto, si no recordaba nada, se me ocurrían dos opciones: o yo misma, de alguna forma, conseguí salir de allí por mi propio pie, o alguien me había llevado a casa. ¿ tal vez Dean, Charlotte o Amy me habían encontrado?
Me incorporé en la cama como pude, aún me temblaban los brazos lo suficiente como para no sostenerme. Me desagradó mucho encontrarme toda mi cama manchada de barro, encima de todo lo que había pasado, tendría que limpiarlo. ¿sería el precio que debía pagar por estar viva? No lo sabía, de hecho todavía dudaba si estaba viva.
Dirigí mi mirada al suelo, el parqué estaba manchado también, no obstante, podían distinguirse varias huellas. ¿Serían mías?
Traté de levantarme, puse los pies en el suelo y me di cuenta de que estaba descalza, mis botas estaban al lado de la cama, marrones de arriba a abajo. Resoplé y rodé los ojos. Dí un impulso para ponerme de pie y, todo y que seguía temblando, lo conseguí. En el suelo, las huellas seguían hasta la puerta. Aunque, ahora que las miraba bien, las huellas no eran suyas, era un pie mucho más grande que el suyo y, además, no tenían la marca de sus botas. Me vino un escalofrío. Agarré una de las botas del suelo y eché a andar dispuesta a usarla como arma. Las pisadas entraban por la puerta, iban hasta mi cama y se detenían...en el balcón, donde desaparecían.
- Creo que aún sigo mareada...-balbucee para mi- esto no tiene ningún sentido.. - me sujeté la cabeza.
Era imposible que unas pisadas se volatilizaran en el balcón, a menos que se hubiesen tirado por él. Todo era demasiado para mi, no entendía nada y estaba empezando a encontrarme algo revuelta, sin contar que parecía que había salido de bañarme con unos cerdos. Si mal no recordaba, hoy debería ser sábado, tenía tiempo para bañarme. Entré de nuevo en la casa, al cerrar la puerta del balcón detrás de mi, me percaté de como un papel que salía de la nada, caía al suelo. Al cogerlo, pude leer las palabras:
" Un favor cambio de tu vida."
No entendía nada, si esto era cosa de alguno de mis compañeros, el lunes lo iban a lamentar. Estaba empezado a pasar miedo. Escudriñé el resto de la casa, pero ni rastro de vida humana. Hecho que no sabía si inquietarme o tranquilizante. Me metí en la ducha y limpié todo el barro.
El día transcurrió silencioso y con una normalidad abrumadora, demasiado, después de todo lo ocurrido la noche anterior. No podía recordar mucho, y si trataba de pensar, me estallaba la cabeza. Me acosté sobre mi cama, ya limpia y me quedé dormida.
Soñé con lluvia y truenos, con bosques verdes y dorados, una ciudad en lo alto, brillante y dorada, cielos de colores . Después, me encontraba en unos páramos helados, repleto de ojos rojos sangrantes. Me desperté de golpe, sudando y agitada. Por la ventana ya era de noche y la lluvia sacudía el cristal. Un trueno resonó y la habitación se volvió blanca, entonces lo vi, la silueta de un hombre, en una de las esquinas de mi habitación.
Pude sentir como el corazón se me subía a la garganta, cerré los ojos otra vez, esperando que al abrirlos se hubiese esfumado, como si fuese en realidad una ilusión, pero al abrirlos allí seguía. Me arrinconé en la cabecera de la cama y arranqué la lamparita de noche para usarla como arma, o algo así. Él sonrió, algo altanero. Empezó a andar hacia mi y yo me subí de pie a la cama apuntándolo con aquel ridículo objeto.
- No me temas, midgardiana. - Levantó las manos demostrando que no portaba ningún arma. - No voy a hacerte daño.
- ¡Mientes! - Exclamé, o casi grité. Aquel extraño hombre me miró con algo de sorpresa. - ¡¿Como has entrado?! Voy a llamar a la policía como no abandones mi casa ahora mismo. - Esto ultimo le devolvió la sonrisa irónica de antes.
- Por favor, que descortés por tu parte, midgardiana. - Empezó a acercarse a la cama y yo baje de un salto al lado contrario, cosa que le hizo reír. - Veo que ya estás mejor. - Sonreía como un estúpido, o al menos eso pensaba yo. - ¿En serio? Dejaré de hacerlo entonces. - Comentó divertido.
- ¿cómo? - Dije, pasmada, apoyando mi espalda en la pared.¿Este tio podía leerme la mente o algo así? No, claro que no, solo podía ser casualidad. ¿No?
- No, no lo es. Dejemos este juego de lado, si no te importa. - Ahora sonaba frio.
- No te acerques. - Le apunté nuevamente con la lámpara, como si fuese una pistola.
- ¿O qué?
Con un ligero movimiento de muñeca, un viento extraño me arrebató la lampara de las manos y la estrelló a la otra parte de la sala. Aterrorizada por aquella magia extraña, caí al suelo y fui arrastrándome hacía la esquina, hasta que me topé con la mesita de noche. Él, mientras, iba acercándose a ella, sigiloso y divertido, regocijándose en la sensación de miedo y desconcierto que causaba en mi. Cuando estuvo a escasos pasos de mi ,me levanté, dispuesta a enfrentarme a él si era necesario. Aunque ahora que lo pensaba, esa táctica no resultó muy acertada ayer por la noche. El hombre rió.
- Dime, midgargiana... - posó su mano en mi cara y cogiéndome del mentón alzó mi cara para que le mirase a los ojos. - ¿tienes miedo?
- No. - contesté cortante, mientras sacudí la cabeza para que soltarse mi rostro. No tenía miedo, mucho más... estaba horrorizada.
- Mientes. - concluyó con una sonrisa. Como si fuese un juego. - ¿es que no has leído la nota que te he dejado?
- no.- volví a mentir.
- mientes. - volvió a acertar. - se que la has leído, pequeña mortal. De hecho, si estoy aquí es para anunciarte el favor que me debes.
- ¿favor? ¿ por que debería deberte un favor yo a ti ?- gruñí e intenté dedicarle una de mis peores miradas, sin mucho resultado al parecer.
Soltó mi mentón y dirigió sus dedos a mi frente, entonces lo vi como si se tratase de una película. Mike me atizó con una patada en la tripa y, mientras yo estaba inconsciente, él salió de los escombros donde anteriormente me había caído, mató a mi agresor y me cargó hasta aquí, luego fue al balcón donde... desapareció. Cuando quitó sus fríos dedos de mi frente, salí del trance, volviendo a ponerme en guardia y pegada a la pared.
- ¿acabas de hacerme ver tus recuerdos de anoche? - pregunté. él asintió.-..¿has... entrado de la misma forma que saliste? - él volvió a asentir. Tragué saliva y, mientras me observaba algo inquieto, al fin pregunté- ¿quien eres?
- Soy Loki, hijo de Laufey y heredero al trono de Asgard y de Jotummhein, por derecho. Podría decirse que soy un... Dios. - aunque él parecía satisfecho y orgulloso de su respuesta, yo cada vez lo veía todo más oscuro -¿me está tomando el pelo?- pensé.- No y... no se que más pruebas quieres Prue, hija de Tommas. - escuchar el nombre de mi padre me hizo palidecer.
- ¿que quieres de mi?- noté arder mi cara, odio que la gente me recuerde mi pasado. Olvidando el hecho de que no le había dicho mi nombre, había lanzado la lámpara por los aires sin tocarla y me había proyectado cosas en mi mente, lamentablemente, me dejaba sin excusas para no creer que era quien decía ser. Ya que me había salvado la vida, le escucharía, al menos.
- quiero quedarme aquí.- respondió tranquilamente.
- ¿qué?- contesté incrédula.
- no tengo a donde ir, ni dónde refugiarme. - habló, intentando sonar falsamente apenado. - Además, te salvé la vida, me debes una. - volvió a sonreír, irónico. - Te prometo no ser una carga.
- No. - Corté. - No puedes quedarte. No puedo mantenerte y como el casero se entere de que he metido a alguien aquí...- Loki posó su dedo índice en la boca de Prue, indicando que se callara.
- Nada de eso será necesario. - volvió a responder tranquilamente. - Vuelvo a recordarte que te salvé la vida y... que del mismo modo que te la otorgué, puedo arrebatártela.
- Genial, todo el mundo se había puesto de acuerdo ese fin de semana para matarme. Como echaba de menos la monotonía.
- Está bien. -dije duramente.- pero no esperes que te trate como si fueras alguien.- espeté. - Yo no soy la criada, ni la esclava de nadie.
- Estoy acostumbrado.- sin saber porqué, descaradamente miró mi cama y luego me miró a mi. Acto que me hizo enfurecer.
- Y, lógicamente, no vas a dormir en mi cama.- gruñí y le agarré de la manga de aquel extraño atuendo, arrastrándolo hasta fuera de mi habitación. - si quieres quedarte, por mucho que te pese, acataras mis reglas. Y por supuesto, tu duermes en el sofá.
- me gusta tu mirada.- dijo, inesperadamente, con una sonrisa socarrona de regalo. Se me encendió la cara y no pude evitar enfurecerme.
- pues a mi la tuya no.- respondí seriamente, intentando disimular el estupor que me había causado su comentario. Él tenía una mirada esmeralda muy profunda. Contra todo pronóstico, se agachó hacia mi, muchísimo más de lo deseado, haciendo que nuestras miradas chocasen inevitablemente.
- mientes. - soltó.
Le cerré la puerta en la cara inmediatamente después de ese gran descaro. Cogí la silla que había detrás de la puerta y, poniéndola bajo el pomo, la atraqué. Corrí hasta el baño de mi habitación en busca de algún elemento punzante, abrí un cajón y encontré una tijera. Me giré dispuesta a guardarla debajo de mi almohada: tenía un lunático en mi piso, claramente no iba a poder dormir. Contuve un grito cuando vi al supuesto "dios" reflejado en el cristal del baño. Me faltó nada para subirme al plafón del baño, del susto que me llevé. Di la vuelta completamente y , en efecto, allí estaba, apoyado en el marco de la puerta, sonriente, y detrás suya, la puerta seguía cerrada y bloqueada por la silla. No me lo podía creer... ¿también podía atravesar paredes?
- En realidad solo me he tele-transportado dentro. - respondió sin yo haber abierto la boca. - Deberías dejar de jugar a hacerte la heroína conmigo y simplemente dejar que me quede, sin complicaciones.- apuntó, señalando la tijera de mi mano.
- oh, claro. Por supuesto, es sólo...- no pude contener más mi histeria.- que un tipo que se auto proclama dios se ha colado en mi casa, invadiendo mi espacio y por si fuera poco tiene poderes mentales...
- no veo cual es el problema, eres una afortunada. - dijo dedicando una de sus mejores sonrisas.- y ¡oh! No son poderes mentales, es ciencia.
- dirás magia...- le rectifiqué.
- En el mundo de donde vengo, es lo mismo.
- esto es absurdo. - me lleve las manos a la cabeza.- aún no sé qué es exactamente lo que haces aquí, ni que esperas que pueda hacer por ti, todo esto es tan confuso...
- solamente préstame un sitio donde descansar, devuélveme el favor.- un silencio se alzó después de esas palabras.
Lo observé de arriba a abajo. Era un hombre joven, aparentaba tener tal vez dos o tres años más que yo. Llevaba el pelo repeinado hacia atrás y era de un color azabache, el cual provocaba que sus ojos verdes desentonaran aún más en su piel blanquecina. Además, estaba el hecho de que portaba aquellas ropas... negras y verdes, con algunos detalles dorados, resultaba tan surrealista, tan sacado de historias...
- está bien, dejaré que te quedes.- dije al fin, con tono cansado.- pero nada de cosas extrañas ni hechizos, y cuando venga el casero... - me interrumpió.
- descuida.- alzó la mano para que me callara.- cuando ese tal casero venga, es posible que yo no esté, tengo asuntos que atender... y si se da el caso de que viene, sólo debo... desaparecer.- dijo altanero, aún apoyado en el marco de la puerta y mirándose las uñas, como si realmente hubiese algo interesante en ellas.
- nada de usar trucos conmigo- le señalé con el dedo- y nada de leer mi mente.
- por supuesto, ni se me ocurriría. - dijo sarcástico.
- mientes. - concluí.
Cansada de aquella discusión, me resigné, aunque se me da bastante mal. Dejé la tijera encima de la pila y salí del baño con aquel ser tras de mi. Quité la silla de la puerta, abriendo el paso de nuevo. Mi piso no era extremadamente grande, de hecho sólo contaba de el salón/comedor; con balcón, la cocina, un baño y una habitación. Cómodo para una persona o incluso dos, pero si todo aquello no era un sueño o una broma de mal gusto, me iba a resultar difícil la convivencia con..." Loki".
Ambos salieron al salón, el cual contaba con una mesa con cuatro sillas, una televisión, un sillón y un sofá-cama. Loki miró a su alrededor algo decepcionado con la simpleza que le envolvía, pero no hizo ningún comentario inapropiado, después de todo, era lo mejor que podía conseguir de momento. Abrí el sofá-cama y le saqué algunas sabanas, él mientras, disfrutaba del espectáculo apoyado en la mesa.
- esto es todo lo que puedo ofrecerte. - me disculpé.
- es suficiente. - me miró con unos ojos inocentes mientras alzaba su mano derecha, aunque algo me hizo pensar que sólo fingia gratitud.
- no sé como piensas dormir...con... esas ropas tan... aparatosas. - realmente era un atuendo extraño, intenté usar el vocabulario correcto para no ofenderle, aunque estaba segura que para su orgullo, el simple hecho de estar ahí ya era ofensivo.
- oh, ¿esto?- en un abrir y cerrar de ojos, ya no vestía aquellas ropas. De la nada, ahora llevaba simplemente una camiseta de cuello ancho verde grisáceo y unos pantalones negros que terminaban en unos pies desnudos. Me miró altivo y arqueando las cejas, esperando a que mostrase mi admiración.
- si querías una habitación mejor, ¿por qué no usaste tu "ciencia", para crearte una? - aunque me mostré más sorprendida de lo que tenía planeado, él no se esperaba esa pregunta, ni yo que se pusiese tan pálido.
- no puedo usar muchos trucos, si lo hago seré descubierto.- susurró mirándome profundamente.
- oh, o sea que vas de incógnito. Eres un espía.
- algo así. - sonrió ladino.
Me quedé mirándole algo extrañada, toda esa historia me era muy familiar, como si ya la conociese de antes. Loki me aguantaba la mirada, impasible, pero algo curioso.
Sin comerlo ni beberlo, un horrible dolor de cabeza volvió a mi, me la masajeé algo apenada. Suspiré y volví a mirar a Loki, quien me miraba serio, arqueando las cejas.
- creo que voy a volver a la cama si al señor "dios" no le importa. - hice una reverencia extraña y exagerada a la que él soltó un Jah. - si piensas matarme, despiértame. - bostecé y me dirigí hacia la habitación.
- eso haré.- respondió él, viendo como me iba y cerraba La puerta tras de mi.
Había sido curioso para él hacer aquella entrada tan inapropiada, de hecho, su plan inicial era vivir en aquella casa sin ser descubierto, le había pillado de sorpresa que me despertase justo cuando me estaba observando y aquello se había desenvuelto con un buen resultado. Cuanta menos magia utilizase, menos posibilidades tenía de ser encontrado por Heimdall.
